SALINGER: EL REPORTAJE DE 1974

Ayer murió J.D.Salinger, uno de los más grandes escritores del siglo XX (en la foto, con su hija Margaret), un tipo conflictuado que escribió tres grandes libros y se retiró de la vida pública y literaria para siempre. Aquí el último reportaje que concedió.

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SALINGER, LA ENTREVISTA DE 1974
Por Lacey Forburgh (The New York Times)

Molesto por la publicación no autorizada de sus primeros y tempranos trabajos, el reclusivo autor J. D Salinger rompió la semana pasada un silencio público de más de veinte años, denunciando y revelando lo difícil que le es lidiar con trabajos que nunca debieron ser publicados en vida.

Hablando por teléfono desde Cornish, N. H, en donde reside, el autor de 55 años cuyo último trabajo publicado ha sido “Raise high, carpenter the roof bean” y “Seymour: an introduction” en 1962, refirió: “Hay una paz maravillosa en no publicar. Es una tranquilidad. Una calma. Publicar es una terrible invasión a mi privacidad. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero sólo para mí y para mi propio placer.”

Aunque acusó querer hablar “sólo unos minutos”, el autor que alcanzó renombre literario y el culto de una enorme devoción a causa de su inaccesibilidad luego de la publicación de “The Catcher in the Rye” en 1951, habló durante más de media hora de su trabajo, su obsesión por la privacidad y su incierta visión sobre la publicación. Este encuentro con Mr. Salinger, por momentos cálido y encantador y por otros bastante tenso y escabroso, se cree el primero desde 1953, cuando le concedió una entrevista a un muchacho para la publicación estudiantil del Colegio de Cornish.

Lo que mueve a Salinger a hablar en la que describió como ”una noche lluviosa, fría y ventosa en Cornish,” es su visión acerca de las últimas y más severas invasiones a su mundo privado: la publicación de “The Complete Uncollected Short Stories of J.D Salinger Volumen 1 and 2”. Durante los últimos dos meses, unas 25000 copias de estos libros, a un precio de entre 3 a 5 dólares cada volumen, se vendieron primero aquí en San Francisco, luego en Nueva York, Chicago y algunos sitios más, según refirieron Salinger, sus abogados y algunos libreros del país.

“Algunas historias de mi propiedad fueron robadas,” dijo Salinger. “Alguien se las apropió. Es un acto ilícito. Es injusto. Suponte que tienes un abrigo que te gusta y alguien entra a tu armario y te lo roba. Así es cómo me siento.” Entre 1940 y 1948 Salinger escribió relatos para diferentes revistas, Saturday Evening Post, Esquire y Colliers, incluso dos acerca del turbulento y sensible héroe de “The Catcher in the Rye”. Prefigurando lo que serían sus escritos posteriores, los relatos conciernen a jóvenes soldados, muchachos que comen yemas de huevos, chicas con “encantadoras, incómodas” sonrisas y niños que nunca reciben cartas.

Se venden como pan caliente

“Se venden como pan caliente,” dijo un librero de San Francisco. “Todo el mundo quiere un ejemplar.” Mientras que “The Catcher in the Rye” aún sigue vendiéndose a un promedio de 25000 copias al año, el contenido de estas publicaciones no autorizadas sólo ha estado disponible en las revistas de algunas librerías. “Los escribí hace un tiempo ya,” dijo Salinger en relación a los relatos, “y nunca tuve intención de publicarlos. Quisiera que murieran de muerte natural.” “No intento esconder mis pecados de juventud. Es sólo que no creo que merezcan ser publicados.”

Desde abril, copias de “The Complete Uncollected Short Stories of J. D. Salinger Vols, 1 and 2” han sido reportadas de tráfico en persona por las librerías a 1,50 cada pieza, por hombres que siempre decían llamarse John Greenberg y venir de Berkeley, Calif. Las descripciones varían de ciudad en ciudad. Uno de estos traficantes le dijo a Andreas Brown, director de Gotham Book Mart en Nueva York, que ni él ni sus asociados pensaban meterse en problemas por esta empresa ya que, como cuenta Mr. Brown, “siempre estamos a tiempo de negociar con los abogados de Salinger y no volver a hacerlo.”

Mr. Brown, que describió al joven como un “hippie, del tipo intelectual, típico estudiante de Berkeley,” contó que al preguntarle al chico por qué lo hacía, éste le respondió que ”era un fan de Salinger y que creía que los relatos debían estar al alcance del público.” “Le pregunté cómo creía que podría sentirse Salinger” y me dijo que “pensamos en hacer los libros lo suficientemente atractivos, así que no deberían importarle.” Gotham se rehusó a vender los libros y alertó a Salinger del hecho.

“Es irritante,” opinó Salinger, quien dice aún poseer los derechos de autor de los relatos. “Es verdaderamente irritante. Estoy muy enfadado.” Según Neil. L. Shapiro, uno de los abogados de Salinger, la publicación o venta de los relatos sin el permiso de Salinger viola la Ley Federal de derechos de autor. Un juicio civil en nombre de Mr. Salinger contra “John Greenberg” y 17 librerías de largo alcance -entre ellas, Brentano’s- fue abierto el último mes en la Corte del Distrito Federal alegando violación a la ley de derechos de autor. El autor busca un mínimo de 250000 dólares por daños y perjuicios y desagravio personal.

Desde entonces, los relatos gozaron de la venta no autorizada y según Mr. Shapiro, aún cabe la posibilidad de un pago de 4500 a 90000 dólares por libro vendido. La acción legal posterior fue llevada a cabo contra las librerías de todas las ciudades.

El misterioso editor continúa prófugo.

“Es asombroso que ni las leyes o las órdenes puedan hacer algo al respecto,” dijo Salinger. “¿Por qué, si te roban un viejo colchón de tu ático, en seguida encuentran al culpable? En este caso ni siquiera lo buscan.”

El debate

Al argumentar su oposición a la republicación de sus primeros trabajos, Salinger acusa que fueron el fruto de un período en el que intentaba empezar a ser escritor, escritos febriles, “destinados a las revistas.”

De pronto, se interrumpe.

“Esto no tiene nada que ver con este tipo Greenberg,” dice, “Sólo intento proteger la privacidad que he perdido.”

Desde hace años, muchos periódicos y revistas envían corresponsales a su casa de campo en Cornish, pero el autor da la vuelta y se aleja si alguien se le acerca en la calle, y se dice que se enemistó con algunos amigos porque haber hablado con los reporteros. Ha habido artículos acerca de su correspondencia, sus compras y su vida reclusiva, pero nunca entrevistas.

Pero la semana pasada respondió a un cuestionario de preguntas que temprano en la mañana le acercó su agente literario en Nueva York, Dorothy Holding.

¿Espera volver a publicar pronto?

Se hace una pausa.

“No sé qué tan pronto lo haga.” Vuelve a hacerse otra pausa y luego Salinger empieza a hablar rápidamente acerca de lo mucho que está escribiendo, largas horas, todos los días. Dice no tener compromisos con nadie para un próximo libro.

“No es que necesariamente quiera publicar póstumamente,” dice, “pero me gusta escribir para mí mismo.”

“Pago por esta actitud, Soy conocido como un extraño, un tipo distante. Pero todo lo que hago es tratar de protegerme a mí y a mí trabajo.”

“Sólo quiero que esto acabe. Es intrusivo. He sobrevivido a muchas cosas,” dice en lo que sería el fin de la conversación, “y probablemente sobreviva a ésta también.”

Traducción: Martín Abadía
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HOWARD ZINN UN REBELDE QUE INVITABA A HACER HISTORIA

David Brooks (La Jornada)
El historiador rebelde Howard Zinn, quien falleció el pasado miércoles 27 de enero a los 87 años, dedicó su vida a narrar, nutrir y provocar los milagros que rescatan a la humanidad del cinismo, la opresión y la injusticia. Para Noam Chomsky, su colega y amigo rescataba las raíces de las luchas colectivas.

Con su libro A People’s History of the United States (publicado por primera vez en 1980, y que cuenta ya con varias ediciones actualizadas), que suma millones de lectores, cambió la narrativa de este país. En lugar de la historia oficial de presidentes y poderosos, Zinn relató otra en que los protagonistas son los sindicalistas radicales, los esclavos en rebelión, los indígenas, las mujeres, los activistas de los derechos civiles y contra las guerras. Con este libro y otros 20, además de cientos de artículos y discursos, Zinn rescata la memoria de las luchas colectivas y sus héroes, derrotando así la política oficial de promover la amnesia nacional.

La obra de Zinn fue inseparable de su manera de vivir, declaró Noam Chomsky, y agregó que su proyecto básico consistía en “sacar desde lo profundo a incontables personas desconocidas, cuyas acciones son las raíces de los grandes hechos que se registran en los libros de historia. Su visión era que si uno suprime las raíces, tal como se hace convencionalmente, no sólo fracasa en entender qué ocurrió, sino también anula el poder de las personas, ya que no se les permite alcanzar el entendimiento de que son ellas las que pueden cambiar las cosas”.

Chomsky subrayó que “ese trabajo está ligado a su propia vida, eso hacía”, y recordó la participación directa de Zinn en los movimientos de derechos civiles, antibélicos y laborales. “No puedo decir cuántas veces estuvimos juntos en manifestaciones, cuántas veces nos arrestaron a ambos”, rememoró su colega y amigo.

“Hasta sus últimos días, continuó trabajando, viajando, siempre muy optimista”, cuenta Chomsky, y eso a pesar de graves problemas físicos que tuvo al final. “Fue encantador. Un ser humano único, no creo que haya muchos como él”, concluyó.

Como maestro universitario –primero en Spelman College, en Atlanta, y después en Boston University– e intelectual, Zinn se dedicaba a generar el cuestionamiento del poder. “Yo deseaba que mis estudiantes se fueran de mis clases no sólo mejor informados, sino más preparados para abandonar la seguridad del silencio, más preparados para responder en voz alta, para actuar contra la injusticia donde ésta se presentara. Esto, claro, era una receta para atraer problemas”, escribió.

Sus alumnos, tanto los que asistieron a sus clases como los que leyeron sus libros o lo escuchaban en conferencias, foros, acciones de protesta y congresos, están por todo el mundo. El deseo de Zinn era que se volvieran parte de la historia de rebeldía contra la injusticia, la guerra y la opresión. Es decir, el historiador rebelde los invitaba a hacer historia.

Entre quienes se cuentan como sus discípulos hay figuras famosas, como la escritora Alice Walker (El color púrpura, alumna de Zinn en Spelman College), quien hoy, en entrevista con el noticiario Democracy Now habló de la enorme vitalidad de su maestro y de su valentía no sólo en las aulas sino en acciones callejeras con sus estudiantes. Además, dijo, “mi profesor era una de las personas más graciosas que jamás he conocido, y solía decir las cosas más extraordinarias en los momentos más sorprendentes”.

Otros que lo consideran “su maestro”, y quienes participaron en proyectos con él, incluyen al actor Matt Damon (creció como su vecino), Bruce Springsteen (dicen que su disco Nebraska fue influido por los escritos de Zinn), Tom Morello, el cantautor Steve Earle, y actores como Sean Penn, Danny Glover, Tim Robbins, Morgan Freeman y Marisa Tomei, entre otros. Pero tiene millones de admiradores más que no son famosos, algunos que han descubierto otra historia, contada desde abajo por primera vez, a través de su obra; otros que han aceptado su invitación a la disidencia, la resistencia y la rebeldía. A sus 87 años, Zinn era uno de los pocos intelectuales que gozaban de la confianza y respeto de los jóvenes en este país.

Hijo de trabajadores europeos judíos inmigrantes, Zinn fue criado en colonias proletarias de Brooklyn, y después de casarse vivió en el Lower East Side de Manhattan. Trabajador en el puerto de Nueva York, en los astilleros y como cargador en almacenes, son algunos de los oficios que ejerció mientras estudiaba en las universidades de Nueva York y Columbia (donde recibió su doctorado en historia, con una tesis sobre el político progresista Fiorello LaGuardia).

Se sumó a la guerra contra el fascismo y fue bombardero durante la Segunda Guerra Mundial. Pero al visitar los lugares que atacaron desde los cielos, especialmente después de enterarse de las terroríficas consecuencias de la bomba atómica en Japón, Zinn decidió que toda guerra es injustificable, y por el resto de su vida se dedicó a esta causa. Junto con Chomsky, fue uno de los primeros intelectuales en sumarse al movimiento contra la guerra en Vietnam.

Zinn cuenta que conoció a Chomsky en 1964 cuando ambos viajaron a Missisipi para protestar contra la detención de activistas de derechos civiles, y que después el movimiento antiguerra los acerco más y desde entonces habían sido amigos.

En 1967, el dramaturgo e historiador publicó Vietnam: la lógica del retiro, el primer libro sobre el tema en hacer un llamado a un retiro inmediato e incondicional de tropas. Junto con el famoso sacerdote católico radical Daniel Berrigan, viajaron a Vietnam del Norte en 1968 para recibir a los primeros tres prisioneros de guerra entregados por las fuerzas de liberación.

Fue en la casa de Zinn donde Daniel Ellsberg, el funcionario del Departamento de Defensa que se volteó contra la guerra, escondió los que serían llamados los Pentagon Papers antes de ser publicados en los medios de comunicación nacionales, documentos secretos oficiales que demostraban el fracaso de la guerra cuya publicación fue un paso decisivo para marcar el principio del fin de ese conflicto bélico.

En sus últimos años gozó en crear otras maneras de hacer contemporáneas las voces disidentes y rebeldes del pasado a través de películas, obras en vivo y por televisión y el universo cibernético.

Realizó una serie de “lecturas” en voz alta por el país con reconocidos actores, poetas y músicos. Se tomaban turnos para leer, declamar o cantar selecciones de figuras rebeldes conocidas y desconocidas de la historia de Estados Unidos, todo esto introducido por Zinn. Discursos, cartas, ensayos y canciones de lucha, ira, denuncia y gritos por la justicia y contra las guerras a lo largo de la historia de este país resonaban ahí. Así, convocó a los héroes populares del pasado para guiar, apoyar y alentar a los héroes del presente en el movimiento de resistencia en Estados Unidos.

Un documental que registra este esfuerzo acaba de salir a la venta, The People Speak. La película fue presentada el año pasado en el festival de Sundance, y después en la ciudad de Nueva York, antes de ser trasmitido a escala nacional en diciembre por la televisora History Channel.

En uno de estos encuentros, en Nueva York hace un par de años, Zinn introdujo el espectáculo así: “Éstas son las voces no de la historia oficial, sino de los que han resistido, de los disidentes, gente trabajadora, socialistas, anarquistas, los que se opusieron al establishment en nombre de la paz y la justicia para todos. Ellos son voz de los desafiadores, porque esa es la que necesitamos. Tenemos que alentar a la gente a desafiar este sistema, tenemos que hacer algo, esto es más bien un llamado a la acción”.


De la Introducción de "No puedes ser neutral en un tren en marcha"
Por Howard Zinn


Fui invitado a dar una charla en Kalamazoo, Michigan. Era la noche en la que se televisaba el debate presidencial de final de campaña 1992, y para mi sorpresa había una audiencia de varios cientos de personas (¿acaso necesitaban descansar de la locura de las elecciones?). Era el 500º aniversario del desembarco de Colón en el Hemisferio Oeste, y yo hablaba de "El legado de Colón, 1492-1992".

Diez años antes, en las primeras páginas de mi libro Historia Popular de los Estados Unidos, había escrito acerca de Colón con un enfoque que sobresaltó a mis lectores. Ellos, como yo, habían aprendido en la escuela primaria que Colón fue uno de los grandes héroes de la historia mundial, y que debía ser admirado por su atrevido sentido de la imaginación y del coraje. Un relato que nunca fue refutado. En mi versión (basada en su propio diario) reconocía que fue un intrépido marinero, pero también apuntaba que fue cruel en su trato hacia el apacible pueblo de los indios Arawak, quienes le dieron la bienvenida a su arribo a este hemisferio. Los esclavizó, torturó y asesinó, todo en procura de riquezas. Representaba, sugerí, los peores valores de la civilización occidental: avaricia, violencia, explotación, racismo, conquista, hipocresía (decía ser un devoto cristiano).

Tanto mi editor como yo fuimos sorprendidos por el éxito del libro. Llegó hasta la edición vigésimo cuarta, vendió 300.000 copias, fue nominado para un American Book Award y se publicó en Gran Bretaña y Japón. Comencé a recibir cartas desde todo el país, una gran parte de ellas entusiasmadas con mi capítulo inicial sobre Colón.

La mayoría me agradecían por contar una historia nunca contada. Unos pocos eran escépticos y estaban indignados. Un estudiante de secundaria de Oregon cuyo maestro había encomendado leer el libro me escribió "Dice que obtuvo esta información del diario de Colón. Me pregunto si existirá tal diario, y si es así, ¿por qué no es parte de nuestra historia? ¿Por qué no hay nada de lo que dice en mi libro de historia?"

Una madre californiana se enfureció al examinar una copia del libro que su hija había traído de la escuela, demandando al comité escolar que investigue al profesor que había utilizado mi libro.

Quedó claro que el problema (sí, me había vuelto un problema) era no sólo mi irreverencia hacia Colón, sino todo mi enfoque de la historia norteamericana. Como dijo un crítico literario, en Una Historia Popular, yo insistía en "una inversión de la perspectiva, una reestructuración de héroes y villanos". Los Padres Fundadores de Norteamérica no fueron sólo ingeniosos organizadores de una nueva nación (que lo fueron), sino también ricos esclavistas, mercaderes, usureros, blancos temerosos de una rebelión de la clase baja o, como dijo James Madison, de "una división equitativa de la propiedad".

Nuestros héroes militares --Andrew Jackson, Theodore Roosevelt--, fueron racistas, asesinos de indios, amantes de la guerra, imperialistas. Nuestros presidentes más liberales --Jefferson, Lincoln, Wilson, Roosevelt, Kennedy-- estaban más preocupados por el poder político y el engrandecimiento de la nación que por los derechos de la gente que no era blanca.

Mis héroes, por otro lado, eran los granjeros de la Rebelión de Shay, los abolicionistas negros que violaban la ley para liberar a sus hermanos y hermanas, la gente que fue a prisión por oponerse a la Primera Guerra Mundial, los trabajadores que hicieron huelga contra las corporaciones poderosas, desafiando a la policía y al ejército, los veteranos de Vietnam que opinaban en contra de la guerra, las mujeres que demandaban igualdad en todos los aspectos de la vida.

Hubo historiadores y profesores de historia que recibieron bien mi libro. Algunas personas se enojaron, para ellas el libro era lisamente marginal. Si hubiese castigos penales para esto, yo habría sido acusado de "asalto con arma mortal (un libro)" o "conducta escandalosa (hacer ruidos impropios en un club exclusivo)" o "intrusión (en los dominios sagrados de la tradición historiográfica)".

Para algunas personas, no sólo mi libro estaba fuera del sistema, sino mi vida entera. Había algo antipatriótico, subversivo, peligroso en mi crítica hacia mucho de lo que había pasado en esta sociedad. Durante la Guerra del Golfo, en 1991, di una charla en una asamblea de secundaria en Massachussets, en una escuela privada en la que los alumnos provenían de familias adineradas y se decían "95% a favor de la guerra". Pero dije lo que pensaba, y para mi sorpresa obtuve un gran aplauso. Pero después, en un encuentro con un grupo pequeño de estudiantes, una chica que me había estado mirando todo el rato con evidente hostilidad de golpe me dijo, evidenciando la ira en su voz, "¿por qué vives en este país?"

Sentí una punzada. Era una pregunta que yo sabía que se pensaba a menudo, pero no se decía. Era el asunto del patriotismo, o la lealtad al propio país, que se alza una y otra vez, ya sea que estés criticando la política exterior o evadiendo el servicio militar, o negándote a prometer lealtad a la bandera.

Traté de explicar que mi amor era hacia el país, hacia la gente de Estados Unidos, no hacia el gobierno que esté en el poder. Que creer en la democracia era creer en los principios de la Declaración de Independencia, que el gobierno es una creación artificial establecida por la gente para defender el derecho de todos a la vida, la libertad y la búsqueda de felicidad. Expliqué que "todos" incluía a los hombres, mujeres y niños de todo el mundo, que tienen derecho a que la vida no les sea quitada ni por sus propios gobernantes ni por los nuestros.

Cuando un gobierno traiciona sus principios democráticos, está siendo antipatriótico. El amor a la democracia requiere entonces que te opongas a tu gobierno. Requiere estar "fuera del sistema".

La publicación de Una Historia Popular me hizo recibir varios pedidos para hablar a lo largo de todo el país. Y entonces ahí estaba, en Kalamazoo aquella tarde de 1992, hablando no sólo de Colón, sino también de por qué decir la verdad sobre Colón era importante para nosotros, aquí y ahora, 1992, Kalamazoo. No estaba interesado realmente en Colón, sino en lo que su interacción con los nativos norteamericanos había puesto a la vista: ¿es posible, superando la historia, vivir juntos con igualdad, con dignidad, hoy en día?

Al final de la charla, alguien hizo una pregunta que me han hecho muchas veces de distintas formas. "Dadas las deprimentes noticias acerca de lo que pasa en el mundo, pareces sorprendentemente optimista. ¿Qué es lo que te da esperanzas?"

Intenté una respuesta. Dije que podía entender que otros estuviesen deprimidos por el estado del mundo, pero que el interrogador había percibido mi humor acertadamente. Para él y para otros, el mío parecía un acercamiento tontamente alegre a un mundo violento e injusto. Pero para mí lo que normalmente se menciona despectivamente como idealismo romántico, como ilusiones vanas, está justificado en tanto incite a la acción para cumplir esos deseos, para dar vida a esos ideales.

La determinación de emprender esta acción no puede basarse en certezas sino en aquellas posibilidades vislumbradas en una lectura de la historia distinta del acostumbrado recuento doloroso de crueldades humanas. En esta nueva lectura podemos encontrar no sólo guerra sino también resistencia a la guerra, no sólo injusticia sino también rebelión ante ella, no sólo egoísmo sino también sacrificio, no sólo silencio ante la tiranía sino desafío, no sólo insensibilidad sino también compasión.

Los seres humanos muestran un gran espectro de cualidades, pero las que normalmente se enfatizan son las peores, y el resultado, demasiado seguido, es descorazonarnos, reducir nuestro espíritu. Sin embargo, ese espíritu se ha negado a rendirse a lo largo de la historia, que está llena de momentos en los que la gente, contra enormes desigualdades, se ha unido para luchar por la libertad y la justicia, y ha ganado. No lo bastante, por supuesto, pero lo suficiente para indicar que más es posible.

Los ingredientes esenciales de estas luchas por la justicia son los seres humanos que, aunque sólo por un momento, aún acosados por el miedo, se adelantan y hacen algo por pequeño que sea. E incluso los actos más pequeños o menos heroicos se suman al resplandor que un día, quizás por alguna circunstancia sorpresiva, se encienda y convierta en el gran cambio.

Los individuos son los elementos necesarios, y mi vida ha estado llena de esa gente ordinaria y extraordinaria cuya sola existencia me ha dado esperanzas. Por cierto, la gente ahí mismo en Kalamazoo, el hombre que preguntó claramente preocupado por el mundo más allá de los resultados de las elecciones, eran pruebas vivientes de las posibilidades de cambiar en este mundo de dificultades.

Aunque no se lo dije a mi interlocutor, esa misma tarde, en esa ciudad, había conocido ese tipo de gente. En la cena antes de mi conferencia estuve con el párroco de la universidad, un hombre con la constitución de un defensa de fútbol, lo que había sido, de hecho, unos años antes. Le hice una pregunta que hago frecuentemente a la gente que me gusta: "¿Cómo llegaste a tener las ideas peculiares que tienes?"

Fue una respuesta de una sola palabra, la misma respuesta que me dan tantos: "Vietnam". Para las preguntas que indagan toda una vida muy frecuentemente hay respuestas de una sola palabra: Auschwitz, Hungría, Attica, Vietnam. El párroco había servido como capellán. Su comandante había sido el Coronel Patton III. Hijo de su padre, le gustaba hablar de sus soldados como "rematadamente buenos asesinos", evitando utilizar la palabra jodidamente pero no la palabra asesinos. Patton ordenó al capellán llevar una pistola cuando estaba en zona de combate. Él se negó, y a pesar de las amenazas siguió negándose. Volvió de Vietnam sintiéndose no sólo contra esa guerra, sino contra todas las guerras. Y ahora estaba yendo y viniendo entre EE.UU. y El Salvador para ayudar en la lucha contra los escuadrones de la muerte, y contra la pobreza.

En esa cena también había un joven profesor de sociología de la Universidad Estatal de Michigan. Criado en Ohio por padres de clase trabajadora, también había llegado a oponerse a la guerra en Vietnam. Ahora enseñaba criminología, investigando no a los rateros o asaltantes sino el crimen de alto nivel, el de oficiales del gobierno y ejecutivos de empresa cuyas víctimas no eran algunos individuos sino la sociedad entera.

Es impresionante cuánta historia hay en un grupo tan pequeño. También estaba sentada a nuestra mesa una mujer joven, recientemente graduada en la universidad, que estaba por entrar en la escuela de enfermería para poder ser útil a los aldeanos de América Central. La envidié. Como uno de los muchos que escriben, hablan, enseñan, defienden, predican, cuya contribución a la sociedad es tan indirecta, tan incierta, pensé en aquellos que dan ayuda inmediata: los carpinteros, las enfermeras, los granjeros, los conductores de autobuses, las madres. Recordé al poeta chileno Pablo Neruda, que escribió un poema acerca de su deseo de toda la vida de poder hacer alguna cosa útil con sus manos, de poder hacer una escoba, solamente una escoba.

Pero no dije esto a mi interlocutor en Kalamazoo. De hecho, para contestarle realmente debería haber dicho mucho más acerca de por qué estaba tan curiosamente esperanzado frente al mundo que conocemos. Debería haber vuelto atrás en mi vida.

Debería haber hablado de cuando fui a trabajar en los astilleros a los 18 años, y de los tres años que pasé trabajando en los muelles, en el frío y el calor, en medio del ruido ensordecedor y los humos venenosos (es imposible describir el olor creado por una soldadora quemando el zinc o el acero galvanizado), construyendo barcos de guerra y de desembarco en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial.

Debería haber hablado acerca de mi enrolamiento en las Fuerzas Armadas a los 21, siendo entrenado como artillero y emprendiendo misiones de combate en Europa, y después haciéndome angustiosas preguntas acerca de lo que había hecho en la guerra.

Y debería haber hablado también de cuando me casé, de cuando fui padre, de cuando fui a la universidad con el cupo del ejército mientras cargaba camiones en un almacén, con Roz y nuestros dos hijos en una guardería de caridad, y de cómo vivimos en un barrio de casas para gente pobre en el lado este de Manhattan.

Y acerca de cómo obtuve mi doctorado en filosofía y de mi primer trabajo de verdad como profesor (tuve muchos falsos), yendo a vivir y enseñar a una comunidad negra en el Sur por siete años. Y acerca de mis estudiantes en el Colegio Spelman que un día decidieron trepar un muro de piedra de gran valor simbólico que rodeaba el campus para hacer historia en los primeros años del movimiento de los derechos civiles.

Y acerca de mis experiencias en ese mismo Movimiento, en Atlanta, Albany, Georgia, y en Selma Alabama, y en Hattiesburg y Jackson y Greenwood Mississippi.

También tendría que haber hablado de la mudanza al norte para enseñar en Boston, y de mi unión a las protestas contra Vietnam, y de cuando fui arrestado media docena de veces (el lenguaje oficial de los cargos era siempre interesante: "Deambular y callejear", "conducta revoltosa", "incapacidad de claudicar", etc.). Y acerca de mi viaje a Japón, y al Norte de Vietnam, y de hablar ante cientos de reuniones y asambleas, y de ayudar a un cura católico a permanecer en la clandestinidad en contra de la ley.

Debería haber recuperado las escenas de una docena de cortes judiciales en las que testifiqué entre 1970 y 1980, mayormente por personas que habían sido arrestadas por protestar contra la guerra. Tendría que haber hablado de los presidiarios que conozco, condenados por poco tiempo y a cadena perpetua, y de cómo eso afectó mi visión del confinamiento.

Cuando me convertí en profesor no pude mantener mis experiencias fuera del aula. Crecer, trabajar, ir a la guerra, envolverme en el movimiento por los derechos civiles y el movimiento pacifista, mi tiempo en cárceles y juzgados. Muchas veces me he preguntado cómo tantos maestros logran pasar un año con un grupo de estudiantes y no revelar quiénes son, de dónde vienen, qué tipo de vidas han tenido, de dónde vienen sus ideas, en qué creen, qué es lo que quieren lograr para ellos, para sus estudiantes, para el mundo.

¿Acaso el hecho mismo de ocultar no enseña algo terrible a estos estudiantes? ¿No les enseña que pueden separar el estudio de la literatura, la historia, la filosofía, la política, las artes, de su propia vida, de sus convicciones más profundas y de lo que está bien y mal?

En mi trabajo como profesor nunca oculté mi orientación política, mi aborrecimiento de la guerra y del militarismo, mi indignación ante la inequidad racial, mi creencia en un socialismo democrático, en una distribución justa y racional de las riquezas mundiales. He dejado clara mi aversión a cualquier tipo de intimidación, ya sea el de naciones poderosas sobre las más débiles o del gobierno sobre sus ciudadanos, o de empleadores sobre sus empleados, o de cualquiera, de derecha o de izquierda, que crea que posee el monopolio de la verdad.

Esta mezcla de activismo y docencia, esta insistencia en que la educación no puede ser neutral en los asuntos cruciales de nuestro tiempo, este movimiento de las aulas a las luchas fuera de ellas, por maestros que esperan que sus alumnos hagan lo mismo, ha asustado siempre a los guardianes de la educación tradicional. Ellos prefieren que la educación prepare a la nueva generación sólo para ocupar el lugar apropiado en el viejo orden mundial, no para desafiarlo.

Siempre comienzo mis cursos dejando claro ante mis estudiantes que van a ver mi punto de vista, que no aspiro a una "objetividad" que no es ni posible ni deseable, pero que trataré de ser justo ante los otros puntos de vista. Los animo a discrepar conmigo. Llevan a sus espaldas un largo período de adoctrinamiento cuando llegan a mi clase; en su familia, en la escuela, en las películas o la televisión. En un mercado de ideas dominado tanto tiempo por la ortodoxia quise hacer girar mi pequeño carrito, ofreciendo mis bienes junto con los demás, dejando que los estudiantes elijan.

Los miles de jóvenes de mis clases a lo largo de los años me han dado esperanzas en el futuro. En las décadas del 70 y 80 todo el mundo parecía quejarse de lo "ignorantes" y "pasivos" que eran los estudiantes. Pero escuchándolos, leyendo sus periódicos y exámenes, sus informes de la actividad comunitaria que formaba parte de su trabajo escolar, me impactó su sensibilidad ante la injusticia, su entusiasmo por ser parte de alguna buena causa, su potencial para cambiar el mundo.

El activismo estudiantil de los '80 fue a pequeña escala, pero en ese momento no había un gran movimiento nacional al que poder unirse, y había grandes presiones económicas de todos lados para "hacer las cosas bien", "ser exitoso", unirse al mundo de los profesionales de éxito. A pesar de ello muchos anhelaban algo más, así que no me desanimé. Recordé cómo en los '50 arrogantes observadores hablaban de la "generación silenciosa" como de un hecho irremediable, y entonces, haciendo trizas ese concepto, llegaron los '60.

Y no me olvido de las malas noticias con las que debemos enfrentarnos constantemente. Me encierran, me ahogan, de vez en cuando me deprimen, me hacen rabiar.

Pienso en los pobres de hoy, muchos en guetos para los que no son blancos, a menudo viviendo a un par de manzanas de las grandes fortunas. Pienso en la hipocresía de los líderes políticos, en el control de la información a partir de la omisión y el engaño. Y en todo el mundo, los gobiernos que juegan con el odio étnico y nacional.

Tengo conciencia de la violencia de la vida cotidiana de la mayoría de la raza humana, representada en su conjunto por las imágenes de los niños. Niños, niños hambrientos con miembros amputados. El bombardeo a niños descrito oficialmente como "daño colateral".

Mientras escribo esto, en el verano de 1993, hay un ambiente generalizado de desesperanza. El fin de la guerra fría entre EEUU y la URSS no ha redundado en la paz mundial. En los países del bloque soviético hay desesperación y desarraigo. Hay una guerra brutal en la ex(Yugoslavia, y más violencia en África. La próspera elite mundial considera conveniente ignorar la hambruna y la enfermedad de los países acosados por la pobreza. Los EEUU y otras potencias continúan vendiendo armas siempre que sea rentable, sin importar los costos humanos.

En este país, la euforia que acompañó la elección en 1992 de un presidente joven y presumiblemente progresista se ha evaporado. La nueva dirigencia política del país, como la vieja, parece carecer de visión, agallas o en suma de la intención de romper con el pasado. Mantiene un gran presupuesto militar que distorsiona la economía y no hace posible más que insignificantes esfuerzos para compensar la brecha entre ricos y pobres. Sin esta compensación las ciudades seguirán estando plagadas de violencia y desesperación. Y no hay señales de un movimiento nacional que trabaje para cambiar esto.

Sólo el antídoto de la perspectiva histórica puede iluminar nuestra penumbra. Fijémonos cuán seguido en este siglo hemos sido sorprendidos por la aparición súbita de un movimiento popular, la caída de una tiranía, el renacimiento de una llama que creíamos extinguida. Nos sorprendemos porque no nos hemos percatado del silencioso hervir de indignación, los primeros murmullos de protesta, los dispersos gestos de resistencia que en medio de nuestra desesperanza auguran la emoción del cambio. Los actos aislados comienzan a unirse, los empujones individuales se funden en acciones organizadas, y un día, muchas veces cuando la situación parece más irremediable, hay un estallido en el ambiente... un Movimiento.

Nos sorprendemos porque no vemos que debajo de la superficie de la actualidad siempre hay materia humana para el cambio: la indignación reprimida, el sentido común, la necesidad de una comunidad, el amor por los niños, la paciencia para esperar el momento apropiado para actuar en coordinación con los demás. Estos son los elementos que salen a la superficie cuando un Movimiento surge en la historia.

La gente es pragmática, quiere cambiar pero se siente impotente, sola, no quiere ser la hoja de hierba que sobresale entre las otras y por lo tanto termina cortada. Esperan una señal, de alguien más que haga el primer o segundo movimiento. Y hay gente intrépida que en ciertos momentos de la historia corre el riesgo, y si esta gente hace el primer movimiento otros los seguirán lo bastante rápido como para evitar ser cortados. Y si entendemos esto, podemos ser nosotros los que hagamos ese primer movimiento.

Esto no es una fantasía. Este es el modo en el que el cambio ha ocurrido una y otra vez en el pasado, incluso en el pasado reciente. Estamos tan agobiados por el presente, la inundación de fotos y relatos que nos llegan todos los días, anegando esta historia, que no es raro que perdamos la esperanza. Entiendo que también es más fácil para mí sentirme lleno de esperanzas porque en gran medida he tenido suerte.

Suerte por haber superado mi pobreza de la infancia. Tengo recuerdos de mi padre y mi madre, que se conocieron como obreros inmigrantes, que trabajaron duro toda la vida y nunca salieron de la pobreza (siempre me da rabia cuando escucho las voces de los arrogantes y los influyentes: "Tenemos un sistema maravilloso, si trabajas duro podrás triunfar.") Cuán duramente trabajaron, cuán valientes fueron para mantener cuatro hijos con vida en los apartamentos sin agua caliente de Brooklyn.

Suerte, después de saltar de un mal trabajo a otro, de encontrar un trabajo que amé. Suerte de conocer gente memorable en todos lados, de tener tantos buenos amigos.

Y también, suerte de estar vivo, porque mis dos mejores amigos de la Fuerza Aérea (Joe Perry, 19, y Ed Plotkin de 26) murieron en las últimas semanas de la guerra. Fueron mis compañeros de entrenamiento básico en las Barracas Jefferson, Missouri. Sufrimos juntos el entrenamiento de verano en "marchas forzadas con mochila completa y equipamiento". Salíamos juntos durante nuestros permisos de fin de semana. Aprendimos a volar Piper Cubs en Vermont, y jugamos basketball en Santa Ana, California, mientras esperábamos que nos otorgasen un destino. Después Joe partió a Italia como bombardero, Ed al Pacífico como marinero, yo a Inglaterra como bombardero. Joe y yo nos escribíamos, y yo me burlaba de él porque los que volábamos B-17s se burlaban de los que volaban B-24s (les decíamos los "despegan dos se caen cuatro")

La noche que terminó la guerra en Europa mi cuadrilla se acercó a Norwich, la ciudad principal de East Anglia, y todos estaban en las calles, enloquecidos de alegría, la ciudad llameante de luces que no se habían encendido por seis años. La cerveza corría, enormes cantidades de pescado y patatas fritas eran envueltas en periódico y repartidas a cualquiera, la gente cantaba y bailaba y se abrazaba entre sí.

Unos días después mi última carta a Joe Perry me fue devuelta con una nota a lápiz en el sobre: "Fallecido". Una despedida demasiado rápida de la vida de un amigo.

Mi cuadrilla voló en sus B-17 con heridas de combate de vuelta a casa, listo para bombardear el Pacífico. Entonces llegaron las noticias sobre la bomba atómica lanzada en Hiroshima, y dimos gracias: la guerra había acabado. No sabía que un día visitaría Hiroshima y conocería gente ciega o mutilada que sobrevivió a la bomba y que reconsideraría ese bombardeo y todos los demás.

Cuando la guerra terminó y me encontraba de vuelta en Nueva York, busqué a la esposa de Ed Plotkin. Él se había escapado de Fort Dix la noche antes de ser enviado al extranjero, para pasar una última noche con su esposa. Ella me contó que Ed se estrelló en el Pacífico y murió justo antes de que la guerra acabase, y que un bebé había sido concebido la noche en que estuvo ausente sin permiso oficial. Años después, mientras enseñaba en Boston, alguien se me acercó después de una clase con una nota: "La hija de Ed Plotkin quiere conocerte". Nos vimos y le conté todo lo que podía recordar acerca del padre que nunca vio.

Así que siento que he recibido un regalo (inmerecido, sólo una cuestión de suerte) de casi 50 años de vida. Siempre soy consciente de ello. Durante años después de la guerra, tuve un sueño recurrente. Dos hombres caminan frente a mí en la calle, se voltean y resultan ser Joe y Ed.

Dentro de mi mente, creo, se encuentra la idea de que a causa de que tuve tanta suerte y ellos no, les debo algo. Les debo no perder mi tiempo, utilizar bien estos años, no sólo para mí mismo (aunque insisto en divertirme un poco, no soy un mártir a pesar de conocer algunos y admirarlos) sino también para ese nuevo mundo que todos creíamos que prometía la guerra que se llevó sus vidas.

Y por ello creo que no tengo derecho a la desesperación. Insisto en la esperanza.

Es un sentimiento, sí. Pero no es irracional. La gente respeta los sentimientos pero igualmente quiere razones. Razones para seguir adelante, para no rendirse, para no aislarse en lujos íntimos o en su propia desesperación. La gente quiere evidencias de esas posibilidades de comportamiento humano de las que he hablado. He sugerido que hay razones, creo que hay evidencia. Pero era demasiado para contestar a mi interlocutor de Kalamazoo. Tomaría un libro.

Y entonces decidí escribir uno.

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Título original: From the Introduction to "You Can't Be Neutral on a Moving Train"
Autor: Howard Zinn
Origen: Z Magazine, diciembre de 1994
Traducido por Tatiana de la O y revisado por Adrián Acosta
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HERZOG: EL MUNDO ES EL HOGAR DEL AMOR Y DE LA MUERTE

La realización en Buenos Aires de un ciclo con más de 20 documentales de Werner Herzog, motivó la siguiente nota pubicada en el suplemente RADAR del diario argentino Página/12.

El mundo es el hogar del amor y de la muerte
Por Mariano Kairuz

Explorador impenitente de las historias escondidas en los sitios más recónditos del mundo, de una facilidad magistral para convertir la ficción en documental y viceversa, apasionado, demencial e infatigable, Werner Herzog es un director capaz de mostrarnos el mundo desde los ojos de un extraterrestre. O mejor: de mostrarnos que somos nosotros nuestros propios marcianos. Un ciclo con más de 20 de sus extraordinarios documentales es una cita ineludible para quienes quieran ver el mundo de una manera lírica y furiosa.

Cuatro años atrás, en enero de 2006, mientras daba una entrevista para la BBC en su casa en Los Angeles, Werner Herzog recibió un tiro en el abdomen. En el momento, el cineasta apenas atinó a preguntar “¿qué fue eso?”. Luego siguió adelante como si nada, ante lo cual el periodista, Mark Kermode, manifestó su preocupación. “No fue una bala seria”, dijo el director y a continuación se abrió los pantalones para mostrar, corriendo apenas sus calzoncillos de colores, la pequeña herida recién infligida. La situación es conocida y ha quedado registrada en un video que es el primero que aparece en YouTube al tipear “Werner Herzog.

Un video que acaso deba su popularidad a que parece pintarlo de cuerpo entero, en un solo trazo, como el loco que todos creen que es. “Era una bala de pequeño calibre”, insistió, divertido, en las entrevistas posteriores, cada vez que le preguntaron por el incidente. Cómodamente instalado en Los Angeles desde hace años –otra cuestión que tiene a muchos de sus seguidores rascándose la cabeza– ha dicho que este tipo de sucesos “son parte del folklore de aquí”. Y agregó, en el programa de Henry Rollins (en una entrevista divertida que también puede verse en YouTube): “Es algo de lo que podemos reírnos, y de hecho nos hemos reído mucho. Ya me habían disparado antes. Es muy divertido para un hombre que le disparen con tan poco éxito”.

Pero lo cierto es que si el lugar común es el que indica que Herzog está loco, esta anécdota no viene a confirmarlo sino probablemente a contradecirlo. “Es parte del folklore local”, dice riéndose este cineasta radical que ha erigido una leyenda sobre algunas de sus desmesuras y que sin embargo parece haber encontrado su hogar definitivo ahí nomás del corazón de la industria cinematográfica. Locos están los demás, en todo caso; y no por nada Herzog ha podido seguir filmando y ya lleva más de cincuenta películas y el año pasado estrenó dos, hechas con dinero mayormente norteamericano: Un maldito policía en Nueva Orleáns (de inminente estreno local) y My Son, My Son, What Have Ye Done. Cuando decidió instalarse en Estados Unidos con su esposa siberiana, primero recalaron en San Francisco, pero decidió que no era la ciudad para él.

“Es muy hermosa, muy chic, un chiste para turistas”, dijo, y, tras descartar Nueva York (“vive en parte de cultura tomada prestada de Europa y en gran medida consume cultura”, argumentó) se mudó a la ciudad “con más sustancia de los Estados Unidos” (sic). “La mayoría de las tendencias decisivas provienen de Los Angeles: el movimiento de libre expresión (de Berkeley), las computadoras, los sueños colectivos del mundo del cine entero. Varias misiones espaciales de un lugar que queda a 30 minutos de donde yo vivo. Los matemáticos, los magos, los escritores, los compositores: hay una fascinante densidad de cosas que no existe en otro lugar en el mundo. Por supuesto, todas las grandes estupideces de los últimos cincuenta años provienen de allí también. Pero quiero vivir en un lugar donde haya vida auténtica, verdadera. Donde las cosas se hacen, se hierven, se deciden y se efectúan.”

Así habla el hombre que en sus documentales ha puesto el foco sobre personajes o lugares o fragmentos de la vida terrestre con la cercanía o la distancia exactas para hacernos sentir, alternativamente, que él es un visitante de otro mundo, o que sus espectadores estamos visitando otro mundo. Muchos de los documentales de Herzog consiguen convencernos de que la Tierra y sus hombres son los verdaderos extraterrestres que llevamos tanto tiempo esperando conocer; capturando en su cámara los otros planetas que existen en éste. Herzog es el cineasta lunático que sigue filmando sus ficciones como si fueran documentales y sus documentales como si fueran ficciones porque lo guía la convicción de que la verdad no se aloja ni se revela en los hechos, sino que debe ser buscada más allá, en un lugar al que sólo se accede a través de un trance, de una iluminación, del éxtasis. Así lo prueba Caminar sobre hielo y fuego, el imperdible ciclo de veinticuatro documentales –entre cortos, medios y largometrajes– que con auspicio del Goethe Institut inaugura la temporada 2010 de la Sala Lugones el próximo viernes 22 de enero.

En el ojo de la Tierra

Si hoy la fusión entre ficción y documental es una marca del cine (pos)moderno, el ciclo de la Lugones ofrece contundentes pruebas de que, desde principios de los ‘60, Herzog (Munich, 1942) tuvo y tiene sus propias razones para hacer lo uno como si estuviera haciendo lo otro, siempre independiente de lo que están filmando el resto de los cineastas del mundo. Por un lado, dice, tuvo que “inventar” él mismo el cine. Su historia es más o menos conocida: habiéndose criado en medio de la miseria y la destrucción en la posguerra alemana, no supo siquiera de la existencia del cine hasta los 11 años. A los 14, estimulado por una entrada sobre cine en una enciclopedia, decidió que eso era a lo que dedicaría su vida, y eventualmente se robó una cámara de la escuela de cine de Munich (aunque él no lo consideró “robar”, ya que era una necesidad). Y como buena parte de la generación de los europeos criados en la posguerra (y también de parte de los cineastas norteamericanos que fueron a la guerra) y curtidos en los padecimientos de los años de la reconstrucción, supo desde siempre que el cine no tiene por qué salir del cine, ni de la cinefilia, ni del cineclub (ni mucho menos de los estudios académicos, que dice detestar) sino del mundo real. Un mundo que sólo puede conocerse a pie, como atestiguan otras anécdotas conocidas que ha protagonizado.

Convicciones como ésta son las que han dado forma a algunas de sus películas más potentes de su período inicial, como el documental La soufrière (1977), para el cual llegó con un equipo mínimo a la isla de Guadalupe, casi totalmente evacuada por lo que parecía ser el alerta inequívoco, inminentísimo, de una erupción volcánica, para filmar a los tres tipos que se habían resistido a partir y eligieron quedarse a esperar ahí mismo su final. Ya en esa película, en las imágenes del pueblo vacío, conseguía invocar esas imágenes de ciencia ficción (apocalíptica o sideral, según la fiebre de cada uno) que colonizaron los paisajes terrícolas –selvas, desiertos, montañas, profundidades oceánicas– de sus películas. Finalmente, para asombro de todos, el volcán del título no cumplió su amenaza, y tiempo más tarde Herzog pudo decir: “Hubiera sido ridículo haber quedado pulverizado por un volcán junto a dos colegas tratando de filmar una película”.

Hasta el día de hoy –hasta Encounters at the End of the World, que le valió su primera nominación al Oscar el año pasado– Herzog siguió encontrando y filmado esos personajes que parecen escritos por algún delirante: como los extraños ganaderos de Pensilvania que cada año compiten para ver quién habla más rápido, en su corto How much Wood would a Woodchuck chuck (1976); o en sus films sobre predicadores religiosos increíbles, como El sermón de Huie o Fe y moneda (ambos del ‘80) y sigue encontrando escenografías mucho más cerca que James Cameron (Fata Morgana, Lecciones en la oscuridad, La salvaje y azul lejanía). “No hay límites entre documental y ficción –dice–. En los documentales hago una puesta en escena, y ensayo, y repito tomas y hago que las personas digan cosas que yo les marco, como en una ficción.”

También ha recorrido el camino inverso, convirtiendo la realización de algunas de sus ficciones en el documental de una experiencia potentemente real que él mismo ha puesto en escena. “Fitzcarraldo es el mejor de mis documentales”, ha dicho, y sí, es el caso más evidente y más citado, porque en él ha filmado la aventura imposible de un demente megalómano –el cruce de un enorme barco desde un río hacia otro a través de un cerro– volviendo a ejecutar su acto demente y megalómano. Convertido en un rodaje legendario, Fitzcarraldo proveyó el centro ardiente de El peso de los sueños, el documental de Les Blank –el mismo que filmó el corto Werner Herzog se come su zapato, en el que Herzog, honrando una apuesta que le hizo a su amigo documentalista Errol Morris, cocina y se come efectivamente su calzado–, así como el reciente libro-diario de filmación Conquista de lo inútil (Entropía, 2008), y de buena parte de las anécdotas sobre la explosiva relación de Herzog con Klaus Kinski, plasmadas en el documental Mi enemigo preferido (1999).

100 por ciento lucha

Para su escuela de cine, la Rogue Film School, inaugurada recientemente, dice que prefiere que sus estudiantes sean “gente que trabajó como patovicas de clubes sexuales, o como guardias de un asilo psiquiátrico, peregrinos dispuestos a pelear por el permiso para filmar en países que no ven con buenos ojos sus proyectos”.

En todo caso, una de las verdaderas claves de su cine, en una vuelta discursiva antiscorsesiana, parece consistir en la contracinefilia. No ver películas. Herzog dice que Hollywood no le gusta ni le deja de gustar, sólo le resulta irrelevante y ve dos o tres películas al año. Pero sí ve televisión: antes veía el show de Anna Nicole Smith, y cuando éste se terminó, empezó a ver (y recomendar fervorosamente) el programa de lucha libre WrestleMania. Lo cuenta cada vez que tiene oportunidad, y lo vuelve a recomendar, bajo la máxima de que “uno tiene que conocer el mundo colectivo en el que vive, no puede ni debe aislarse en sí mismo”. Eso dice, y vuelve a repetir, como un mantra: “Un poeta no debe apartar la mirada”.

CINCO IMPERDIBLES

Fata Morgana (Alemania, 1968-1970)

Ambientada en el Sahara, con el relato en off de pasajes del Popol Vuh (y alguna canción de Leonard Cohen en su última parte), Fata Morgana es la primera de las expediciones extraterrestres de Herzog en la Tierra. Obra de un artista joven que más adelante soñaría con sumir en un estado de hipnosis a su público desde la pantalla, sus imágenes tienen una cualidad hipnótica, y una vez descartada la idea más convencional del alegato ecologista, dan lugar a partir de los lugares más reales y concretos de la naturaleza, a espacios abstractos, mentales, lo que su director ha definido como “el sueño de un paisaje”. Una experiencia que hoy se conecta de manera directa con la de Lecciones en la oscuridad (1991-92), registro de los últimos pozos de petróleo ardientes en el desierto tras la retirada de las tropas iraquíes de Kuwait (se da el sábado). Fata Morgana se proyecta junto con el corto Hércules (1961/2), ópera prima de Herzog.

País del silencio y de la oscuridad(1970-1971)

La figura central es la de Fini Straubinger, una mujer mayor pero de una enorme vitalidad, que se dedica a asistir a personas que están sordas y ciegas, como ella, aunque, a diferencia de ella –que perdió la vista y el oído en un accidente en su infancia–, lo son de nacimiento. En un momento, Fini relata uno de sus recuerdos previos al accidente, el de estar viendo a unos hombres “que vuelan” en una competencia de salto en esquí. Pero no se trata sino de lo que Herzog considera su búsqueda de la verdad extática, “que no está en los hechos”: el recuerdo fue escrito por el propio director, que le pidió a Fini que lo dijera para la cámara. “Es inventado, pero es mi manera de aproximarme a una verdad más profunda dentro de ella, y ella lo entendió.” País del silencio y de la oscuridad se da con el corto Ultimas palabras (1967-1968) acerca de un hombre autoexiliado que, forzado por su familia a volver a la civilización, se rehúsa a volver a hablar.

El pequeño Dieter necesita volar (1997)

Una historia real más extraña y potente que cualquier ficción, la historia de Dieter Dengler contiene varias vidas en una. Primero, Dengler ve cómo los bombardeos destruían su ciudad natal durante la Segunda Guerra. Enamorado de la aviación, en los ‘60 se alistó en el ejército de los Estados Unidos en plena campaña en el Sudeste asiático. Derribado y capturado en Laos, consiguió huir por la selva cuando la guerra de Vietnam recién empezaba. Tres décadas más tarde vuelve al escenario de su peligrosa aventura de la mano de Herzog, que graba su apasionante relato. Cuando conoció esta historia, Herzog pensó que era el material perfecto para una ficción. Finalmente la realizó en esa forma en Rescate al amanecer (Rescue Dawn, 2006), con Christian Bale como protagonista, y hoy considera a ambos films como complementarios. Se da con el corto La balada del pequeño soldado (1984), que narra la historia de un ejército de niños-soldados antisandinistas y su entrenamiento en la selva nicaragüense.

La salvaje y azul lejanía(2005)

Brad Dourif, extraordinario actor de larga trayectoria en la clase B y bastante cara de lunático, dice ser un extraterrestre perteneciente a una raza que intentó colonizar la Tierra pero fracasó. Mientras tanto, como la Tierra se ha vuelto inhabitable, un grupo de astronautas surca el espacio en busca de un nuevo hogar para lo que queda de la humanidad. Herzog ha llamado a este film una fábula de ciencia ficción, pero no lo es más que Fata Morgana o Lecciones en la oscuridad: espacio exterior e interior se confunden una vez más en las alucinantes imágenes documentales tomadas de videos de la NASA y expediciones bajo el hielo de la Antártida, que de verdad parecen pertenecer a otro mundo. Por ahí aparece algún astrofísico dando explicaciones muy serias que en realidad no dicen nada, sino que forman parte de esta puesta en escena que es la realidad según Herzog. Una obra maestra que debe verse en pantalla grande.

Mi enemigo preferido - Klaus Kinski (1999)

Quizá sea uno de sus films más conocidos de su última etapa, pero debía formar parte de la programación porque rescata desde el documental a una figura clave de toda la obra de su director: la del irascible, volátil Klaus Kinski, protagonista de Aguirre, la ira de Dios, Woyzeck, Cobra Verde, Nosferatu, Fitzcarraldo). Un personaje a la altura de su director, el hombre al que Herzog retuvo en otro de sus amazónicos y complicados rodajes amenazándolo con volarle la cabeza a escopetazos para luego suicidarse. Alguna vez en sus adolescencias ocuparon la misma pensión, el tipo ya era un loco peligroso, y cuenta cuando los indios amazónicos le ofrecieron matar a Kinski por él y otras delicias de dos tipos que se amaron y odiaron demasiado. Dos bombas humanas enfrentadas, redefiniendo toda noción de actor fetiche, toda idea de química creativa. “No quiero decir que fuera un buen hombre, no lo era. Era demoníaco, perverso, y al mismo tiempo maravilloso”, dijo el director.

Lea en este mismo blog: El Regreso de Werner Herzog

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WALTER BENJAMIN, CULTURA DE MASAS Y ESTETICISMO POLÍTICO

Por María José Cisneros Torres (*)
Walter Benjamin supo dar cuenta con temprana lucidez de los profundos cambios en los modos de percepción y experiencia de lo social que comenzaron a producirse a partir de la aparición de las nuevas tecnologías de reproducción y el desarrollo de la cultura de masas, mostrándonos la estrecha relación que existe entre el nuevo sensorium de masa y la nueva manera de hacer política que él denomina esteticismo político.


Lea también: El enigma de Walter Benjamin



Las masas entran en escena


La industrialización y creciente urbanización de las sociedades capitalistas durante la segunda mitad del siglo XIX trajo consigo la irrupción de un nuevo actor social: la masa. Una nueva multitud, perteneciente a los estratos medios y bajos de la sociedad, empezó a adquirir un protagonismo hasta entonces inimaginable.

En el ámbito de la cultura, la producción de bienes mediante procesos de industrialización y la enorme difusión que estos alcanzaron gracias a los nuevos medios de comunicación de masas, hizo posible que las clases subalternas tuvieran acceso al disfrute y recreación de un capital simbólico antes inaccesible para éstas. Semejante conmoción en los modos de producción y recepción cultural despertó en las élites grandes rechazos y algunas adhesiones, dividiendo las aguas -según Eco- entre apocalípticos e integrados:

El Apocalíptico es una obsesión del dissenter, la integración es la realidad concreta de aquellos que no disienten. La imagen del Apocalíptico surge de la lectura de los textos de la cultura de masas; la imagen del integrado emerge de la lectura de textos de la cultura de masas (Eco, 1985: 13)

Entre los apocalípticos más lúcidos se encuentran Horkheimer y Adorno, dos miembros destacados de la Escuela de Frankfurt, quienes en Dialéctica del Iluminismo llevan a cabo una crítica radical a la cultura de masas al desenmascarar la “unidad de sistema” que la regula. Unidad que se funda en una lógica estandarizada y manipuladora, propia de la racionalidad técnica que es la racionalidad del dominio mismo, pues se encuentra presente en todo sistema de economía capitalista, sea éste democrático o autoritario, operando sobre todo a través de la radio y el cine , en la superestructura como mecanismo de control que beneficia a los amos.

Para el consumidor no hay nada por clasificar que no haya sido clasificado en el esquematismo de la producción. El prosaico arte para el pueblo realiza ese idealismo fantástico que iba demasiado lejos para el crítico. Todo viene de la conciencia: de la de Dios en Malebrancke y en Berkeley; en el arte de masas, de la dirección terrena de la producción (Adorno-Horkheimer, 1987: 164 )

De allí que apelen Horkheimer y Adorno al término de “industria cultural” para referirse a este sistema de producción y recepción cultural en el que el arte encuentra su desublimación al convertirse en mercancía, en un bien de intercambio más que se adecua a las necesidades del consumidor y busca principalmente entretener. Entretener, de un modo tan disciplinado y solo en apariencia desprovisto de sentido, que el espectador no sea capaz de oponer resistencia y termine por convertirse en un consumidor pasivo, incapaz de ejercer un juicio crítico frente a lo que ve u oye.

Si los dibujos animados tienen otro efecto fuera del de acostumbrar a los sentidos al nuevo ritmo, es de martillar en todos los cerebros la antigua verdad de que el maltrato continuo, el quebrantamiento de toda resistencia individual, es la condición misma de esta sociedad. El Pato Donald en los dibujos animados como los desdichados en la realidad reciben su puntapiés a fin de que los espectadores se habitúen a los suyos (Adorno-Horkheimer, 1987: 167)

La misma alienación que los trabajadores encuentran en su trabajo, la encuentran también en sus ratos de ocio, gracias a una industria cultural que no hace sino reproducir y fortalecer las condiciones de opresión a las que la economía capitalista los somete. Denunciar “este nuevo género de barbarie en el que la humanidad ha caído” es, en definitiva, la tarea que Horkheimer y Adorno asumen en su análisis de la cultura de masas. Tarea que, aunque llevan a cabo con mucha agudeza, resulta en muchos sentidos unilateral. A mi entender, las posiciones apocalípticas aunque nos ayudan a estar alertas, llevadas al extremo suelen terminar encandilándonos. Estudiar un fenómeno tan complejo como el de la cultura de masas requiere de un análisis profundo, que antes de juzgarla busque comprenderla.

Esto es precisamente lo que hace Walter Benjamin, quien establece una ruptura con Horkheimer y Adorno, en tanto entiende que para analizar a la cultura de masas es necesario comprender ante todo el nuevo modo de percepción de la realidad y de experiencia de lo social que con ésta se origina. Como sostiene Jesús Martín-Barbero:

para la razón ilustrada la experiencia es lo oscuro, lo constitutivamente opaco, lo impensable. Para Benjamin, por el contrario, pensar la experiencia es el modo de acceder a lo que irrumpe en la historia con la masa y la técnica. No se puede entender lo que pasa culturalmente en las masas sin atender a su experiencia. Pues a diferencia de lo que pasa en la cultura culta, cuya clave está en la obra, para aquella otra la clave se halla en la percepción y en el uso (Martín-Barbero, 1987, 56-57)


Del cristal con que se mire: el nuevo sensorium de masas

En “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” Walter Benjamin da cuenta del modo de percibir la realidad que caracteriza a la cultura de masas, del nuevo sensorium que nace a partir de la aparición de nuevas técnicas de reproducción. Para ello toma como modelo de análisis al cine, pues considera que en él encuentran su punto culminante las técnicas de reproducción que comenzaron a desarrollarse con la fotografía, dado que en las obras cinematográficas la posibilidad de reproducción técnica del producto es su condición intrínseca.

(El cine) se funda de manera inmediata en la reproducción. Esta no sólo posibilita directamente la difusión masiva de películas, sino que más bien la impone ni más ni menos que por la fuerza. Y la impone porque la producción de una película es tan cara que un particular que, pongamos el caso podría permitirse el lujo de un cuadro, no podrá en cambio permitirse el de una película (Benjamin, 1990: 27)

De este modo, el valor cultual sobre el que toda obra de arte auténtica se funda, cede su lugar al valor exhibitivo [1]. La pérdida del aura, el desmoronamiento de “la manifestación irrepetible de una lejanía (por cercana que pueda estar)” [2] (Benjamin, 1990: 28) se produce y trastoca la función íntegra del arte. “En lugar de su fundamentación en un ritual aparece su fundamentación en una praxis distinta, a saber en la política” (Benjamin, 1990: 28) Preparada para ser reproducida, la obra de arte moderno adquiere, entonces, una función social en tanto reemplaza su presencia irrepetible por una presencia masiva que sale al encuentro de cada destinatario. Lejos de aspirar a ser contemplado por unos pocos como antaño lo hacía, en la era de la reproductibilidad técnica, el arte aspira acercarse espacial y humanamente a las masas. Todo lo cual implica un profundo cambio en los modos de percepción, pues en lugar de propiciar fruiciones singulares y perdurables dando lugar a la contemplación estética, lo que las técnicas de reproducción generan es un sentido para lo igual, para lo fugaz, para la permanente distracción.

La recepción en la dispersión, que se hace notar con insistencia creciente en todos lo terrenos del arte y que es síntoma de modificaciones de hondo alcance en la apercepción, tiene en el cine su instrumento de entrenamiento. El cine corresponde a esa forma de recepción por su efecto de choque. No sólo reprime el valor cultual porque pone al público en situación de experto, sino además porque dicha actitud no incluye en las salas de proyección atención alguna. El público es una examinador, pero un examinador que se dispersa (Benjamin, 1990: 54 y 55)

Esto es así, no sólo porque en las obras cinematográficas la posibilidad de reproducción técnica del producto y su recepción masiva constituyen su condición intrínseca; sino también, porque gracias a las técnicas de montaje, se produce en él la pérdida del aura del actor [3]. “Cualquier hombre aspirará a participar en un rodaje”(Benjamin, 1990: 40)

La masividad, en consecuencia, que la técnica otorga al cine, no sólo se refiere a su recepción sino también a su producción. Por ello, Benjamin considera que en éste el porcentaje de desechos en el conjunto de la producción artística es grande; así como también lo es en la literatura, dado que:

hoy ocurre q apenas hay un europeo en curso de trabajo que no haya encontrado alguna vez ocasión de publicar una experiencia laboral, una queja, un reportaje o algo parecido. La distinción entre autor y público está por tanto a punto de perder su carácter sistemático. Se convierte en funcional y discurre de distinta manera en distintas circunstancias. El lector está siempre dispuesto a ser un escritor.(...) La competencia literaria ya no se funda en una educación especializada, sino politécnica. Se hace así patrimonio común (Benjamin, 1990: 40)

De allí, la “crisis de la narración” que con originalidad Benjamin muestra en “El narrador”. Escrito en el que analiza el nuevo sensorium que caracteriza a las sociedades de masas, a partir de mostrar como el mundo de la narración ha sido desplazado por el mundo de la información, como la forma artesanal de la comunicación ha perdido sus fuerzas - la fuerza que otorga la experiencia individual de lo real- frente a la reproducción exacta u objetiva de los hechos, al dato plausible e instantáneo que ofrece el sistema de la comunicación mediática.

La escasez en que ha caído el arte de narrar se explica por el papel decisivo jugado por la difusión de la información. Cada mañana nos instruye sobre las novedades del orbe. A pesar de ellos somos pobres en historias memorables (Benjamin, 1998, 117)

Palabras con las que Benjamin hace explícita la tesis sobre la pobreza de experiencia que caracteriza al hombre de la sociedad de masas. Pobreza que, si bien se pone de manifiesto en la pérdida del aura de la obra de arte o en el reemplazo de la huella del narrador por la información, por el “puro” asunto en sí; supone, además, una fuerte conmoción de la tradición en cuanto tal.

Pobreza de experiencia no hay que entenderla como si los hombres añorasen una experiencia nueva. No; añoran liberarse de las experiencias, añoran un mundo entorno en el que puedan hacer que su pobreza, la externa y por último también la interna, cobre vigencia tan clara, tan limpiamente que salga de ella algo decoroso (Benjamin, 1990:169)

Por ello, no debe interpretarse de manera siempre negativa el concepto benjaminiano de pobreza. Para Benjamin la pobreza no siempre conduce a una barbarie estéril; a veces, la barbarie resulta positiva, pues lleva a empezar de nuevo y se constituye en condición de posibilidad de la creación. “Entre los grandes creadores siempre ha habido implacables que lo primero que han hecho es tabula rasa”(Benjamin, 1990:169) Descartes, Einstein o Paul Klee son un ejemplo de ellos.

También el “flaneur” es un creador para Benjamin, aunque en un sentido diferente a los anteriores, porque frente a la pobreza de experiencia que la ciudad le ofrece respecto de quién sea el otro - si el torturador o el perseguido-, el “flaneur” encuentra un estupefaciente que le hace ver lo que otros no ven en la multitud. “La sensibilidad es la naturaleza de la ebriedad a la que el “flaneur” se entrega en la multitud“ (Benjamin, 1991:71). De allí que, un poeta como Baudelaire - al que Benjamin identifica con la figura del “flaneur”- llegara a alabar la ebriedad religiosa de las grandes ciudades.

De todos modos, el análisis benjaminiano no pasa por alto que la experiencia de la multitud que el “flaneur” encuentra en las grandes ciudades se aparta de la realidad. De hecho, sostiene: “ Cuando el velo se rasgue y deje libre a la vista del “flaneur” una “de esas plazas populosas que la revuelta ha convertido en soledad”, sólo entonces verá sin obstáculos la gran ciudad” (Benjamin, 1991:76). Sólo entonces se dará cuenta que las multitudes que se pretenden concretas son, en realidad, abstractas en tanto constituyen “la masificación de personas privadas por medio del azar de sus intereses privados”(Benjamin, 1991:79).

Todo lo cual deja entrever que, si bien Benjamin reconoce aspectos “creativos” a los fenómenos que dan lugar al nuevo sensorium que caracteriza a las sociedades de masa, las críticas que a ellos hace resultan también muy contundentes.


Esteticismo político

Por “esteticismo político” Benjamin entiende una praxis política propia del sensorium que caracteriza a la cultura de masas y cuya personificación es detentada por el fascismo, en tanto éste funda su poder en la exaltación sensible de la muchedumbre y hace obligatorio y permanente para todo propósito la masificación de los individuos, pues: “ve su salvación en que las masas lleguen a expresarse (pero que ni por asomo hagan valer sus derechos)”(Benjamin, 1990: 55). Organiza, por eso, celebraciones deportivas, grandes asambleas y desfiles festivos, procurando que las masas se expresen, se vean a la cara y se sientan protagonistas de su destino, sin que todo ello implique, un cambio real en las condiciones materiales de vida de éstas. Apela, además, a la técnica reproductiva y de rodaje, la que le resulta sumamente útil, por una parte, porque:

con las innovaciones en los mecanismos de transmisión, que permite que el orador sea escuchado durante su discurso por un número ilimitado de auditores y que poco después sea visto por un número también ilimitado de espectadores, se convierte en primordial la presentación del hombre político ante estos aparatos. Los Parlamentos quedan desiertos así como los teatros. La radio y el cine no sólo modifican la función del actor profesional, sino que cambian también la de quienes, como los gobernantes, se presentan ante sus mecanismos (Benjamin, 1990: 38)

De allí, el nacimiento de un nuevo modo de hacer política, de una nueva clase dirigente en la que el carisma se impone a las propuestas, en la que la apelación a un discurso emotivo resulta más efectiva que la apelación a un discurso racional. De allí, la consolidación y el auge de uno de los pilares sobre los que se asienta el fascismo: la exaltación de la figura del caudillo.

Por otra parte, resulta también sumamente útil la técnica cinematográfica al fascismo, porque la manifestación de los movimientos de masas (otro de los pilares sobre los que éste se recuesta) encuentra en el ojo de la cámara un medio adecuado. “Sólo a vista de pájaro se capta esos cuadros de centenares de millares”(Benjamin, 1990: 55). Sólo, a partir de la reproducción de la imagen de sí mismas, pueden las masas mirarse en su totalidad y llegar a creer que el azar de la economía mercantil (ese azar que las junta) constituye “un “destino” en el que la “raza” se mira a sí misma”(Benjamin, 1991:79).

De igual forma, contribuye la guerra con esta creencia que caracteriza al esteticismo político, y lo hace de un modo tal, que según Benjamin llega ésta a constituirse en su punto culminante. Esto es así porque, sólo la guerra otorga una meta a los grandes movimientos de masa y moviliza todo los medios técnicos, conservando a la vez las condiciones heredadas de la propiedad.

Fiat ars, pereat mundu , dice el fascismo, y espera de la guerra, tal y como lo confiesa Marinetti, la satisfacción artística de la percepción sensorial modificada por la técnica. Resulta patente que esto es la realización del “arte pour l art”. La humanidad, que antaño, en Homero, era objeto de espectáculo para los dioses olímpicos, se ha convertido ahora en el espectáculo de sí misma. Su autoalienación ha alcanzado un grado que le permite vivir su propia destrucción como un goce estético de primer orden. Este es el esteticismo de la política que el fascismo propugna (Benjamin, 1990:57).

Actualidad de Benjamin

En su excelente libro Walter Benjamin, escritor revolucionario, Susan Buck-Morrs sostiene respecto del párrafo arriba citado:

Benjamin nos está diciendo que la alienación sensorial está en el origen de la estetización de la política, estetización que el fascismo no inventa sino que meramente “administra”. Hemos de asumir que la alienación y la política estetizada, en tanto condiciones sensoriales de la modernidad, sobreviven al fascismo, y que del mismo modo lo sobrevive el goce obtenido en la contemplación de nuestra propia destrucción (Buck-Morrs, 2005:171)

A mi entender, en efecto, para Benjamin el esteticismo político no es un fenómeno exclusivo del fascismo, sino antes bien, un nuevo modo, un nuevo estilo político que emerge a partir de la irrupción de la cultura de masas. Perder de vista esto, identificando sin más fascismo con esteticismo político, no sólo no hace justicia a la profundidad del análisis benjaminiano, sino que además, nos priva de un elemento fundamental para entender la praxis política contemporánea. El cambio en el sensorium, en la experiencia de lo social que se produjo con la sociedad de masas y la aparición de las nuevas tecnologías de reproducción, goza actualmente de plena vigencia. El papel cada vez más preponderante que los medios masivos de comunicación ejercen respecto de la construcción social de la realidad, ha llevado a una cada vez mayor estetización de la política. Tanto en regímenes autoritarios como democráticos se apela continuamente a la propaganda política, a los discursos emotivos y a la información de carácter rimbombante y fugaz, para suscitar la conmoción estética momentánea del electorado, antes que su adhesión ideológica. La política como espéctaculo - según muchos lo han señalado y según podemos continuamente nosotros mismos comprobar- está a la orden del día.

Esto, sin embargo, no debe llevarnos a emitir un juicio apocalíptico en relación al papel que juega el sensorium de masa en la praxis política. Creo que siguiendo a Benjamin, la opción pasa por ejercer una crítica que no admita concesiones en su profundidad; pero que no por ello pase por alto ciertas potencialidades favorables que éste ofrece. La cultura de masas, sin duda, tiene mucho de alienación, pero también de fuerza democratizadora en tanto da cuenta del modo de experiencia de lo social de las clases subalternas, “de esa experiencia otra que desde el oprimido configura unos modos de resistencia y percepción del sentido mismo de sus luchas” (Martín-Barbero, 1987: 63)

De lo que se trata, pues, no es de renegar de la técnica, los medios de comunicación, el esteticismo político (fenómenos éstos que nos guste o no gozan de buena salud), sino de procurar una nueva mirada sobre ellos, capaz de resignificar su sentido y dotarlos de una impronta crítica y verdaderamente democrática.

Notas


[1] Benjamin destaca dos modos, antagónicos entre sí, de recepción de las obras de arte. Uno es el “valor cultual”, es decir aquel que se encuentra estrechamente vinculado a la fundamentación ritual de la obra de arte y que considera a ésta como única e irrepetible. El otro es el “valor exhibitivo”, es decir aquel que se encuentra estrechamente vinculado con las técnicas de reproducción y, gracias al cual, se produce el desmoronamiento del aura de las obras de arte.
[2] Para ahondar en el concepto de aura en Benjamin, véase también: “Poesía y capitalismo” en Iluminaciones II. Ed. Taurus, Madrid, 1998
[3] Pérdida del aura, a la que el cine responde con el culto a las “estrellas”, el cual según Benjamin: “...fomentado por el capital cinematográfico, conserva aquella magia de la personalidad, pero reducida, desde ya hace tiempo, a la magia averiada de su carácter de mercancía” (Benjamin, 1990: 38)

Bibliografía

——Adorno-Horkheimer.(1987). Dialéctica del iluminismo. Ed. Sudamericana, Buenos Aires.
——Benjamin, Walter . (1990).Discursos interrumpidos I.Filosofía del arte y la historia. Ed Taurus, Madrid.
(1991) Poesía y capitalismo. Iluminaciones II. Ed.Taurus, Madrid
(1998) Para una crítica de la violencia y otros ensayos. Iluminaciones IV. Ed. Taurus, Madrid
——Buck-Morrs, Susan (2005) Walter Benjamin, escritor revolucionario. Interzona editores, Buenos Aires
——Eco, Umberto (1985) Apocalípticos e Integrados. Ed. Lumen, Barcelona
——Martin-Barbero, Jesús (1987) De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. Ediciones G. Gili, Barcelona.
——Mosse.(2007) La nacionalización de las masas. Simbolismo político y movimientos de masas en Alemania desde las guerras napoleónicas al Tercer Reich. Siglo XXI Editores, Buenos Aires

© Licenciada María José Cisneros Torres 2009 - Universidad Nacional de Tucumán- Argentina - mjcisneros76@gmail.com
Publicado en Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero43/wbenjamin.html
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LEONARDO SCIASCIA, EL QUE NO SE VENDIÓ

Leonardo Sciascia, el hombre que entendió a la mafia
Sylvina Walger
(Crítica)
Leonardo Sciascia nació en una aldea siciliana azotada por la mafia, que se convirtió en el eje de sus preocupaciones y de sus libros. Acusó a los políticos y jueces más venerados de utilizar la lucha contra la mafia para alcanzar prestigio, fortuna y posiciones de poder. A 20 años de su muerte, hasta los mafiosos le dan la razón.

El 20 de noviembre de 1989 moría a los 68 años el escritor Leonardo Sciascia. Nacido en Racalmuto, Italia, en 1921. Una aldea de 13 mil habitantes (a la que Sciascia atribuía un origen árabe: Rahal Maut, Aldea Muerta) ubicada en la provincia de Agrigento, en Sicilia. Nació en una isla bella y severa, ajena al progreso, martirizada por la historia y la mafia. Despreciada por el mundo. Su vida transcurrió entre Racalmuto y Palermo. Su padre era un oficinista que trabajaba en las minas de azufre. Eso era Racalmuto: azufre y algún muerto a tiros en la calle todos los días. Militante comunista en sus comienzos (“Si se nace en Sicilia es imposible no ser comunista”, solía explicar), fue edil y diputado, pero su decencia le impidió convertirse en un verdadero cuadro.

A los intelectuales los encontraba un poco cortesanos, un tanto conformistas, que casi siempre están con el poder. Para Sciascia un intelectual debe mantener la vocación de estar siempre en la oposición. La democracia, sostenía, no es impotente para combatir a la mafia. O mejor: nada hay en su sistema que necesariamente la conduzca a imponerle una convivencia con la mafia. Por el contrario, tiene entre manos el instrumento que la tiranía no tiene: el derecho, la ley igual para todos, la balanza de la justicia. Estaba convencido de que el Estado italiano jamás acabaría con la mafia. Porque está en el corazón mismo de la familia italiana que incluye, como escribe Claude Ambroise, la presencia de la madre fálica, dominante en la sociedad mediterránea.

Cuando se decidió a ser escritor optó, más que por abandonarse a la pura invención literaria, por dirigirse a los archivos y rescatar historias olvidadas. Así nació Porte aperte, la historia de una especie de patovica musoliniano condenado a muerte por un asesinato. El juez, que no cree en la pena de muerte, no lo ejecuta y Sciascia escribe: “Ni la humanidad ni la ley deben responder al asesinato con otro asesinato”. Pero la mafia fue el eje de sus preocupaciones italianas. Sus libros sobre ese fenómeno tienen hoy el valor de una enciclopedia sobre el tema. Lo mismo ocurre con la violencia y el asesinato de Aldo Moro. En El caso Moro Sciascia resuelve el asesinato a través de las cartas que Moro enviaba y que los diarios publicaban. Su riguroso y minucioso análisis compromete a la clase política italiana. De cómo comunistas y demócratas cristianos se unen para dejarlo morir.

Su Sicilia como metáfora –algo que también hace con El día de la lechuza y A cada cual lo suyo– pasó a ser una metáfora duradera, una indagación acerca de una cierta forma de ejercer el poder. El mundo siciliano de Sciascia es un mundo católico. Los curas pululan en sus páginas. Es el caso de El archivo de Egipto, novela que cuesta separar de El nombre de la rosa. Los clérigos “sciascianos” nunca son unívocos o repetitivos. Muy por el contrario, los hay de las layas. Y como suele ocurrir en sus relatos, la corrupción y el asesinato ocurren en el corazón mismo de la elite católica. Otra arista del poder de la mafia que Sciascia investiga es lo que llama “el poder de la familia”. El poder se legitima entre los lazos familiares. Desde ellos se hace posible la resistencia al abuso pero a cambio, muchas veces, de un alto precio individual. La familia siciliana en sus ficciones es totalitaria. Sus miembros se deben al todo. Son intercambiables.

Un periodista le preguntó una vez a Sciascia qué quería decir cuando hablaba de “sicilianización”. Algo que ahora podría traducirse como globalización del crimen o “era de la criminalidad”, contestó el escritor. “Soy más bien un escritor italiano que conoce bien la realidad de Sicilia y que está convencido de que esta isla ofrece una síntesis de problemas y contradicciones que bien podrían constituir una metáfora del mundo moderno”. Es que para Sciascia la “sicilianización” significaba una pérdida progresiva del valor de las ideas, ante el surgimiento arrollador de los intereses particulares. “Ya no se gobierna en función del bien común sino a favor de ciertos grupos”. Para un siciliano la familia es el Estado. Se atienden las ligas consanguíneas para iniciarse como “un hombre de honor”; por ello, en el seno de la Cosa Nostra, al candidato lo tiene que traer un familiar directo, tío o abuelo.

La mafia es una amistad, un modo de ser y de pensar. Una mentalidad. Y se ha expandido por todo el mundo, como un estilo de gobernar y hacer política. Comenzó hacia la mitad del siglo XIX (época que más o menos coincide con el nacimiento de Italia como nación) como un fenómeno rural, como una especie de rebelión solapada contra los detestados Borbones que dominaban la isla. La mafia apareció entonces como un sistema de justicia informal donde el capo mafioso era el equivalente del juez de paz.

Sciascia fue una de las conciencias más sólidas de Italia. Su carácter insobornable fue el emblema de su independencia, que molestó a unos y a otros, y fue el origen también de su prestigio, como intelectual y como político. Valga como anécdota que el escritor se suicidó socialmente el 10 de enero de 1987 cuando se empeñó en publicar en el Corriere della Sera un ríspido artículo que daba por tierra con el pensamiento políticamente correcto. Sabía que las verdades inmutables son inmutables, al menos mientras duran. Sabía que es inútil andarse con matices frente a quienes poseen la verdad, la razón y el respaldo poderoso de la Historia (o de Dios, depende del bando). Y conocía la ignorancia general sobre la mafia, un fenómeno de gran utilidad para numerosas generaciones de políticos italianos.

Pero Sciascia publicó su artículo “Los profesionales de la antimafia”, y acusó a los políticos y jueces más venerados del momento, como Leoluca Orlando, alcalde de Palermo, y Paolo Borsellino, magistrado, asesinado años después por la mafia, de utilizar una causa noble, el renacimiento moral de Sicilia, para beneficio de sus carreras. La lucha contra la mafia, decía Sciascia, había dejado de ser un fin y era sólo un medio para alcanzar prestigio, fortuna y posiciones de poder (una historia que no suena desconocida).

El mundo se le echó encima. Dicen que no le importó. Estaba ya muy enfermo. Dedicaba su tiempo a fantasear sobre la muerte y, en términos más concretos, sobre su epitafio. Buscaba algo “menos personal” y “más ameno” que las frases habituales. Lo encontró en un texto de Auguste Villiers de L’Isle-Adam, uno de sus amados franceses decimonónicos, legitimista, reaccionario, simbolista, asombrosamente moderno. “Ce ne ricorderemo di questo planeta” (Nos acordaremos de este planeta). Ése es el epitafio sobre la tumba de Sciascia. Suele decirse que la primera víctima de la guerra es la verdad. Algo similar ocurre con el terrorismo, la mafia o las emergencias planetarias. La duda no debe ofender. La verdad, tampoco. El fanatismo, sí. Mucho.

Han pasado más de 20 años. Mafia y antimafia siguen siendo asuntos prósperos. Y la verdad incómoda de Leonardo Sciascia se ha visto refrendada por el tiempo. Hoy no solamente Leoluca Orlando y la viuda de Borsellino le dan la razón sino que el mafioso Totto Riina resolvió abrir la boca después de 17 años. En su versión el atentado se decidió en Milán entre políticos y hombres de negocios, entre los cuales habría estado presente el incombustible Silvio Berlusconi.
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Los profesionales de la antimafia
Leonardo Sciascia (*)

Citaré dos pasajes de dos libros míos, lo cual tal vez pueda servir a los cortos de memoria y/o una mala fe más larga que un día sin pan, y que pertenecen, por lo general, a esa especie (muy difundida en Italia) de personas que dedican su vida al heroísmo que no cuesta nada y que los milaneses tras las "Cinco jornadas", denominaron "los héroes de la sexta".

1. "Este estado de ánimo desencadenó de golpe el cólera. El capitán sintió el peso de la angustia con el que la ley restringía su espacio de movimiento; al igual que sus suboficiales, tenía sed de poder, de libertad de acción. Y era precisamente este anhelo lo que había condenado de sus brigadas. Una suspensión a lo grande de las garantías constitucionales en Sicilia durante algunos meses y el mal se podría extirpar para siempre. Pero se acordó de las represiones de Mori(1), del fascismo, y halló la medida de sus propias ideas, de sus sentimientos... Sería menester sorprender a la gente en el cobijo del incumplimiento fiscal, como en América. Pero no sólo a las personas como Mariano Arena; y no sólo aquí en Sicilia. Lo que habría que hacer es aparecer de repente y sin avisar en los bancos, que manos expertas se encargasen de la contabilidad, por lo general de doble fondo, de las pequeñas y medianas empresas; revisar de nuevo los censos. Y todos esos zorros, antiguos y actuales, que desperdician su olfato [...] sería mejor que se pusiesen a olfatear por los pueblos, los automóviles fuera de serie, las mujeres y los amantes de ciertos funcionarios: y confrontar esas señales de riqueza con los sueldos, y luego echar cuentas". ("Il giorno della civetta, Einaudi, Turín, 1961)

2. "Pero la cuestión, mi querido amigo, es que Italia es un país tan feliz que cuando se empiezan a combatir mafias vernáculas quiere decir que ya se ha establecido una mafia en una lengua determinada... Vi algo parecido hace cuarenta años. Y es cierto que si un hecho, en la pequeña y en la gran historia, la primera vez es una tragedia, pero si se repite es una farsa. Aunque yo, por mucha farsa que sea, ando bastante preocupado". ("A ciascuno il suo", Einaudi, Turín, 1966).

Presentadas estas credenciales que, repito, los lectores honestos y atentos no necesitan, y habiendo declarado que sigo pensando igual que antes, tanto con respecto a la mafia como con respecto a la antimafia, quisiera hablar de un libro recientemente publicado por un editor de Soveria Mannelli, en la provincia de Catanzaro, en Rubettino. El libro se titula "La mafia durante il fascismo", su autor es Christopher Duggan, joven investigador de la Universidad de Oxford y alumno de Denis Mack Smith, quién ha escrito una breve presentación del libro en la que subraya las novedades y la utilidad del mismo estriban precisamente en que la atención del autor no se centra en la "mafia en sí" sino en lo que "se creía que fuese la mafia y por qué".

Punto clave, aún hoy, de la cuestión, para quienes - ni que decir tiene - saben ver, meditar y preocuparse. Para quienes saben ir más allá de las apariencias y no se dejan arrastrar por la retórica nacional que en este momento del problema de la mafia se regodea de la misma manera que antes se regodeaba ignorándolo o, como mucho, lo asociaba a lo pintoresco, a una pincelada de color local, a la particularidad folklórica. Y resulta curioso que en la actual concienciación (preferible sin lugar a dudas - aunque con un aluvión de retórica encima - a la indiferencia de antes) confluyen elementos de un confuso resentimiento racial con respecto a Sicilia y a los sicilianos. Y a veces se tiene la impresión de que a Sicilia no sólo no se le quiere perdonar la mafia, sino ni tan siquiera Verga(2), Pirandello(3) y Guttuso(4).

Pero volviendo al tema: no me hago ilusiones de que mis dos libros, a los que pertenecen los pasajes que he querido recordar, hayan servido - a parte de los veinticinco lectores de siempre, de manzoniana(5) memoria (y no es hipérbole al contrario, dictada por la ceremonia de la modestia, pues cabe creer realmente que no más de veinticinco buenos lectores goza, en todas las generaciones, con un libro) - hayan servido a muchos, a muchísimos lectores para enseñarles la dolorosa y de alguna manera activa conciencia del problema. Creo que la mayoría los deben haber leído, por así decirlo, "en touriste", y no sé cómo los leen en la actualidad. Tanto es así que el "final feliz" - y si no feliz, constructivo - estaba en el aire, por transmisión de poder a aquella cultura que, aunque de forma marginal, lo compartía. Como en la película: "En nombre de la ley" en la que la algarabía se anunciaba con la conciliación del que estaba fuera de la ley con la ley.

Resulta ejemplar la cuestión del drama "La mafia" de Luigi Sturzo(6). Escrito en 1900, y representado en un teatrillo de Caltagirone(7), no fue hallado entre los papeles de Sturzo, tras su muerte, el quinto acto que lo completaba. Y lo escribió Diego Fabbri(8), pirandeleizando(9) vulgarmente y con final constructivo. Más tarde fueron hallados los borradores de Sturzo del quinto acto. Y con el hallazgo se descubrió la razón por la que el autor calificaba su obra de drama (lo cual hubiese debido servir de advertencia a Fabbri para no concluirla con el triunfo del bien). Acababa mal y en el mal, coherentemente con lo que el padre Luigi Sturzo sabía y veía.

Siciliano de Caltagirone, pueblo por el que la mafia por aquel entonces merodeaba sólo esporádicamente, tuvo mucho mérito su lucidez y su clara noción sobre el fenómeno en todas sus articulaciones, implicaciones y complicidades; y el hecho de que lo hubiese sentido como un problema tan vasto, urgente y lamentable como para echar cimientos y dar "ejemplo" (palabra que tanto le gusta a San Bernardino) en el escenario de su teatrillo. De qué manera de su partido popular haya resurgido una Democracia cristiana casi indiferente al problema no es un misterio. Pero será necesario que los historiadores lleven a cabo una investigación y un estudio de no poca monta. Y será necesario que pase algún tiempo, por lo menos el que ha sido necesario para obtener esta profunda investigación y este análisis sensato de Christopher Duggan sobre la mafia y el fascismo.

La idea, y lo que ello comporta, que el primer fascismo tuvo con respecto a la mafia, se puede resumir en una especie de silogismo: el fascismo halla dificultades en brotar allá en donde el socialismo es débil. En Sicilia, la mafia ha impedido que el socialismo cobrase fuerza, pues la mafia es de por sí fascismo. Idea no sin fundamento, evidentemente, sólo que era necesario incorporar la mafia al auténtico fascismo. Pero la mafia era también, al igual que el fascismo, muchas cosas más. Y entre lo que el fascismo era también, cabe destacar una cierta corriente vigorosa que hallaba instancia revolucionaria por parte de los ex combatientes, de los jóvenes que del partido nacionalista de Federaciones por osmosis casi natural pasaban al fascismo o al fascismo transmigraban sin abandonar del todo sus anhelos socialistas y anarquistas: minorías desaparecidas, en Sicilia.

Pero, si bien en un primer momento fácilmente conculcadas, cuando cobró vigor el fascismo en las regiones septentrionales y en la permisividad y protección de que gozaba por parte de los gobernadores civiles, jefes de policía, comisarios y casi todas las autoridades del estado; con el miedo que imponía a los viejos representantes del orden (en ese entonces desorden) democrático, habían cobrado una dimensión totalmente desproporcionada para su número, un papel invasor y temible. Temible incluso para el mismísimo fascismo que - nacido en el Norte de acuerdo con los intereses de los agricultores, industriales y empresarios de aquellas regiones y, al menos en ello, constantemente atentos a los intereses "resurgimentales"(10) - con mucho gusto hubiese prescindido de ellos para poder negociar con los agricultores sicilianos y por lo tanto con la mafia. Y se libró de ello, de hecho, inmediatamente después del delito de Matteotti(11), consolidado en el poder. Señal de ello, definitiva, que el arresto de Alfredo Cucco (figura del fascismo isleño de línea radical-burguesa y progresista, por como Duggan y Mack Smith lo definen, que de este libro obtiene, creo de forma justa, esa revaluación que se merece y que en vano confió obtener del fascismo, que sólo durante la república de Saló(12) lo acogió y ascendió de rango).

Que el fascismo se instalase en el poder, seguro y sin miedos, no quiere decir que esa especie de silogismo desapareciese del todo. Pero, de la misma manera que el fascismo, en Sicilia, debía librarse de las capas "revolucionarias" para poder negociar con los agricultores y los de las compañías azucareras, éstos se veían obligados a garantizarle al fascismo por lo menos esa imagen de restaurador del orden público, y por lo tanto librarse de las capas criminales más inquietas y visibles.

Y cobra gran significado el hecho de que en la lucha librada por Mori contra la mafia los "campieri"(13) desempeñasen un papel determinante (a los que Mori condecoraba con el valor civil en los pueblos "mafiosos". Las "guardias del feudo", antes mediadores irremplazables entre la propiedad de las tierras y la mafia, y en el momento de la represión de Mori, elemento irremplazable para permitir la eficacia y la eficiencia del pacto. De Mori, Duggan dice que "era de naturaleza autoritaria y fuertemente conservador", tenía "una fe férrea en el estado", y "riguroso sentido del deber". Entre 1919 y 1922, consideró que tenía el deber de imponer hasta a los mismísimos fascistas el respeto de la ley, por lo que fue alejado de su cargo en cuanto se consolidó el fascismo, pero tal vez le sirvió - dicho periodo de ocio - para escribir sus recuerdos sobre la lucha contra la criminalidad en Sicilia bajo el sentimental título de "Tra le zagare, oltre la foschia" (Entre azahares, más allá de la neblina)(14), que sin lugar a dudas contribuyó a hacerlo pasar por el hombre adecuado, otorgándole poderes extraordinarios, para reprimir la virulenta criminalidad siciliana.

Inalterado su sentido del deber con respecto al Estado, que era ya el Estado fascista, y alimentando este su sentido del deber con una simpatía que un conservador no liberal no podía evitar sentir por el conservadurismo en el que el fascismo iba configurándose, el innegable éxito de sus operaciones represivas (no existe, en mis recuerdos, un sólo arresto efectuado por los equipos de Mori en la provincia de Agrigento(15) que suscitase duda o desaprobación por parte de la opinión pública) escondía al mismo tiempo el juego de una facción fascista conservadora y de vasta atracción contra otra que aproximadamente se puede calificar de progresista y más débil.

De manera que se puede concluir diciendo que la antimafia fue, por aquel entonces, instrumento de una facción, en el seno del fascismo, para obtener un poder unánime e innegable. E innegable no por que el régimen fuese axiomáticamente innegable, sino porque la restauración del orden público se presentaba de forma tan ineludible que el disenso, por cualquier razón y bajo cualquier aspecto, podía ser tachado fácilmente de "mafioso". Moral que podemos obtener, por decirlo de alguna manera, del cuento (superdocumentado) que Duggan nos narra. Y cabe considerar a la antimafia como instrumento de poder. Que puede suceder perfectamente hasta en un sistema democrático, retórica ayudando y espíritu crítico faltando.

Y de ello tenemos algunos síntomas, algunas pistas. Tomemos por ejemplo, una alcalde que por sentimiento o por cálculo empiece a exhibirse - en entrevistas televisivas y en estudios, convenios, conferencias y manifestaciones - como antimafioso. Aunque le dedique todo su tiempo a estas exhibiciones y no halle tiempo suficiente para ocuparse de los problemas del pueblo o de la ciudad (desde el agua que falta hasta la basura que abunda), se puede considerar intocable. Tal vez alguien, muy tímidamente, osará echarle en cara, la escasa dedicación para con la administración, cosa que hará en cualquier caso desde fuera. Pero desde su seno, en el consejo municipal y en su partido, quién se atreverá a proponer un voto de desconfianza, una acción que le coloque en minoría y provoque su sustitución? Tal vez, a fin de cuentas, alguien habrá. Pero, desde luego, corre el riesgo de que le tachen de mafioso, y junto a él todos los que le sigan. Y cabe decir que el sentido de este riesgo, de este peligro navega particularmente en el seno de la Democracia cristiana; "et pour cause", tal y como he intentado explicar antes. Este ejemplo es una hipótesis.

En cambio, quisiera abordar un ejemplo actual y real. Lo hallamos en el "Notiziario straordinario" (Boletín extraordinario) nº 17 (10 de septiembre de 1986) del Consejo superior de la magistratura. Se trata de la asignación del cargo de fiscal del tribunal de Marsala(16) del magistrado Paolo Emanuele Borsellino(17) y de los motivos con los que se explica dicha asignación, estaca el siguiente pasaje: "Considerando, además, que por lo que se refiere a los candidatos que por orden de graduación preceden al Sr. Borsellino, se imponen evaluaciones objetivas que conducen a considerar, sin olvidar el carácter específico de desempeñar dicho cargo y la exigencia indispensable de que dicha persona posea una profunda competencia profesional específica en el sector de la delincuencia organizada en general y de la delincuencia de carácter mafioso en particular, que dichas personas no cumplen los requisitos necesarios, y por lo tanto a pesar de su distinta antigüedad, se impone la "superación" por parte del joven aspirante".

Pasaje que no se puede decir que sea un modelo de prosa italiana, pero curioso, con algunos toques de delicadeza como "la distinta antigüedad", que quiere decir menor antigüedad del Sr. Borsellino, y como esa "superación" (púdicamente entre comillas), que quiere decir que en el examen han suspendido los que llevan más tiempo y, que por graduación, tienen más derecho de obtener dicho cargo. No tiene precio la glosa con la que el ponente interrumpe la lectura de la propuesta, en la que se explica que el Sr. Alcamo - que por lo visto era el primero de la lista - es un "magistrado de excelentes dotes", y desde luego se le puede definir como "un magistrado que es todo un caballero", pues directa y lealmente ha reconocido una laguna "de la que no tiene ninguna culpa", la de que no le hayan encargado todavía ningún juicio a la mafia. Circunstancia "que en cualquier caso no debe pasarse por alto", aunque no se puede pretender que el Sr. Alcamo "implorase la asignación de este tipo de juicios, al ser este modo de proceder, entre otras cosas, un resultado ajeno a su carácter". No sabemos si al Sr. Alcamo le habrá hecho mucha gracia este tipo de observaciones con respecto al aumento que se esperaba.

En cualquier caso, que los lectores tomen nota de que, en Sicilia, para hacer carrera en la magistratura, no hay nada que dé más puntos que tomar parte en juicios de carácter mafioso. En cuanto a la definición de "magistrado y caballero", uno se queda pasmado: acaso pretenden insinuar que hay algún magistrado que no lo sea?

(*) Corriere Della Sera, 10 de enero de 1987 – Versión en español tomada de www.radicali.it.

Notas del Traductor:
(1) MORI CESARE. Gobernador civil. Enviado por Benito Mussolini a Sicilia en 1924 para acabar con la mafia. Se distinguió por la dureza de sus métodos.
(2) VERGA GIOVANNI . (Catania 1840-1922) escritor, máximo exponente del verismo (movimiento literario que consiste en llevar el extremo. Remitiéndose al positivismo y al naturalismo francés, produjo una literatura como reflejo impersonal de la realidad, sobre todo ante los problemas sociales del mediodía italiano). La obra de Verga recorre el mundo siciliano de forma "impersonal" a la par que con una profunda piedad por el destino histórico de los pobres, que se manifiesta a través de una prosa intensa y sobria, que reproduce en el seno de la lengua italiana los ritmos del dialecto.
(3) PIRANDELLO LUIGI . (Agrigento 1867 - Roma 1936). Escritor y dramaturgo; premio Nobel en 1934. Profundizó en el drama del individuo aislado en una realidad que le resulta extraña. Dicha temática halló su realización más original en el teatro a través de una técnica de desenmascar, con lucidez y sin piedad, la condición humana, incluso la intercambiabilidad entre la locura y la cordura. Su nave arriba de esta manera a un puerto de nihilismo deseperado que se resuelve escénicamente en la prepotencia de las "apariencias", en el viraje total de las "certezas" y en el desdoblamiento del teatro en el teatro.
(4) GUTTUSO RENATO . (Bagheria, Palermo, 1912 - Roma 1987). Pintor, miembro del movimiento neorrealista, afiliado al Partido Comunista Italiano, famoso por sus obras de fuerte contenido social y político.
(5) MANZONI ALESSANDRO . (Milán 1785 - 1873), el más grande de los escritores del Romanticismo italiano, autor de varias obras entre las cuales figura la novela "I promessi Sposi" (Los Novios), una de las obras maestras del siglo XIX europeo. Católico con fuertes connotaciones jansenistas, abierto a las experiencias liberales absorbidas durante su estancia de joven en París, en donde frecuentó las tertulias intelectuales más avanzadas.
(6) STURZO LUIGI . (Caltagirone 1871 - Roma 1959). Sacerdote y político. Fundó en 1919 el Partido Popular Italiano, del que fue secretario hasta julio de 1923. Exiliado desde el 24, primero en Londres y posteriormente en EE.UU., volvió a Italia en el 46. En el 52, bajo presión de Pío XII, intentó, sin éxito, formar un bloque electoral de centro-derechas.
(7) CALTAGIRONE . Pueblecillo de Sicilia.
(8) FABBRI DIEGO . (Forlì 1911 - Riccione 1980) autor dramático de inspiración católica.
(9) PIRANDELEIZAR - De Pirandello, usar el estilo de Pirandello.
(10) RESURGIMIENTO (en it: Risorgimento). Movimiento que condujo en el siglo XIX a la unificación de Italia y a la proclamación de la independencia nacional.
(11) MATTEOTTI GIACOMO . (Fratta Olesine 1885 - Roma 1924). Secretario del Partido socialista unitario (1922), reformista, denunció los embrollos electorales llevados a cabo por el fascismo lo cual le costó el secuestro y la vida. Por este asesinato, Mussolini sufrió una crisis de credibilidad.
(12) REPUBBLICA DE SALO' . El Estado fundado por Mussolini (cuyo nombre oficial era "República Social Italiana") en 1944 en los territorios de la Italia controlada por los alemanes, prácticamente la Val Padana y parte de Emilia y Toscana. Saló era la ciudad lombarda que fue erigida capital. Régimen con partido único, el Partido Fascista Republicano. Pretendió forjar el retorno del fascismo a sus orígenes "sociales". dejó de existir en 21-IV-1945, tras la Liberación de Milán.
(13) CAMPIERI . En Sicilia, guardia particular en los latifundios.
(14) Azahar como símbolo del sur, la neblina como símbolo del norte.
(15) AGRIGENTO . Ciudad de Sicilia.
(16) MARSALA . Pueblo de Sicilia.
(17) BORSELLINO PAOLO . Juez siciliano. Vice fiscal jefe del tribunal de la Audiencia provincial de Palermo. Asesinado el 19 de julio de 1992 en Palermo con una potente carga exposiva que estalló activada a distancia mientras se dirigía a casa de su madre.
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EL FUNDAMENTAL JOSÉ CADALSO

José Cadalso y Vázquez de Andrade (Cádiz, 8 de octubre de 1741 – San Roque, 26 de febrero de 1782) fue un literato y militar español. La entrada sobre él en la Wikipedia es tan disfrutable como su obra, que se puede leer entera en su portal en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, donde se dice:

José Cadalso es un autor fundamental de la literatura española del siglo XVIII. En su trayectoria y en su obra confluyen los rasgos más destacados del período de la Ilustración. Este militar de espíritu pacifista supo conjugar el sentido crítico de las Cartas marruecas con el sensualismo de una poesía rococó, la preocupación por el patriotismo con la exaltación del placer, el Neoclasicismo más ortodoxo en su teatro con textos como las Noches lúgubres que nos anuncian el Romanticismo, el sentido de la parodia y la polémica con la voluntad de compartir la amistad..., todo ello en un castellano sobrio y modélico. Esta voluntad de estar abierto a cuantas influencias renovadoras circulaban en su entorno cultural y literario le llevó a crear una obra ejemplar para conocer las letras españolas de su época.

Y dice la Wikipedia:

La vida de José Cadalso se conoce no ya únicamente a través de documentos y testimonios de sus contemporáneos, sino, de un modo más valioso, por la visión que él mismo nos ofrece en su Memoria de los acontecimientos más particulares de mi vida y de las cartas conservadas (1773–1780).

José Cadalso y Vázquez nació en Cádiz, el 8 de octubre de 1741. La familia, sin embargo, procedía por línea paterna del señorío de Vizcaya. La madre murió a consecuencia del parto, y el padre, ausente por negocios en América, iba a tardar casi trece años en conocer al niño. Tuvo que encargarse de su educación un tío jesuita, el padre Mateo Vázquez. Él fue quien envió al futuro escritor a estudiar a Francia. Vuelto el padre de Indias, desembarcó en España y se dirigió a París a conocer a su hijo. Y ansioso siempre de nuevos ambientes, se fue después a Inglaterra, donde tanto se entusiasmó, que llamó con él a Londres al educando. También viajaría por Italia y Alemania, cuyos idiomas, igual que el latín y el inglés, dominaba. Tras otro año de estancia en París, pasando por Holanda, regresó por fin a España el cosmopolita muchacho, recibiendo una impresión muy negativa de un país que no había apenas conocido en contraste con su experiencia europea; ello marcará fuertemente la índole de sus posteriores Cartas marruecas.

Ingresó entonces por orden de su padre y con dieciséis años en el Seminario de Nobles de Madrid, según cuenta, «con todo el desenfreno de un francés y toda la aspereza de un inglés», ya que su padre quería corregir en él las costumbres y la religión, y prepararle para un empleo de covachuelista, que detestaba; a ese fin fingió sentir inclinación por ser jesuita, sabedor de que su padre detestaba a los de la Compañía, y le sacó de allí; intentó persuadirle entonces de que lo que le gustaba era la carrera militar, lo que tampoco placía a su padre; se valió de estos tormentos para que su padre le devolviera a Europa y, entre los dieciocho y los veinte años vivió de nuevo en París y Londres, hasta que le llegó la noticia de la muerte de su padre en Copenhague (1761).

Tuvo entonces que regresar a España para arreglar el papeleo de su herencia, lo que hizo de forma tan apresurada que años después se encontró sin ningún patrimonio familiar; y se alistó en el regimiento de caballería de Borbón en 1762, participando en la campaña de Portugal, donde tuvo un violento duelo a espada con su antiguo condiscípulo el Marqués de Tabuérniga, con el que se había emborrachado, que terminó tan súbitamente como se había producido. Encontrándose en Madrid en marzo de 1766, sigue con interés el motín de Esquilache, salvando con su intervención la vida del Conde de O’Reilly; «aquel día conocí el verdadero carácter del pueblo», escribió en su Autobiografía. En ese mismo año obtuvo el hábito de Santiago.

Trasladado su regimiento a Madrid, Cadalso se enamora sucesivamente de la hija del consejero Codallos, con la que estuvo a punto de casarse, y de la frívola Marquesa de Escalona y, con la venta a él de un caballo que le gustaba, tiene ocasión de introducirse con el entonces todopoderoso Conde de Aranda, presidente del Consejo de Castilla, al que le entrega un manuscrito de una novela, de carácter utópico por lo que indica el título: Observaciones de un oficial holandés en el recién descubierto reino de Feliztá.

Con gran escándalo de la nobleza y de encopetadas damas de la corte, circuló por Madrid un libelo titulado Calendario manual y guía de forasteros en Chipre (1768), parodia de la Guía común de forasteros, donde se hacía una descripción de las costumbres amorosas típicas de la sociedad dieciochesca. El público, confiesa el mismo Cadalso, «me hizo el honor de atribuírmelo, diciendo que era muy chistoso». Como consecuencia de ello, tuvo que salir desterrado de Madrid a Zaragoza. El escritor militar permaneció en Zaragoza hasta 1770. Y fue allí donde empezó a dedicarse más intensamente a la poesía.

Pasados los seis meses del destierro, regresa Cadalso a Madrid, donde permanece entre 1770 y 1772. A esta etapa pertenece uno de los episodios más significativos de la vida del escritor. Se trata de sus amores con una de las más notables actrices de la época, María Ignacia Ibáñez, que han dado lugar a toda una leyenda de marcado sabor romántico. Lo indiscutiblemente cierto es la sinceridad de ese amor y su breve duración, por la muerte inesperada de María Ignacia, de tifus, a los veinticinco años, el 22 de abril de 1771. La leyenda cuenta que Cadalso, desesperado ante tan repentina muerte, intento desenterrar a su amada para darle el último adiós. Inmediatamente escribió Noches lúgubres, obra que describe este suceso. Posteriormente también escribirá poemas en los que la actriz aparece con el nombre de Filis.

Sufrió una tremenda depresión pero sin duda le sirvieron, si no de consuelo, de distracción, sus contactos con los salones y los círculos literarios madrileños, sobre todo con la famosa tertulia de la Fonda de San Sebastián, de la que eran asiduos sus amigos Nicolás Fernández de Moratín y Tomás de Iriarte.

Cadalso dio término a las Cartas marruecas durante su breve estancia en Salamanca (1773–1774). Fue un corto periodo, pero suficiente para que se formara en torno a él un círculo de amistad y de convivencia literaria. Allí, además de su afectuosa relación con fray Diego González, y con Juan Pablo Forner, a quien inclinó definitivamente hacia la literatura, estrechó gran amistad con León de Arroyal y sobre todo con dos jóvenes poetas, el salmantino José Iglesias de la Casa y el extremeño, estudiante en la Universidad de Salamanca, Juan Meléndez Valdés. Sobre ellos ejerció una sugestiva influencia humana y literaria, que ambos proclamaron ostentosamente» (CADALSO [1997: 20]). En 1777 fue ascendido a comandante de escuadrón. Dos años más tarde participó en el asedio de Gibraltar (que duraría hasta 1783) y fue ascendido a coronel en 1781. Sin embargo José Cadalso murió, el 27 de febrero de 1782, tras recibir el impacto en la sien de un casco de metralla o granada. Tenía sólo cuarenta años y apenas hacía un mes que le había sido conferido el grado de coronel. Su tumba se encuentra en la Iglesia Parroquial Santa María La Coronada en la Ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar.

Obras poéticas

El conjunto de las composiciones líricas que escribió durante su destierro aragonés forman el libro Ocios de mi juventud. Son poesías que pertenecen a los distintos géneros típicos del momento: anacreónticas, pastoriles, amatorias, filosóficas y satíricas. Los modelos abarcan desde Anacreonte y Ovidio hasta Tasso y Garcilaso. Los Ocios se editaron también en 1781, 1782 y 1786. Aparecieron nuevos poemas de Cadalso en años sucesivos.

Obras dramáticas


Perdida La Numantina o Numancia, solo nos restan:

--Solaya o los circasianos fue presentada a la censura en noviembre de 1770; no obtuvo, sin embargo, la necesaria aprobación. La tragedia se sitúa en un escenario exótico, Circasia, región de la Rusia meridional, y se atiene a las reglas neoclásicas para la tragedia. El príncipe tártaro Selín, que ha llegado a Circasia para cobrar un tributo de doncellas, se enamora de Solaya, perteneciente a una de las familias principales.

--Don Sancho García (1771) fue estrenada privadamente en el palacio del conde de Aranda en 1771. Responde formalmente al tipo de tragedia neoclásica, en cinco actos, sometida a las tres unidades y en endecasílabos pareados. Por complacer a su amante Almanzor, rey moro de Córdoba, la condesa viuda de Castilla, doña Ava, papel que representó María Ignacia, intenta envenenar a su hijo Sancho García; pero al final es la condesa quien bebe el veneno preparado para su hijo.

Obras en prosa

Es muy probable que la primera obra escrita por Cadalso sea Defensa de la nación española contra la carta persiana LXXVIII de Montesquieu (hacia 1768).

A los años comprendidos entre 1771–1774 corresponde su más efectiva actividad literaria. Los eruditos a la violeta (1772) es una sátira breve y ligera contra un tipo de educación entonces frecuente: la erudición meramente superficial. El contenido y estructura quedan claramente reflejados en el subtítulo puesto por su propio autor: «Curso completo de todas las ciencias, dividido en siete lecciones, para los siete días de la semana, publicado en obsequio de los que pretenden saber mucho estudiando poco». El título alude a uno de los perfumes, el de la violeta, preferidos por los jóvenes a la moda. La obra tuvo un éxito inmediato y el título acabó proverbializándose. El Suplemento (1772) consiste en una serie de traducciones poéticas con comentarios, destinadas a ilustrar las lecciones del martes; cinco cartas de ex-alumnos del curso; y una breve noticia sobre los orígenes y la composición de la obra. El buen militar a la violeta es una continuación póstuma, aplicada especialmente a la profesión militar.

De manera póstuma fueron publicados sus dos textos más conocidos: Noches lúgubres, aparecidas en El Correo de Madrid entre 1789 y 1790, y las Cartas marruecas, que vieron la luz por vez primera, en entregas y en el mismo diario, a lo largo del año 1789. En éste, tomando como pretexto un viaje por España del árabe Gazel, hace una crítica de las costumbres y defectos nacionales (a la vez que defiende el sentido reformador del despotismo ilustrado). El modelo que sigue es el de las Cartas Persas (1721) del barón de Montesquieu.
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MARK TWAIN Y LAS MENTIRAS

por Joaquín Mª Aguirre Romero (*)

La novela de Mark Twain Las aventuras de Huckleberry Finn, publicada en 1884, marcó el punto de mayor nivel de su carrera superando las obras anteriores de carácter más liviano. En el Huckleberry Finn se dan la mano el humor y la reflexión profunda, la ironía y la crítica social despiadada. Con ella comienza el período de amargo pesimismo de Twain respecto al género humano, tendencia que fue acrecentándose con el paso del tiempo hasta llegar a una abierta decepción respecto a la humanidad.


Una de las tesis que Twain sostiene en la obra se puede desarrollar de esta manera: Huck es un muchacho a medio socializar. Está en el escalón más bajo en que puede estar un blanco en la sociedad norteamericana del momento -por debajo sólo están los negros-. Esa marginación ha tenido un aspecto positivo: Huck ha vivido alejado de gran parte de los mecanismos sociales. Su bondad natural o, si se prefiere, su inocencia, se ve pervertida por el contacto con la sociedad. En ésta reina el mal, pero hay un pequeño detalle: la sociedad llama virtudes a sus vicios; educación a la perversión; proclama que todos los hombres son iguales pero no cree que los negros sean personas; habla del amor fraterno, pero, para algunos, los demás deben ser primos lejanos, etc.

Esta distancia entre lo que se dice y lo que realmente se hace es lo que Twain llamó, en otro escrito, la Conspiración Universal de la Mentira de la Afirmación Silenciosa. Esta teoría de Twain viene a decir lo siguiente: cuando algo malo sucede, los buenos siempre estarán mirando hacia otra parte. Esto permite mantener en pie la buena conciencia de los hombres. Twain escribió

[...] La conspiración universal de la mentira de la afirmación silenciosa está presente siempre y en todas partes y trabaja siempre en interés de una estupidez o de una falsedad, jamás en interés de algo noble o respetable. Y parece tener el aspecto de la más tímida y ramplona de todas las mentiras. Durante siglos y siglos ha trabajado en favor de despotismos, aristocracias y esclavitudes militares, esclavitudes religiosas, y a todas ha mantenido con vida; las mantiene con vida todavía, aquí, allá y acullá, por todas partes del globo; y seguirá manteniéndolas vivas hasta que la mentira de la afirmación por el silencio se retire del negocio... la afirmación silenciosa de que nada sucede de lo que los hombres justos e inteligentes sean conscientes y a lo que por deber hayan de poner fin. (1)

Para Twain hay dos clases de mentiras o, mejor, la Mentira se manifiesta de dos formas. La primera es la que todos conocemos: decimos que lo blanco es negro, por ejemplo. El efecto de estas mentiras es muy variable, dependiendo del objetivo que ésta busque. La segunda forma, la de la Afirmación Silenciosa, es mucho más peligrosa porque ya no se trata de decir que lo blanco es negro, sino de vivir como si lo blanco fuera realmente negro. De la primera forma engañamos a los otros; de la segunda nos engañamos nosotros mismos, esto es, vivimos en el engaño. La importancia del primer tipo de mentiras respecto a las segundas pasa a ser relativa. Las mentiras que podamos decir apenas son nada en comparación con las que podamos vivir. Y es que la Mentira de la Afirmación Silenciosa afecta a la raíz de la propia sociedad y se da desde los orígenes del Hombre.

Cuando Twain hace que su mirada recorra los caminos de la Historia encuentra que ésta se encuentra llena de maldades e injusticias, de arbitrariedades y hechos atroces. Los hombres de todas las épocas han encontrado, en su momento, justificaciones para todas ellas. La Mentira de la Afirmación Silenciosa permite que la injusticia reine en todo momento porque todos los hombres viven ignorando la verdad o, más exactamente, queriendo ignorar la verdad. La forma más efectiva y habitual de transmitir las mentiras es la educación. En 1908 escribe

Los colegios y universidades tienen dos grandes funciones: conferir y ocultar conocimientos valiosos. Los conocimientos teológicos que ocultan no pueden considerarse con justicia menos valiosos que los que revelan. Es como si se dudase de que cuando un hombre está comprando un cesto de fresas pueda servirle de algo saber que la mitad inferior está podrida.(2)

El claro rechazo que algunos de los personajes infantiles de Twain suelen sentir por la escuela -Huck, como ejemplo más claro- es el reflejo de esa idea del autor norteamericano: el proceso educativo tiene como finalidad enajenar las bases naturales y sustituirlas por otras sociales. Así se explica el núcleo moral del Huckleberry: el conflicto de conciencia que se le plantea al protagonista cuando entiende que su deber es entregar a Jim, el esclavo negro fugado, mientras que su corazón, todavía no demasiado pervertido por los falsos valores sociales, le indica que éste es su único amigo.

Huck decide lanzarse a los abismos infernales y condenarse, creyendo hacer el mal, esto es, no denunciando a Jim. A Huck le han enseñado que robar cosas es malo. También le han enseñado que un negro se encuentra entre las cosas, que es una propiedad. Huck está ocultando un objeto robado cuando ampara a Jim en su huida. La parte superior de las fresas del cesto ocultan las fresas podridas del fondo. En otro de sus escritos, Twain indica: Raras veces, muy, muy raras veces, puede un hombre imponerse a su educación. Es un lastre demasiado pesado. Huck tiene ya asimilados los falsos valores sociales cuando decide condenarse por proteger a Jim. El hecho de sentirse culpable lo demuestra.

Las mentiras son la base de la sociedad; de hecho, ésta funciona gracias a la mentira, ya que todo el mundo se ha acostumbrado a ellas. En el mismo texto en que habla de la Mentira de la Afirmación Silenciosa, Twain hace el siguiente relato, caracterizado por su ironía:

Según entiendo, lo que deseas es información sobre "mi primera mentira y cómo salí de ella". Nací en 1835. Mi edad es avanzada ya y mi memoria no es tan buena como lo fue. Si me hubieras preguntado por mi primera verdad, me hubiera resultado a mí más fácil y hubiera sido más amable de tu parte, porque eso sí lo recuerdo bastante bien. La recuerdo como si hubiese sido la semana pasada. La familia cree que fue la semana antepasada, pero esto es adulación y probablemente encubre algún proyecto egoísta [...]

No recuerdo mi primera mentira. Queda demasiado lejos. Pero recuerdo muy bien la segunda. Tenía yo entonces nueve días y había caído en la cuenta de que si un alfiler me pinchaba y yo hacía propaganda de ello de la forma corriente, me acariciaban cariñosamente, me mecían, se compadecían de mí y además me daban una ración extra entre las comidas. Era cuestión de humana naturaleza querer conseguir tales riquezas y yo me dejé llevar. Mentí sobre el alfiler..., haciendo propaganda de uno cuando no lo había. Tú mismo lo hubieras hecho, George Washington lo hizo; cualquiera lo hubiera hecho. [...] Hasta 1867, todos los niños civilizados nacidos en el mundo eran unos mentirosos -incluido George-. Pero llegó el imperdible y bloqueó totalmente el juego, ¿pero vale para algo tal reforma? No porque es una reforma por la fuerza y no tiene en sí virtud alguna; meramente pone fin a esa forma de mentir; no destruye la disposición a mentir. Es la aplicación a la cuna de la conversión por el fuego o del principio de temperancia mediante la prohibición. (3)

La historia de la mentira del alfiler tiene carácter de fábula o de parábola, enseña algo sobre una parte de la naturaleza humana. Los hombres mienten porque en su naturaleza está la ambición; mienten para conseguir algo mejor para ellos, aunque sea a costa de los demás. La llegada del imperdible anuló la posibilidad de esa mentira, pero no tiene ningún valor moral porque no implica ningún tipo de regeneración, sólo una imposibilidad material: si no te puedes pinchar, no puedes fingir que te has pinchado. Por otro lado, la Humanidad gusta de llamar avances morales, progreso, etc. a lo que se ha tenido que llevar adelante por la fuerza. Cuando la reforma se ha conseguido sacar adelante con grandes resistencias, todos miran satisfechos hacia atrás y celebran el avance y hablan de cosas como la perfectibilidad humana, el avance de la historia, etc.

Twain decía en una de sus últimas obras que aquellos que se dicen virtuosos son los que todavía no han tenido la ocasión de dejar de serlo. Es sólo cuestión de tiempo el que les llegue la oportunidad. Por poner un ejemplo, es como si Robinson Crusoe hubiera presumido de no robar a nadie en su isla. La virtud, en muchas ocasiones, sería también una forma de mentira, de autoengaño. Gracias al autoengaño, la Humanidad puede ir con la cabeza bien alta por la Historia.

No es que pensara que no hubieran existido personas virtuosas a lo largo de la Historia. Twain admiraba a algunas -pocas-. Pero la Humanidad no las ha seguido, sino que, más bien, las ha perseguido, y en cualquier caso, son siempre las menos. Cuando Twain decía que le habría sido más fácil decir cuál fue su primera verdad que cuál fue su primera mentira, nos viene a decir que es más fácil hacer una lista de buenas personas que de malas personas. Sencillamente, son menos. Las "vidas ejemplares" son habas contadas y, por eso mismo, más fácil de proponer como ejemplo, cuando en realidad su "ejemplaridad" proviene, en la mayoría de los casos, de su radical oposición a la forma de vivir del resto de la sociedad.

En una de sus últimas obras, de publicación póstuma por su acidez y negrura, El forastero misterioso, se recogen las opiniones de Satán sobre la Humanidad y se profundiza en esa idea del autoengaño:

Satán solía decir que nuestra raza vivía una vida de autoengaño continuo e ininterrumpido. Se estafaba a sí misma desde la cuna hasta la tumba con imposturas e ilusiones que tomaba por realidades, y esto convertía su vida entera en una impostura. De la veintena de buenas cualidades que imaginaba tener y de las que se envanecía, en realidad no poseía prácticamente ninguna. Se consideraba a sí misma como oro, y era solamente latón.(4)

Una parte de las obras del último Mark Twain no fueron publicadas en vida por la visión negativa de las mismas. Los acontecimientos de la vida familiar de Twain no fueron como para ayudarle a superar su pesimismo final. En ellas se desahogó de toda la amargura que se fue acumulando en su corazón durante sus últimos diez años de vida. Algunos han llegado a hablar de dos seres distintos: de Mark Twain, el humorista admirado, y de Samuel L. Clemens, el hombre amargado. En cualquier caso, el 30 de diciembre del año 1900, apareció publicado en el Herald de Nueva York este "Saludo del siglo XIX al siglo XX":

Te presento a la majestuosa matrona llamada Cristiandad, que viene sucia, manchada y deshonrada por sus razzias piráticas en Kiao-Chou, Manchuria, Africa del Sur y Filipinas; con el alma llena de mezquindad, el bolsillo atiborrado de dinero mal habido y la boca rebosante de piadosas hipocresías. Dale jabón y una toalla, pero escóndele el espejo.(5)

Lo firmaba Mark Twain.

Nota aclaratoria: El autor de este artículo no comparte las opiniones expresadas por Mark Twain. De hecho, cree en las grandes virtudes de la Humanidad, demostradas a lo largo de su Historia. Ha solicitado un año sabático para poder investigar unos escritos inéditos de autor desconocido en una biblioteca húngara que, según los primeros rumores, le permitirán rebatir, sin ningún género de dudas, las opiniones negativas del escritor norteamericano.

NOTAS:

(1) TWAIN, Mark: Las tres erres (Edición de Maxwell Geismar); Madrid, Guadarrama, 1975 pág. 260.
(2) ib. pág. 193.
(3) ib. pág. 258.
(4) TWAIN, Mark: El forastero misterioso;Barcelona , Fontamara, 1982 pág. 89.
(5) citado por HILL, Hamlin: Mark Twain, locura de Dios; México, Editores Asociados, 1975 pág. 44.

(*) F. de Ciencias de la Información - Universidad Complutense de Madrid - Publicado en la revista Los Cuadernos del Matemático. – Tomado de la revista Espéculo Nº 1
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CHOMSKY, LA CONCIENCIA DEL IMPERIO

Por Seumas Milne (*)
“Su retórica de campaña, de esperanza y cambio, era de una completa vacuidad”, dice Noam Chomsky de Obama. La invasión a Afganistán es "uno de los actos más inmorales de la historia moderna", afirma el lingüista, devenido tras la guerra de Vietnam, en crítico feroz de la política exterior estadounidense. Aquí, su mirada sobre la actualidad.

Noam Chomsky es en el mundo angloparlante lo más parecido a una superestrella intelectual. Filósofo del lenguaje y activista político de gran reputación académica, dado que prácticamente inventó la lingüística moderna, se reúne con presidentes, interpela a la Asamblea General de la ONU y cuenta con un gran público internacional. Cuando habló en Londres recientemente, donde esta entrevista fue realizada, miles de jóvenes se disputaron las entradas para asistir a sus conferencias, que se transmitieron en vivo por Internet a todo el globo y en las que el lingüista estadounidense de ochenta años contestó preguntas desde lugares tan lejanos como Gaza.

Sin embargo, el grueso de los medios masivos occidentales no parece haberlo advertido. Se venden centenares de miles de sus libros, los estudiantes lo rodean como a un personaje célebre, pero rara vez se informa sobre él o se lo entrevista en los Estados Unidos, excepto en los sitios web y los diarios radicalizados. La explicación, por supuesto, no es difícil de encontrar. Chomsky es el crítico estadounidense más destacado del papel imperial de los Estados Unidos en el mundo, y utilizó su erudición y su posición para revelar y condenar ese papel desde la época de Vietnam.

Al igual que el filósofo inglés Bertrand Russell –que criticó las guerras con respaldo occidental hasta su muerte a los noventa y siete años de edad–, Chomsky aportó su prestigio académico a una infatigable campaña contra las barbaridades de su propio país en el exterior, si bien, a diferencia del aristocrático Russell, Chomsky es hijo de refugiados judíos de clase trabajadora que huyeron de la persecución zarista. No es extraño que se le haya devuelto el golpe con denuncias o, lo cual es mucho más habitual, con silencio. Mientras una figura de mucho menor peso como el filósofo atlantista francés Bernard Henri-Levy goza de un enorme respeto tanto en su país como en el exterior, se ignora a Chomsky y también su genuina popularidad.

De hecho, sus libros están prohibidos en la biblioteca de la cárcel estadounidense de Guantánamo. El mismo es el más claro ejemplo de su modelo de cómo el disenso se elimina de los medios occidentales, modelo que planteó en su libro Fabricando el consenso, de 1990. Sin embargo, como Chomsky es el primero en señalarlo, la marginación de quienes se oponen a la política estatal occidental no es nada en comparación con la brutalidad de que son objeto los que desafían a los Estados que cuentan con el apoyo de los Estados Unidos y sus aliados en Oriente Medio.

Nos encontramos en una pausa en medio de una agenda de clases y conferencias que resultaría agotadora para un hombre de la mitad de su edad. En el podio, el estilo de Chomsky es seco e inexpresivo a medida que recorre regiones y conflictos históricos casi sin respirar, siempre con el respaldo de multitud de fuentes y citas, a menudo de archivos del gobierno y funcionarios estadounidenses.

En el diálogo, sin embargo, es cálido y vehemente, características que sólo modera una leve sordera. Hace poco volvió a viajar, explica, luego de un período de tres años en los que se dedicó a cuidar a su esposa y colega lingüista Carol, que murió de cáncer hace un año. A pesar de su situación privilegiada, su exposición a las persistentes injusticias y los gastos exorbitantes del sistema de salud estadounidense le produjo una evidente indignación. Las salas de emergencia públicas son "salvajes; no hay atención alguna", dice, y el mismo tipo de intereses empresariales que guían la política exterior de los Estados Unidos es también el que fija los límites de la reforma social interna.

Las tres variantes que se analizan en la actualidad para la reforma del sector de la salud, de Barack Obama, están "a la derecha de la opinión pública, que está en una proporción de dos a uno a favor de una opción pública. Pero el NewYork Times dice que eso no tiene apoyo político, con lo que se refiere a las empresas farmacéuticas y de medicina prepaga". Ahora el American Petroleum Institute está decidido a "emular el éxito del sector de la medicina prepaga en lo relativo a impedir la reforma del sistema de salud", dice Chomsky, y a hacer lo mismo con las esperanzas de una acción internacional genuina en la reciente cumbre sobre el cambio climático de Copenhague. Sólo las formas del poder cambiaron desde la fundación de la república, señala, cuando James Madison insistía en que el nuevo Estado debía "proteger a la minoría opulenta de la mayoría".

Chomsky apoyó la campaña electoral de Obama en los Estados indecisos, pero considera que su presidencia representa poco más que un "viraje de vuelta al centro" y una asombrosa continuidad de la política exterior de la segunda gestión de George Bush. "El primer gobierno de Bush fue un caso extremo. El prestigio de los Estados Unidos cayó a un punto sin precedentes, y eso no le gustó a la gente que dirigía el país." Pero le sorprende que en el exterior tanta gente, sobre todo en el tercer mundo, se sienta desilusionada ante lo poco que cambió Obama. "Su retórica de campaña, de esperanza y cambio, era de una completa vacuidad. No había una crítica de principio en relación con la guerra de Irak: la calificaba de error estratégico. Condoleezza Rice era negra. ¿Eso significa que tenía una actitud solidaria ante los problemas del tercer mundo?"

El veterano activista describe la invasión estadounidense a Afganistán como "uno de los actos más inmorales de la historia moderna", que unió al movimiento jihadista en torno a al-Qaeda, aumentó mucho el nivel de terrorismo y fue "del todo irracional, a menos que la seguridad de la población no sea la prioridad principal". Por supuesto, Chomsky considera que no lo es. "Los Estados no son agentes morales", dice. Piensa que ahora que Obama intensifica la guerra queda aun claro que la ocupación tiene que ver con la credibilidad de la OTAN y del poder global de los Estados Unidos.

Se trata de un tema recurrente en el pensamiento de Chomsky sobre el imperio estadounidense. Sostiene que desde que los funcionarios gubernamentales formularon por primera vez el plan de una estrategia de "grand area" para la dominación global de los Estados Unidos a principios de la década de 1940, los sucesivos gobiernos se guiaron por un "principio de padrino que abreva directamente en la mafia: el desafío no puede tolerarse. Es una característica central de la política estatal". Es necesario castigar el "desafío exitoso" incluso si se perjudican intereses comerciales, como en el caso del bloqueo económico a Cuba, para evitar que "haya contagios".

La brecha entre los intereses de los que controlan la política exterior estadounidense y el público también se hace evidente, según Chomsky, en el persistente apoyo de los Estados Unidos a Israel y del rechazo a la solución de dos Estados que se propone desde hace treinta años. Ello no se debe al poder del lobby israelí en los Estados Unidos, sino a que Israel es un valor estratégico y comercial que no socava sino que refuerza la hegemonía estadounidense en Oriente Medio. "Hasta en los años 50 el presidente Eisenhower se mostraba preocupado respecto de lo que llamaba una campaña de odio a los Estados Unidos en el mundo árabe debido a la percepción de la opinión pública árabe de que Washington apoyaba a regímenes opresivos para aprovechar su petróleo."

Medio siglo después, a empresas como Lockheed Martin y Exxon Mobil les va bien, dice: la posición unilateral de los Estados Unidos en Oriente Medio no perjudica sus intereses por más riesgos que pueda implicar para todos los demás.

En ocasiones, la izquierda critica a Chomsky por alentar el pesimismo o la inacción al hacer hincapié en el peso abrumador de los Estados Unidos o por no relacionar su propio activismo con los movimientos laborales o sociales existentes. Sin duda considera que se basta a sí mismo, sostiene algunas posiciones peculiares (me sorprendió, por ejemplo, escucharle decir que Vietnam fue una victoria estratégica para los Estados Unidos en el sudeste asiático a pesar de su humillante retirada en 1975) y fue blanco de críticas por defender la libertad de expresión de quienes niegan el Holocausto. Se define como un anarquista o un socialista libertario, pero con frecuencia suena más como un liberal radicalizado, lo cual tal vez sea el motivo de que indigne a los liberales estadounidenses más convencionales, a los que no les gusta que sus puntos de vista se lleven a una conclusión lógica.

De todos modos, tratándose de un octogenario que se muestra activo en la izquierda desde la década de 1930, Chomsky parece de un optimismo sorprendente. Es un vehemente partidario de la ola de cambio progresista que recorre América del Sur en los diez últimos años ("una de las críticas que los liberales le hacen a Bush es que no le prestó suficiente atención a América Latina. Fue lo mejor que pudo pasarle a América Latina").

También considera que en la actualidad el poder imperial tiene limitaciones que no existían en el pasado: "No pudieron salirse con la suya con el tipo de guerra química y bombardeos con B52 que utilizó Kennedy" en los años 60. Abriga incluso ciertas esperanzas en relación con Internet como forma de sortear el monopolio de los medios que dominan las empresas.

¿Pero qué pasa con la frecuente acusación de que es una figura "antiestadounidense" que sólo ve los crímenes de su propio gobierno al tiempo que ignora los crímenes que cometen otros en el mundo? "La hostilidad hacia los Estados Unidos es un concepto completamente totalitario", replica. "La misma idea es idiota. Por supuesto que uno no niega otros crímenes, pero nuestra principal responsabilidad moral es por nuestros propios actos, respecto de los cuales podemos hacer algo. Es la misma acusación que hizo en la Biblia el rey Ajab, el epítome del mal, cuando le dijo al profeta Elías: ¿Por qué odias a Israel? Se identificaba a sí mismo con la sociedad y a la crítica del Estado con la crítica de la sociedad."

Es una analogía elocuente. Chomsky es un hombre de estudiada modestia que rechazaría cualquier comparación de ese tipo. Sin embargo, en la tradición bíblica del conflicto entre profetas y reyes, no cabe la más mínima duda de a qué bando representa.

Chomsky Básico


Es uno de los intelectuales más importantes del siglo XX y, desde la guerra de Vietnam, un ferviente activista político que denuncia los peligros de la hegemonía estadounidense. Desde 1955, enseña filosofía y lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Académicamente es más conocido por su "gramática generativa", que sostiene que muchas propiedades del lenguaje son innatas, resultado de una programación genética. Ha escrito, entre otros, "Aspectos de la teoría de la sintaxis", "Sobre el poder y la ideología" y "Piratas y emperadores".

Chomsky en castellano


Cómo mantener la plebe a raya (SIglo XXI).
El bien común (Siglo XXI).
El terror como política exterior de Estados Unidos (Libros del Zorzal).
Escritos libertarios (Capital intelectual).
Estados fallidos (Edic. B).
El gobierno en el futuro (Anagrama).
Poder y terror (Del nuevo extremo).
Estados peligrosos (Paidós).
Los nuevos intelectuales (Península).
El nuevo humanismo militar (Siglo XXI).
Lo que realmente quiere el tío Sam (Siglo XXI).
El nuevo orden mundial (Crítica).
Actos de agresión (Crítica).

(*) ©The Guardian y Clarin, 2010. Traduccion de Joaquin Ibarburu.
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SEMBLANZA DE BRUNO SCHULZ

La felicidad de un mundo impreciso
Por María Negroni (*)

Entre los autores de Europa Central del siglo XX, el polaco Bruno Schulz ocupa, por sus relatos y dibujos, un lugar clave: es el maravilloso creador de un universo que declina la infancia perdida para mejor registrar la irrealidad verdadera

Mi ideal es madurar hacia la infancia.

Drohobycz, una ciudad pequeñísima al borde de los Cárpatos, en el confín del entonces imperio Austrohúngaro. Allí nace, en 1892, Bruno Schulz. Un niño enfermizo, con problemas bronquiales y del corazón, que aprenderá dibujo y pronto sabrá hablar polaco, alemán, ruso, yiddish. Más tarde irá a Viena, infructuosamente, a estudiar arquitectura. También hará un escueto viaje a París. Schulz está en las antípodas de aquellos escritores que, como César Moro, dijeron alguna vez " Je n´ ai pas de maison ".

Drohobycz es y será para él la "República de los Sueños", el invernadero de la maravilla donde es posible intimar con el vasto mundo y sus antiguas fábulas. En algún momento, no necesariamente en este orden, traduce con Josefina Szelinska El proceso de Kafka; ilustra Ferdydurke , de Witold Gombrowicz; se cartea con Thomas Mann; conoce a Debora Vogel, escritora y doctora en Filosofía de Lwów que ha publicado un poemario en yiddish titulado Manekiny ("Maniquíes") y que, sin duda, lo influye. En 1938 recibe el premio de Literatura de la Academia Polaca. Cuando muere el padre, comerciante menor de telas y paños, muere con él una época de rumoroso esplendor. El resto, como siempre, es lo que un artista hace con lo que el destino hace de él.

De todos los escritores de Mitteleuropa que surgen en la primera mitad del siglo XX, Bruno Schulz ocupa un lugar central. No sólo por el absoluto desvío que su prosa instaura en los modelos vigentes de la ficción sino por los dibujos, ex libris y bocetos a lápiz que publicó, de hecho, en 1920, con antelación a sus dos volúmenes de cuentos ( Las tiendas de color canela y Sanatorio bajo la clepsidra ) y que constituyen algo así como la paleta infame del mundo familiar que surge en los relatos. Me refiero a ese canto masoquista que es "El libro idólatra", reproducido hace poco por el Círculo de Bellas Artes de Madrid en un ejemplar titulado Bruno Schulz: El país tenebroso .

Diré sin demora lo que esos grabados muestran: un personaje femenino tumbado en una otomana o bien atravesando la ciudad nocturna o expuesto a la mirada en un voluptuoso boudoir . Diversas poses para la representación de una única escena exasperante. Esa mujer, que puede llamarse Undula o bien Mademoiselle Circe o Infanta o Amazona del circo, aparece casi siempre desnuda y con látigo en la mano. Es una esbelta dominatriz, una reina de hielo, a la vez voluble e insensible a las reverencias, un ídolo y una Salomé-mantis, una mujer-vampiro y un ángel nocturno, una cortesana y una meretriz apocalíptica cortejada por una tropa de grotescos atletas, enanos metafísicos, parias, eunucos y ancianos que se arrastran por el suelo, a cuatro patas, como perros apaleados, lamiendo sus pies, sus zapatos, como en una recreación perversa de Susana y los viejos .

En suma, escenas de adoración y rituales sexuales que mucho le deben, me temo, al repertorio finisecular del decadentismo simbolista en el que abrevaron también artistas como Oskar Kokoschka, Max Klinger, George Grosz, Balthus, Pierre Klossowski, Aubrey Beardsley o James Ensor. Como ellos, Schulz se mueve en una frontera escabrosa. Entre la marioneta y la calavera, entre el cuento de hadas y el arrabal más sórdido, coloca el cuerpo para que diga su verdad corrosiva, y así plasma una violencia que simultáneamente evoca al Goya de los Caprichos y anticipa el descoyuntamiento de la vanguardia.

El gesto es filoso: todo zoom de la zona oscura, se sabe, aumenta los decibeles de lo pensable y en consecuencia, las perspectivas se alteran (como en el expresionismo cinematográfico), y algo de lo insustancial del mundo sale a la luz. Los "poemas de la crueldad de las piernas", como llamó a los dibujos Stanislaw Witkiewicz (ese brillante artista y escritor polaco que fue, como Gombrowicz, su amigo), son, por lo demás, despiadados autorretratos: basta mirar esa fauna de seres idólatras, rapaces y humillados que son los hombres, siempre al borde de la caricatura y el bestiario fantástico, para adivinar la sombra de un aterrado yo.

En este sentido, los dibujos y los textos del autor se parecen: ambos se dejan fascinar por el fragmento, el detalle o el fetiche, intuyendo que "una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo". Las figuras matrices de los relatos, quiero decir, son también escasas y perseverantes. Hay una pequeña ciudad, barroca y subjetiva, llena de barrios dudosos ("La calle de los cocodrilos") donde pululan las prostitutas, las esperanzas impuras y la escoria social. Y también una plaza dormida en un aire de provincia cuyos detalles señalan, pulcramente, nada. Y algunos personajes mínimos, un poco sobredibujados, como si los hubiera captado la mirada de un mago, contagiándoles algo de circo para siempre expuesto a la baratija y el tabú.

Y contra el telón de fondo de ese dédalo, otro, esta vez diminuto como una miniatura (o un libro) y por eso, incalculable como un mundo: la casa de la infancia con sus álbumes de sellos y sus escenas portátiles, su incesante carrusel de transformaciones, sus vendavales y sus noches que tienen "el vientre peludo de la oscuridad". Allí está Adela, la mucama, pasando eternamente de un cuarto a otro con sus baratos zapatitos de charol y dejando, como una ráfaga insidiosa, la estela tensa de su sensualidad. También están los empleados de la sastrería y algún tío ocasional y la madre que "tarda, como siempre, en llegar". Pero sobre todo, acaparando el horizonte de ese inmenso teatro, está el padre.

Maestro de la imaginación o prestidigitador metafísico, comerciante fantasmagórico, cabalista y demiurgo, el padre es acosado sin pausa en estos textos. Lo vemos cuando escribe un estudio de meteorología comparada ("Esbozo del sistema general del otoño") o cuando crea un Museo de Pájaros en el ático de su propia casa o cuando, erguido en un rito orgiástico, se alza como un huracán para defender "la causa perdida de la poesía". Y también cuando levita recitando un monólogo imposible o estudia en los armarios lo inexplorado de la existencia o se metamorfosea en cucaracha o escarabajo o mosca o mariposa, y hasta cuando se queda por años en una pose inmóvil como un gran buitre disecado.

En contacto con ese hombre extrañísimo, todo se desliza hacia un terreno inseguro. Porque este hombre, tan hábil para alterar el tedio de las cosas pronunciando las más álgidas tesis sobre la creación ("Teoría de los Maniquíes"), es también aquel que Adela puede manejar a su arbitrio, con sólo alzar su falda y dejar ver su zapatito de charol. Es el que tiene la costumbre de espiar por las cerraduras, siempre a punto de quedar encandilado por la pantorrilla o el pie de alguna costurera. Entonces no hay discurso que valga, este sacerdote visionario de una religión pagana cae fulminado. Y se queda ahí, babeando, a gatas, como los idólatras serviles de los dibujos.

Aquí reside el capital fijo de Schulz: me refiero a este "exceso" de padre que no es más que un déficit, una insuficiencia de la realidad que la escritura, me atrevería a proponer, intenta compensar por medio de la construcción del mito. Otro modo de decirlo: lo que fermenta demasiado rápido se vuelve impotente y vacío. De ahí que el histrionismo paterno coincida con su ausencia; de hecho, en los relatos, el padre está desapareciendo siempre. En suma, toda la melodía del alma de Schulz proviene de un mundo femenino de aromas y formas que lo atraen y aterran por igual, y del cual intenta huir atravesando un tiempo agujereado donde el padre es rey y la pesadilla, ensoñación.

No quiero decir con esto que su materia narrativa se ciña de manera exclusiva al "arsenal privado". No, lo que define la obra de Schulz es, por el contrario, el estatuto originalísimo que adquiere el cosmos como "personaje". "Siempre tuve debilidad por los telescopios", escribió y, en efecto, su prosa abunda en descripciones donde el cielo o las estaciones del año o las estrellas adquieren rasgos humanos ("los días transcurren como cucuruchos de palomitas, incomibles y vacíos", mientras que en "el plateado barullo astral" confabulan los sueños).

Más cerca de Isaac Luria, el cabalista de Safed, que de Kafka o Borges, Schulz, quiero decir, nunca rompe lazos con la imagen del mundo visible ni con la experiencia sensual. ¿Cómo podría, siendo que "todas las fibras convergen en el mismo ovillo", que "el sentimiento es una esfera del alma humana" y que los libros son parte del Libro, ese Libro que crece y se modifica como la vida y es, por ende, universal y no tiene fin?

Su obra es así una Biblia de la infancia perdida que no deja de registrar la irrealidad verdadera. La poesía, escribió Schulz, es un cortocircuito entre el sentido y las palabras. ¿Será por eso que siempre enarbola derrotas? Schulz es el rapsoda de varias (que acoge con ironía y autoironía): en su obra se derrumban, una a una, las jerarquías del viejo comercio, la comunidad judía, las esperanzas eróticas.

Pero en esa realidad degradada, donde las posturas humanas son siempre forzadas y un poco patéticas (imposible no pensar en La clase muerta de Tadeusz Kantor), algo resplandece y eso que resplandece es lingüístico. Una prosodia hecha de elipsis, puntos suspensivos y espacios blancos que busca, en el descarrilamiento de lo conocido, ese enigma que todo escritor recibe en el origen y que luego desbroza en una incesante exégesis, no para entenderlo sino para acceder, con suerte, a una desorientación más cabal.

El padre, la provincia y la mujer con látigo, entonces. Una tríada para desplegar lo que habitualmente no vemos. A esto se le llama la felicidad de un mundo impreciso, la inconmensurable aventura de permanecer firme, entre el desamparo y lo recóndito, a fin de narrar lo inexpresable. Quizá por eso estos textos son ilegibles (se van por la tangente, tratan de todo y de nada) y caminan, en total consonancia consigo mismos, con naturalidad, sin exagerada gracia, "hacia las antinomias encantadoras".

Este tipo de arte, se comprenderá, no tiene ningún objetivo. Tampoco puede esperar muchos lectores: su imaginación es demasiado original; su ritmo, demasiado interior. A lo sumo, puede insistir, con pasión y obediencia, en esos detalles que sirven para encender la mecha de la imaginación y esperar, a la vera de lo ilícito, que la escritura se vuelva, ella misma, un niño verbal lanzado a la caza de lo invisible.

Me resta agregar que Schulz fue asesinado por un oficial de la Gestapo el 19 de noviembre de 1942. Este hecho es impronunciable y acarrea un conocimiento atroz: acaso que la plena posesión de la orfandad, esa conquista altísima que disuade para siempre de los dogmatismos de la obviedad, no alcanza para impedir las bancarrotas de lo real. El mundo insiste, una y otra vez, en sus reglamentos de prosa, lo humano se atrofia en creaciones sospechosas y las palabras se vuelven cada vez más inútiles. Y aun así, diría Schulz, hay que madurar hacia la infancia, esa "época genial" donde los trenes, forestales y sabios, esperan las palabras del silencio y, en su movimiento ciego, aciertan, infaliblemente, el centro del ser.
(*) Para LA NACION - Nueva York, 2009


Bruno Schulz
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REQUIEM POR THOMAS M. DISCH

por Ramiro Sanchiz (Revista Axxon)
El 4 de julio de 2008 puso fin a su vida Thomas Disch, el autor de 334 y Los genocidas. Esta noticia nos ha conmovido profundamente a quienes tanto apreciamos su obra, una de las más personales que ha dado la ciencia ficción del siglo XX —o ficción especulativa, como Disch prefería referirse al género—.

Al parecer una serie de golpes afectaron tan profundamente su vida que el escritor de 68 años decidió ponerle fin; la muerte por cáncer de Charles Naylor, su pareja durante más de treinta años, el incendio de su apartamento, un posible desalojo y, además, su fracaso económico, serían algunos de los motivos que lo impulsaron a tomar su decisión final. Entendió, como los estoicos, que no cabe quejarse demasiado de la vida: la puerta siempre ha estado abierta.

Y es curioso que haya tenido tan poca trascendencia la noticia de su muerte. Por alguna razón Disch no alcanzó la fama de tantos de sus colegas, mereciéndola quizá mucho más que muchos de ellos. Sus novelas más leídas han sido The genocides, Camp concentration, 334 y On the wings of song, que fue incluida por Harold Bloom en su ensayo The western canon, a la par de contemporáneos como Thomas Pynchon y, dentro del género fantástico o de ciencia ficción, Ursula LeGuin y John Crowley.

Escribió además libros infantiles y de horror. Dedicó su vida a la poesía.

Esta es su bibliografía completa:

1965 - The genocides (Los genocidas)
1966 - The Puppies of Terra (Los cachorros de Terra)
- The house that fear built, con John Sladek. (La casa que construyó el miedo)
- One hundred and two H-bombs(relatos) (102 bombas H)
1967 - Echo round his bones (El eco alrededor de sus huesos)
1968 - Concentration camp (Campo de concentración)
- Black Alice, con John Sladek (Alicia negra)
- Fun with your head (relatos) (Diversión con tu cabeza)
1969 - The prisoner(El prisionero)
1969 - Alfred the great(Alfred el grande)
1970 - Highway sandwiches, con Charles Platt y Marilyn Hacker (poemas) (Sandwiches de carretera)
1971 - White fangs goes dingo and other funny SF stories (relatos)
1972 - 334
1972 - The right way to figure plumbing (poemas) (La manera correcta de entender la plomería)
1975 - Clara Reed
1976 - Getting into death and other stories(relatos) (Llegar a la muerte y otros cuentos)
1979 - On wings of song (En alas de la canción)
1980 - Fundamental Disch (relatos) (Disch fundamental)
1981 - Neighboring lives, con Charles Naylor (Vidas vecinas o Aburridas vidas vecinas)
1982 - The man who had no idea (relatos) (El hombre que no tenía ni idea)
1982 - Burn this (poemas) (Quema esto)
1982 - Orders of the retina (poemas) (Órdenes de la retina)
1984 - The businessman: a tale of terror (El ejecutivo: un cuento de terror)
1984 - Here I am, there you are, where were we (poemas) (Aquí estoy, ahí estás, dónde estuvimos?)
1985 - Torturing mr. Amberwell (novela corta) (Torturando al señor Amberwell)
1986 - The brave little toaster (libro para niños) (El tostadorcito valiente)
1986 - The tale of Dan De Lion (libro para niños) (El cuento de Diente De León)
1988 - The silver pillow: a tale of witchcraft (novela corta) (La almohada de plata: un cuento de brujería)
1988 - The brave little toaster goes to Mars (libro para niños) (El tostadorcito valiente viaja a Marte)
1989 - Yes, let's (poemas) (Sí, vamos a...)
1991 - The M.D: a horror story (El médico: una historia de horror)
1991 - Dark verses and light (poemas) (Versos oscuros y livianos, o Versos oscuros y luz)
1991 - Haikus of an AmPart (poemas) (Haikus de SoyParte)
1994 - The priest: a gothic romance (El sacerdote: un romance gótico)
1994 - The castle of indolence: on poetry, poets and poetasters (ensayo) (El castillo de la indolencia: sobre poesía, poetas y degustadores de poesía)
1996 - The dark old house (poemas) (La vieja casa oscura)
1997 - A child's garden of grammar (libro para niños) (Un jardín de gramática para niños)
1998 - The dreams our stuff is made of: how science fiction conquered the world (ensayo) (Los sueños de los que está hecho lo nuestro: cómo la ciencia ficción conquistó el mundo)
1999 - The sub: a study in witchcraft (El submarino - o el substituto-: un estudio sobre brujería)
2002 - The castle of perseverance: job opportunities in contemporary poetry (poemas) (El castillo de la perseverancia: oportunidades de trabajo en la poesía contemporánea)
2005 - On SF (ensayo) (Sobre ciencia ficción)
2007 - The voyage of the Proteus:~an eyewitness account of the end of the world(novela corta) (El viaje del Proteo: relato de un testigo del fin del mundo)
2007 - About the size of it (poemas) (Sobre su tamaño)
2008 - The word of God (La palabra de Dios)
Póstumos:

2008 - The wall of America (relatos) (El muro de América)
2008 - The Proteus sails again: further adventures at the end of the world (novella corta) (El Proteo navega otra vez: más aventuras en el fin del mundo)
Sin fecha - Winter journey (poemas) (Viaje de invierno)

2.

Quisiera incorporar a esta nota uno de sus poemas. La traducción es libre y mía:

Balada del nuevo Dios

He decidido que soy divino.
Calígula y Nerón supieron
de una divinidad como la mía,
pero ellos tienen fecha de caducidad.
Estan muertos, y qué puede hacer un Dios muerto?
Yo estoy aquí y ahora. Soy dinamita.
Si fuera vos, me adoraría.
Esta noche empieza una religión!

Nada de alcohol, de porro, de sexo, de cerdadas:
Decreto que todo eso es tabú.
Mis palabras serán tu vino único,
pensar en mí tu dulce rocío.
Evitarás todo pensamiento ajeno a mí.
Serás un Thomasita
y cantarás himnos en mi honor con tus alaridos.
Esta noche empieza una religión.

Pero (podrás pensar), es una burrada!
yo soy tan Dios como vos.
Podrás haberte creado un altar,
pero no voy a arrodillarme. Quién
te pidió ser mi Dios? Yo,
y siendo Dios tengo divina razón.
Ahora vas a tener que unirte a mi séquito:
Esta noche empieza una religión.

3.

Quizá una de las principales preocupaciones literarias de Disch es la del género, en al menos dos sentidos: género, como construcción social de identidad sexual, y género como conjunto de obras con una serie de características comunes, temáticas o estilísticas.

Sobre lo último está claro que jugó a mantenerse por dentro y por fuera de la Ciencia Ficción, tomando al pie de la letra la lección de Philip Dick a la hora de describir con naturalidad la vida cotidiana en mundos futuros o alternativos, escribiendo lo que sería la ficción realista o costumbrista de una realidad paralela o por venir. Y lo hizo con conciencia: muchas de sus obras, irónicamente quizá, declaran en su título el "género" al que pertenecen o dicen pertenecer. Quizá por esta actitud combativa y disidente nunca alcanzó la fama de otros autores más asimilables a un género delimitado con facilidad. Es sabido que muchas mentes prefieren contar con la mediación de un género definido a la hora de entrar a un texto: ellos se lo pierden.

Y sobre lo primero basta con leer esa maravillosa novela corta "Emancipación", incorporada a 334, en la que toda posible construcción del género "masculino" es subvertida. En este sentido su obra podría hermanarse con la de otra escritora que (al menos en el Río de la Plata) no ha alcanzado el renombre que se merece: Angela Carter. Particularmente con su novela The passion of New Eve, que recomiendo con todo mi corazón, no sólo por la profundidad de sus planteamientos sobre la sexualidad sino también por su prosa extática y deslumbrante, por su hermosa y oscura visión de un futuro posible. Y está claro que todos esos elogios se aplican con facilidad a Disch, especialmente a la novela en la que David Pringle vio la obra maestra de la obra Dischiana: 334.

Sabemos que Thomas era gay, pero él mismo declaró que nunca escribió "literatura gay": es decir: nunca optó por fundir ambos sentidos de género, pensando que ninguna de las dos opciones —en cuanto definitorias, inmutables— tienen verdaderamente algo que decir sobre la literatura, sobre su literatura, sobre su práctica literaria y sobre su vida. Sus obras, habrá querido decir, son únicas, del mismo modo que su opción sexual no ha de ser encasillada. También es posible que haya optado por no ser encerrado dentro de una minoría que fácilmente puede generar en el lector un prejuicio (a favor o en contra) de lectura. Sus obras hablarían por sí mismas: sin género alguno, adelantándoseles.

Y no le importó, a la hora de ponerse a escribir, el detrimento de su éxito comercial que esto podría implicar. Thomas siguió adelante, convirtiéndose (en más de un sentido) en un ejemplo para todos los que intentamos escribir.

El teórico Douglas Hofstadter sostiene que una fracción o faceta del "yo" de cada persona sobrevive en los demás a través del recuerdo y de las obras. Me alegra sobremanera que se encuentre en mi biblioteca un buen número de libros de Disch; tanto en la física, que se queda allí en mi habitación, como en la otra, que cargo en mi mente y ¿por qué no? en mi cuerpo.

Allí está mi Thomas Disch.

Allí sobrevive.

4.

"Escribo poesía porque creo que es la cosa difícil que mejor me sale. Y simplemente disfruto hacerla, como un aficionado a lo hípico pasa su tiempo con un buen caballo. La poesía es mi buen caballo".

Thomas M. Disch


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Ramiro Sanchiz - Datos biográficos


Nací en 1978 en Montevideo. Entre 1997 y 2001 estudié filosofía en la Universidad de la República, y entre 2002 y 2006 cursé la licenciatura en letras en la misma institución. Mis primeras publicaciones fueron en la revista Diaspar (Montevideo, 1994-95), seguidas por Galileo (Necochea, 1996-97), Ad Astra (Barcelona, 1995-96) y Axxón (199?). Desde 1999 he integrado la muestra anual A palabra limpia, surgida de sucesivos concursos de narrativa joven, obteniendo el primer premio en 2007 y 12 menciones especiales hasta la fecha. En 2008 figuré en la antología El descontento y la promesa (Montevideo, editorial Trilce), que recopila 24 cuentos de autores nacidos entre 1973 y 1984, y publiqué la novela 01.lineal en Salamanca, por Anidia editores. También en 2008 mi serie Retratos fue publicada en el volumen recopilatorio de poesía uruguaya y dominicana Plata caribe. También publiqué ensayos y reseñas en medios montevideanos como El estante (1998-2000), Dias extraños (2002-03), Pimba! (2003-06), Belvedere (2008), y mi ponencia "De triángulos y epifanías", sobre puntos en contacto entre James Joyce, Marcel Proust y Jorge Luis Borges fue seleccionada para el libro Proust y Joyce en ámbitos rioplatenses (Montevideo, Linardi y Risso, 2007), volumen compilatorio del coloquio Montevideana 4, sobre la recepción de estos escritores en el Rio de la Plata. Mis principales influencias son Alasdair Gray, Philip Dick, William Burroughs y Mario Levrero, y soy lector asiduo de J.G.Ballard, Jorge Luis Borges, Angela Carter, Roberto Bolaño, entre otros. Entre 2002 y 2006 me desempeñé en varias bandas de rock alternativo en calidad de guitarrista y compositor, y en el presente trabajo de profesor particular de filosofía y literatura y periodista cultural. Desde hace un año mantengo el blog personal Aparatos de vuelo rasante.
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GEORGE ORWELL Y LA REVOLUCIÓN RUSA

Pepe Gutierrez (Fund. Andreu Nin)

En 1943, cuando el fin de la guerra parecía ya decidido, y Orwell perdía poco a poco sus ilusiones revolucionarias ligadas a la contienda, regresó a su añorado terreno de la novela y comenzó a escribir con rapidez y agilidad el primer libro del que se sintió plenamente satisfecho, Animal Farm (Rebelión en la granja). Con él consiguió tres años más tarde, la celebridad y la fortuna. Sin embargo, el libro no fue (ni mucho menos) bien recibido al principio y de ello era consciente Orwell ya desde su incubación como demostró en estas líneas escritas al profesor Gleb Struve: "Estoy escribiendo un librito que espero le divertirá cuando aparezca, aunque me temo no va a tener el visto bueno político y por ello no estoy seguro de que alguien se atreva a publicarlo. Tal vez por lo que le digo adivine usted el tema...”(1)

Por aquel entonces las democracias occidentales se encontraban en plena luna de miel junto al régimen estalinista, con el beneplácito de una izquierda que se veía legitimada desde la burguesía y desde el «comunismo» oficial. Era el momento en que se iniciaba la política de pactos históricos para el reparto del mundo y nadie por lo tanto, fuera desde la derecha o desde la izquierda, se mostraba dispuesto a enturbiar el consenso con un libro que… aunque fuera una obra maestra, consideraban excesivo e injusto para un aliado tan sensible ante una sátira y ante el fantasma, quizá leve, del trotskysmo.

Antes de aparecer por primera vez en Secker & Warburg, en agosto de 1945, el libro había sido rechazado por cuatro editoriales importantes. Estas negativas desesperaron particularmente a Orwell por todo lo que significaba para él y para las libertades. Durante un tiempo estuvo tentado de darle el original a un editor «trotskysta» conocido por su integridad y audacia, pero quería que su libro tuviera la mayor difusión posible y no quiso aparecer como afín a la ideología del editor. También pensó en editarlo él mismo, «estaba dispuesto a pagar la impresión utilizando el cupo de papel que se le adjudicaba a la Whitman Press». Destinado a esta edición frustrada escribió un prólogo titulado La libertad de prensa que luego fue olvidado en las diferentes ediciones que hicieron de este libro una obra famosa; en este prólogo se reflejaba detalladamente la posición crítica y desafiante de Orwell.

La primera puerta que se le cerró fue la de Victor Gollanz, que había publicado algunos de sus títulos anteriores y al que le ligaba un contrato preferencial. Gollanz se había declarado dentro del laborismo como abiertamente prosoviético --salvó durante un breve paréntesis de tiempo relacionado con el pacto entre Hitler y Stalin, y ya había rechazado en otra ocasión Homenaje a Cataluña. Orwell desconfiaba de su interés, por lo cual le advirtió en una nota: «Debo decirle que el texto es, creo yo, inaceptable políticamente desde su punto de vista (es anti-Stalin". Gollanz protestó por la actitud de Orwell, ya que según parece su prosovietismo resultaba suspecto para sus amigos comunistas, pero el hecho fue que no se atrevió a publicar el libro. Un segundo editor, de adscripción liberal, se echó atrás ante la observación «de un importante funcionario del Ministerio de Información» (2).

Ante esta respuesta Orwell se indignó particularmente tanto por el hecho de que un departamento ministerial tuviera atribuciones para censurar un libro como por la cobardía que se daba entre los editores, cobardía que le parecía exactamente igual a la que existía entre algunos periodistas que se mostraban incapaces de decir la verdad en contra de las fuentes oficiosas.(3) Vio en ello una nueva demostración del «servilismo con el que la mayor parte de la intelligentzia británica se ha tragado y repetido los tópicos de la propaganda rusa», Como ilustración de lo que pensaba escribió algunos ejemplos como los que siguen: "La BBC «celebró el XXV aniversario de la creación del Ejército Rojo sin citar para nada a Trotsky, lo cual fue algo así como conmemorar la batalla de Trafalgar sin citar a Nelson»; en relación a la última obra de Trotsky, una biografía de Stalin que estaba imprimiéndose poco antes de la guerra y que fue inmediatamente retirada, Orwell comentó que no hubo .ni una sola palabra en la prensa británica, aunque la misma existencia del libro y su supresión eran hechos dignos de ser noticia» (4).

Otro caso fue el de la edición de la obra cumbre de John Reed, Diez días que conmovieron al mundo y cuyos derechos . había regalado al Partido Comunista británico, que más tarde «destruyó gran parte de la edición original, publicando después una versión amañada en la que se omitió las menciones a Trotsky, así como la introducción escrita por el propio Lenin. Si hubiera existido una auténtica intelectualidad liberal en Gran Bretaña, este acto de piratería hubiera sido expuesto y denunciado en todos los periódicos. (5)

Recordó cómo la izquierda que siempre había estado en contra de la pena capital, apoyó los «procesos de Moscú», y cómo durante la guerra civil española se esgrimieron los argumentos más falsos para justificar la represión de la izquierda revolucionaria, Él, por el contrario, no había dudado nunca a la hora de defender la libertad de expresión, y citó como ejemplo lo ocurrido durante una conferencia en el Left Book Club, cuando algunos de los presentes discreparon de él por defender el fin de la prohibición del diario del PC inglés en 1940, el Daily Worker; sus adversarios le replicaron rememorando la actitud de este diario durante el período del pacto nazi-soviético, considerándolo por ello «un periódico de dudosa lealtad y por tanto no debía tolerarse su publicación en tiempo de guerra»; Orwell argumentó con furia que sus posiciones debían de combatirse con la razón y no con la censura (6).

Otro editor que lo rechazó fue su admirado T, S. Eliot --admirado como poeta, porque Orwell nunca pudo transigir con un hombre que se sintió hasta cierto punto identificado con el franquismo y que llegó a apreciar a Salazar--, que en aquel momento coincidía curiosamente con el clima prosoviético existente en el país.

La opinión de Eliot sobre la obra era bastante notable, reconocía que Orwell había logrado una «obra literaria perfecta», algo digno de Swift, pero no recomendaba la edición de un libro que fuera contra la corriente del momento. Para Eliot el compromiso editorial implicaba: "…(La adhesión) a las tesis del autor, tanto en lo que reclama como en lo que rechaza; y el punto positivo, que interpreto como «trotskysta», no resulta convincente. Pienso que usted -Orwell- correrá el riesgo sin obtener en contrapartida el apoyo firme de algunos partidos--esos que critican a la URSS en nombre del comunismo puro yesos que, por el contrario, se preocupan por el porvenir de las pequeñas naciones--. y después de todo, sus cerdos son bastante más inteligentes que los otros animales, y, en consecuencia, están más cualificados para dirigir la granja --de hecho no habría Rebelión en la granja sin ellos--; lo que no necesariamente tiene por qué aplicarse al comunismo sino a unos cerdos dotados de un mejor espíritu público (7).

Incluso su amigo Aneurin Bevan, aunque no tuvo nada que ver con sus dificultades editoriales, expresó también su temor por las repercusiones políticas que podía tener su edición. Ésta fue la opinión generalizada de sus amigos políticos, entre los cuales ninguna voz significativa se alzó en su defensa. Curiosamente apenas ninguno de ellos dejó luego de respaldar la fobia anticomunista.

Como es sabido, Rebelión en la granja es una fábula que protagonizan los animales de una hacienda, explotados de la misma manera que lo son los trabajadores. En ningún momento de la obra hay la menor concesión a los «hombres», representantes de la burguesía. Este aspecto, que ha escapado a los que sólo ven en el libro una sátira «anticomunista» (identificando el comunismo con su negación estaliniana), queda bastante explícito: los «hombres» son brutales y despiadados, mienten descaradamente cuando omiten todos los avances de la Granja Animal atribuyéndole una situación anárquica y ruinosa, así como prácticas de antropofagia, etc.

Al final, los «hombres» se avienen a una entente con el dictador y reconocen la capacidad de éste para oprimir a los suyos de la misma forma que ellos lo hacen con sus «clases inferiores». Al final de la obra Orwell sintetiza magistralmente su visión de la armonía entre unos y otros: "Doce voces estaban gritando enfurecidas, y eran todas iguales. No existía duda de lo que había sucedido a las caras de los cerdos. Los animales de afuera miraron del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo, y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible discernir quién era quién.(8).

Son los animales lo que debían comprender esta situación en la que no era difícil encontrar cierta similitud con reuniones como las de Potsdam y Yalta. Antes de la revolución estos animales vivían subyugados y sin ilusiones por nada. Llegaron a someterse a los abusos de los burócratas en gran parte por miedo a que volviera el señor Jones, o sea el Zar y los burgueses.

Todo empezó a cambiar en la granja cuando Mayor, un anciano cerdo, los anima a la rebelión en un discurso en el que les hace tomar conciencia sobre su miserable condición, su falta de libertad, y les explica: "Pero ¿es eso realmente parte del orden de la naturaleza? ¿Es acaso porque esta tierra nuestra es tan pobre que no puede proporcionar una vida decorosa a todos sus habitantes? No, camaradas; mil veces no. El suelo de Inglaterra es fértil, su clima es bueno, es capaz de dar comida en abundancia a una cantidad mucho mayor de animales que la que actualmente la habita. Solamente nuestra granja puede mantener una docena de caballos, veinte vacas, centenares de ovejas; y todos ellos viviendo con la comodidad y dignidad que en estos momentos están casi fuera del alcance de nuestra imaginación. ¿Por qué, entonces, continuamos en esta mísera condición? Porque los seres humanos nos arrebatan casi todo el fruto de nuestro trabajo. Ahí está, camaradas, la solución de todos nuestros problemas. Está todo involucrado en una sola palabra: hombre. El hombre es el único enemigo real que tenemos. Quitad al hombre de la escena y el motivo originario de nuestra hambre será abolido para siempre.(9)

Los animales, animados por la arenga de Mayor, deciden insurreccionarse y hacer la revolución. Hay unanimidad entre ellos a excepción de una mula presumida y de un cuervo que representa evidentemente el clero. Éste había sido domesticado por el dueño de la granja y con su capacidad oratoria confundía a los animales. «Pretendía conocer la existencia de un país misterioso llamado Monte Caramelo, al que iban todos los animales cuando morían.» Casi nadie le creía, pero tenía la virtud de desanimar y de pregonar las ventajas de un retorno de los dueños; naturalmente se pone al Iado de Napoleón y los cerdos que le rodean. Los principios de la revolución estuvieron marcados por la valentía --en la que destacaron Snowball y Napoleón-- (10) y el entusiasmo revolucionario. Los primeros logros no tardaron en mostrarse y los animales juraron fidelidad a unos mandamientos que todos debían de respetar y que decían así:

"1. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo;
2. Todo lo que camina sobre cuatro patas o tenga alas es un amigo;
3. Ningún animal usará ropa;
4. Ningún animal dormirá en una cama;
5. Ningún animal beberá alcohol;
6. Ningún animal matará a otro animal;
7. Todos los animales son iguales".

La generosidad de esta primera etapa de la revolución fue tal, que hasta las ratas, el animal más odiado por Orwell, fueron aceptadas por la colectividad que pronto descubrió que no era suficiente con derrocar a los opresores. Desde un primer momento, los cerdos se habían mostrado como la vanguardia de la revolución y también como los más aptos en cualquier situación. Fue entre sus dos dirigentes donde surgió la discordia. Todo el mundo consideraba a Snowball como el mejor y el más valiente, hasta que Napoleón, que siempre había mostrado cierta inclinación a oponérsele, le derrotó con un arma que había formado secretamente: una brigada de perros terribles que meneaban la cola delante de su jefe como lo hacían antes con el señor Jones.

Desde aquel momento, todos los principios de la revolución comenzaron a ser distorsionados. Napoleón fue acaparando todo el poder hasta convertirse" en una especie de monarca absoluto que nunca se equivocaba y al que habían de adorar. Cambió la historia y se atribuyó todos los méritos de Snowball y del colectivo animal, y cargó sobre sus hombros todas las medallas y títulos pomposos. Snowball se convirtió en el jefe de la «quinta columna», en la encarnación del mal, capaz de hacer las peores maldades contra los animales. Los disidentes fueron obligados a confesar crímenes tan horrorosos como descabellados. Las ideas de ser solidarios con otras granjas fueron desechadas, había que construir la Granja Animal a mayor gloria de su Líder Máximo.

De esta manera y ante el estupor de los animales más sencillos que no se encontraban capacitados para cambiar las cosas, Napoleón y sus sicarios fueron invirtiendo el significado de cada uno de los mandamientos de ayer. El jefe indiscutible comenzó separándose el mejor pienso, ya imitación de los odiados opresores, fue usando ropa, bebiendo alcohol, durmiendo en cama, andando erguido como los hombres y afirmando que, sí cuatro patas estaban bien, dos eran mejor. El asesinato de otro animal quedó admitido sí era justificado, o sea, sí servía a sus propósitos. Finalmente, después de menospreciar el exceso de igualitarismo, los animales terminaron siendo todos iguales solo que ahora unos eran más iguales que otros. Los nuevos animales que nacieron olvidaron la Rebelión y a Snowball. La Granja mejoró considerablemente sus bienes, pero esto no enriqueció a los animales, en general, sino a los cerdos y a sus perros.

La obra fue un éxito extraordinario, hasta el punto de afirmarse que «muy posiblemente no hay a habido en los últimos cincuenta años ninguna otra obra en Europa y Estados Unidos que haya influido tanto en las actitudes políticas de la gente de la calle» (Geoffrey Best). Para el mismo Orwell significó un cambio cualitativo en su carrera literaria: Rebelión en la granja fue el primer libro en el que traté de fundir, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, el propósito político y el artístico».

Orwell continuaba una rica tradición de literatura sobre animales, consiguiendo con gran maestría ilustrar sus ideas sobre el proceso revolucionario ruso. En su esquema no es difícil distinguir su conocimiento de algunas obras de Trotsky como La revolución deformada y La revolución traicionada, (11) aunque, como siempre, asume el contenido a su manera. En esta novela se puede encontrar la fuerza intuitiva y crítica del autor y, cómo no, algunas de sus debilidades políticas. En líneas generales la trama se atiene parcialmente a lo que fue en realidad el proceso de degeneración de la revolución rusa.

Describe con un extraordinario ingenio el irresistible ascenso de lo que Trotsky llamó el Termidor soviético, y es indudablemente más fiel a la historia que todas las versiones estalinistas que no soportan la menor constatación de la verdad. (12). La visión de Orwell fue la de un artista que trató, como pedía Trotsky ya en 1922: de satirizar un período histórico fundamental para la humanidad y cuya complejidad difícilmente podía abarcar en una obra de estas características. Sería quizás exigir demasiado a un autor .

Con todo, y frente a los múltiples intentos de descalificar la revolución que se han dado en torno a la obra, hay que subrayar que nadie puede hacer un juicio sumario sobre la Rusia soviética con lo escrito por Orwell. Éste ofreció una versión llena de sugerencias e ironía, una sátira cruel contra el grupo dirigente. Pero obviamente, no realizó una obra científica que diese una versión seria del carácter de la revolución rusa --que se justificó por ser el primer acto de la revolución mundial--, sobre el drama que conllevó su aislamiento, y los desastres que tuvo que pasar a causa de una guerra civil que destrozó todas sus infraestructuras materiales y desmanteló en gran medida a la fracción más avanzada de la clase obrera y del partido.

Napoleón-Stalin aparece así: como el producto de la sed de poder y no como lo que fue. Tampoco queda demasiado claro el hecho de que a pesar de todos los pesares algunas de las conquistas fundamentales de la revolución se mantuvieron. Diversos exegetas de Orwell --como el liberal y antiguo "trotsko", Lionel Trilling--no han dudado en cuestionar y considerar como abusiva la utilización de los cerdos para representar a una élite dirigente que había sido la vanguardia de la revolución. Desde luego, no fue la intención de Orwell descalificar a los revolucionarios, pero la imagen establece una contradicción, ya que la misma raza que patrocinó la revolución, es la que luego la traiciona.

Teniendo en cuenta que la intención declarada por Orwell era dar su versión crítica de una revolución marxista traicionada y recuperar el nombre del socialismo rescatándolo de donde lo había hundido la burocracia, la imagen dual de los cerdos resulta, como hizo notar Eliot, contradictoria, ya que funciona a la perfección en la segunda parte, cuando va revelando el verdadero carácter de algunos «revolucionarios», pero no ocurre lo mismo en la primera donde los cerdos son los mejores. El contrapunto que ofreció Orwell entre la etapa utópico-revolucionaria y su degeneración subsiguiente, resultó bastante convincente con la excepción de esa doble imagen que ofrecen los cerdos.

Difícilmente se puede mantener que la raza de los bolcheviques estaba predestinada a la traición, ya que Orwell no ignoraba que la casi totalidad de los compañeros de Lenin fueron sacrificados por Stalin en aras del acuerdo entre el imperialismo «democrático» y la URSS. El giro coperniano radicó, en su opinión, en la sed de poder de unos dirigentes y no se planteó demasiado los Ilamados factores objetivos. De ahí que, desde el punto de vista histórico, se le pudieran hacer a Orwell diversas objeciones, aunque nadie puede pretender que sus valores literarios dependan exclusivamente de éstas.

No obstante, no se puede olvidar que este esquema que reduce conflictos sociales de gran complejidad y amplitud a la cuestión del poder, el poder y el poder, merece ser advertido porque explica obras como Rebelión en la granja y 1984, y porque resulta ser el «talón de Aquiles» de ambas. Orwell carecía de la preparación y la perspectiva, intensamente contradictoria, de un Trotsky, un Deutscher o un Carr. Esto no sería grave sí sus dos últimos libros no hubieran sido manipulados, pero de ello Orwell sólo fue lejanamente responsable. Naturalmente, antes del informe de Jruschev, difícilmente se podía esperar una actitud mínimamente abierta por parte de los partidos comunistas ante una obra como ésta: se trataba de un panfleto destinado a enturbiar las relaciones anglo-soviéticas, o cosas peores.

Tampoco la derecha cultural fue mucho más seria. En particular en Estados Unidos --donde el libro obtuvo un gran éxito--, florecieron las opiniones de que se trataba de una fábula que demostraba que el socialismo podía ser muy bonito en teoría pero que era imposible en la práctica, ya que la revolución siempre terminaba devorando a sus hijos, etcétera, y se olvidaba que al fin y al cabo Estados Unidos había nacido de un parto revolucionario, lo mismo que la Inglaterra moderna.

Algunos llegaron a afirmar que el libro había sido escrito contra los laboristas y para ayudar a los conservadores en las próximas elecciones generales. Este tipo de interpretaciones se consideraron muy raramente en Inglaterra, donde los críticos se mostraron obviamente mucho más rigurosos. La mayoría de ellos conocían la trayectoria socialista de Orwell y enfocaron sus análisis desde el esquema más correcto de la «revolución traicionada». Pero los intentos de darle una interpretación reaccionaria no faltaron.

Un crítico conservador, Robert Aickman, un poco más honesto con sus premisas antirrevolucionarias, entendió que la idea de la «revolución traicionada» no era consistente, porque, desde su punto de, vista, Orwell no había comprendido que «la propiedad privada es la condición esencial de la libertad individual; que la libertad individual es la condición esencial de toda otra forma de libertad; que la tentativa de vivir solamente de pan es el medio más rápido de encontrarse sin pan; que los expropiadores son expropiados; que la contrarrevolución comienza en el interior de la revolución...(13).

Su amigo Ciryl Connolly, que conocía la afinidad de Orwell con Swift, insistió --como la mayoría de los comentaristas-- en la comparación con éste tanto por su sensibilidad y penetración como por la economía de palabras. Más adelante, Connolly desarrolló una apreciación también bastante antirrevolucionaria diciendo que, en definitiva, «toda revolución es traicionada, ya que la violencia necesaria para su realización puede implicar una admiración por esta violencia lo que facilita el abuso del poder».

Otros amigos suyos le felicitaron; para Arthur Koestler la obra mostraba que no se podía ser antifascista sin ser al mismo tiempo antitotalitario; Herbert Read le hacía saber el entusiasmo que había levantado en su hijo de siete años y medio, y finalmente, el marxista William Empson le escribía: "Se trata de una obra de lo más impresionante, con toda una gama de sentimientos y una gran economía de medios, con un estilo de bella limpidez. Lo he leído con sumo interés. y no obstante, pensándolo de nuevo y, sobre todo, discutiéndola con la gente, se comprende que el peligro de ese género de perfección es que logra tener un significado diferente según el lector. Nuestro Mr. Julián (su hijo), el niño tory, dice que le ha gustado mucho y que se trata de una buena propaganda tory… Ya sé que tu opinión es clara, los animales deberían de haber compartido el poder en la granja. Pero el resultado es que este corral, con sus diferencias raciales insuperables. parece referirse a una escena soviética que tiene diferencias sociales también insuperables --de esta manera la metáfora deja entender que la revolución rusa fue siempre una tentativa patética e imposible--. Cierto es que en la historia los cerdos llegan a ser hombres, pero nada indica que los demás animales no puedan llegar a serlo, también. Con esto no quiero decir que exista un - error en la alegoría…Pero creo necesario advertirte ( sin dejar de darte las gracias) que tendrás que esperar ser profundamente «incomprendido» con este libro; éste es un hecho que por sí mismo significa que el autor dice más de lo que quiere con una obra que no está suficientemente acabada. (14)

Las contradicciones de la Granja Animal exigían unos grados de matización, de sutileza y de rigor de los que carece. El mundo de la «revolución traicionada» no es tan claro como él que denunció Swift, con el cual puede ser comparado... pero siempre como un discípulo aventajado, nunca como el maestro que fue el autor de Los viajes de Gulliver, una obra que, por cierto, siempre tuvo Orwell al alcance de la mano para leerla y estudiarla. A la luz de lo que ha ocurrido posteriormente, la debilidad teórica del socialismo de Orwell creo que es manifiesta.

Como he dicho, siempre se mostró reacio ante el marxismo y es evidente que la filosofía del materialismo dialéctico le pareció demasiado obtusa. Su racionalismo no le impidió caer en una metafísica del antipoder con la que no era posible comprender una realidad como la soviética en la que concurrían tantos factores. Le obsesionó el hecho de que en nombre del socialismo se pudieran hacer cosas tan aberrantes como las «purgas» y se estableciera un orden jerárquico basado en una obediencia ciega, que llegaba no sólo hasta los militantes comunistas sino hasta la intelligentzia liberal que también traicionaba sus principios de defensa de la libertad y de la crítica independiente.

Vio la realidad a través de un tubo unilateral y pudo así ofrecer una visión subyugante de uno de los aspectos más determinantes del estalinismo, pero se le escapó lo que estaba fuera de ese tubo. Fue esta unilateralidad la que dio pie a que tanto Rebelión en la granja como 1984 fueran unas obras «incomprendidas» y utilizadas contra el ideal que le era más caro, el socialismo. 1984 fue bosquejada mucho antes que Rebelión en la granja, pero necesitó de una mayor maduración. Entre ambas existe, por varios motivos, una estrecha relación y en gran medida se complementan, aunque el estilo literario entre una y otra sea divergente.

Notas
-----1. Citado por Bernard Crick en el prólogo a la edición de Rebelión en la granja y 1984, Barcelona, Mundo Actual, 1981, p. 13.
-----2. "La libertad de prensa», texto incluido en A mi manera, p. 18.
-----3. Su opinión sobre los periodistas era radical. En su columna "A mi manera", en el Tribune, escribió lo siguiente al comprobar la indiferencia de la prensa ante la batalla de Varsovia (en la que las tropas soviéticas permanecieron pasivas ante la aniquilación de la resistencia polaca): «Ante todo, un aviso a los periodistas ingleses de izquierdas ya los intelectuales en general: recuerden que la deshonestidad y la cobardía siempre se pagan. No vayan a creerse que por años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético o de otro cualquiera y después volver repentinamente a la honestidad intelectual. Eso es prostitución y nada más que prostitución».
-----4. Este libro no fue publicado hasta finales de los años cuarenta, en plena "guerra fría". Como Trotsky lo dejó inconcluso, la editorial Harper encargó a un tal Charles Malamud que llenara los vacíos de Trotsky con comentarios anticomunistas. La viuda de Trotsky lo desautorizó. En España fue publicado por Plaza y Janés en 1950 como un alegato anticomunista.
-----5. Después del XX Congreso del PCUS se publicó una versión completa de este libro en la URSS, donde había permanecido prohibido durante la era de Stalin. Gran Parte de su contenido es rebatido por notas que explican cómo Trotsky, Zinoviev, etc., fueron siempre unos antileninistas declarados.
-----6. Al comentar este hecho, Orwell dijo que los autores habían aprendido de los comunistas. Esto resulta bastante injusto, la intolerancia estalinista es una extraña versión de la intransigencia religiosa o burguesa que le antecedieron y le acompañaron en el tiempo.
-----7. Bernard Crick: George Orwell. Une vie, Balland, París, 1982, . p. 397.
-----8. Rebelión en la granja, Barcelona, Planeta, 1973, p. 188.
-----9. Id., p. 13.
-----10. Cuando Orwell se enteró que Stalin había permanecido firme durante la invasión nazi, rectificó la actuación de Napoleón haciéndole aparecer como un valiente.
-----11. Editadas en España por Júcar y Fontamara respectivamente.
-----12. En el transcurso del período estalinista, la historia de la revolución fue cambiando hasta que Stalin asumió la mayor parte de los hechos que en realidad habían protagonizado los principales dirigentes bolcheviques; en la versión postestalinista estos hechos se atribuyeron a un anónimo Comité Central Leninista. Ver, Ernest Mandel. Treinta preguntas y treinta respuestas sobre la historia del PCUS , en Sobre la historia del movimiento obrero, Barcelona, Fontamara,1980.
-----13. Bernard Crick, o.c..,p.425.
-----14. Bernard Crick, o.c.,p.426

Edición digital de la Fundación Andreu Nin, septiembre 2003
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LA MÚSICA DE JOHN LENNON, ESCUELA DEL ROCK

por Guilherme de Alencar Pinto *
En un milenio anterior, John Lennon bien podría haberse convertido en un dios en la mitología de las generaciones sucesivas. Predicó cosas emotivas en forma muy emotiva y accesible, y el mito quedó sellado a fuego por la muerte absurda: baleado por un mitómano en Nueva York, el 8 de diciembre de 1980.

Si juzgamos por su presencia en camisetas y pósters, la iconolatría a Lennon sólo se compara con la del Che Guevara –casos distintos, pero que movieron similares resortes emocionales–. Paul McCartney dedicó buena parte de este cuarto de siglo a la imposible tarea de revertir el desequilibrio causado por esa muerte. Su campaña sirvió de barrera de contención para que su propia imagen no quedara aplastada por la de su inmortalizado colega. Logró mantener la idea de que su presencia en el grupo fue tan dominante como la de Lennon, que fue el autor principal de la mitad de los éxitos, que su producción distaba de estar confinada a baladitas dulces, que también le importaban las vanguardias, que también vivió un gran amor. Pero nada de eso basta para convertirse en símbolo. Tampoco basta con ser asesinado a los 40 años. Lennon tenía algunos atributos extra.

Dobles sentidos

Lennon (y no McCartney) fue uno de los que definieron el rock como movimiento joven-adulto radicalmente contestatario. Buena parte de esa carga estaba trasmitida por propiedades intransferibles e inimitables de su expresión (sobre todo vocal, pero también instrumental, facial, compositiva y poética). Lo que fuera que Lennon estuviera cantando quedaba enriquecido de sentidos agregados, sobrecargas de urgencia, desolación, desesperación, humor ácido, filo cortante, irreverencia, agresividad, locura creativa. No era necesariamente lo que él planificaba expresar, era algo que iba junto.

Rasgos entrañados probablemente en una historia personal de abandonos (el padre y la madre lo dejaron cuando niño, fue educado por una tía, y cuando ya adolescente restableció la relación con la madre, ésta murió en un accidente). Un ejemplo temprano es “Please Please Me” (1963). Aquí lo inusual no es la travesura adolescente del sentido sexual implícito, sino el tonito cálidamente depravado que le da el canto de Lennon, apoyado además por la propia composición (la secuencia ascendente de “come on” que se liberan en el “please pleaaase me, oh yeah”, anáfonos de erección, movimientos reiterados y eyaculación).

Con el paso de los meses, van surgiendo otras formas de doble sentido. En “If I Fell” (1964) él le está diciendo a ella que puede llegar a enamorarse de ella, pero se va colando que realmente quiere a una tercera. En “You’re Going To Lose That Girl” (1965) él aconseja al amigo que cuide a su novia, incluso amenaza con mejicanearlo, pero el trasfondo es un comentario sobre la propia soledad. “Help!” (1965) sí habla explícitamente del propio desamparo, pero aquí el segundo nivel parece advertir: “o voy a explotar” (la diferencia que separa el pedido de caridad de la reivindicación).

En la Royal Command Performance de 1963 –frente a la familia real– Lennon hizo su famosa intervención: “La gente de los asientos más baratos ¿podría hacer palmas? Y el resto de ustedes, basta sacudir las alhajas...”. El tono de voz y la expresión facial con que lo dijo desarmaban con su aire cándido y juguetón, pero sin llegar a anular el dejo de insolencia y desafío.

Personas

El primer libro de Lennon, In His Own Write, con poemas entre humorísticos y vanguardistas, fue el libro británico más vendido de 1964, superando incluso a la entrega de ese año de la serie 007. En esa época los Beatles estaban vendiendo alrededor de un millón de copias por anticipado de sus discos, y a veces esa cifra se alcanzó cuando la canción a ser vendida no estaba todavía grabada o siquiera compuesta. La vida de los integrantes del grupo carecía de privacidad y el acoso de los fans era intenso y constante. Siendo ésa la realidad que vivía, Lennon desarrolló su carrera y su propia vida en interacción fértil con los medios y, a través de ellos, con el público.

Desarrolló una serie de “personas”, que él iba largando, una a la vez y periódicamente, cada persona pautada por un look llamativo, un vuelco en el estilo musical, una nueva opción de vida y el discurso conceptual que interpretaba todo el paquete (y que solía ser retrasmitido tal cual por los medios). Habría caminos distintos. George Harrison, por ejemplo, se sintió oprimido y buscó ocultarse, para frustrarse más al percibir que su actitud sólo atizaba la voracidad de los medios. Ringo Starr se limitó a disfrutar lo bueno y tratar de evitar lo malo en la forma más intrascendente posible, y sólo así logró que los medios lo dejaran en paz. Paul McCartney sí persiguió la exposición mediática, y a tal efecto recurrió a una serie de puestas en escena teatrales, entre lo lúdico y lo calculador, y cada uno de esos juegos le servía de desafío y refresco para su carrera y su imagen (en la etapa beatle, por ejemplo: ahora vamos a hacer de cuenta que somos una banda tipo Ejército de la Salvación, ahora jugamos a que nos fuimos por un viaje mágico y misterioso, qué les parece si volvemos a ser el grupito rústico de los inicios...).

La diferencia con McCartney era que Lennon realmente parecía poseerse, vivir cada una de sus “personas”, al punto de correr por ello riesgos en serio, y como resultado trasmitía un convencimiento, idealismo, radicalidad y sentido de libertad difícil de obtener en otras condiciones. Y, de hecho, Lennon se sentía poco cómodo en los teatritos de McCartney, y en cambio se metía en viajes que su colega encaraba en forma mucho más cauta: drogadicción, seguir a un gurú, vivir pegado a su esposa, grabar música de vanguardia, salir desnudo en la tapa de un disco, hacer campaña activa por causas políticas espinosas. Después de los Beatles practicó la terapia del “grito primario” (1970), fue “radical” (1972), fue soltero borracho y peleador en Los Ángeles (1973-74), fue amo de casa (1975-79). Con todo eso daba alimento fresco y casi constante a las fieras sin sacrificar la autenticidad y el espíritu de aventura.

Lo de alimentar a las fieras no era sólo un acto de vanidad: fue la propia base sobre la que construyó su manera de comunicarse. Sus campañas por la paz presuponían un interés masivo en cada uno de sus movimientos; la veta de canción-verdad presuponía que el público conocía el contexto de las cuestiones íntimas referidas en los textos.

La formación

Ningún autodidacta sale de la nada. Abuelo y papá Lennon fueron cantantes profesionales. La madre le enseñó a tocar el banjo, el tío la armónica. Estudió piano, violín y acordeón. Desde los 7 años escribía textos inspirados en el “Jabberwocky” de Carroll.

Hacia 1957, marcado por el rocanrol, adoptó la guitarra y formó el grupo The Quarry Men, al que pronto se sumaron Paul y George. Entre los tres sumaban una cantidad inusual de talento. En John se destacaban la chispa y el don de imitar géneros (por ser tan bueno en eso, nunca le dio valor a los ejercicios de estilo cultivados por Paul). La voz también era excepcional, capaz de llenar mucho espacio sonoro. Aun cantando sólo a dos partes (“Love Me Do”, “If I Fell”), la suma de los graves metálicos de John y los agudos brillantes de Paul basta para el efecto de un coro compacto. Lennon solo era muchos cantantes posibles (en “You´ve Got To Hide Your Love Away” se alternan dos, uno frágil y transparente, el otro sonoro y nasal).

Los Beatles entraron en una espiral de éxito y aprendizaje. Cuanto más éxito, más tocaban, y así ganaban una práctica que redituaba en más éxito. Entre enero de 1961 y febrero de 1962 hicieron 292 veces dos actuaciones por día en el Cavern Club de Liverpool, además de una de sus agotadoras temporadas en Hamburgo. Allí, tocando para marinos y prostitutas, Lennon desarrolló una escena rocanrolera estándar (arrodillarse, saltar, etcétera). Luego apagó ese circo, quizá para privilegiar la idea de un cuarteto igualitario. (Hay una maravillosa excepción registrada en película, en el Shea Stadium de Nueva York en 1965, donde Lennon está como poseído, al punto de que George y Paul casi no pueden tocar de la tentación.)

Los cuatro beatles se convirtieron en instrumentistas valiosos. Tanto en guitarra como en piano o armónica John tenía una técnica tosca, pero suficiente. Y aprendió a manejar expresivamente esa tosquedad: una pegada dura, ruda, cortante. Esa rusticidad lo resguardaba de diluirse en una liviandad elegante o en el adorno. Las irregularidades de sonido y de tempo nunca se transformaban en inseguridad: el gesto siempre era decidido. El sonido de los Beatles no sería tan espectacular sin él, como se puede apreciar en cientos de versiones de esas canciones tocadas por “grandes músicos”.

Tampoco era tan turro. Podía tocar en la guitarra unas bases nada banales, como en “I Feel Fine”. Paul y George se admiraban de cómo aprendió, antes que ellos, a tocar con soltura haciendo fingerpicking (“Julia”, “My Love”). En sus demos solo con la guitarra, los acompañamientos suelen tener el empuje de una banda entera. Era un excelente rascador.

Como compositores, Lennon y McCartney crecieron en interacción. Uno de sus métodos fue el estudio, informal pero sistemático e intenso, de la música de sus ídolos –fundamentalmente rocanroleros y bluseros estadounidenses–. Adquirieron una cultura excepcional dentro del género –en Liverpool era posible conseguir discos raros a través de los marinos que arribaban para surtir la industria de telas de Manchester con el algodón oriundo del sur estadounidense, es decir, el corazón del blues.

Luego empezaron a probar, uno a la vez, cada uno de los recursos de cuya existencia se enteraban o con los que topaban de casualidad. Rasgos de esa escuela autoimpuesta se pueden observar en los primeros discos. En los días 1 y 2 de junio de 1964 se graban dos temas de Lennon, “I’ll Be Back”, donde utiliza por primera vez el cambio brusco de tónica menor a mayor, y “Any Time At All”, donde utiliza por primera vez imbricación de secuencias armónicas. El día 2 se graba también “Things We Said Today”, donde McCartney utiliza por primera vez ambos recursos: dos soluciones posibles para un mismo ejercicio. Era una evolución aventurada y curiosa, pero sólida y autocrítica.

El resultado está a la vista en la producción con la marca Lennon-McCartney: una de las colecciones de canciones más variadas y profundas de la historia de la música, concebida con una excepcional amplitud, sin descaracterizar, aunque ensanchando mucho, el espectro del naciente espacio del rock.

La obra solista

No hay mucha gente a la que le guste toda la obra solista de Lennon. Están en su derecho, pero hay que revisar la opinión de que se trata de obras flojas o fallidas. Lennon mantuvo un nivel excepcional como creador e intérprete en su etapa solista. Lo que pasa es que su producción fue tan variada (por lo de las “personas”) que hay muy poca intersección de público entre el rock radicalmente desesperado y desnudo del inicio hasta el pop ochentoso concentrado en las felicidades domésticas, pasando por la canción protesta, el desamor bañado en influjos de soul y un homenaje al rocanrol de los cincuenta.

Muchos de sus discos están comprometidos por la presencia intrusiva de Yoko Ono, que sin duda es una persona con ideas, pero que está lejos del manejo musical del marido. Otra contra de sus discos solistas es que era muy difícil sonar como los Beatles. Plastic Ono Band (1970) fue una buena solución para este problema: Ringo toca las baterías, Klaus Voormann hace unos bajos sencillos y todo lo demás son unos huecos espesos de silencio y vacío, que perforan más que mil guitarras distorsionadas. Más difícil es escuchar Imagine (1971) sin pensar que, ay, con los aportes de Paul y Ringo (George sí está), producidas y orquestadas por George Martin, estas canciones sonarían por los cielos. Pero quedan todavía muchos grados de “calidad” por debajo del parámetro beatle, y Lennon se ubica bien alto.

La parte más frágil de la producción de Lennon sin los Beatles son sus trabajos de vanguardia con Yoko Ono (1968-1969). Aun allí, no estaba muy lejos de la mayor parte de la producción “conceptual” del grupo Fluxus en ese período (el empeño era en eliminar la cultura y devolver al artista y al oyente una percepción purificada y trascendente). En cuanto a “Revolution 9”, se defiende muy bien como obra electroacústica: está realizada con un sentido musical alcanzado por pocos compositores de musique concrète y una fascinante interacción con el momento histórico (1968).

Una de las virtudes de Lennon como compositor, con y sin los Beatles, era que para él lo “bonito” parecía ser una consideración secundaria. Su interés por la música no había nacido en el cultivo de la melodía hermosa, sino de la vitalidad rocanrolera, de su descarga energética y su inmediatez compacta. A veces Lennon hacía melodías preciosas, otras las hacía avasallantes, potentes, terribles, caricaturales, interesantes, gozosas. No estaba la prerrogativa de lo bello para estorbar esta amplitud.

Su cuerpo de canciones políticas ilustra la disposición ejemplar a ponerse “al servicio de”. Hay himnos (“Give Peace A Chance”, “Happy Xmas (War Is Over)”), pedagogía (“Attica State”, “Luck of the Irish”), incitación combativa (“Power to the People”, “John Sinclair”). “Happy Xmas” (1972) es perfecta para cantar todos juntos, de la mano, en una manifestación pacifista. Tiene el aire de villancico adecuado a la situación navideña. La traslación de la melodía a regiones más agudas produce una “elevación” conmovedora. La colocación estratégica de acordes mayores y menores obtiene el efecto agridulce. Y está técnicamente muy bien resuelto el regreso al punto inicial para reiniciar el círculo.

A su vez “Power to the People” es excelente para marchar a paso acelerado con los puños para arriba y cantando a pleno pulmón. “John Sinclair” (1971) pide la libertad de un activista con muy buenos argumentos (“Si fuera un soldado matando amarillos en Vietnam/ o si fuera la cia vendiendo droga y sacando tajada/ él estaría libre”), y exige la liberación con la repetición: “gotta gotta gotta gotta gotta gotta set him free!”. (Sinclair fue liberado a los dos días del lanzamiento de la canción.) “Woman is the Nigger of the World” (1971) está urdida para permitir el canto desgarrado que agudiza la denuncia. La amplitud técnica adquirida en su formación excepcional como compositor le permite esquivar en cada caso el olor a yingle: son canciones funcionales, pero no clisés.

Tampoco se percibe el gesto narcisista de usar la protesta como medio indirecto para enaltecer las virtudes del propio cantante. Siempre hay un aire de “estamos todos en esa”, que convoca convincentemente a la acción colectiva y amplia (por oposición a la seudoconvocatoria destinada a manijear la superioridad ideológica de un grupo sobre el otro). Aunque no faltan la rabia y la acusación directa y explícita, pero localizada. Los cambios de opinión y dudas son expresados sin tapujos (¿por qué el mundo político valoriza tanto la “coherencia” diacrónica, al punto de preferir que uno insista en el error antes que rectificarse?). Las debilidades se contemplan como legítimas y atendibles (en “I Don’t Want to Be a Soldier” la razón para no ir a la guerra es sencillamente el miedo).

En otro polo, las canciones domésticas de la etapa final (Double Fantasy, 1980, y el póstumo Milk and Honey, editado en 1984), pueden resultar decepcionantes por la relativa ligereza conceptual. Relativa, porque “La vida es lo que te ocurre/ mientras estás ocupado/ Haciendo otros planes” (“Beautiful Boy”) no es una observación complaciente ni una mala lección. Un poco de angustia hay (“I’m Losing You”), e incluso una forma relajada de protesta (“Nobody Told Me”). Está el empuje rítmico de siempre, obtenido con grooves excepcionalmente ingeniosos (“Dear Yoko”, “I’m Stepping Out”). “Woman” sigue en las radios hasta hoy, parece que su savia jamás se agota. Y se entiende: en forma consciente o inconsciente (lo ignoro) es la entrega diferida de una vieja lección: la contrapartida de Lennon para la música de “Here, There and Everywhere” (su preferida de McCartney, 1966).

Cuando los Beatles se separaron, Lennon acuñó una frase que condensó el final de una era: “El sueño acabó”. Gilberto Gil lo complementó: “Quien no durmió en el sleeping bag, ni siquiera soñó”. Luego Lennon se las arregló para soñar otros sueños y despertarse, sucesivamente. Para nosotros, ayudados a soñar y despertar por las escenografías que él preparó, su desaparición fue como una múltiple tragedia: súbitamente nos zambullimos en la pesadilla de la era Reagan-Thatcher. Desde entonces, los sueños de Lennon bien podrían ser una forma de despertar.

* Publicado en la edición del 09/12/2005 del semanario BRECHA
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FREI BETTO: APOCALIPSIS AHORA

El fin del mundo siempre me pareció algo muy lejano. Incluso un contrasentido. ¿Habría de destruir Dios su creación? Hoy estoy convencido de que Dios no necesita pensar en otro diluvio. El mismo ser humano comenzó a provocarlo, a través de la degradación de la naturaleza.

Leer: Reportaje a Frei Betto "No hay futuro para la humanidad fuera del socialismo"

Los bienes de la Tierra se han vuelto posesión privada de empresas y oligopolios. La causa de que 4 mil millones de seres humanos vivan por debajo de la línea de la pobreza, y de que 1.2 mil millones padezcan hambre, es una sola: toda esa gente ha visto impedido su acceso a la tierra, al agua, a las semillas, a las nuevas técnicas de cultivo y a los sistemas de comercialización de los productos.

La decisión de los Estados Unidos y China de ignorar la Conferencia de Copenhague sobre Cambio Climático vuelve más agónico el grito de la Tierra. Ambos países son los principales emisores de CO2 a la atmósfera. Son los grandes acusados del calentamiento global. Al decidir boicotear Copenhague y no firmar el compromiso de reducir sus emisiones, ellos abrevian la agonía del planeta.

Por suerte, el 25 de noviembre el presidente Obama, bajo fuerte presión, cambió de actitud y se desdijo de lo que habló en Beijing. Los EE.UU., responsable del 23 % de las emisiones mundiales de CO2, prometerá en Copenhague reducir, hasta el año 2020, el 17 % de las emisiones de gases de efecto invernadero; el 30 % hasta el 2025; y el 42 % hasta el 2030.

¿Por qué retrocedió? Además de la presión de los ecologistas, Obama se dio cuenta de que quedaría mal en la foto si ignorase Copenhague y apareciese en Oslo el 10 de diciembre -cuando se conmemora el 61º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos- para recibir el premio Nobel de la Paz. Por lo cual estará la víspera en la capital de Dinamarca.

Es curioso: todos los premios Nobel son entregados en Estocolmo, excepto el de la Paz. Por una sencilla y cínica razón: la fortuna de la Fundación Nobel, asentada en Suecia, es el resultado de la herencia del inventor de la dinamita, Alfred Nobel (1833-1896), utilizada como explosivo en las guerras. Como no tuvo hijos, Nobel destinó los ingresos obtenidos por su patente a quien se destaque en determinadas áreas del saber.

Hay una lógica detrás de la postura ecocida de los EE.UU. y de China. Son dos países capitalistas. El primero sigue el capitalismo de mercado; el segundo el capitalismo de Estado. Ambos coinciden en el objetivo fundamental: la lucratividad, no la sustentabilidad.

El capitalismo, en cuanto sistema, no tiene solución para la crisis ecológica. Sabe que las medidas efectivas redundarán inevitablemente en la reducción de las ganancias, del crecimiento del PIB, de la acumulación de riquezas.

Si viviera hoy, Marx tendría que admitir que la crisis del capitalismo ya no procede de las contradicciones de las fuerzas productivas, sino del proyecto tecnocientífico que beneficia casi exclusivamente a apenas un 20 % de la población mundial. Ese proyecto se apoya en una visión de calidad de vida que coincide con la opulencia y el lujo. Su lógica se resume en: “consumo luego existo”. Como decía Gandhi: “La Tierra satisface las necesidades de todos, menos la voracidad de los consumistas”.

Ejemplo de ello es la reciente crisis financiera. Ante la amenaza de quiebra de los bancos, ¿cómo reaccionaron los gobiernos de las naciones ricas? ¿Les facilitaron recursos a las familias morosas, para posibilitarles mantener sus viviendas? Nada de eso. Canalizaron verdaderas fortunas -un total de US$ 18 mil billones- hacia los bancos responsables de la crisis. Tal era la desesperación del sector, que Eduardo Galeano llegó a pensar en lanzar la campaña “Adopte un banquero”.

El planeta en que vivimos ya alcanzó sus límites físicos. Y no hay cómo buscar recursos fuera de él. El objetivo es preservar lo que todavía no ha sido totalmente destruido por el afán de ganancia humano, como las fuentes de agua potable, y tratar de recuperar lo que sea posible mediante la descontaminación de ríos y mares y la replantación de áreas deforestadas.

Ecología viene del griego ‘oikos’, que significa casa, y ‘logos’, conocimiento. Por tanto es la ciencia que estudia las condiciones de la naturaleza y las relaciones entre todo lo que existe, pues todo lo que existe coexiste, preexiste y subsiste. La ecología trata, pues, de las conexiones entre los organismos vivos, como plantas y animales (incluyendo hombres y mujeres), y su medio ambiente.

Esa visión de interdependencia entre todos los seres de la naturaleza ha sido perdida por el capitalismo. A lo cual también ayudó una interpretación equivocada de la Biblia: la idea de que Dios creó todo y finalmente lo entregó a los seres humanos para que ‘dominasen’ la Tierra. Ese dominio quedó como sinónimo de expoliación, estupro, explotación. Los ríos fueron polucionados, los mares contaminados, el aire que respiramos envenenado.

Ahora corremos contra el reloj del tiempo. El Apocalipsis despunta en el horizonte y sólo hay una manera de evitarlo: pasar del paradigma de lucratividad al de sustentabilidad.
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Traducción de J.L.Burguet
Tomado de América Latina en Movimiento
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JUAN GELMAN: "EL CAMBIO ESTÁ ALETARGADO"

Han pasado 30 años desde que el argentino Juan Gelman escribiera Bajo la lluvia ajena, su diario poético del exilio, escrito en Roma, y que ahora se publica en España con ilustraciones de Carlos Alonso, otro exiliado argentino. "En realidad, lo que me duele es la derrota", dice el escritor, premio Cervantes y Reina Sofía de Poesía, en la última página del libro, y hoy en una entrevista señala: "hemos luchado para cambiar el mundo y está claro que hemos fracasado".

Leer: Hugo Achugar: "La poesía de Juan Gelman o la ternura desatada"

"Vivimos –continúa– en una época más que gris, pero hay épocas en las que los cambios están aletargados, y ésta es una de ellas. Los distintos poderes trabajan para desdibujar la subjetividad y uniformarnos a todos para convertirnos en carne de cañón. Aunque hay alguna reacción como los movimientos antiglobalización y eso.., pero no llega lo suficiente para modifica el estado de las cosas", añade.

Juan Gelman, a sus 79 años, está estos días en Madrid por muchas razones. El día 27 presentará en la Casa de América Bajo la lluvia ajena, este bello y estremecedor volumen, de textos y dibujos en blanco y negro, editado por Libros del Zorro Rojo. Pero también trae de bajo del brazo su nuevo poemario, escrito después de recibir el Premio Cervantes en 2007.

De atrásalante en su porfía (Visor) es el título que esta semana sale a la calle, y en donde, como no, la memoria está presente, pero también el deseo de amar y de ser amado, el deseo de justicia; el recuerdo al poeta Ángel González, o los velados reproches a esos amigos de antiguas luchas y fatigas que ahora "han abandonado el barco", por dejar de creer en los ideales por los que lucharon.

El autor de Violín y otras cuestiones también forma parte del jurado que el próximo lunes falla el premio Cervantes; por tanto, Gelman, que vive la ciudad de México, saboreará Madrid durante una semana.

Con ojos azules y vidriosos, este poeta que lleva la poesía en la venas y la carga de una experiencia dura, desde que fue perseguido por la dictadura argentina, que le arrebató a su hijo de 20 años, a su nuera embarazada, y le quito a su nieta, que fue recuperada hace unos años, tras una intensa búsqueda, relata que el tiempo que evoca ahora Bajo la lluvia ajena es de lo "más particular".

"Habían desaparecido muchos amigos, mi hijo, mi nuera, compañeros, y yo me tuve que ir de Argentina, no solo por la dictadura sino también porque la organización Montoneros me había condenado a muerte, así que tenía un dos por uno", dice con humor el autor.

Y en esta misma época (1980) el ilustrador Carlos Alonso, a quien también la dictadura le había quitado a una hija, estaba en Roma. Ambos creadores tejían sus trabajos sin saber el uno del otro, pero con el mismo tema generado por sus comunes experiencias.

Fue hace unos meses cuando el editor del Zorro Rojo, que conocía estos trabajos, decidió unir las dos propuestas, que ahora han dado lugar a este libro.

"Son reflexiones del exilio, pero no solo políticas sino personales, de muchas cosas, de la sensación de ser exiliado en la relación con el país donde estás, con la gente del trabajo", aclara. Pero también hay una cierta crítica a Europa.

"Sí, hay crítica porque, aunque encontré gente solidaria en todos los sitios donde he estado, también ha habido un cierto aprovechamiento porque la sensación de ser un agregado está siempre presente, y eso molesta y te acompaña siempre", sostiene el poeta que recuerda que "a nadie le gusta que le echen de su país".

Pero Gelman ha seguido escribiendo y vuelve a sonreír: ha encontrado a su nieta y la poesía no le ha abandonado. Escribe de noche, y durante el día lee y trabaja en otras cosas, y como dice ya no le importa que las musas le abandonen.

"Si vienen que vengan, si no, pues que no", concluye este poeta, para quien la utopía es "fundamental". "Como decía Oscar Wilde la vida es un mapa mundi en el que si no estuviera la utopía sería muy incompleto", añade.

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Texto y foto: Agencia EFE / Autora del texto: Carmen Siguenza / Tomado de Alma Magazine
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LA GUERRA DE LOS MUNDOS DE WELLS Y WELLES

El 30 de octubre de 1938 , Orson Welles (1915-1985) y el Teatro Mercurio, bajo el sello de la CBS, adaptaron el clásico La guerra de los mundos, novela de ciencia ficción de H.G. Wells, a un guión de radio. Aquí: la nota de la Wikipedia; el guión en español; un link para escuchar el programa original en inglés, otro para escuchar la versión en español y un tercero para bajar el libro de la red.

La historia es una adaptación del libro. Los hechos se relataron en forma de noticiario, narrando la caída de meteoritos que posteriormente corresponderían a los contenedores de naves marcianas que derrotarían a las fuerzas norteamericanas usando una especie de "rayo de calor" y gases venenosos. La introducción del programa explicaba que se trataba de una dramatización de la obra de H. G. Wells; en el minuto 40:30 aproximadamente aparecía el segundo mensaje aclaratorio, seguido de la narración en tercera persona de Orson Welles, quince minutos después de la alarma general del país, que llegó a pensar que estaba siendo invadido.

Orson Welles había adquirido cierto prestigio dramatizando algunas obras como Los Miserables en programas de radio, de modo que en julio de 1938 el Columbia Broadcasting System (CBS) le ofreció realizar un programa semanal en la cadena dramatizando obras. De este modo, Howard Koch, que escribiría más tarde el guion de Casablanca, adaptaba obras como Drácula o El Conde de Montecristo y Welles las interpretaba. En la emisión de La Guerra de los Mundos Welles interpretaba al profesor Pierson, el científico que explicaba lo ocurrido, mientras que también participaba un actor imitando al periodista Carl Philips. La emisión empezaba así: Señoras y señores, les presentamos el último boletín de Intercontinental Radio News. Desde Toronto, el profesor Morse de la Universidad de McGill informa que ha observado un total de tres explosiones del planeta Marte entre las 7:45P.M. y las 9:20P.M

Inmediatamente pasaban a la banda de música supuestamente desde el Hotel Park Plaza, y periódicamente la interrumpían para informar de la ficticia invasión marciana. Una de las intervenciones del personaje Carl Philips desde Grovers Mill, Nueva Jersey, era:

Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado... ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien... o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro des discos luminosos... ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea...

Los oyentes que sintonizaron la emisión y no escucharon la introducción pensaron que se trataba de una emisión real de noticias, lo cual provocó el pánico en las calles de Nueva York y Nueva Jersey (donde supuestamente se habrían originado los informes). La comisaría de policía y las redacciones de noticias estaban bloqueadas por las llamadas de oyentes aterrorizados y desesperados que intentaban protegerse de los ficticios ataques con gas de los marcianos. Al día siguiente saltaron protestas exigiendo responsabilidades y una explicación, de modo que el propio Orson Welles pidió perdón por la broma de Halloween, considerada una burla por los oyentes.

La histeria colectiva demostró el poder de los medios de comunicación de masas, y este curioso episodio también catapultó a la cima la carrera de Welles.

El programa duró casi 59 minutos: los primeros cuarenta correspondieron al falso noticiario, que terminaba con el locutor en la azotea de la CBS falleciendo a causa de los gases y seguía con la narración en tercera persona del profesor Pierson, que describía la muerte de los invasores.

LA GUERRA DE LOS MUNDOS
DRAMATIZACIÓN PARA RADIO
Orson Welles


LOCUTOR. «COLUMBIA BROADCASTING SYSTEM» y las estaciones enlazadas presentan a Orson Welles y al «Mercury Theater» en «La Guerra de los Mundos» de Herbert Wells.

LOCUTOR. Damas y caballeros, ante los micrófonos tenemos al director del «Mercury Theatre» y estrella de estos programas, Orson Welles.

WELLES. Tenemos evidencias de que a principios del siglo XX, una Inteligencia significativamente superior a la humana, y sin embargo, igualmente mortal a ella, ha estado observando atentamente nuestro mundo. Ahora sabemos que, mientras la gente se ocupaba de sus asuntos, han sido investigados y estudiados, posiblemente con tanta atención, como el hombre que, provisto de un microscopio, puede estudiar las insignificantes criaturas que se revuelven y multiplican en una gota de agua. Con infinita autosuficiencia la gente ha andado de un lado a otro de la Tierra realizando sus asuntillos, despreocupados y confiados de su poder sobre este trozo de basura solar que gira, casualmente o por voluntad de alguien, y que hemos recibido de herencia del obscuro secreto del tiempo y el espacio.

Y sin embargo, la Inteligencia, superior a la humana, como la mente del hombre supera a la de las fieras de la jungla, esa Inteligencia, ilimitada, tranquila, insensible ha estado observando a la Tierra a través del éter infinito, con sus ojos ambiciosos y lenta pero seguramente han madurado sus proyectos en nuestra contra. En el año 39 del siglo XX, ha llegado la gran desilusión.

Se acercaba el final de octubre. Los asuntos en el mundo se normalizaban. El horror de la guerra quedaba atrás. Cada vez más gente recibía trabajo. Se fortalecía el comercio. Y en esa tarde del 30 de octubre, el servicio Crossly consideraba que aproximadamente 32 millones de personas estaban sentados junto a sus radiorreceptores.

EL PROGRAMA SE ENLAZA AL LOCUTOR
QUE LEE LOS PRONÓSTICOS DEL TIEMPO.

LOCUTOR. Durante las próximos 24 horas no se pronostican variaciones importantes en la temperatura. Sobre Nueva Escocia se han observado grandes cambios atmosféricos de procedencia desconocida, lo que ha servido de causa para que una zona de baja presión se haya movido rápidamente a los estados del noreste, donde se esperan lluvias y vientos moderados. La temperatura máxima es de 66 y la mínima de 48 grados. Hemos transmitido el pronóstico del tiempo del Buró Estatal.

... A continuación nos trasladamos a la sala «Meridian» del hotel «Park Plaza» en el centro de Nueva York, donde interpretará Ramón Raquello y su orquesta.

TEMA ESPAÑOL.
GRADUALMENTE DESCIENDE EL SONIDO HASTA APAGARSE.

LOCUTOR. Buenas tardes, damas y caballeros. Desde la sala «Meridian» en el «Park Plaza» de Nueva York, transmitimos la música de Ramón Raquello y su orquesta. Ramón Raquello comienza con la melodía en estilo español «La Cumparsita».

LA ORQUESTA COMIENZA A TOCAR LA MELODÍA.

OTRO LOCUTOR. Damas y caballeros, interrumpimos esta transmisión de música para leerles un boletín especial noticias intercontinentales. A las 8 horas menos 20, tiempo del centro, el profesor Farrell del observatorio Mount Jennings en Chicago, Illinois, informa acerca de que se han observado en el planeta Marte algunas explosiones de gas ardiente que han ocurrido en intervalos regulares de tiempo. El espectrograma señala que dicho gas es hidrógeno y que se aproxima a gran velocidad a la Tierra. El profesor Pierson del observatorio de Princeton confirma las observaciones de Farrell y describe ese fenómeno como (cita) «un haz de fuego azul expulsado por un cañón» (fin de la cita). Y ahora, vayamos de nuevo a la orquesta de Ramón Raquello que toca para ustedes en la sala «Meridian» del hotel «Park Plaza» en Nueva York.

LA MÚSICA TOCA UNOS SEGUNDOS. LA MELODÍA TERMINA...
SE ESCUCHAN APLAUSOS, LOS CUALES CORTAN DIRECTAMENTE A...

LOCUTOR. Y ahora sigue la melodía que ha despertado el interés del público, siempre tan popular: «Polvo de estrellas». Interpreta Ramón Raquello y su orquesta. (MÚSICA).

LOCUTOR. Damas y caballeros, continuando con la noticia que acabamos de transmitir en nuestro boletín, el Buró Meteorológico Estatal ha exigido a los grandes observatorios del país llevar a cabo la observación astronómica de todos los fenómenos anormales que ocurran en el planeta Marte. Ya que la naturaleza del fenómeno antes mencionado no es común, hemos hecho una serie de preguntas al conocido profesor de astronomía Pierson, el cual nos expone sus consideraciones sobre el suceso. Estamos listos para trasladarnos al observatorio de Princeton, donde nuestro comentarista Carl Phillips hará la entrevista al notable profesor y astrónomo Richard Pierson. Nos enlazamos a Princeton, Nueva Jersey.

Sigue la entrevista, en la cual el profesor Pierson explica que, aunque existe la opinión de que Marte no está habitado, es posible que no lo sea así y que el planeta se encuentra aproximadamente a unos 40 millones de millas de la Tierra. Durante la entrevista llega un despacho de un científico neoyorquino, el cual confirma que su sismógrafo ha detectado un movimiento telúrico en el radio de unas 20 millas de Princeton. El profesor Pierson ha solicitado la investigación del fenómeno. La emisión continúa desde los estudios neoyorquinos.

LOCUTOR. Damas y señores, he aquí el último boletín del Noticiero Intercontinental. Toronto, Canadá. El profesor Morse de la Universidad McMillan informa que ha observado tres explosiones en el planeta Marte entre las 7:45 y las 9:20 de la noche, tiempo del este. Esto confirma la información anterior recibida desde los observatorios americanos. Y ahora una comunicación especial de Tranton, New Jersey, no lejos de nosotros. Se informa que a las 8:50 de la tarde, un enorme objeto envuelto en llamas, como se supone, un meteorito, ha caído en una granja vecina a Grovers-Mill, New Jersey, a unas 22 millas de Tranton. La llamarada en el cielo fue visible en un radio de cientos de millas, y el fragor de la caída se escuchó lejos, al norte, cerca de Elizabeth. Hemos enviado al lugar del suceso una unidad móvil de radio y nuestro comentarista Mister Phillips comenzará su reportaje, tan pronto como llegue desde Princeton. Mientras tanto nos trasladamos al hotel «Martine» en Brooklyn, donde Bobby Millett y su orquesta presentan su programa de música para bailar.

LA ORQUESTA DE JAZZ TOCA 20 SEGUNDOS...
LUEGO SE INTERRUMPE.

LOCUTOR. Nos enlazamos con Grovers-Mill, Nueva Jersey.

RUIDO DE MULTITUD... SIRENAS DE POLICÍA.

PHILLIPS. Damas y caballeros, de nuevo ante los micrófonos Carl Phillips. Me encuentro en la granja Wilmouth, Grovers-Mill, Nueva Jersey. El profesor Pierson y yo hemos recorrido 11 millas desde Princeton en tan solo 10 minutos. Yo... no sé por dónde comenzar para describirles este extraño panorama que pone a la vista algo extraído de las modernas «1001 noches». Acabo de arribar. Aun no he tenido oportunidad de observar. Creo que ahí está ESO. Sí, pienso que eso es la misma... COSA, está frente a mí, hundida hasta la mitad en una gran zanja. Parece que se ha impactado con una gran fuerza. La tierra está cubierta de astillas del árbol contra el cual chocó. Lo que veo no es parecido a un meteorito, por lo menos no a aquellos meteoritos que me ha tocado ver. Esto recuerda más a un enorme cilindro. Su diámetro es de... ¿cuánto considera usted, profesor Pierson?

PIERSON (un tanto retirado del micrófono). Unas treinta yardas.

PHILLIPS. Unas treinta yardas. El metal de la superficie... bueno, yo nunca he visto nada parecido. El color es blanco-amarillento. Algunos mirones se han acercado bastante al objeto, a pesar de los esfuerzos de la policía de contenerlos. Ahora me cubren mi campo visual. Por favor, con permiso, retírese a un lado.

POLICÍA. ¡Hey, allá! ¡Apártese! ¡Apártese!

PHILLIPS. Yo quisiera llevar hasta ustedes el ambiente... el fondo de esta... fantástica escena. Cientos de automóviles están en el campo, a nuestras espaldas. La policía intenta cerrar el acceso a la granja. Sin éxito. De todos modos logran pasar. Los faros de los autos bañan con sus luces brillantes el agujero en el que se ha hundido hasta la mitad el objeto. Algunos de los más impacientes han osado acercarse hasta el mismo borde del agujero. Sus siluetas se ven perfectamente sobre la superficie metálica.

LEVE ZUMBIDO.

Una persona quiere tocar la cosa. Discute con el policía. El policía triunfa... Y bien, damas y caballeros, hay algo que olvidé decir pero que a cada momento cobra mayor fidelidad. Puede ser que ya lo hayan escuchado desde sus radiorreceptores. Escuche. (Larga pausa.) ¿Lo ha escuchado? Es un zumbido constante que, por lo visto, sale del interior del objeto. Acercaré más el micrófono. Así. (Pausa.) Ahora estamos no más lejos de 25 pies. ¿Lo escuchan? ¡Oh, profesor Pierson!

PIERSON. ¿Si, señor Phillips?

PHILLIPS. ¿Nos podría explicar el sentido de ese chirrido que proviene del objeto?

PIERSON. Eso puede ser provocado por un enfriamiento irregular de la superficie.

PHILLIPS. Profesor ¿aún así usted piensa que es un meteorito?

PIERSON. No sé que pensar. La cubierta metálica, no cabe duda, es de procedencia extraterrestre... En la Tierra no existe ese metal. La fricción contra la atmósfera terrestre generalmente provoca que en la superficie del meteorito aparezcan cavidades. Este objeto está liso y, como puede ver, posee forma cilíndrica.

PHILLIPS. ¡Alto! ¡Algo está ocurriendo! Damas y caballeros, ¡es horrible! ¡La superficie de la cosa comienza a desenroscarse! ¡La parte superior gira como si fuera un perno! ¡La cosa, parece ser, está hueca!
VOCES. ¡Se mueve! ¡La maldita cosa se está desenroscando! ¡Hey, allá, atrás! ¡Atrás, se los ordeno! ¡Es posible que haya gente que intente salir! ¡Está tan caliente, al rojo vivo, se van a incinerar! ¡Hey, allá, atrás! ¡Aparten a esos imbéciles!

DE PRONTO SE ESCUCHA UN ESTRÉPITO,
COMO EL QUE PRODUCE UN GRAN TROZO DE METAL AL CAER.

VOCES: ¡Se desprendió! ¡Se ha caído la tapa! ¡Miren allá! ¡Atrás!

PHILLIPS. Damas y caballeros, es la cosa más espantosa que haya visto alguna vez en mi vida... Un momento, ALGUIEN está saliendo de ella a través de la parte superior. ¿Alguien o... algo? Veo cómo de ese agujero negro asoman dos discos brillantes... ¿son ojos? Puede ser es un rostro. Es posible.

GRITOS DE HORROR DE LA MULTITUD.

Dios Misericordioso, de la oscuridad ha surgido algo reptante como una serpiente gris. Y otra, y otra más. Me recuerdan a los tentáculos. Y más allá veo el cuerpo de esta criatura. Es del tamaño de un oso y resplandece, como una piel húmeda. ¡Pero el rostro! Es... es indescriptible. Con gran trabajo me obligo a mirarlo. Los ojos son negros y brillan, como los de las serpientes. El hocico es con forma de U, con unos labios dibujados con imprecisión, los cuales se mueven y pulsan, y a través de los cuales escurre la saliva. El monstruo, o como se le pueda llamar, se mueve con dificultad. Parece que está pegado a la Tierra... por la fuerza de atracción gravitatoria o por algo más. Se pone de pie. La multitud retrocede. Ya han mirado lo suficiente. La sensación es de algo increíble. No puedo encontrar las palabras... Retrocedo y llevo conmigo el cordón del micrófono. Me siento forzado a interrumpir esta descripción, mientras no ocupo una nueva posición. Les ruego que no se aparte de sus radiorreceptores, regreso al aire en un minuto.

CORTE A MÚSICA DE FORTEPIANO.

LOCUTOR. Transmitimos el reportaje de un testigo de lo que ocurre en la granja Wilmouth en Grovers-Mill, Nueva Jersey.

DE NUEVO CORTE A MÚSICA DE FORTEPIANO.

Regresamos con Carl Phillips a Grovers-Mill.

PHILLIPS. Damas y caballeros (¿estoy o no al aire?), damas y caballeros, soy yo nuevamente. Me encuentro tras un muro de piedra, la cual rodea el jardín de Mister Wilmouth. Desde aquí miro lo que ocurre. Voy a narrarles todos los detalles, mientras pueda hablar. Mientras pueda ver. Han llegado los refuerzos de la policía del estado. Han instalado un cordón ante el pozo, son unos treinta hombres. Ahora ya no es preciso contener a la multitud. Las mismas personas han puesto tierra de por medio. El capitán se pone de acuerdo con alguien. No se alcanza a ver bien con quien. Oh, sí, parece ser el profesor Pierson. En efecto, él es. Se han separado. El profesor se dirige a un extremo, estudiando el objeto, al mismo tiempo que el capitán y otros dos policías avanzan, sosteniendo algo en las manos. Ahora puedo verlo, es un pañuelo blanco atado a una vara... la bandera de la paz. Si estas criaturas saben lo que significa... lo que en general pueda significar. ¡Un momento! Algo ocurre.

SILBIDO, TRAS EL CUAL SE ESCUCHA
UN ZUMBIDO QUE AUMENTA EN INTENSIDAD.

En el pozo aparece una construcción encorvada. Yo distingo un pequeño rayo de luz que sale de un espejo. ¿Qué es eso? ¡Del espejo surge un fluido de llamas y se dirige directamente a las personas que se aproximan! ¡Les da directamente a ellos! ¡Dios Misericordioso, están ardiendo como antorchas!

ALARIDOS, EXCLAMACIONES DE HORROR, GRITOS.

Ahora todo el campo está cubierto por el fuego. (EXPLOSIONES.) El bosque... las caballerizas... los depósitos de gasolina de los autos... las llamas se extienden por todos lados. El rayo se dirige hacia acá, aproximadamente a unas 20 yardas de mí...

EL MICRÓFONO CAE. SILENCIO SEPULCRAL.

LOCUTOR. Damas y caballeros, por causas de fuerza mayor no podemos continuar nuestra transmisión de Grovers-Mill. Por lo visto ha ocurrido algún desperfecto con nuestra unidad móvil. Sin embargo, volveremos allá en la primera oportunidad. Acabamos de recibir el último boletín de noticias desde San Diego, California. Al participar en la comida que celebra la Sociedad Astronómica de California, el profesor Indelkoffer ha expresado su opinión, según la cual, las explosiones de Marte, indudablemente, se deben a fuertes sismos de origen volcánico en la superficie del planeta. Mientras tanto, un interludio para fortepiano.

MÚSICA DE FORTEPIANO. INTERRUPCIÓN.

Damas y caballeros, me acaban de entregar un boletín transmitido vía telefónica desde Grovers-Mill... Un segundo... Por lo menos cuarenta personas, entre ellos seis agentes de la policía, yacen muertos en el campo, no lejos de la población de Grovers-Mill. Sus cuerpos se han carbonizado y desfigurado hasta ser irreconocibles. La voz que van a escuchar a continuación, es del General Brigadier Montgomery Smith, que comanda a la guardia nacional en Tranton, New Jersey.

SMITH: El gobernador del estado de New Jersey me ha exigido la conducción de acciones de guerra en los alrededores de Mercier y Midlsex desde Princeton, al poniente, hasta Jamesburg al oriente. Se prohibe el ingreso a esta zona, sin un salvoconducto especial, otorgado por las autoridades del estado o las fuerzas armadas. Cuatro campañas estatales fueron enviadas desde Tranton hacia Grovers-Mill y ayudarán a la evacuación de los habitantes de las regiones en estado de guerra. Muchas gracias por su atención.
LOCUTOR: Acaban de escuchar al General Montgomery Smith, comandante de la guardia nacional en Tranton. Al mismo tiempo, arriban nuevos informes de la catástrofe en Grovers-Mill. Las extrañas criaturas, luego de su ataque mortal, se han retirado a sus respectivos agujeros y no parecen adoptar ninguna medida para impedir los esfuerzos de los bomberos para trasladar los cadáveres y apagar los incendios. Los equipos de bomberos de los alrededores de Mercier han unido esfuerzos y luchan contra el fuego que invade toda la zona. No podemos establecer el contacto con nuestra unidad remota en Grovers-Mill, pero tenemos la esperanza de regresarlos a ese sitio en la primera oportunidad. Mientras tanto los llevaremos a... —¡oh!, un segundo, por favor.

UNA LARGA PAUSA. RUMOR.

¡Damas y caballeros! Me acaban de informar, que por fin reestablecimos el contacto con los testigos de la tragedia. El profesor Pierson se encuentra en la granja cerca de Grovers-MIll, donde ha construido un punto temporal de observación. Como científico, el transmitirá a ustedes su explicación del desastre. La voz que escucharán es del profesor. En la línea, el profesor Pierson.

PIERSON: Acerca de las criaturas del cohete cilíndrico en Grovers-Mill no tengo la autoridad para dar información alguna, en lo que se refiere a su composición, procedencia y objetivo sobre la Tierra. En lo que se refiere a su armamento destructivo, tan solo puedo hacer suposiciones... Y aunque este término no es preciso, en ausencia de algo mejor, le voy a llamar el arma misteriosa del rayo calórico. Es perfectamente claro que estas criaturas nos superan con creces en conocimientos científicos. Supongo que ellos tienen la capacidad de concentrar una fuerte calor en un dispositivo prácticamente no calorífero. Ellos proyectan este calor concentrado en forma de un rayo paralelo sobre cualquier objeto seleccionado por ellos, con la ayuda de un espejo parabólico de estructura desconocida, parecido a la forma como el espejo de los faros proyecta su luz. Tal es mi suposición de la naturaleza del rayo calórico...

LOCUTOR: Se lo agradezco, profesor Pierson. ¡Damas y caballeros! Este es el último boletín de noticias desde Tranton. En este breve comunicado se nos informa que en el hospital civil de Tranton se ha identificado el cuerpo carbonizado de Carl Phillips. Y he aquí un boletín más de Washington, del área de Columbia. El representante del director de la Cruz Roja Nacional nos informa que diez brigadas de salvación de la Cruz Roja se han registrado al cuartel de la guardia nacional, localizado en las proximidades de Grovers-Mill, en el estado de New Jersey. Y en otro boletín de la dirección de policía de Princeton. Los incendios en Grovers-Mill y los alrededores se encuentra bajo control. Los investigadores informan que en el agujero todo esta en calma y el cilindro no da señales de vida. Y ahora, damas y caballeros, con un anuncio especial, está con nosotros Mister Harry MacDonald, vicepresidente del cuartel de acciones de guerra.

MACDONALD PRONUNCIA SU DISCURSO, ANUNCIANDO QUE TODAS LAS ESTACIONES DE RADIO SE HAN ENTREGADO A LA GUARDIA NACIONAL. UN TAL CAPITÁN LANSING INFORMA QUE LA SITUACIÓN SE ENCUENTRA COMPLETAMENTE BAJO CONTROL. SUS SOLDADOS, UNOS 7000 HOMBRES, AVANZAN AL ENCUENTRO DEL PUÑADO DE AGRESORES Y SUS BARRILES METÁLICOS. FINALIZA SU INTERVENCIÓN.

LANSING: ¡Oh, esperen! Veo algo en la parte superior del cilindro. Algo que se mueve... de aspecto metálico: una cosa en forma de caparazón se eleva del interior del cilindro. Y sube cada vez más. ¡Qué es eso! Se pone de pie... La cosa se apoya en algo similar a un chasis metálico. Y ha llegado más arriba de los árboles, y dentro de ella se ha encendido un proyector. No se retiren de sus radiorreceptores.

ACLARACIÓN DEL REDACTOR. ES PROBABLE QUE LOS SIGUIENTES MINUTOS DE LA REPRESENTACIÓN SEAN CULPABLES DE QUE UNA PARTE DE LOS RADIOESCUCHAS, QUE APENAS HAYAN SINTONIZADO SUS RECEPTORES EN LA FRECUENCIA DE CBS, ESTÉN LLENOS DE PÁNICO. ESTABAN CONVENCIDOS DE QUE ESCUCHAN LAS ÚLTIMAS NOTICIAS , Y LA «DECLARACIÓN DEL SECRETARIO DE ESTADO» LE CONFIRIÓ VERACIDAD A TODO LO EXPRESADO.

LOCUTOR: Damas y caballeros, debo comunicar un serio aviso. Dada la razón de que parecían completamente falsas las observaciones científicas y las pruebas ante nuestros ojos, nos conducen a la inevitable suposición de que las extrañas criaturas que hoy por la tarde se posaron en una granja en el estado de New Jersey, son las avanzadas de un ejército de invasión proveniente del planeta Marte. La batalla que se sostuvo hoy al anochecer en Grovers-Mill, terminó con una de las derrotas más catastróficas, que en cualquier momento de nuestra época haya sufrido nuestro ejército; 7000 hombres, armados de rifles y ametralladoras, se enfrentaron contra la única máquinas de guerra de los agresores de Marte. Se sabe que se perdieron 120 hombres.

El resto de ellos, se encuentra disperso por los campos de batalla desde Grovers-Mill hasta Planesboro, aniquilados y aplastados por las patas metálicas del monstruo, convertidos en cenizas por su rayo calórico. Ahora, el monstruo tiene bajo su control la parte central del estado de New Jersey, dividiéndolo por la mitad. Las líneas de comunicación han sido destruidas desde Pennsylvania hasta el océano Atlántico. Los ferrocarriles están desmantelados y la comunicación entre Nueva York y Filadelfia se encuentra interrumpida, sin contar los diversos trenes que corren a través de Alentown y Deniksville.

La autopista que conduce al norte, sur y occidente está repleta de masas de gente que huye desbocada. La policía y los reservistas del ejército son incapaces de controlar esta huida sin rumbo. Como lo suponen, al amanecer los refugiados van a superar la población de Filadelfia, Camden y Tranton. En este momento se lleva a cabo un estado de guerra en todo el territorio de New Jersey y en el oriente de Pennsylvania; ahora, nos trasladamos a Washington para una transmisión especial sobre esta catástrofe nacional... Al micrófono, el secretario de Estado...

SECRETARIO DE ESTADO: ¡Ciudadanos! No voy a intentar ocultar la seriedad del problema en la que ha resultado nuestro país, ni en la decisión de nuestro gobierno de defender la vida y las propiedades de nuestra población. Sin embargo, quiero dirigir su atención —de los pobladores comunes y de las gobernantes— en la necesidad de actuar tranquila y reflexivamente. Para nuestra suerte, el enemigo está aislado a una zona relativamente pequeña y nosotros debemos confiar en las fuerzas armadas que hacen todo lo posible por controlarlo. Al mismo tiempo, rogamos a Dios para que cada uno de nosotros cumpla su deber para enfrentar al enemigo mediante una nación unida y valiente, con el compromiso de conservar la supremacía de la raza humana sobre la Tierra. Gracias por su atención.

LOCUTOR: Acaban de escuchar la intervención del secretario de Estado, que les hemos transmitido desde Washington. Los boletines son innumerables y no podemos leerlos todos, crecen a montones en nuestro estudio.

Nos acaba de informar que el enlace radiofónico con la parte central del estado de New Jersey se ha interrumpido, debido a cierto efecto que produce el rayo calórico en las líneas de alimentación eléctrica y en la infraestructura. Otro boletín de Nueva York. De los centros científicos de Inglaterra, Francia y Alemania se han recibido telegramas con peticiones de ayuda. Los astrónomos informan sobre la continuación de los periodos regulares de tiempo entre las explosiones de gas que se están produciendo en el planeta Marte. La mayoría de ellos supone que el enemigo recibirá apoyo de otros cohetes similares. Se han adoptado medidas para localizar el paradero del profesor Pierson de Princeton, quien observó a los marcianos con sus propios ojos. Se teme que haya sucumbido en la última batalla.

Laenhemfield, Virginia, desde los aviones espías nos informan que sobre las copas de los árboles se ven tres aparatos de los marcianos que se mueven hacia el norte, en dirección de Summerville, mientras tanto, la población abandona sus viviendas. El rayo calórico aun no se utiliza. A pesar de que los aparatos se mueven con la velocidad de un expreso, los agresores eligen cuidadosamente su camino. Parece que conscientemente se esfuerzan por evitar las destrucciones de las ciudades y los campos. Sin embargo, se detienen para destruir las líneas de alimentación eléctrica, los puentes y los ferrocarriles. Su objetivo evidente es desmantelar la oposición, paralizar los medios de comunicación y por lo tanto, desorganizar nuestra sociedad.

He aquí otro boletín de Basking-Ridge, del estado de New Jersey. Unos cazadores vieron un segundo cilindro, similar al primero, que se ha dirigido al gran pantano al sur de Morristown. El ejército de infantería arriba desde Newark para destruir la segunda nave de los agresores, aprovechando que no están en posición de batalla. Los hombres ocupan posiciones en los contrafuertes de las montañas de Wotchange. Una boletín más de Laenhemfield, Virginia. Desde los aviones espías informan que los aparatos enemigos — tres en total—, han aumentado su velocidad hacia el norte, pasando sobre las casas y las aldeas. Es obvio que desean unirse a sus congéneres al sur de Morristown. Los aparatos también han sido avistados por los telefonistas al oriente de Midlsex en un radio de diez millas de Planefield.

Otro boletín de Winstonfield, del estado de Long Island; una escuadra de bombarderos, con bombas de gran calibre vuela hacia el norte, siguiendo al enemigo. Los aviones espías los conducen hacia su objetivo. El enemigo se encuentra en una zona de amplia visibilidad. Un minuto, por favor. Damas y caballeros, hemos extendido nuestra línea hasta las posiciones de artillería en los poblados de los alrededores, para dar a ustedes la oportunidad de escuchar los reportajes directos desde la zona de invasión del enemigo. En este momento los llevaremos hasta la trinchera del vigésimo segundo regimiento de artillería, distribuido en las montañas de Wotchange.

SE ESCUCHA COMO UN OFICIAL DA AL COMANDO LA CUENTA REGRESIVA PARA ABRIR FUEGO SOBRE LOS MARCIANOS. LOS MARCIANOS RESPONDE CON GASES QUE DESTRUYEN AL EJÉRCITO. LA SIGUIENTE VOZ PERTENECE A UN PILOTO DE GUERRA QUE PARTIÓ DE BAYONNA, NEW JERSEY. ÉL COMANDA OCHO BOMBARDEROS. DETECTAN AL ENEMIGO Y SE PREPARAN PARA EL ATAQUE. LOS MARCIANOS LOS ENVUELVEN EN FUEGO, REDUCIÉNDOLOS A NADA. EN EL AIRE SE ESCUCHAN LAS VOCES DE DIVERSOS LOCUTORES, QUIENES INFORMAN LAS NOTICIAS DEL ARRIBO DE LOS MARCIANOS A NUEVA YORK. DE NUEVO, EN EL AIRE, LA VOZ DEL LOCUTOR DE NUEVA YORK.

LOCUTOR: Estoy transmitiendo desde el techo de la Casa del Radio en Nueva York. Las campanas que escuchan, alertan con su repique a las personas sobre la necesidad de abandonar la ciudad ante la amenaza que se cierne sobre nosotros. En las últimas dos horas, según cálculos aproximados, tres millones de personas salieron a los caminos que conducen a la autopista de Hutchinson River, abierta al tránsito automovilístico. Evite los puentes sobre Long Island... Están irremediablemente bloqueados. Todos las vías de comunicación en la rivera del Jersey se cerraron unos diez minutos atrás. No hay más defensas. Nuestro ejército está aniquilado... la artillería y la aviación... han sucumbido. Esta, tal vez, sea la última transmisión radiofónica. Permaneceremos aquí hasta el final... Abajo, a nuestros pies... en la catedral... la gente reza.

VOCES QUE ENTONAN UN SALMO.

Ahora, miro hacia el puerto. Barcos, de diversos tamaños sobrecargados de refugiados, se alejan de los muelles.

SONIDOS DE SIRENAS DE BARCOS.

Todas las calles están llenas de gente. El ruido es tal, como en las vísperas de la Navidad. Esperen. El enemigo se avista sobre Palisades. Cinco enormes máquinas. La primera cruza el río. Alcanzo a verla desde aquí. Cruza un vado del Hudson, como un hombre que atraviesa un arroyuelo... Me acaban de tender un boletín... los cilindros de los marcianos caen por todo el país... Hay uno en las proximidades de Buffalo, otro en Chicago, Saint Louis... da la impresión que caen en lugares específicos y con un horario determinado.

... La primera máquina sale a la orilla. Permanece de pie, observando, mirando a la ciudad desde arriba. Espera a las restantes. Ahora están de pie, como una cadena de torres nuevas, sobre el extremo occidental de la ciudad. Elevan sus manos. Es el fin. Aparece el humo, un humo negro que se difunde por toda la ciudad. Lo ha visto la gente en las calles. Corren hacia el East River... son miles que se arrojan a las aguas, como ratas. El humo se mueve más rápido. Alcanza el Times Square. La gente intenta huir de él, pero es infructuoso. Caen como moscas. El humo atraviesa la 6a. avenida... la 5a. avenida... está a cien yardas... a unos 50 pies..

VOZ DEL RADIOTELEGRAFISTA: 2x2 llama a CQ. 2x2 llama a CQ. 2x2 llama a CQ... Nueva York. ¿Hay alguien al aire? ¿Hay alguien...? 2x2...

INTERRUPCIÓN DE CIERTA DURACIÓN.

LOCUTOR: Escuchan la estación CBS, que presenta al aire a Orson Welles y el «Mercury Theatre» en la radiopieza «La Guerra de los Mundos» de H. G. Wells. Después de una breve interrupción continuaremos.

«Columbia Broadcasting System».
LOCUTOR: «La Guerra de los Mundos» de H. G. Wells, con la participación de Orson Welles y el «Mercury Theatre» al aire.

MÚSICA.

ACLARACIÓN DEL REDACTOR. EN ESTE MOMENTO, DESPUÉS DE MEDIA HORA DE TRANSMISIÓN, SE HA COMETIDO ALGO MALO. ENTRE LOS RADIOESCUCHAS CUNDIÓ EL PÁNICO. LAS DELEGACIONES DE LA POLICÍA SE ENCUENTRAN ASEDIADAS, LOS CONMUTADORES TELEFÓNICOS DE TODO EL ORIENTE DEL PAÍS ESTÁN IRREMEDIABLEMENTE ATASCADOS. LAS AUTOPISTAS DEL ESTADO DE NUEVA JERSEY SEMEJAN UN MATADERO. NUNCA ANTES SE HABÍA DIFUNDIDO UN MALENTENDIDO CON TANTA VELOCIDAD, COMO UN FUEGO EN LA ESTEPA. PERO LOS RADIOESCUCHAS INTELIGENTES COMPRENDIERON RÁPIDAMENTE QUE ESTABAN ESCUCHANDO UNA TRANSMISIÓN LITERARIA Y NO LAS ÚLTIMAS NOTICIAS. POR CUANTO EL GUIÓN REPRESENTA INTERÉS PARA EL PÚBLICO, LO NARRAREMOS HASTA EL FINAL EN UNA VERSIÓN MÁS REDUCIDA.

PIERSON. Al mismo tiempo que escribo estas líneas, me abruma la idea de que yo soy el último hombre sobre la Tierra. Me oculto en esta casa abandonada cerca de Grovers-Mill, una pequeña isla de luz, separada del resto del mundo por un humo negro. Miro mis manos ennegrecidas, mis botas deshechas, mi vestimenta reducida a harapos y trato de relacionar todo esto con el profesor que habita en Princeton, y quien el 20 de octubre descubrió con su telescopio una explosión de luz anaranjada en un planeta lejano. Escribo día a día mi vida, y me digo que en las páginas de esta libreta de notas conservo la historia de la humanidad...

Pero para escribir debo vivir, y para vivir, debo comer... En la cocina encontré un pan mohoso y una naranja podrida, pero no tanto que no se pudiera comer. Continúo vigilando desde la ventana. De cuando en cuando, sobre el humo negro, veo a un marciano.

Con gran terror, sigo escribiendo...

... Por la mañana. Por la ventana se filtran los rayos solares. Una nube negra de vapor se eleva. Me arriesgo a salir de casa. No hay ningún movimiento. Por todos lados hay automóviles destrozados. Me dirijo al norte. Al día siguiente arribé a la ciudad, familiar por sus formas, pero estaba irreconocible. Los edificios estaban reducidos en tamaño, mutilados, como si un gigante, con un movimiento caprichoso de la mano, hubiera cortado las torres más altas. Encontré a Newark no destruida, sino aniquilada por el capricho de los invasores marcianos. De pronto, con la extraña sensación de que alguien me observaba, descubrí algo sobre la Tierra, en el umbral de una casa. Di un paso a su encuentro y la figura se puso de pie y se convirtió en un hombre, armado con un gran cuchillo.

DESCONOCIDO: ¡Alto ahí...! ¿De dónde viene?

PIERSON: Vengo de... muchos lugares... Hace tiempo llegué de Princeton. ¿Vio a los marcianos?

DESCONOCIDO: Se marcharon hacia Nueva York. Por las noches el cielo se ilumina con su fuego. Como si en él ahora viviera la gente. Con la luz del día no se dejan ver. Hace cinco días dos de ellos trajeron del aeródromo algo grande, a través de la llanura. Pienso que están aprendiendo a volar.

PIERSON: En tal caso, la humanidad se ha extinguido. Desconocido, sobrevivimos usted y yo. Tan solo somos dos.

EL PROFESOR CONVERSA CON EL DESCONOCIDO. EL DESCONOCIDO ES UN ANTIGUO ARTILLERO. HA PENSADO EN TODO. PIENSA QUE LA GENTE TIENE ESCASOS CONOCIMIENTOS PARA LUCHAR CONTRA LOS MARCIANOS, PERO ES POSIBLE APRENDER. HABLA DE SUS PLANES: VIVIR BAJO LA TIERRA, EN LOS TÚNELES DEL METRO, A DONDE LOS MARCIANOS NO SE ATREVERÁN A BUSCARLO Y APRENDER. LUEGO, CUANDO HAYA REUNIDO A SUFICIENTES VALIENTES, ROBARÁN ALGUNA DE LAS MÁQUINAS MARCIANAS, DIRIGIRÁN LOS RAYOS CALÓRICOS CONTRA LOS MARCIANOS Y LOS ANIQUILARÁN. PERO EL PROFESOR PIERSON NO QUIERE ESCUCHAR ESTE PLAN. EL CAMINA POR EL TUNEL HOLAND BAJO EL HUDSON Y LLEGA A NUEVA YORK.

PIERSON: He llegado a la 14a. avenida, y de nuevo el polvo negro, algunos cadáveres y un olor espantoso que sale a través de las rejillas de los sótanos de las casas. He cruzado las calles 30a y 40a; estuve solo en el Times Square. Vi a un can escuálido corriendo por la 7a. avenida con un pedazo de carne pardinegra en el hocico y una manada más de perros hambrientos siguiéndole los talones. El perro describió un amplio círculo a mi alrededor, como si temiera que yo fuera otro más de los competidores. Subí por Broadway, a lo largo de los aparadores de los comercios, con su mercancía expuesta, por las aceras vacías, junto al teatro «Capitol», silencioso y sombrío, junto al tiro al blanco, donde una fila de fusiles cargados apuntaba a una fila de patos de madera inmóviles. En la sala de exhibición al lado del Columb’s-circle hallé automóviles del modelo 39, dirigidos hacia las calles vacías. Desde el último piso del edificio de la «General Motors» observé una parvada de pájaros negros que describían círculos en el cielo. Me apresuré a llegar a ese lugar.

De pronto, percibí el capuchón de una máquina marciana, de pie en algún lugar del Central Park, deslumbrante bajo el ocaso. ¡Una pesadilla! Sin pensarlo me lancé al parque a través del Columb’s-circle. Me encaramé a una colina sobre el estanque de la 60a. avenida. Desde ahí podía ver 19 enormes titanes metálicos, en una silenciosa hilera a lo largo del Mell, con los capuchones vacíos y los brazos de acero colgando con apatía. Vanamente busqué a los monstruos que habitaban estas máquinas. De pronto, mi atención fue atraída por una enorme parvada de pájaros negros, que volaban sobre mí. En círculos se pasaron en la tierra, donde frente a mis ojos yacían los marcianos, y las aves hambrientas picoteaban la carne parduzca de sus cadáveres.

Más tarde, cuando investigaron los cadáveres en el laboratorio, se descubrió que los exterminó un microbio, causante de la enfermedad y putrefacción, contra el que su organismo no estaba preparado... Después que los mecanismos de defensa del hombre fueron inutilizados, se extinguieron por un ser diminuto, el cual Dios, con su sabiduría, puso a vivir en esta Tierra.

Hasta antes de la caída del primer cilindro, existía la creencia de que en las profundidades del universo la vida existe solo en la pequeña superficie de nuestro diminuto globo. Ahora, vemos con mayor alcance. La visión que tengo, compleja y maravillosa, de que la vida se dispersa lentamente de esta cuna que es el sistema solar, por todo el espacio estelar inhabitado. Pero esto es tan solo un sueño. Es probable que la destrucción de los marcianos sea tan solo un capítulo de una condena a muerte preparada a ellos y no a nosotros en el futuro.

Me siento extraño en mi tranquilo gabinete en Princeton al terminar el capítulo del diario, iniciado en la granja en Grovers-Mill, ver en la ventana las agujas de la universidad, ocultas en la neblina azulosa de abril, mirar a los niños, jugando en las calles, y a los jóvenes paseando por la fresca hierba primaveral, que cura las últimas cicatrices negras de la Tierra, ver a los turistas, que visitan el museo donde se exhiben a la vista de todos las partes de la máquina marciana.

WELLES. Damas y caballeros, les habla Orson Welles, para demostrarles que «La Guerra de los Mundos» no tiene otro sentido que el de servir como un regalo de festividades. Esto es lo mismo que si un conocido de nosotros nos bromeara envolviéndose en una sábana y saliendo detrás de un matorral dando alaridos. Como no podemos embarrar de jabón todas las ventanas de nuestros radioescuchas ni quitar todas las verjas de las vallas, el «Mercury Theatre» encontró su propia versión para jugar una broma.

Ante sus propios ojos destruimos el mundo y acabamos por completo con el «Columbia Broadcasting System». Espero que se tranquilicen al saber que lo hicimos a propósito y que el mundo y el CBS están ilesos. Y bien, les deseo lo mejor, y por favor, no olviden en el mañana esta terrible lección que han aprendido ahora.

FIN DEL PROGRAMA

LOCUTOR: «Columbia Broadcasting System» y sus repetidoras en todo el país transmitieron «La Guerra de los Mundos» de Herbert G. Wells... La decimoséptima transmisión semanal de una serie de dramatizaciones con la participación de Orson Welles y el teatro «Mercury».

1938*

Welles about Welles. Raduga, Moscú, 1990. Pp 268-283 Traducción del ruso de Oscar Carbajal.


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PACHECO, EL HEREDERO DE OCTAVIO PAZ

José Emilio Pacheco
“¿Cómo me va a conocer el lector español si somos tantos poetas en la misma lengua?”
Reportaje de Nuria Azancot (El Cultural) *
Dicen que al poeta mexicano José Emilio Pacheco (1939) no le gustan las entrevistas, pero él niega la mayor, aunque sólo sea porque su esposa, Cristina, “ha hecho más de 2.000 en prensa, radio y televisión”. Su problema es que “para ser un buen entrevistado necesitas ser Oscar Wilde o Borges”, y él presume de no serlo, de ser “pésimo, sin ingenio”.

Leer: Seis poemas inéditos de José Emilio Pacheco

Sin embargo, el poeta, que el 17 de noviembre recibe en Madrid el premio Reina Sofía de Poesía, rezuma inteligencia y humor. El Cultural conversa con él, ofrece sus ultimísimos poemas inéditos así como otros tres inéditos, reunidos en Contraelegía (Universidad de Salamanca), y analiza su trayectoria de la mano de Joaquín Marco.

Autor de culto para los amantes de la poesía hispanoamericana del siglo XX, un José Emilio Pacheco algo achacoso, agobiado por cien mil compromisos, nos sorprende con su divertido escepticismo. Por una parte, reconoce haber encontrado, “por suerte y desde hace muchos años, la mayor generosidad por parte de los poetas españoles”, pero tampoco deja de apuntar que “no es culpa de ellos que el público lector de España no me conozca. ¿Cómo me va a conocer si somos tantos en tantos países de la misma lengua?”. Con una confesión así, la primera pregunta parece obligada:

-Si no le conocemos aún, ¿cuál sería su autorretrato?
-Es imposible trazar un autorretrato sin photoshop verbal. El único autorretrato posible, porque es involuntario, es el que está en los poemas. Los poemas no mienten, yo sí.

-En sus poemas late cierta tensión de fondo entre el compromiso político, la responsabilidad cívica, y la tensión poética: ¿cómo logra mantener el equilibrio?
-Sólo puedo escribir sobre lo que me afecta y me preocupa. No me digo: “Voy a hacer unos versos en que se manifieste mi responsabilidad cívica”. Es algo menos voluntario de lo que suponemos.

-Sin duda, pero, ¿cuál debería ser la relación entre la poesía y la realidad/actualidad?
-No creo en el debe. No impondría a nadie la obligación de escribir poemas “sociales” o lírica abstracta. Me limito a juzgar los resultados. Hay miles de poemas políticos abominables, pero no tantos como pésimos poemas de amor.

Bajo el tiempo inclemente
-Fue amigo de Octavio Paz, pero no quiso conocer a Pablo Neruda por timidez. También trató mucho a Luis Cernuda y se carteó con Aleixandre...
-Sí, tuve una relación de cuarenta años con Paz, a veces, como era inevitable, muy difícil y en otras muy cercana, como sucedió por fortuna en el último año de su vida. Debo mucho a las enseñanza de Paz y aún me sé de memoria partes enteras de Piedra de sol. Pero no sólo fui tímido con Neruda, también con Aleixandre: jamás me atreví a importunarlo en Velintonia, 8, aunque él nos escribió a todos los autores de esa época. Esta función de Aleixandre me parece que no se reconoce como se debe. Otro tanto puedo decir de Max Aub. En cambio, con Cernuda me ocurrió algo siniestro. Por el desorden aludido guardé la única carta suya que me envió en la edición 1958 de La realidad y el deseo. Alguien se llevó de mi casa el ejemplar y la carta. De modo que en la Correspondencia de Cernuda, tan bien editada por James Valender para la Residencia de Estudiantes, figuran no sus líneas sino las mías, por desgracia.

Ahora, sin embargo, José Emilio Pacheco prefiere no hablar de los poetas españoles contemporáneos que lee y admira, porque “han sido tantos y durante tantos años los que me han ayudado que su enumeración parecería un intento servil de congraciarse”.

-De todas formas, ¿cómo ve a los poetas de su generación?
-Los veo a la luz de un epigrama anónimo:“Bajo el tiempo inclemente/ Llegué a los días extraños / De ver vieja a la gente/ Que es de mi edad y mis años.” No sé cuál es mi generación: nací el 30 de junio de 1939, muy tarde para ser de la generación de los treinta y muy temprano para formar parte de la generación de los cuarenta. Pero de mis más o menos contemporáneos y amigos puedo afirmar que tienen sin duda las cualidades que yo no poseo.

-¿Y cuál es su relación con los poetas jóvenes de su país, esos que aprenden en la escuela sus versos?
-Son tantos que sólo me es posible conocer a unos cuantos, o unas cuantas, porque el número de mujeres es abrumador en la nueva poesía mexicana. Con ellas y ellos mi relación es magnífica ya que no tengo ínfulas de magisterio ni busco crear un discipulado. Cuando alguien me pide consejos respondo que se los doy con mucho gusto, sólo que a cambio de que ellos me aconsejen también, porque en éste ya no tan nuevo siglo las muchachas y los jóvenes son los nativos y nosotros los inmigrantes que llegan de otra época y de otro mundo.

-Tras varios años de silencio, ahora coinciden en España y México Como la lluvia, La edad de las tinieblas, y Contraelegía, el libro del Premio que editó en la Universidad de Salamanca Francisca Noguerol. ¿A qué se debe esa coincidencia?
-A no saber planificar una carrera literaria. Trabajé mucho en la década que termina. Para no inflar mi bibliografía no quise publicar cuadernos aislados. Preferí reunirlos en un libro, Como la lluvia, tal vez demasiado extenso y variado e imposible de comentar. Chus Visor en España y Marcelo Uribe, el editor de Era, en México, me hicieron ver que la última sección, los poemas en prosa, formaban un volumen aparte y lo publicamos como La edad de las tinieblas. La antología del Premio tiene un excelente estudio de Paqui Noguerol. Con su inteligencia y su sabiduría me ha enseñado muchas cosas acerca de mí mismo.

Lo que no ha tenido que aprender, desde luego, es que al escribir un poema sólo pretende eso, porque al terminarlo “él me dirá qué buscaba yo”. Y que no hay fórmulas secretas ni “regla general”: “Hay unos poemas, muy pocos, que han salido de primera intención tal como están y otros que son producto de incontables versiones” .

Secreto desorden
-¿Cuál es su rutina de trabajo? ¿Es de verdad tan desorganizado como presume?
-No presumo: me avergöenzo y sufro mucho por mi desorden. Quisiera ser organizado y metódico pero tuve una reacción neurótica contra la disciplina militar de mi padre. Lo que sí intento es no dejar de trabajar nunca. Ya que es imposible e indeseable hacer poemas todos los días, he hallado un camino intermedio en las versiones poéticas que saldrán el año próximo. Tal vez serán el último libro en la historia que se ha llevado cincuenta años de trabajo. Comencé en la escuela con los epigramas griegos y termino ahora con los haikus japoneses y la versión de los Cuatro Cuartetos de Eliot que publicará Alianza después de 25 años de prometerlos para la semana próxima.

La angustia de los emails
-¿Y cómo se lleva con el ordenador, Internet, el e-book y demás inventos?
-No pretendo ser lo que no soy. Pienso en la décima de Moratín sobre los niños que en Francia hablan el francés con la fluidez y la perfección que nunca alcanzará un anciano en ningún otro lado. El mundo electrónico es para quienes nacieron en él. Empleo con gusto el ordenador. Es la máquina de cantar con la que soñó Antonio Machado porque resulta ideal para ver los poemas que son objetos sonoros pero también visuales. Encuentro muchas cosas valiosas en Internet pero si pasan de tres páginas necesito imprimirlas para leerlas. Respecto de la correspondencia, es un motivo de angustia. En tres meses de ir y venir porque el Reina Sofía coincidió con la generosísima celebración de mis 70 años, he acumulado 2.400 correos. ¿A qué horas, con qué fuerzas voy a responderlos? Cada persona espera la contestación a la que tiene derecho y yo no puedo dársela. Es terrible.

* www.elcultural.es ( 13/11/2009 )

Leer: El Premio Cervantes 2009 para José Emilio Pacheco
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KATEB YACINE, EL ETERNO PERTURBADOR

De las palabras que practican la lucha
Por Marina Da Silva
(Le Monde Diplomatique)
El escritor argelino Kateb Yacine, fallecido hace ya veinte años, sigue teniendo cierta popularidad en su país de origen, donde se le acaba de dedicar un coloquio internacional. Símbolo de la revuelta contra todas las formas de injusticia, este poeta permanece como el emblema de una conciencia insumisa, determinada a soñar, pensar y actuar de pie.

Lire quelques poèmes d'apres Kateb Yacine

“El verdadero poeta, incluso en una corriente progresista, debe manifestar sus desacuerdos. Si no se expresa plenamente, se ahoga: ésa es su función. Él hace su revolución en el interior de la revolución política; es, en el seno mismo de la perturbación, ese eterno perturbador. Su drama reside en ser puesto al servicio de una lucha revolucionaria, a él, que no puede ni debe transar con las apariencias fugaces. El poeta es la revolución en estado puro, el movimiento mismo de la vida en una incesante explosión” (1).

Kateb Yacine, novelista y dramaturgo visionario, considerado el fundador de la literatura argelina moderna por su novela Nedjma (Estrella), era ante todo un poeta rebelde. Veinte años después de su desaparición, ocupa en Argelia “el lugar del mito; como en todas las sociedades, no necesariamente se conoce su obra, pero él está inscripto en las idiosincrasias y en el discurso social” (2), y permanece como una de las figuras a la vez más importantes y reveladoras de la historia franco-argelina.

Kateb –palabra que significa “escritor” en árabe– nació en una familia culta perteneciente a la tribu de los Keblut, de la tierra del Nador (en el Este argelino). El 8 de mayo de 1945, cuando aún no había cumplido los 16 años, participó en los levantamientos populares por la independencia de Constantina. Luego de una represión, que provocó cerca de 45.000 muertes, fue detenido en Sétif y encarcelado durante tres meses. Su madre, por quien él sentía un profundo apego –la que lo había iniciado en la tradición oral y en la poesía– se hundió en la locura. Esa fecha, el 8 de mayo, marcó para siempre la existencia, el compromiso y la escritura de Kateb.

En septiembre de ese mismo año, en Annaba, el joven se enamoró perdidamente de una de sus primas, Zoulheikha. Ella inspiraría Nedjma, una obra fundacional escrita en francés, que sacudiría por completo la escritura magrebí. Se trata de una historia metafórica en la que cuatro jóvenes –Rachid, Lakhdar, Mourad y Mustapha– gravitan en torno a Nedjma, en busca de un amor imposible y una reconciliación con su tierra natal y los ancestros. La muchacha, bella e inaccesible, simboliza también la Argelia que resiste sin cesar a sus invasores, desde los romanos hasta los franceses. En el centro de la obra –pluridimensional y polifónica– se halla la cuestión de la identidad, tanto de los personajes como la de una nación.

Nedjma se convertiría en una referencia permanente en la obra de Kateb, amplificada en particular en El polígono estrellado, pero también en su teatro (El círculo de las represalias) y su poesía. Para Moa Abaid, un actor que lo admiraba, Kateb era “un director genial, cercano a la realidad, que trabajó verdaderamente en la construcción del personaje para hablar en público sin camuflaje ni maquillaje. Su utilización de la metáfora y la alegoría no es un rodeo, dado que siempre dijo en voz alta lo que pensaba, sino que proviene del patrimonio cultural árabe-musulmán”.

La vida misma de Kateb fue tan libre y libertaria, tan indolente y provocadora, tan indescifrable y deslumbrante como su obra. Militó con toda su alma por la independencia, primero en el Partido Popular Argelino y luego en el Partido Comunista. Se comprometió ante todo con “los condenados de la tierra”, cuyos combates hacía oír afanosamente: “Para llegar al horizonte del mundo se debe hablar de Palestina y recordar Vietnam, pasando por el Magreb”.

Un “poder explosivo”

Exiliado en 1951, vivió en una extrema precariedad hasta el final de la guerra de la independencia (1954-1962), sobre todo en Francia, acosado por la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST, por sus siglas en francés) y sin dejar de viajar. Yacine volvió a Argelia tras el levantamiento terrible y eufórico de 1962, pero enseguida se desilusionó. Allí se sentía “un marciano”, y emprendió un segundo período de viajes –Moscú, Hanoi, Damasco, Nueva York, El Cairo–. “En realidad, nunca creí que la independencia fuera el fin de las dificultades; sabía bien que iba a ser muy difícil.”

Cuando decidió instalarse más permanentemente en Argelia en 1970, abandonó la escritura en francés y se lanzó a una experiencia teatral en lengua dialectal, cuyo tono está marcado por Mohamed toma tu maleta, una obra de culto. Fundador de la Acción Cultural de los Trabajadores (ACT), montó sus obras en los sitios más apartados e improbables: fábricas, cuarteles, hangares, estadios, plazas públicas... con medios muy simples y minimalistas –los actores se visten en escena e interpretan muchos personajes–, empleando el canto y la música como elementos de ritmo y respiración.

“Cuando escribía novelas o poesía me sentía frustrado porque no podía llegar a más de unas pocas decenas de miles de francófonos, mientras que en el teatro hemos llegado en cinco años a casi un millón de espectadores. (...) Estoy en contra de la idea de llegar a Argelia mediante el árabe clásico, porque ésa ya no es la lengua del pueblo; quiero poder dirigirme al pueblo entero, aun cuando se trate de iletrados; quiero tener acceso al gran público, no sólo a los jóvenes, y el gran público incluye a los analfabetos. Hay que hacer una verdadera revolución cultural” (3).

El compromiso político de Kateb determinó fundamentalmente sus elecciones estéticas: “Nuestro teatro es un teatro de combate; en la lucha de clases no se eligen las armas. El teatro es nuestra arma. No puede ser discurso; representamos ante el pueblo lo que el pueblo ha vivido, mezclamos mil experiencias en una sola, lo llevamos más lejos y eso es todo. Somos aprendices de la vida” (4). Para él, sólo la poesía puede dar cuenta de ello, porque es el centro de todas las cosas; la juzga “verdaderamente esencial en la expresión del hombre”. La poesía, con sus imágenes y sus símbolos, abre otra dimensión. “No es ya la abstracción desesperante de una poesía replegada sobre sí misma, reducida a la impotencia, sino todo lo contrario (...). En cualquier caso, confío en [su] poder explosivo, tanto como en los medios conscientes del teatro, del lenguaje controlado, bien manejado” (5).

Un “poder explosivo” que él utilizó en El cadáver cercado, obra cuyo relato gira en torno a la jornada mortal del 8 de mayo de 1945, con el saqueo de tres ciudades del Este argelino –Guelma, Jerrata y Sétif– por parte de las fuerzas coloniales, y que constituye el vínculo entre la historia individual y la historia colectiva. Yacine atravesó el proceso de la colonización y el neocolonialismo, pero también el de la dictadura post-independencia que no dejó de expoliar al pueblo. Luchaba en todos los frentes, denunciando con violencia el fanatismo árabe-islamista, y decía que había que “revolucionar la revolución”.

Aunque consideraba el francés como un “botín de guerra”, también se levantó contra la política de arabización y reivindicó el árabe dialectal y el tamazight (berebere) como lenguas nacionales. Kateb apodaba a los islámicos conservadores “Hermanos monumentos”, y llamaba a la emancipación de las mujeres, que según él eran actrices y portadoras de la historia: “Siempre me impactó la cuestión de las mujeres argelinas en la historia. Desde mi más tierna infancia me ha parecido primordial. Todo lo que he vivido, todo lo que he hecho hasta el presente tuvo a mi madre por fuente primera (...). Cuando se trata sobre todo de la lengua, cuando se trata del despertar de una conciencia, es la madre la que hace pronunciar las primeras palabras al niño, es ella quien construye su mundo” (6).

La amplitud y la radicalidad de su crítica le valieron tantas pasiones como enemistades. Kateb Yacine, que hoy en día es objeto de todas las apropiaciones –para bien y para mal–, sigue siendo el “eterno perturbador” y, como Nedjma, la Estrella inaccesible, o al menos irreducible.
-.-
1 Entrevista con Jean-Marie Serreau, en Le Poète comme un boxeur, Seuil, París, 1994.
2 Benamar Mediene, profesor de la Universidad y autor de Kateb Yacine, le cœur entre les dents, prólogo de Gilles Perrault y Robert Laffont, París, 2006.
3 Entrevista con Abdelkader Djeghloul, Actualité de l’inmigration, Nº 72, París, enero de 1987.
4 Colette Godard, “Le théâtre algérien de Kateb Yacine”, Le Monde, París, 11-9-1975.
5 Kateb Yacine, “Pourquoi j’ai écrit Le Cadavre encerclé”, France-Observateur, París, 1958.
6 Entrevista con El Hassar Benali, en Parce que c’est une femme, Editions des Femmes -Antoinette Fouque, París, 2004.
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GROS ESPIELL: FACHO, VINTENERO, TRAIDOR

El 30 de octubre de 2009 murió Héctor Gross Espiell, un viejo facho, oportunista y vintenero que a los 78 años se hizo izquierdista cuando los hermanos Peirano se le quedaron con un millón de dólares. No merece ser recordado como una buena persona.
Todos los diarios publicaron su obituario, pero ninguno recordó cuando le dió a Alberto Fujimori los elementos jurídicos necesarios para justificar su dictadura, dejando atada de manos a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, organismo que él integró durante años.

Esos actos innobles de Gros le costaron el ostracismo internacional, teniendo desde entonces la entrada prohibida en la OEA y en la ONU. Y en ese ostracismo estuvo hasta que en 2005 lo rescató el presidente y compañero masón Tabaré Vázquez, quien contra viento y marea lo impuso como embajador en Francia, en la Unesco, y lo puso al frente de la delegación que discute en el Tribunal de La Haya la denuncia argentina contra las pasteras.

Héctor Gros Espiell no fue una buena persona, y no merece ser recordada como tal. Por eso aquí va un pequeño dossier recordando sus sombras y sus bajezas.

CUIDADO: GROS ESPIELL PROVOCA AMNESIA
Andrés Capelán (Comcosur - 10.02.05)

Con anterioridad a la designación del socialista Reinaldo Gargano como su Canciller, el presidente electo uruguayo Tabaré Vázquez, había manejado el nombre de Héctor Gros Espiell para volver a ocupar el cargo que desempeñó entre 1990 y 1993 durante el gobierno del Partido Nacional presidido por Luis Alberto Lacalle. Una fuerte movida interna del Partido Socialista (al que Vázquez pertenece), impidió que el hecho se consumara e impuso a Gargano en ese cargo.

Pero antes de ofrecerle la embajada en París, Vázquez le había ofrecido a Gros la representación ante la ONU, y el ex canciller la rechazó. Ese rechazo se entiende perfectamente si se conocen plenamente todos los antecedentes del futuro embajador “progresista” en la ciudad luz. La cantidad de honorables títulos de que hace gala Gros Espiell y la multitud de prestigiosos cargos en los que se ha desempeñado, se pueden encontrar facilmente en cualquier buscador, y resulta abrumadora. Sin embargo, en ninguna de sus biografías o curriculums oficiales se menciona su asesoría al autócrata peruano Alberto Fujimori.

Junto con el brasileño João Clemente Baena Soares, Gros Espiell avaló en nombre de la OEA el autogolpe de Fujimori y las irregulares elecciones peruanas de 1992. Poco después, fue contratado por el autócrata para que encontrara las chicanas jurídicas necesarias para que Perú pudiera recusar la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. Según varias pruebas documentales presentadas durante las posteriores investigaciones que el Congreso peruano realizó sobre estos asuntos, Gros Espiell fue contratado a instancias de Vladimiro Montesinos, el siniestro y corrupto jefe de Inteligencia de Fujimori.

En uno de los "vladiaudios" (nombre que dieron los peruanos a la serie de grabaciones que Montesinos hizo secretamente a las personas con las que se entrevistaba), se escucha la voz de una persona no identificada recordándole al asesor de Fujimori que se aproxima la asamblea de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y Perú tiene varios casos pendientes con ese organismo. Montesinos responde fuerte y claro: (la solución) "está viniendo, está viniendo, lo estoy haciendo llamar al viejito, este Gros, para que nos apoye. Lo voy a llamar ahora para que esté llegando. Va a llegar el 30 acá (Lima) y hay que mandarlo allá (San José de Costa Rica), el viejito es buena gente porque cobra su pasaje y por cada venida 5 mil, 7 mil dólares"...

Por estos desempeños, el flamante embajador uruguayo en Francia está “mal visto” en varios ámbitos internacionales, y de ahí que rechazara el cargo en la ONU. En los ámbitos nacionales, al parecer no sucede esto. Resulta por lo menos curioso que ningún medio de comunicación uruguayo se haya referido al “episodio peruano” de la vida de Gros Espiell, a pesar de haberse ocupado del tema hace poco más de tres años, cuando el parlamento peruano investigó a Montesinos. Esas notas periodísticas todavía están en la “World Wide Web”, pero todo indica que aquí nadie vuelve a leer lo que escribió.

Recién cuando los uruguayos residentes en Francia (a quienes el soberbio Gros Espiell ignoró olímpicamente en su anterior pasaje por Lutecia) lanzaron su campaña de correos electrónicos destinada a que Tabaré Vázquez revea su decisión (algo bastante difícil, conociendo la personalidad del futuro presidente uruguayo), algunos medios comenzaron a mencionar el oscuro pasado de Gros, el mercenario, pero sin abundar demasiado, no sea cosa que alguien se enoje...

GROS ESPIELL A PARÍS. UN NOMBRAMIENTO POCO DIPLOMÁTICO
Desde la OEA sostuvo la dictadura mafiosa de Fujimori y Montesinos
Por: Guillermo Waksman (Brecha – 22.07.05)

La designación de Héctor Gros Espiell como embajador en Francia ha sido la resolución del gobierno electo que cayó peor en todo el mundo, casi literalmente hablando. No queda muy claro cuáles fueron los fundamentos que tuvo Tabaré Vázquez para nombrarlo.

Héctor Gros Espiell, de 78 años de edad, perteneció toda su vida al Partido Nacional (PN), cuya comisión de ética integra actualmente. En 1963 y 1964 había sido subsecretario de Relaciones Exteriores, y en 1990, durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle, ocupó durante dos años y medio la titularidad de la cancillería, antes de ser designado por primera vez embajador en Francia, cargo que ejerció entre 1993 y 1997. Durante la dictadura estuvo fuera del país y fue funcionario internacional, desempeñándose, entre otros organismos, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que funciona en el ámbito de la OEA. Gros es profesor de derecho constitucional en la Universidad de la República, la Católica y la de Montevideo. A partir de mediados de 2002 adquirió notoriedad también por haber sido uno de los principales damnificados del TCB, que lo despojó de lo que él mismo calificó los ahorros de toda su vida y que, según otros ahorristas, pueden estimarse en un millón de dólares.

La posición de Gros con respecto a las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura uruguaya no ha sido la que siempre defendió la izquierda. A fines de 1991, cuando la CIDH solicitó al gobierno uruguayo que dejara sin efecto la ley de caducidad por violentar la Convención Interamericana de Derechos Humanos, Gros declaró que se trataba de una resolución absoluta y radicalmente equivocada, y ordenó a la delegación uruguaya ante la OEA trabajar para modificarla, lo que nunca se logró.

El prestigio de Gros por su actuación internacional se desmoronó a mediados de 2001, cuando trascendió que en 1999 había asesorado a Alberto Fujimori y a Vladimiro Montesinos, a propósito de la decisión de la dictadura peruana de desconocer la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

La participación de Gros en la delegación uruguaya que concurrió a la XXXI Asamblea General de la OEA, en Costa Rica, generó, por esos antecedentes, graves cuestionamientos de representantes de otros países y de varias organizaciones no gubernamentales. La pretensión de Perú de eludir la jurisdicción de la Corte de Derechos Humanos fue rechazada por ese órgano internacional y el futuro embajador del EP-FA sólo atinó a aclarar, cuando su conducta tomó estado público, que sólo había redactado un par de dictámenes jurídicos, que nunca había tratado personalmente con Montesinos y que había cobrado como honorarios unos 5 mil dólares.

Según la revista peruana Caretas, ya en 1992, cuando el régimen de Fujimori dejó a un lado la Constitución, Gros lo respaldó como presidente de una comisión de la OEA encargada de investigar el autogolpe, y tres años después asistió, como invitado especial, a la inauguración del segundo gobierno de Fujimori.

A menos que la señal haya sido muy mal entendida, el nombramiento del futuro embajador en Francia no fue un gesto de acercamiento al PN. Por el contrario, esta colectividad rechazó tanto la resolución del presidente electo como la aceptación de Gros. Ambos cuestionamientos se debieron a que no se recabó la opinión del PN, como debió hacerse según sus principales dirigentes, por más que se tratara de un ofrecimiento a título personal.

El ex candidato a la vicepresidencia Sergio Abreu dijo que Gros se había "autoexcluido" del PN, el diputado electo Pablo Iturralde afirmó que los blancos interpretan que el ofrecimiento marca una distancia que el gobierno electo toma respecto del PN, y el propio presidente del Directorio, Jorge Larrañaga, sostuvo que probablemente los senadores de su sector no acompañen la solicitud de venia para Gros.

La noticia tampoco cayó bien en la colonia uruguaya en París, sobre todo por los antecedentes de Gros en materia de derechos humanos, y se estaría manejando la posibilidad de declararlo persona no grata. Pero más allá de las objeciones de fondo, llamó la atención el procedimiento. El lunes 17 la noticia de que había aceptado la propuesta de Vázquez la dio el propio Gros. En la mañana siguiente el futuro canciller Reinaldo Gargano negó, en declaraciones a la radio Concierto-Independencia, que hubiera alguien designado para ese cargo, mientras que el vicepresidente electo, Rodolfo Nin, también le habría dicho a Larrañaga que hasta ese momento no había nada decidido.

Fue recién el miércoles 19 que Gargano confirmó que Gros ocuparía el cargo y sostuvo que los embajadores, que representan al gobierno, son nombrados directamente por el presidente electo. Este episodio, que se suma al de la controvertida broma al presidente Jorge Batlle para ocupar la embajada en Washington, parece confirmar que las designaciones en el servicio exterior no son materia de análisis previo ni de comunicación posterior con el futuro canciller.


Residentes uruguayos en Francia lanzan campaña contra Gross Spiell, embajador nombrado por Vázquez
Fue ministro de Relaciones Exteriores del presidente Lacalle y ex embajador del presidente Sanguinetti
(09.02.05)

Los residentes uruguayos en Francia manifestamos nuestra decepción (y amargura) e incomprensión por el nombramiento del Sr. GROS ESPIELL al frente de la embajada de Uruguay en Francia. Consideramos que el ex ministro de Relaciones Exteriores del presidente Lacalle y ex embajador del presidente Sanguinetti contradice claramente la voluntad de cambio expresada por los uruguayos el 31 de octubre pasado.

Gros Espiell simboliza la diplomacia blanqui-colorada de (los últimos veinte años) las últimas décadas, diplomacia que convirtió la Cancillería en un centro de acomodo para los dirigentes de los partidos tradicionales, fuente permanente de escándalos políticos y financieros. Como ya tuvo ocasión de demostrarlos en su paso por la embajada en París, Gros Espiell representa además la diplomacia que le da la espalda a los uruguayos en el exterior.

Quienes hemos trabajado desde hace muchos años, por un cambio político y profundo en Uruguay, por un país más igualitario, más justo, más democrático y esencialmente menos corrupto; quisiéramos saber cuáles son las razones que motivaron dicha promesa de nombramiento.

Por supuesto, que nuestra primera opción es por un embajador frenteamplista, pero al menos quisiéramos ser representados de manera clara, limpia, sencilla ya sea por un funcionario de carrera del Ministerio de Relaciones Exteriores, por una personalidad de la sociedad civil o por la persona designada en acuerdos políticos con los otros partidos.

Su nombramiento sorprende también a los franceses amigos de Uruguay, a aquellos que desde hace años, desde la época de la dictadura hasta hoy día, han manifestado en forma concreta y en todos los ámbitos, en particular en el de los derechos humanos, de la ayuda social y económica, su solidaridad con nuestro país.

¿Cómo explicarles la decisión de un gobierno progresista de nombrar a un diplomático emblemático de la derecha uruguaya, desprestigiado por su apoyo a Fujimori? Sí estás de acuerdo con esta propuesta, firmá y enviá este mensaje a la lista de tus conocidos/as y a los correos del compañero Tabaré Vázquez para que sea removido el Sr. Gross Spiell
(Obviamente, la gestión no prosperó)


EN LA REVISTA CARETAS (Nº 1578 - Lima 1999)
Un viejo conocido, el ex canciller uruguayo Héctor Gros Espiell se ha hecho presente en Lima en una misión inaudita: terminar de asesorar a nuestro Ministerio de Justicia en el procedimiento de retiro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esto convierte a Gros Espiell en uno de los expertos en derechos humanos más extraños del mundo, ya que él mismo fue miembro de la Corte

Sus contradicciones no son, por cierto, nuevas. En 1980 publicó un libro, titulado `Derechos Humanos', que alababa la Constitución peruana de 1979. En 1992, sin embargo, al actuar como presidente de una misión nombrada por la OEA para tratar el caso del autogolpe que precisamente desbarató esa Carta Magna, se parcializó notoriamente con el golpista. Desde entonces el régimen lo ha colmado de atenciones. En 1995 Gros Espiell, ya embajador en París, fue invitado a la inauguración del segundo gobierno de Fujimori como huésped especial.

Durante décadas la OEA fue una institución sin espinazo ni convicciones, una ONU de traspatio en Washington cuando lo que importaba a los gobiernos norteamericanos era derrotar al comunismo, y no importa cómo. Pero a partir del segundo quinquenio de los '70 el tema de los derechos humanos se convirtió en doctrina hemisferio, en los años '80 se afianzó la democracia y en 1990 la Asamblea General en Santiago de Chile suscribió una resolución que condena al ostracismo a los golpistas.

Dos años después, sin embargo, tanto el Secretario General Baena Soares como Gros Espiell apañaron el caso peruano, y ahora mismo César Gaviria parece arrastrar los pies ante una situación que, sumada a los aprestos autoritarios antipartidistas del coronel ex golpista Hugo Chávez en Venezuela, puede conducir al colapso práctico del sistema. (Como se ve, la revista Caretas no peca de izquierdista)

EN EL DIARIO LA REPÚBLICA

La siguiente nota es interesante: Gros niega haber hecho lo que no se dijo que hiciera (hablar personalmente con Montesinos) y acepta haber hecho lo que se dice que hizo (asesorar a Fujimori para que la OEA no pudiera sancionarlo) En 1999, Gros Espiell fue el único jurista internacional que defendió la decisión de Fujimori de retirar la aceptación de la competencia compulsiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En ese cometido, atacó públicamente – y sin fundamento alguno – al órgano judicial al que perteneció en su momento.


Gros Espiell niega estar implicado en grabación clandestina de Montesinos
Ex canciller uruguayo fue mencionado como "asesor" de Fujimori en una contienda internacional
(La República -21.10.01)

El Congreso peruano difundió una cinta magnetofónica en la que Montesinos y otra persona no identificada hablan de contar con los servicios del abogado uruguayo. "Nunca conocí a Montesinos, a mí me llamó el ministro de Justicia", se defendió Gros Espiell, quien presidió la CIDH y, luego del "autogolpe" de Fujimori, fue el observador de la OEA en Perú.

El ex canciller uruguayo Héctor Gros Espiell rechazó haber tenido contacto o estar implicado con el ex jefe de los servicios secretos peruanos, Vladimiro Montesinos, como sugieren grabaciones clandestinas que viene analizando el Parlamento peruano en el marco de su investigación sobre la administración del ex presidente Alberto Fujimori.

"Nunca conocí al señor Montesinos. A mí me llamó el ministro de Justicia, Alberto Bustamante, para que los asesorara en mi condición de abogado internacional", dijo a LA REPUBLICA Gros Espiell, quien reconoció cobrar unos cinco mil dólares por un dictamen jurídico sobre un caso en el que Perú estaba enfrentado a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Héctor Gros Espiell, que en los años ochenta fue presidente de la propia CIDH, actuó como observador de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Perú luego del "autogolpe" que el 5 de abril de 1992, dos años después de asumir el gobierno, realizó Fujimori. El informe de Gros fue entonces determinante para que la OEA no condenara el proceso político peruano.

Una información de la agencia Notimex divulgada el pasado 9 de setiembre señaló que Gros Espiell también aparecería "en persona" en una cinta que lleva el rótulo "Reunión Dr. Joy Way-Bustamante-Gros" en la que Montesinos se habría entrevistado, entre junio y julio de 1999, con el ex congresista Víctor Joy Way, el ex ministro Alberto Bustamante y el ex canciller uruguayo. "Yo sólo mantuve contacto con Bustamante, que fue el que me llamó. No recuerdo ninguna reunión como la que se menciona. Lo que actué por la OEA fue en el año 1992. Esto otro fue una consulta jurídica siete años después, en 1999. Entonces no tenía ni un carajo que ver con Perú", argumentó a LA REPUBLICA Gros Espiell.

"El viejito Gros no es carero"

El Congreso peruano difundió el martes 16 una cinta magnetofónica donde se escucha a Montesinos y otra persona no identificada hablar sobre la necesidad de contar con los servicios de Gros Espiell para que asesore al gobierno de Alberto Fujimori sobre un problema generado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En el "vladiaudio", como conocen los peruanos a esta serie de grabaciones en las que Montesinos grabó secretamente a las personas con las que se entrevistaba, se escucha la voz del asesor de Fujimori y de otra persona no identificada, quien recuerda que se aproxima la asamblea de la CIDH y Perú tiene varios casos pendientes con ese organismo internacional. Una información de AFP procedente de Lima indica que en el audio Montesinos exclama: "Está viniendo, está viniendo, lo estoy haciendo llamar al viejito, este Gros, para que nos apoye. Lo voy a llamar ahora para que esté llegando. Va a llegar el 30 acá (Lima) y hay que mandarlo allá (San José)".

Según la versión difundida esta semana por el diario Correo de Perú, en un momento de la grabación el ex asesor se refiere, presuntamente, al ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el uruguayo Héctor Gros, a quien dice lo va a mandar llamar "para que nos apoye; el viejito es buena gente porque cobra su pasaje y por cada venida 5 mil, 7 mil dólares".

"O sea, no es una persona carera, ¿no?, porque por ejemplo otro fulano, por dar un dictamen, carajo, quería 30 mil dólares, por hacer un buen escrito 30 mil dólares", replica. "El viejito no, pagas su pasaje, la estadía en el hotel y 5 mil dólares, carajo, cada vez. O sea no es una persona que trabaje por el tema del dinero, ¿no?", agrega la crónica.

"Sólo se pidió mi opinión jurídica"

Consultado por LA REPUBLICA, Gros Espiell ironizó sobre la forma en que se refieren a él en la grabación: "Bueno, al final resulta que este 'viejito' no cobra tan caro como otros consultores jurídicos... tan "carero" no soy...", dijo. El ex canciller uruguayo explicó que ante el pedido del Ministerio de Justicia incaico se limitó a dar su opinión sobre si ese Estado peruano podía retirar su reconocimiento a la competencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sin denunciar la Convención de San José. La información de la agencia Notimex señala, precisamente, que ese sería el contenido de la grabación en la que aparecerían Montesinos, Way, Bustamante y Gros Espiell, y recuerda que esa fue la estrategia jurídica utilizada por Perú para eludir una recomendación de la CIDH que ordenaba un nuevo juicio a cuatro chilenos condenados por terrorismo.

Sin embargo, Gros Espiell insistió, al ser repreguntado por LA REPUBLICA, que no participó de tal reunión. "Se pidió mi opinión jurídica en forma simultánea a la de otros colegas, como los argentinos Ernesto Rey Caro y Eduardo Vinversa o el chileno Francisco Orriego. Hice un informe y luego una ampliación, nada más", declaró.

En una nota publicada el 17 de julio de 1999 por el diario Expreso de Lima, Gros Espiell había sido consultado sobre la legitimidad del gobierno de Fujimori al fundamentar la posición, sin precedentes, de retirar su reconocimiento a la competencia de la CIDH. En la entrevista, el jurista uruguayo apoya la legalidad de la posición peruana, aunque no advierte que él fue uno de los asesores del gobierno de Fujimori al respecto. La reaparición de Gros Espiell en el escenario político peruano ha sido relacionada por la prensa de ese país a las noticias sobre el pedido de asilo político en Uruguay de los ex ministros fujimoristas Carlos Boloña y del propio Alberto Bustamante.

Analistas peruanos también recordaron el incidente diplomático de 1996, cuando guerrilleros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) coparon la Embajada de Japón en Lima y liberaron al embajador uruguayo Tabaré Bocalando en forma "simultánea" a la decisión de la Justicia uruguaya de no otorgar la extradición a dos presuntos emerretistas.

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En fin, a mi me parece que Héctor Gros Espiell fue un asco de persona, y que no merece ser recordado como lo que no fue. No voy a hablar bien de él porque haya muerto. Y allá Vázquez con su conciencia por haberle dado vida a este viejo facho, oportunista, vintenero y traidor. Murió Gros Espiell: bien muerto está. Si, me enojé. No importa, después se me pasa.
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EINSTEIN EN AMÉRICA

Hacete el loco
Por Juan Forn (Página/12)

En 1937, la revista Life preparaba un largo artículo sobre Einstein y encargó a Lotte Jacobi que fotografiara al genio en su nuevo hogar norteamericano. Como Einstein y tantos otros integrantes de la intelligentzia alemana, la Jacobi había llegado al Nuevo Mundo huyendo del nazismo y sus primeros trabajos en Nueva York consistieron precisamente en fotografiar a esos expatriados.

Pero cuando llevó las imágenes de aquella sesión informal a Life, la revista las rechazó, argumentando que las fotos no mostraban a Einstein “suficientemente digno”. Jacobi se encogió de hombros y se limitó a decir: “Mi estilo fotográfico es el estilo de la persona que retrato”. Einstein adoró la anécdota y la repitió muchas veces a quienes lo visitaban en su casa y veían la foto en cuestión, enmarcada y colgada en la pared.

Las relaciones de Einstein con su país de adopción estuvieron marcadas por esta clase de equívocos desde su primer intento de visita, en 1919. Einstein enfrentaba por entonces un complicado divorcio de su primera esposa, la serbia Mileva Maric, a quien llegó a ofrecerle el dinero del Premio Nobel que aún no había ganado (lo recibiría recién dos años después) para que lo dejara en paz. Enterado de las estrecheces financieras del gran científico, un admirador llamado Max Warburg le propuso organizarle una gira de conferencias por Norteamérica, pero ninguna universidad mostró interés por pagar los honorarios solicitados, cosa que alivió a Einstein. “Es mejor así”, le escribió a su admirador. “No soy orador, no me parecía una manera muy digna de ganar dinero.”

Eso mismo le contó dos años después a Chaim Weizmann, el dirigente sionista que sería el primer presidente de Israel, cuando éste le pidió que lo acompañara a Nueva York a recaudar fondos. Es graciosa la manera en que Weizmann lo sumó a la causa del sionismo. Einstein le dijo en aquella entrevista que le parecía absurdo llevar a trabajar la tierra a un pueblo que se caracterizaba por su orientación hacia lo intelectual. Weizmann le contestó que lo ayudara entonces a juntar dinero para crear la primera universidad hebrea en Palestina. Einstein le dijo que ya había comprobado que nadie pagaría por escucharlo en América. Weizmann le contestó que no se trataba de pedir honorarios por hablar de la teoría de la relatividad, sino de recolectar donaciones voluntarias entre los judíos de América hablándoles de la patria que construirían en Palestina.

La llegada a Manhattan del Premio Nobel y el futuro presidente de Israel colapsó la ciudad. Multitudes de inmigrantes los esperaban en el puerto y siguieron cada uno de sus pasos en los días siguientes. Llamativamente, el grueso de esas multitudes estaba compuesto por inmigrantes de clase media y baja. El establishment judío, en cambio, encabezado por Louis Brandeis (presidente de la Corte Suprema norteamericana), Felix Frankfurter (decano de Leyes de Harvard), Arthur Hays Sulzberger (dueño del New York Times), el financista Irving Lehman, el filántropo Daniel Guggenheim y el senador Jefferson Levy, le recomendó discretamente a Einstein que restringiese a lo científico sus alocuciones públicas y dejara a cargo de ellos la recaudación de fondos: “No se puede confiar el dinero para la creación de un Estado judío en Palestina a los judíos rusos. Weizmann es una buena persona, pero su gente no es confiable”. Einstein les contestó públicamente: “Hasta hace una generación, los judíos alemanes no se consideraban miembros del pueblo hebreo. El antisemitismo ha revertido esa situación, nos guste o no nos guste, y considero repulsiva la indigna tendencia a adaptarse y conformar a los goyim que caracteriza a los judíos asimilados, tanto aquí como en Europa”. Consecuencia: Harvard le retiró una invitación para dirigirse a su alumnado, el New York Times cubrió con mal disimulada ironía la gira y los fondos recaudados en la gira fueron cinco veces inferiores a los cuatro millones de dólares que esperaba Weizmann.

La única universidad que honró a Einstein como se merecía fue Princeton: le contrató un ciclo entero de conferencias, le dio un doctorado honoris causa y le ofreció publicar la traducción al inglés de esas conferencias con un royalty del 15 por ciento (cuando el derecho de autor histórico era del 10 por ciento). Así comenzó el vínculo que desembocaría, doce años después, en la instalación definitiva de Einstein en Long Island, como “joya de la corona” de Princeton. Pero su vida allá no fue fácil. Su sionismo, su pacifismo, su socialismo, su igualitarismo racial no eran vistos como virtudes “americanas”, ni en los años de preguerra, ni durante, ni después. Para el decano de Princeton, que tanto esfuerzo había hecho por contratarlo, las declaraciones políticas de Einstein eran una incomodidad permanente. Incluso cuando hablaba de las causas que defendía. No más llegar a Princeton, Einstein despertó las iras del sionismo cuando declaró: “Si los judíos somos incapaces de encontrar una honesta vía de pactar y cooperar con los árabes, demostraremos que no hemos aprendido nada en veinte siglos de sufrimiento” (años después, cuando rechazó la presidencia de Israel, supo ser más discreto: le confesó en una carta a su hijastra Margot que “si aceptara, debería decir cosas que el pueblo israelí no quiere escuchar”).

Es sabido que, desde que Estados Unidos entró en la guerra, un comité de la universidad filtraba el correo de Einstein e incluso rechazaba invitaciones a su nombre sin consultarlo. Cuando Einstein comprendió la situación, decidió poner en práctica el consejo que le había dado su amigo Charles Chaplin y aprendió a camuflar sus ideas políticas a través de la fachada simpática de genio distraído (la melena revuelta, los suéters viejos, los zapatos sin medias). En 1949 le escribió al matemático Max Born: “Se me considera un objeto petrificado, un rol que no me disgusta del todo si sirve para que se acepten mis defectos como los acepto yo mismo”.

El FBI no le respetó la intimidad ni siquiera en el lecho de muerte. En el frondoso legajo sobre su persona, abierto al público recientemente, hay un memorándum furioso de J. Edgar Hoover preguntando cómo era posible que la enfermera que cuidaba de Einstein en sus últimas horas (y escuchó sus últimas palabras) no supiera alemán, idioma en el que se refugió el moribundo antes de expirar. La última intromisión a la intimidad de Einstein fue la disección de su cerebro para estudiar “el origen de su genio”. Dividido en 240 partes, almacenado en frascos de vidrio, analizado por todo tipo de genetistas durante los últimos cincuenta años, el cerebro de Einstein no logró ofrecer ninguna revelación particular a la ciencia norteamericana, demostrando cuán literalmente cierta era la frase que su dueño repitió un millón de veces sin que nadie lo tomara en serio: “No tengo talentos especiales; sólo una anormal curiosidad”.
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CRISTINA PERI ROSSI: MUJER, LENGUAJE Y POESÍA

Profesora Mª Clara Umpiérrez Nova
El siguiente artículo pretende servir de introducción a la poesía de Cristina Peri Rossi y a tres de sus tópicos, que aparecen interrelacionados: la mujer, el lenguaje y la poesía.

1. La literatura erótica en Uruguay.

La literatura erótica no ha tenido un gran desarrollo en Uruguay. Graciela Mántaras relaciona este hecho con la “sociedad mesocrática, pequeño- burguesa, conservadora y estancada” (Mántaras 1995:31) en la que vivimos. Esto puede parecer extraño si tenemos en cuenta que la sociedad uruguaya estuvo abierta durante décadas al progreso, a partir de la presidencia de Batlle y Ordóñez hasta la década del ‘60, donde la visión de progreso sigue manifestándose, aún en contra de la realidad del momento.

El Uruguay de los años ‘60 exigía despertar y comenzar a ver la crisis que se estaba dando en el país desde tiempo atrás. Alejandro Paternain describe esta situación: “En lo interior, descomposición política y social acelerada, pérdida paulatina de la confianza, doloroso despertar del país a la realidad de su empobrecimiento y marginalidad. Sin jerarquía en sus dirigentes, envuelto en la rapacidad y la hipocresía disimuladas bajo la laxitud de las costumbres y la indiferencia del vivir, el ámbito local no podía darle a sus poetas jóvenes otra cosa sino el aire espeso de la crisis...” (Paternain 1969:610)

Los logros alcanzados por las generaciones anteriores, en lo que respecta a la sindicalización de los trabajadores, la laicización del Estado, los derechos de la mujer, el amor libre y la apertura hacia nuevas propuestas políticas como el anarquismo, el socialismo, el marxismo, caen en un proceso de estancamiento y terminan desapareciendo. Aquellos que eran sus grandes ideales quedaron reducidos a magros logros: la idea de un amor libre, con todo lo que significaba la misma en la modificación de la situación de la mujer, sólo fructificó en matrimonio y divorcios civiles. En lo que respecta al ejercicio de los derechos democráticos, la mujer tuvo la posibilidad de ejercerlos recién en el año 1938, y hasta el día de hoy su participación en el área política y de gobierno sigue siendo muy limitada.

La década del ‘70 puede resumirse en algunos sucesos: la política de represión, el ahogo económico, el ataque a las instituciones, la persecución de aquellos que se dedicaban a la cultura en todos los niveles y un creciente régimen de censura para todas las manifestaciones culturales.

La instauración del gobierno dictatorial incide en el vínculo de la producción poética con su contexto político- social del momento. Es imposible no hacerlo cuando conocemos las condiciones vitales opresivas como la constante amenaza a la libertad personal o la represión diaria; además hay que tener en cuenta el importante aislamiento intelectual con el exterior y la incapacidad para comunicar mensajes que no sean adictos al régimen o que por lo menos mantengan un grado mínimo de neutralidad. La obra literaria se transforma entonces en una manifestación de ese conflicto, a través de la cual puede hacerse pasar de forma solapada cualquier idea.

Este estancamiento se va dando progresivamente también en la literatura uruguaya: en lo que respecta a la literatura femenina, la llamada “Generación del ‘900” había conseguido importantes logros en las figuras de María Eugenia Vaz Ferreira y Delmira Agustini. En la poesía de esta última, por ejemplo, la mujer toma el papel principal en lo que respecta a la relación erótica y convirtiéndose el hombre el objeto erótico. Lógico es el escándalo que provocó y lógico también el hecho de que la generación siguiente reparara la traición con una poesía como la de Juana de Ibarbourou, en la que el “yo” vuelve a colocarse en la posición de objeto. La poesía deberá esperar hasta la aparición de Evohé (1972) de Cristina Peri Rossi y Poemas sex (1969) de Milton Schinca para que el estancamiento llegué a su fin. Podría decirse que era previsible que este cambio se diera en una época tan necesitada de algo que sacudiera la modorra, y más si pensamos como Graciela Mántaras de que “el auténtico erotismo es siempre liberador y subversivo” (Mántaras 1995: 33)

Lo erótico se convierte en una subversión que revoluciona la naturaleza, la cultura, al individuo y hasta la religión. El erotismo sólo se alcanza mediante la unión del instinto animal, lo culturalmente aprendido y la libertad que el propio individuo ejerce. El ser que alcanza reunir estas tres cosas accede a regiones propias de lo divino y es posiblemente por esto que la mayoría de las religiones lo consideran un pecado. El erotismo no puede escapar del escándalo y es por esto que quien intente desenvolverse bajo él debe estar lleno de coraje y de autonomía.

La libertad había permitido su surgimiento durante el ‘900 y era otra vez la que la hacía resurgir en los años ‘60, a raíz del enfrentamiento entre represores y subversivos,

2. La poesía de Cristina Peri Rossi.

En la obra de Cristina Peri Rossi, el amor aparece como un intento de naturalizar las fuerzas de los instintos y de descubrir el despertar sensual de los cuerpos en libertad. Lo positivo en su obra está siempre asociado a lo natural o salvaje, aquello libre de todo prejuicio, sin excluirse la transgresión de las normas morales impuestas por la sociedad.

En la poesía de Peri Rossi la expresión del deseo toma cuatro caminos distintos: la expresión directa y espontánea del mismo, el recurso irónico y sarcástico, el juego con el lenguaje y la elevación del deseo a proporciones míticas. Todo esto se limita a una única cosa: “movido por el deseo, el hablante genera posibilidades de liberación de la prisión mental, de rebelión del cuerpo y de la palabras, de comunión con lo otro.” (Verani 1995: 12) El deseo de romper con todo lo que limita la libertad humana y de despojarse de convencionalismos e hipocresías encuentra en el lenguaje y en el erotismo un placer semejante; es que el placer del lenguaje equivale al placer erótico.

En este trabajo sólo haremos referencia a dos de estas líneas temáticas: la libertad de expresión de lo erótico y el manejo lúdico del lenguaje en su poesía, dado que es casi imposible separarlos.

La poetisa tiene la necesidad de tratar el tema de lo erótico libremente, de quitar todos los frenos a la expresión de la pasión y más aún, de la pasión homosexual o incestuosa. Lo que se busca conseguir es la naturalización de las fuerzas instintivas que nos conducen a esto:

se echa desnuda en el sofá,
abre las piernas
se palpa los senos de lengua húmeda
mece las caderas
golpea con las nalgas en el asiento
ruge, en el espasmo. (En Diáspora. 2001)

Así también son tratadas las pasiones consideradas tabú por nuestra sociedad como la homosexualidad:

A los poetas que alabaron su desnudez
Les diré:
Mucho mejor es ella quitándose el vestido
Es ella desfilando por las calles de Nueva York
-Park Avenue-
con un cartel que dice:
“Je suis lesbianne. I am beautiful” (En Diáspora. 2001)

O pasiones “desviadas”, como las tratadas en los poemas dedicados a Lewis Carroll:

Lewis Carroll fotografiaba niñas vestidas
Y a veces fotografiaba niñas desnudas
Por afición a la fotografía,
Por afición a las niñas
A las cuales dedicó un libro terrible
Alicia en el país de los espejos,
Libro que desagrada a todos los niños
Y despierta la curiosidad de aquellos adultos
Que quisieran fotografiar niñas vestidas
Niñas a veces desnudas
Pero no se animan a hacerlo por carecer de espejo. (En Diáspora. 2001)

3. El lenguaje, la mujer y la libertad.

La tensión que encontramos entre los sistemas de dominación, siempre restrictivos, y la búsqueda de una expresión liberadora, afecta tanto el nivel de lengua utilizado en el discurso literario, como la concepción y modos de presentación del mensaje literario. El lenguaje se vuelve el sostén de “juegos lingüísticos”, a la vez que posibilita la creación de “lenguajes privados”. Parecería que, si bien se encuentra sujeto a normas convencionales en lo que se refiere a significados y usos, el lenguaje se movería al mismo tiempo en una órbita autónoma, paralela a lo real.

Dice Verani: “Una y otra vez el impulso lúdico asoma en sus versos; naturalizar el placer del cuerpo, transfigurado en un acto libre y alegre, en una actividad espontánea y natural que no tolera la solemnidad de las reglas que precisen nuestra cultura, en un modo de reconciliarse con el mundo y consigo mismo, en plena libertad.” (Verani 1995: 14)

Esto puede percibirse claramente en algunas de las obras poéticas de Peri Rossi, como por ejemplo en esta perteneciente a Evohé (1972)

COMPOSICIÓN

La única realidad es el lenguaje.
Ella me ha mirado.
Yo he creído temblar.
UUUUUUUúúúú aúlla ¿el barco?
Mi mujer.
La única
¿realidad?
Las palabras.

La función del lenguaje no es solo la de la comunicación, sino que también puede ser objeto de placer. Es por esto que, sumado a la experimentación de la forma, se experimenta con los sonidos:

Mora y barroca
Mura y mara
Barrunta y bala
Por su boca
Yo barumbé
Un moro entero (En Diáspora. 2001)

Hay, a lo largo de sus poemas, un constante regodearse con el lenguaje, un deseo de poseerlo que la lleva a estudiarlo detenidamente, a buscar continuamente lo novedoso que este le pueda aportar:

Leyendo el diccionario
He encontrado una palabra nueva:
Con gusto, con sarcasmo la pronuncio;
La palpo, la apalabro, la manto, la calco, la pulso,
La digo, la encierro, la lamo, la toco con la yema de los
Dedos,
Le tomo el peso, la mojo, la entibio entre las manos,
La acaricio, le cuento cosas, la cerco, la acorralo,
Le clavo un alfiler, la lleno de espuma,

Después, como a una puta,
La echo de casa. (En Evohé. 1972)

Para Verani lo lúdico sirve para tirar abajo todo lo instituido por el sentido común y por la escala de valores. “El juego es, en fin, un intento de reconciliación con el mundo bajo nuevas banderas” (Verani 1995: 17)

Parte de este continuo juego con el lenguaje es la identificación mujer- palabra, común en muchos de sus poemas, principalmente en los que integran Evohé:

Mujer Mi mujer es una palabra
Palabra de mujer, me oye.
Palabra Ella me escucha.
Le digo palabras amorosas,
Mi mujer se tiende, ancha, como una esdrújula.
Luego que se ha tendido bien,
La abro, como una palabra
Y ella, como una palabra,
Gime, llora, implora, tarda, se desviste,
Nombra, suena, grita, llama, cruje, relincha,
Vibra, amonesta, imparte órdenes.
Suena y se levanta
La nombro y contesta
Palabra por palabra la ciño
La estructuro
Como una frase
Y luego que la he hecho verso,
Duerme, como una lengua muerta. (En Evohé. 1972)

El acercamiento a la mujer, su conocimiento, sólo es posible por medio del lenguaje, a la vez que es la mujer la que permite sentir el lenguaje en su verdadera dimensión, en la dimensión poética. Lo inefable del lenguaje se une a lo inefable de la mujer:

Tenía un disfraz de frase bonita.
-Mujer- le dije,- quiero conocer el contenido.
Pero ninguna de las palabras con las que ella se había vestido,
Estaba en el diccionario. (En Evohé. 1972)

La palabra aún conserva el valor mágico, el poder de crear que tiene en el Génesis. Nombrar la cosa es crearla, porque antes del nombre no hubo nada: “Te nombro, luego existes” dice en Babel Bárbara (1991)

En lo que respecta a las palabras, tan importante como la pronunciación es la escritura. La disposición gráfica de las mismas también es un modo de conocer, es una manera de acercarse más a su verdadero significado; así, la persona que no ve no puede conocer. Es en este sentido que debemos entender todas las referencias a los ciegos que se hacen en Evohé: si la mujer es sinónimo de lenguaje y este es el modo de conocer, quien no tiene la capacidad de admirar a la mujer no accede al conocimiento:

Era ciego, y como la única realidad es el lenguaje,
No veía a la mujer por ningún lado. (En Evohé. 1972)

Y tampoco puede amar porque “el amor es cuestión de palabras” (En Evohé. 1972)


4. La palabra y la literatura.

Dice Mabel Moraña, refiriéndose a la poesía uruguaya entre los años 1979- 1984: “La ciudad, la cotidianeidad, los valores individuales y sociales, la vivencia personal o colectiva de la historia aludida como transcurso no particularizado y por último la reflexión e intentos de definición de la poesía y del quehacer poético son las líneas temáticas más importantes sobre las que se organiza la lírica de los últimos años (...) el problema de la comunicación aparece como una constante que se entrelaza (...) con la concepción misma del acto creativo que aparece como una instancia distorsionada o problematizada” (Moraña 1988: 73) La poesía de Peri Rossi, como exponente de esta época, también se integra a la problemática sobre qué es la literatura y cuál es su finalidad. En su libro Lingüística General [1] la poetisa trata de encontrar una finalidad al acto de escribir:

5

Escribo porque olvido
Y alguien lee porque no evoca de manera
suficiente.

6

Escribimos, porque los objetos de los que queremos hablar
No están. (Lingüística General)

Solamente a través de la palabra que podemos existir y perdurar en el tiempo. La literatura es un acto que intenta preservarnos del olvido. El escritor se hace inmortal porque su obra permitirá que futuras generaciones lo conozcan, pero a su vez, la literatura recordar por mucho tiempo detalles de nuestras vidas, como si sirviera de ayuda memoria:

7

Todo lo cual podría no volver a ser dicho si el lector
-tan desmemoriado como cualquier poeta-
recordara un poema de Joao Cabral de Melo Neto:
Flor es la palabra
Flor; inscrita
Como verso en el verso,
Que leí hace años,
Olvidé después
Y hoy he vuelto a encontrar,
Como tu, lector,
haces ahora. (Lingüística general)

Esta no es sólo una característica del poeta sino de todos los hombres. La diferencia está en que sólo el primero es el único que tiene la capacidad para trabajar con la palabra. Las personas necesitan del poeta para que las cree, les de vida, para que plasme sus vivencias, sus emociones en los poemas.

La poesía es también un modo de ver lo que se encuentra más allá de la superficie:

POÉTICA

Hay gente que espera que la palabra
Del poeta la nombre,
Deje constancia de su identidad.
No sabe que el poeta no habla de los seres,
Sino de los símbolos. (En Babel Bárbara. 1996)

Sin embargo, hasta el poeta se encuentra limitado frente al lenguaje, pues tiene la certeza de la que las palabras- herramientas que usa para elaborar su poesía, tienen otro significado que él no puede descifrar:

EL DESAFÍO

Babel, violenta,
Enfurecida,
Hojea antiguos diccionarios
Como un profanador de tumbas.
En la noche ciega de las lenguas
Exige una luz
Reclama una revelación.
En algún lugar ha de estar
Esa palabra única
Que la nombre para siempre.
Parto de nalgas
Último sello
Que hay que saltar,
Para empezar a ser. (En Babel Bárbara.1991)

Esto ocurre porque el hombre ha perdido su capacidad para ver más allá de lo que se le presenta a simple vista. Podemos relacionar esto con lo que explicábamos anteriormente, el hombre no puede acceder a los símbolos y, por ende, tampoco puede acceder al conocimiento de sí mismo (extendiendo la identificación palabra- mujer a símbolo- humanidad):

CIFRAS

En los monasterios medievales
Algunos animales que adornan los frisos
O decoran las columnas, en apariencia,
Constituyen, en verdad,
Las notas de un código musical
Olvidado por la frugal memoria de los hombres.
....................................
Igual que esas piedras
Somos la cifra
De una larga historia
Que algún investigador futuro
Descifrará,
Entre la admiración y el horror (En Europa después de la lluvia. 1987)

Nota

[1] Todos los poemas citados del libro Lingüística general fueron extraídos de Benavidez, W; Courtoisie, R; Lago, S. (1996): Antología plural de la poesía uruguaya del siglo XX. Seix Barral- Planeta. Montevideo.

Bibliografía

-Benavidez, W; Courtoisie, R; Lago, S. (1996): Antología plural de la poesía uruguaya del siglo XX. Seix Barral- Planeta. Montevideo.
-Cosse, R. (1995): Cristina Peri Rossi, Papeles críticos. Linardi y Risso. Montevideo.
-Moraña, M. (1988): Memorias de la generación fantasma, Crítica Literaria 1973- 1988. Monte Sexto. Montevideo.
-Paternain, A. (1969): Los nuevos poetas, Capítulo Oriental Nº 39. Centro Editor de América Latina. Montevideo.
-Peri Rossi, C. (1991): Babel Bárbara. Editorial Lumen. Barcelona.
-Peri Rossi, C. (2001): Diáspora. Editorial Lumen. Barcelona.
-Peri Rossi, C. (1972): Evohé, poemas eróticos. Colección La invención. Girón editorial. Montevideo.
-Verani, H. (1996): De la Vanguardia a la posmodernidad: narrativa uruguaya (1920- 1995). Trilce- Linardi y Risso, Montevideo.

© Mª Clara Umpiérrez Nova 2009
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero42/cperiro.html
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RUMANIA: LOS LATINOS DEL ESTE

por Norman Manea (Letras Libres)
Rumania fue el único país del Este donde la violencia propició el cambio de régimen. Norman Manea analiza las características de ese hecho, la clase de dictador que fue Ceauşescu, la rápida adaptación de los jerarcas comunistas a las nuevas reglas de juego y los lentos y trastabillantes pasos hacia la democracia.

El derribo, hace veinte años, del Muro de Berlín y demás murallas que separaban la Europa del Este, el “socialismo real”, de las democracias capitalistas de la Europa occidental ha sellado la liberación de una gran parte de Europa del calvario posbélico de sometimiento a un sistema demagógico y tiránico.

Fue la explosión inevitable de un largo proceso degenerativo cotidiano fundado sobre la opresión, la corrupción, la mentira. El proyecto de la “felicidad obligatoria” promovía la Utopía como máscara del terror, y el humanismo, adornado con lemas revolucionarios, como trampa y coraza retóricas del universo carcelario.

Antes de la tan esperada perturbación regenerativa de 1989, todos soñábamos con el mundo allende la cortina de hierro, las murallas separadoras. Sabíamos que “el bien” que había detrás no era paradisíaco sino terrestre –es decir, imperfecto, inestable, incoherente–, pero preferíamos no pensar en las contradicciones ni en los conflictos inherentes a la libertad sino en el milagro, largamente esperado, de la liberación de la paranoia de la tiranía. Thomas Mann ya había advertido alguna vez que “la libertad es algo más complejo y más delicado que el Poder”.

Parece más fácil gobernar una masa de oportunistas acobardados que votan en un 99.9% a favor del Supremo Caudillo y del Partido Único (de hecho, la única opción que figuraba en la papeleta del voto) que a un electorado libre, diversificado y divergente, con el cual los que obtienen la victoria alcanzan alrededor de un 4% más de votos que sus adversarios.

Hoy aquellas “complicadas y delicadas” características de la libertad son parte de un día a día globalizado. Todo lo que vivimos entonces queda en un pasado cada vez más lejano. El Este se enfrenta ahora diariamente con la rutina de las ventajas y de los riesgos de la libertad.

La caída del Muro de Berlín y de los demás muros visibles e invisibles que separaban de Europa a los Estados cerrados y despóticos del Este tiende a ser escamoteada por los nada desdeñables peligros y precariedades del presente –entre los cuales habita hoy también el Este, envuelto todavía en una complicada y, más de una vez, convulsa “transición” de adaptación a lo nuevo.

La nueva generación parece haber perdido la memoria de la época comunista o haberla mantenido de una manera muy parcial, o bien no estar interesada en ella. Una y otra vez la realidad inmediata nos demuestra que el presente goza de natural prioridad sobre el pasado así como de la capacidad de reescribirlo a conveniencia, según sopla el viento del momento.

Rumania fue, paradójicamente, el único país del Este que en 1989 dio el paso hacia la libertad a través de la violencia, a través de pérdidas de vidas humanas. La revuelta popular, parece ser que manipulada desde la sombra por una fracción reformista de la policía secreta, venía a contradecir el hasta entonces nunca desmentido dicho popular rumano de que “la (blandengue) polenta nunca explota”.

En Rumania no tuvieron lugar grandes movimientos de rebelión popular, como en Hungría, Checoslovaquia o Polonia. Y si pensamos en el pasado endeble de la izquierda rumana, se puede afirmar que el socialismo era bastante más ajeno en este país que en los demás. Cuando en los años cincuenta los dirigentes comunistas rumanos lograron, mediante una hábil maniobra ajustada al momento, la retirada de las tropas soviéticas del país, Molotov les advirtió que no resistirían más de algunos días sin el apoyo armado del gran vecino del Este. Sin embargo, reforzando la opresión interna y prolongando el estalinismo sin Stalin, resistieron; la ocupación totalitaria autóctona se fortaleció así, ya sin los ocupantes soviéticos.

No es la única característica típica de este socialismo “multilateralmente desarrollado”, tal como lo definía el sistema de propaganda del Partido Comunista Rumano.

Pueblo hedonista, caracterizado por una gran capacidad de adaptación y por un sentido melancólico de la fatalidad, los rumanos superaron las calamidades de la Historia por medio de la resistencia y el pragmatismo y no por enfrentamientos bélicos. “Producimos poetas, no santos” –según dicen algunos rumanos– sería una seductora metáfora antiideológica y aideológica si no se tradujera, muchas veces, en una convivencia esquiva y por la complicidad.

Al principio de la Segunda Guerra Mundial encontramos a los rumanos como aliados de la Alemania nazi y, al final, asociados a los Aliados. La diplomacia rumana ha sido siempre más hábil y eficaz que otros componentes de la política rumana; también, tanto la poesía popular como la culta representaron mejor al país que muchas otras instituciones nacionales.

En 1944, cuando el Ejército Rojo entró en territorio rumano, Rumania pasó a ser, en esta última etapa de la guerra antihitleriana, no un adversario político y militar de la Unión Soviética sino un aliado activo. Entonces, el Partido Comunista tenía alrededor de mil miembros. En 1989 había llegado a ser, proporcionalmente, el mayor partido comunista de Europa del Este, aunque entre sus casi cuatro millones de miembros a duras penas se podían encontrar mil verdaderos comunistas.

En el último periodo de su historia anterior a 1989, el Partido Comunista Rumano promovía una extraña combinación bizantina entre un socialismo rudimentario, estratificado en castas, y un nacionalismo reciclado, de Estado y balcánico. Tras el fusilamiento del dictador y de su esposa, gran parte de los millones de oportunistas con carné rojo de partido se declararon víctimas del sistema y enardecidos anticomunistas.

En la psique de la nación persiste desde siempre la contradicción esencial de la paradoja rumana: la latinidad de la lengua y la religión cristiana ortodoxa. Las raíces latinas de la lengua y la influencia de la cultura occidental, especialmente de la francesa, mantienen un equilibrio y una complementariedad con el bizantinismo. Con un ojo, la nación mira hacia Occidente, y con el otro contempla los iconos del Este. Aunque fuertemente vinculados a los rituales de la iglesia rusa o griega, los rumanos no tienen demasiada simpatía por los rusos o griegos, acogidos habitualmente de manera negativa por la imaginación popular. Los príncipes “fanariotas”, griegos del Fanar de Constantinopla, son recibidos hoy también con menos simpatía que los príncipes de Hohenzollern de Alemania, importados más tarde.

La rebelión de 1989 (considerada oficialmente en Rumania como una Revolución), proclamada como un acontecimiento histórico primordial en pro de la recuperación de la dignidad nacional, despertó ulteriormente, sin embargo, en parte de la prensa rumana, cierta desconfianza, bajo la sospecha de haber sido una operación planeada por los servicios extranjeros del espionaje norteamericano y soviético, incluso israelí (¿?). El proceso repentino y la apresurada ejecución del dictador y de su esposa parecían haber sido, a pesar de su recibimiento caracterizado por una enorme satisfacción popular, una puesta en escena al servicio de la nomenclatura, interesada en encubrir la culpabilidad de sus complicidades con el sistema a lo largo de decenios; el exagerado número de víctimas resultó ser una maniobra publicitaria y de diversión y la anunciada intervención de unos “terroristas” extranjeros jamás se dilucidó. Numerosas preguntas concernientes al traslado del poder desde la osificada “dirección de partido y de Estado” a una nueva generación de activistas, con apetito reformador y esperanzas de occidentalización, han quedado hasta hoy parcialmente sin aclarar, tema de prolongadas suposiciones y de rumores.

La exasperación de la población, ahogada por el terror y la miseria en vísperas del desenfreno explosivo, los auténticos sacrificios de los sangrientos días del mes de diciembre de 1989, la devoción de los que dedicaron después toda su energía y su esperanza a una reestructuración fundamental de la sociedad, se vieron desafiados frecuentemente por las rápidas manipulaciones entre bastidores y las persistentes pérdidas de confianza en las estrellas políticas que se turnaban en el gobierno.

La Rumania de Ceauşescu era una de las más rígidas autocracias socialistas. Había que informar a la policía del contacto con los extranjeros; había que registrar las máquinas de escribir para su control anual; para presentar el doctorado en cualquier dominio se pedía como condición preliminar el carné de partido; el pasaporte para poder viajar al extranjero era un privilegio escasamente otorgado, preferentemente a los del agrado del poder; los informadores de la policía secreta –reclutados de todos los estratos de la población, incluido el clero– estaban por todas partes: las minorías alemana y judía eran “vendidas” a cambio de dólares a la Alemania Federal y a Israel; la penuria de alimentos había llegado a ser crónica; en las casas se prohibía la calefacción; la televisión funcionaba sólo algunas horas al día con un programa dominado por los discursos del amado Caudillo: en las librerías no se podían encontrar siquiera los textos de los clásicos del marxismo-leninismo, desplazados por las obras completas de Nicolae Ceauşescu, el Genio de los Cárpatos.

Relacionada con este último detalle pintoresco, recuerdo una experiencia excéntrica vivida por mí al comienzo de los años ochenta en una librería bucarestina cuando pedí a la dependienta, tímidamente, el Manifiesto del Partido Comunista. La joven señora de gafas se quedó muda ante el loco que había lanzado la provocación. Pensé que no me había entendido, a lo mejor le había parecido que pedía Mein Kampf o Los protocolos de los sabios del Sión. No, simplemente quería cerciorarse de que había comprendido correctamente. “¿Ha dicho usted el Manifiesto?” Sin esperar mi contestación continuó enseguida, aburrida: “No, nosotros no tenemos tal cosa.”

No comprendí si el título le era o no familiar, pero comprendí que los volúmenes elegantemente editados que contenían las conferencias épicas del dictador eran la respuesta kafkiana a una pregunta kafkiana en el cada vez más kafkiano país nuestro, “país triste, lleno de humor”, como dice el poeta. El contacto brusco con el exterior y el inmenso impulso de la libertad provocaron un extraordinario choque regenerador.

La transición de una sociedad cerrada y severamente controlada hacia elecciones libres y un sistema multipartidista, el paso de la censura absoluta a la libertad de prensa, de la propiedad del Estado sobre todos los bienes y todos los ciudadanos a la propiedad privada y a la iniciativa particular no era algo sencillo. La euforia de la liberación no significó la desarticulación instantánea de las instituciones del sistema, sino una sustitución gradual de aquellos mandos –miembros relevantes del Partido– por personas menos involucradas políticamente o bien mantenidas en la sombra e incluso perseguidas por el sistema. Se trataba de una “renovación” absolutamente necesaria de la administración, en un ambiente de retrospectivas politizadas y recriminaciones violentas. Las esperanzas acrecentadas por el entusiasmo de la inesperada, tantas veces aplazada, expiación del despotismo socialista tenían que enfrentarse a unas complicidades profundamente enraizadas en la experiencia de la convivencia más o menos tácita, de hacía decenios, con los manipuladores de la mentira y del terror, dentro de un Estado policiaco y corrupto. Las características de una tradición nacional de ambigüedad y de tejemanejes de una larga historia precomunista se habían adherido a una nueva experiencia, aún más grotesca y más traumática, la de la supervivencia.

Las décadas posbélicas transcurridas bajo el Partido Único acrecentaron las carencias de siempre de la vida política rumana. La censura omnipresente y el control rutinario impedían prácticamente –a pesar de unas pasajeras “grietas” por donde se podía respirar– desvelar los abusos y criticar el discurso público. La patología social, fruto de esa persistente distorsión de la existencia individual y colectiva, ha dejado huellas duraderas en la psique común, incrementando el oportunismo y la demagogia, la duplicidad y la corrupción de la administración pública, el arribismo y la marrullería, la obediencia y la impostura. La primacía de la “relación social” parece haberse impuesto para siempre al criterio moral y al principio del derecho; las diferencias ideológicas se borran ante las conexiones afectivas o interesadas; la coyuntura domina las transacciones; los reagrupamientos son posibles en cualquier momento; las alianzas son cambiantes; el tráfico de influencias, dinámico.

Ni siquiera inmediatamente después del derribo de la dictadura, ni tampoco ulteriormente, fue posible trazar en Rumania un claro consenso en relación con el proyecto y las estrategias del desarrollo para los próximos decenios. En las primeras elecciones libres se presentó un programa reformista de “izquierdas” salpicado con enormes ilegalidades con respecto a los negocios de los políticos; siguió un programa democrático “tradicional” que intentó restaurar la vida parlamentaria de los años interbélicos con actores políticos nuevos; después, un programa de modernización, confuso, guiado y controlado esta vez por la Comunidad Europea. Y, sin embargo, las muchas complicaciones nada fáciles de la libertad no se podían comparar con las presiones y las patologías cada vez más crecidas de la tiranía de antaño.

En la primera etapa de la transición, el discurso público era vehemente, y la pelea por la preponderancia política con vistas a conquistar nuevos privilegios, de hecho una lucha por la supremacía social, se había intensificado. Los profesionales del poder –daba igual que fueran la segunda generación de activistas o la vieja y la nueva generación de agentes de la Securitate–, curados de fidelidades ideológicas y con extensas redes de intereses, lograron, relativamente pronto, adjudicarse los beneficios financieros de una nueva clase de advenedizos.

El dinero demostraba ser todopoderoso en un mundo que se definía “capitalista”, superando incluso el recuerdo de los privilegios acordados antaño por el todopoderoso Partido que, caprichoso, vicioso y siempre obsesionado por la estrategia de la supervivencia, podía retirarlos inesperadamente, en cualquier momento. El conflicto retórico entre una izquierda oportunista, recién nacida de la nomenclatura, y una derecha vetusta, reanimada a través de tratamientos geriátricos, llegó a ser explícito inmediatamente después de 1989.

Los herederos del Partido Comunista, bajo el maquillaje de socialdemócratas, desconocedores de hasta dónde podían llegar con su metamorfosis, animaron los impulsos totalitarios, como en el caso de la famosa “mineriada” –un asalto brutal de grupos de mineros llevados a Bucarest con el fin de cohibir a la oposición política–, bajo el pretexto de una insurrección sui géneris contra los intelectuales y los políticos demócratas. Por otro lado, en el discurso de la derecha reaparecieron los clichés nacionalistas y místicos, y parte de la élite intelectual demócrata se fijó en los precursores de la intelectualidad nacionalista de los años 1938-1940, afiliada a la derecha e incluso a la extrema derecha.

Más allá de estas peleas, se mantenían tribunos públicos de ayer convertidos en tribunos públicos de hoy. El ejemplo más escandaloso parece ser la longevidad política del camarada Corneliu Vadim Tudor, ex poeta cortesano de la pareja de los Ceauşescu, xenófobo y antisemita consagrado, de talante barriobajero y argot grosero, líder ruidoso de un nuevo partido con el nombre, claro está, de Rumania Grande, elegido en el Parlamento de Rumania, después candidato a la presidencia y, ahora mismo, miembro del Parlamento Europeo.

En el debate público poscomunista apareció también un nuevo asunto generador de conflictos: Holocausto versus Gulag, traducido frecuentemente por nazismo versus comunismo. Una confrontación acérrima, manipulada políticamente y condimentada con clichés provocadores contra “el monopolio judío” del... sufrimiento. Las pasmosas aseveraciones, caracterizadas por una crasa insensibilidad y por la hipocresía, procedían esta vez de parte de unos intelectuales demócratas, convencidos de que el “lobby” internacional intentaba extender su supremacía financiera, política y cultural también sobre los sufrimientos padecidos en el territorio entre el Danubio y los Cárpatos.

Sólo el ingreso del país en la Comunidad Europea ha moderado, poco a poco, por lo menos parcialmente, el lenguaje de la confabulación sin límites.

El carnaval político de la transición era, sin embargo, una forma, aunque vulgarizada e ignorante, de la libertad y no de las puestas en escena rutinarias del Partido Único. Los que estaban asqueados por las nuevas máscaras y los nuevos chanchullos podían expresar su disgusto, y así lo hicieron, incluso aunque el efecto fuera menor y su voz silenciada por las trompetas de la infamia. Un juicio correcto y las reacciones del sentido común, aunque demasiado escasas, ante el despertar de aquel mal de larga tradición, no se podían equiparar con el silencio total, impuesto por la oficialidad opresiva de hacía tan poco.

Miles de trabajadores rumanos trabajan hoy en el extranjero, miles de estudiantes siguen los cursos de universidades occidentales, los inversores extranjeros y las estrellas de cine no eluden a Rumania, la nueva generación de dentro del país está conectada a la vida del planeta. El resultado de este contacto sostenido y múltiple no puede reducirse sólo al aumento del cinismo, al deseo de enriquecerse, al crimen, a la pornografía y a la degradación intensificada de los valores morales...

No, ciertamente no. Desde que la propiedad del Estado sobre el mal fue sustituida por la propiedad particular sobre el bien y el mal, cabe esperar que el individuo y la colectividad vuelvan a encontrar un nuevo equilibrio en nuestra turbulenta modernidad.
El paisaje del presente no es, y así hay que reconocerlo, nada idílico.

La corrupción y el nepotismo se han ido extendiendo; los escándalos políticos, económicos y morales han seguido multiplicándose; la demagogia en la plaza pública se ha convertido en endémica; el escepticismo y el desconcierto del electorado son cada vez más visibles.

Sería difícil hoy distinguir, de manera no sólo retórica, la izquierda de la derecha en el paisaje político. Tanto en la derecha como en la izquierda las opciones parecen ser estrictamente coyunturales, el lenguaje es igual de vacuo y de oportunista.

Inevitablemente, la misma revaluación crítica, tan necesaria, del pasado cercano o más alejado se está dejando guiar, cada vez más, por intereses de grupo. Salvo para sensacionales golpes de prensa, explotados políticamente, el desenmascaramiento de algunos de los demasiados ex informantes de la policía secreta comunista sirvió en pocas ocasiones para realizar un honesto análisis de los mecanismos de intimidación, corrupción y crímenes del totalitarismo.

A pesar de revelaciones chocantes en torno a personalidades importantes de la vida social e incluso en torno a algunos disidentes, a los grandes culpables, esto es, a los informadores de la Securitate y a sus superiores del Partido, que impusieron la obediencia y la delación, no les pasó gran cosa, amparados no sólo por sus chalets y sus cuantiosas jubilaciones sino por las conexiones subterráneas del momento.

Los que vivieron en la Rumania así llamada socialista no pueden dudar de la importancia de los sucesos de 1989.
Por más confusa y decepcionante que parezca la caótica y voraz transición hacia una sociedad civil y próspera, el contraste entre lo que ha sido y lo que siguió no puede pasar inadvertido.

Las elecciones libres (aun siendo dominadas por un populismo de ocasión, sospechoso y duplicitario), la prensa libre (aun siendo vulgar y venal), la información accesible y los contactos profesionales en aumento (aun siendo importunados por una administración corrupta e incompetente), el estímulo a la iniciativa particular y al espíritu crítico (aun siendo bloqueados por una justicia lenta y un permanente apetito transaccional) son premisas drásticamente distintas a las de la situación anterior.

El ingreso de Rumania a la OTAN y en especial a la Comunidad Europea ha estimulado, progresivamente, un mayor cuidado con respecto a las normas jurídicas de un estado de derecho. Se podrían mencionar, entre otros, el Informe de la Comisión Wiesel sobre el Holocausto, así como el Informe de la Comisión Presidencial sobre los crímenes del comunismo en Rumania.

Sin embargo, la corrupción y la demagogia están todavía lejos de desaparecer. Las maniobras políticas prosiguen su espectáculo burlesco.

Pero las esperanzas de renovación no son, sin embargo, infundadas.

Rumania ha demostrado, en no pocas ocasiones difíciles, su vitalidad y su fuerza creativa. El país se enfrenta ahora no sólo a la memoria y a las consecuencias de un pasado abrumador, marcado por dictaduras de derechas y de izquierdas, sino también a nuestra contemporaneidad tan conflictiva. Tras el fracaso socialista, la sincronización con el capitalismo globalizado y en crisis se está produciendo en un periodo de agudas incertidumbres y de peligros planetarios.

Queda, sin embargo, la esperanza. No en milagros cósmicos, pero sí en el milagro terrestre del ser humano, individuo y colectividad, por recobrar la confianza y la inteligencia para congregarlas en la aspiración común hacia un destino mejor. ~

Traducción del rumano de Ioana Zlotescu

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HAY UNA NOVELA INÉDITA DE STIEG LARSSON

por Rolando Gabrielli
Stieg Larsson, el Bolaño sueco (*), que dejó una mina editorial en venta y derechos de autor, volvió a sorprender con su nueva novela de 200 páginas, aún inédita por litigios inconclusos de una herencia de más de 20 millones de euros que duerme en un banco.

Lo extraliterario tiene caminos supremamente conocidos, absolutamente repetitivos, y si bien no tienen arte, sí parte de la trama que queda cuando un escritor desaparece de súbito. Larsson no disfrutó de su éxito descomunal y hace cuatro años que su corazón reventó como un globo cuando se encontraba en su sitio de trabajo.

Con los escritores y su círculo familiar nunca se sabe, las relaciones suelen ser un misterio, la ficción se apropia de lo más real y cubre todo escenario posible. La trama ahora es por el rescate de esas 200 páginas que reposan en una laptop que conserva su mujer, que está marginada de los derechos de Larsson porque no estaban casados legalmente, por lo que su padre y hermano son los herederos directos.

Los Larsson continúan su vida austera y están dispuestos a compartir parte de la fortuna con la viuda Eva Gabrielsson, quien fue pareja del autor durante 32 años y, según el viejo Erland Larsson, ella no quiere recibir nada. Eva no desea el dinero de Stieg, sino quiere proteger su patrimonio literario, para que “no se prostituya su obra”. El escritor, autor de la saga Millenium, que se vendió como pan caliente y lo transformó en un best-seller, vivía de manera sencilla en un apartamento de poco más de 50 metros cuadrados, un verdadero nicho urbano.

Escribía como en un tobogán sin paradero, fumaba y bebía infinitas tazas de café, y la saga que tenía en la cabeza completaría siete novelas. Un escritor de esos que no quedan, devoto del oficio, sin importarle el día por delante, un narrador emparentado con Bolaño: trotskista, antinazi y al final de sus días incluyó en su novela a Ciudad Juárez, el cementerio vivo de México. Fue un activista destacado en su ciudad contra la guerra de Vietnam. Murió a los 50 años de edad, como Bolaño. Sin duda, es otro tipo de literatura, pero existen coincidencias de vida, porque ambos se la jugaron a su manera.

Larsson describe una Suecia que no es la idílica que se pinta en la tradición escandinava, sino corrupta y agresiva contra las mujeres, por lo que cosechó bastantes enemigos. Larsson no se hizo el sueco con la realidad de su país ni del mundo. Hoy algunos escritores optan por ser “ciudadanos del mundo” que creen haber descubierto, sin espalda, raíces, y adquieren la noción cosmopolita como un mundo tierra de nadie, compromiso de ninguno. Nacen aquí, se casan allá, y “quedan sin realidad”.

Los días suecos en esta época del año tienen sólo cuatro horas de luz y todo pareciera congelarse en el caso del legado de Larsson, menos su fama, su difícil historia juvenil y fatal desenlace en el umbral del éxito. Su vida es para una novela y película, vivió subterráneamente al extremo de no formalizar su matrimonio para no ser detectado por sus enemigos derechistas en los registros públicos.

El fenómeno Larsson ha vendido más de cuatro millones de novelas en Suecia, un país de sólo 9 millones de habitantes y sobre los veinte millones ya circulan en manos de sus lectores en el mundo. Su trilogía, que le transformó en el más impactante escritor sueco, se titula: Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire.

La literatura sigue estando debajo de las uñas de la realidad. Los parientes-herederos podrán seguir discutiendo sobre el dinero que ha dejado un superventas y las opiniones de quienes no están dentro de la cabeza de un escritor pulularán en medios de comunicación, blogs, y nada cambiará lo ya hecho por un hombre solitario frente a su ordenador. Las opiniones se sumarán en todas las vías y tendrán razones que no superarán el primer capítulo introductorio de un mero acto personal verbal.

Lamento que a Larsson se le haya fundido el motor sin haber disfrutado del comienzo de su carrera. Se le quemó la máquina antes de tiempo.

Las últimas noticias sobre la herencia literaria es que las partes están por conversar y ya existe una oferta en pie de la familia del escritor, para su esposa. Lo que no cuadra internacionalmente, para algunos atentos observadores, es por qué las leyes suecas no protegen a la mujer que vivió toda una vida con el escritor y que no formalizaron su matrimonio por razones de seguridad personal, ante los numerosos enemigos del novelista. Una incógnita muy grande para una sociedad tan avanzada como la sueca.

(*) Título original de la nota, publicada en la revista digital Letralia
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APARECE UN CUENTO INÉDITO DE ROBERTO BOLAÑO

"El contorno del ojo", un cuento que Roberto Bolaño presentó a un concurso literario en España obligado por la necesidad de conseguir algún dinero en los años 80, ha sido publicado por primera vez en el sitio web 60 watts. Lea "El contorno del ojo" aquí.

La revista digital 60watts publica este cuento sobre un oficial del Ejército chino y poeta que se recupera de una enfermedad en un pueblo campesino y plasma sus inquietudes en un diario, con el cual Bolaño (1953-2003) obtuvo el tercer accésit del I Premio Alfambra de Cuentos, organizado por el Ayuntamiento de Valencia en 1983.

El director de 60watts, el joven escritor Diego Zuñiga, quiso compartir el "descubrimiento" con otros lectores del autor de Los detectives salvajes aun a riesgo de tener problemas legales.

Gracias a haber presentado "El contorno del ojo" al Premio Alfambra, según cuenta el propio Zuñiga en 60watts, Bolaño conoció al escritor argentino Antonio di Benedetto (1922-1986), que ganó el segundo premio del concurso y con quien a partir de entonces el autor de Estrella distante entabló una relación de amistad por correspondencia.

A partir de la historia real del joven escritor que merece una mención en un premio literario y descubre que entre los ganadores está un autor al cual admira, Bolaño escribió después otro cuento, "Sensini", que forma parte del libro Llamadas telefónicas.

"El contorno del ojo", que lleva como subtítulo "Diario del oficial chino Chen Huo Deng, 1980", es por tanto la "historia detrás de la historia" de "Sensini", que es el nombre de ficción que Bolaño dio a Di Benedetto, autor entre otras obras de “Zama”.

En "Sensini", el personaje homónimo que representa a Di Benedetto considera de "primer orden" el cuento de su nuevo amigo y le insta a no abandonar los concursos literarios.

Hoy no hay dudas de que Bolaño persistió, pero cuando Di Benedetto murió, en 1986, el chileno era aún un desconocido, sin imaginar, quizás, la universalidad que hoy ha alcanzado su obra, ni que sería considerado, aún después de su muerte, el escritor que renovó la literatura latinoamericana después de la llamada "Generación del Boom".

Zúñiga se decidió a publicar el cuento en 60watts tras comprobar que no había sido incluido en ninguna de las recopilaciones póstumas de Bolaño.

Es el primer texto inédito del también autor de 2666 que es puesto a disposición de los lectores desde "El secreto del mal", que publicó Ignacio Echevarría en 2007, con el que se quiso dar por acabada la divulgación de la herencia literaria de Bolaño.

Zuñiga leyó "El contorno del ojo", según relata en 60watts, en casa de un amigo que había traído de España fotocopias de textos de Bolaño, "principalmente poemas, textos huachos (huérfanos) que, sin saber por qué, no están en sus libros publicados".

"Comencé a leerlo y, por supuesto, no pude abandonarlo a medio camino. No estoy seguro si eso ocurrió por la calidad del texto o por la fascinación de sentir que estaba leyendo algo que muy pocos conocían. El placer del descubrimiento. Un secreto", dice Zuñiga en un artículo que acompaña al cuento en la revista digital.

El director de 60watts pensó desde el principio que era "un descubrimiento que había que compartir" y también "en los problemas con los derechos del autor que podían surgir".

Finalmente se decidió a publicar "El contorno del ojo" después de encontrar en un foro sobre Bolaño en internet un comentario de un participante que incluía el cuento íntegro.

"Acá está. Lo que suceda no lo intuimos. 60watts no va a ganar plata con esto (nunca hemos tenido fines de lucro), pero nos arriesgamos. Buen provecho", subraya Zuñiga.

Nota publicada en Alma Magazine

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EL MUNDO SEGÚN ORWELL

Una recopilación de los textos aparecidos en la prensa del autor de "1984" revelan a un hombre tanto de acción como de palabra. Guerra Civil española, fascismo y su visión sobre la verdad.

Da un poco de tristeza que de George Orwell sólo se recuerde que fue el autor de Rebelión en la granja y el creador del Gran Hermano, y a veces, ni siquiera eso. También apena que el mundo haya suspirado aliviado tras comprobar que en 1984 los males que la novela con ese título profetizaba no se hubieran cumplido. Nadie tuvo el tino de señalar que esa obra era menos una ficción futurista que una farsa y que como tal poco después habría de alcanzar su total realización. ¿Sentiría Orwell vergüenza ante la payasada televisiva o sonreiría irónico? No lo sabemos y tampoco importa. Lo que importa ahora es que su obra periodística y sus ensayos se están editando en español y a través de ellos su personalidad, combativa y alerta, puede recuperar algo de ese interés perdido.

La fecha y los motivos por los que Eric Blair decidió cambiar su nombre por el de Orwell se mantienen desconocidos, pero a poco de leer Matar a un elefante y otros escritos, cualquiera puede advertir en su autor a alguien incómodo con su condición. Por ser un inglés nacido en India, por representar al Imperio en una tierra colonizada, por vivir dentro del capitalismo teniendo ideas de izquierda, por ser periodista de un medio que no informaba. Por esto, la historia de su vida fue también la de su lucha no por ser otro, ya que nunca dejó de aceptarse como lo que era, sino por señalar que era consciente de todo eso y de las consecuencias que entrañaba. Si no podía ser distinto, podía, al menos, tratar de ser mejor.

Valgan como muestra dos momentos –dos disparos– narrados en este libro. El primero está recogido en el extraordinario ensayo que le da título y acontece cuando Orwell se desempeñaba como comisario imperial en Birmania. En una ocasión, un elefante de los que se usaban para transporte de cargas sufrió un ataque de locura. A los destrozos provocados en un poblado rural, se le sumó la muerte de un nativo. Orwell fue llamado para restablecer el orden satisfaciendo el reclamo de la población que exigía la muerte del animal. Pero he aquí que cuando lo encontró, el elefante, ya sosegado, se mostraba tan pacífico como una vaca. No obstante, él se vio obligado a disparar para no quedar como un idiota frente a la multitud. Esa actitud lo hizo reflexionar: "fue en ese momento, allí de pie con el rifle en las manos, cuando por primera vez capté la vacuidad del dominio del hombre blanco en Oriente (...) en realidad no era más que una marioneta manejada por la voluntad de aquellos rostros aceitunados que tenía a mis espaldas. Comprendí entonces que cuando el hombre blanco se vuelve un tirano, es su propia libertad lo que destruye".

El segundo momento tuvo lugar mientras formaba parte de las milicias extranjeras que pelearon junto a los republicanos, durante la Guerra Civil española. Una mañana, se encontraba dentro de una trinchera, en las afueras de Huesca. De repente, frente a él, un enemigo echó a correr semidesnudo, tomándose los pantalones con ambas manos, a lo largo de un campo yermo. A pesar de ser un blanco fácil, Orwell se abstuvo de tirar. "Había viajado hasta allí –dice– para disparar contra los 'fascistas', pero un hombre que se sujeta los pantalones no es un 'fascista', sino evidentemente un congénere, un semejante."

¿Qué demuestran estos dos ejemplos? Algo que se repite como una constante a lo largo de estos escritos: que Orwell era un hombre de acción tanto como de palabra, dispuesto a empuñar las armas, pero sin dejarse engañar respecto de lo que estaba haciendo. Ninguna circunstancia, ningún ideal, pesaba sobre él más que sus convicciones más hondas, ésas para las que ni siquiera hay nombres que las designen. Cuando se desata la Segunda Guerra mundial y se ve imposibilitado de ir al frente por una herida de bala en el cuello, recibida en España, y por la tuberculosis que le causaría la muerte en 1950, a los 46 años, la máquina de escribir reemplazó al fusil. Su objetivo era combatir la apatía crónica del pueblo inglés. Un pueblo que, según su opinión, escuchaba con indiferencia las noticias del extranjero y trataba de convencerse de que las bombas siempre caían en otro lado. En 1941, Orwell entra a trabajar en la BBC, pero allí descubre que la función de la radio no era informativa, sino propagandística: una herramienta destinada a "propagar mentiras, encender el odio y exigir una paz vindicativa". Tras su alejamiento, se emplea como editor y columnista del semanario socialista Tribune, pero el agravamiento de su enfermedad lo obliga a pasar sus últimos años en los hospitales.

Además de cuatro ensayos notables, en los que el escritor arremete contra cualquier clase de eufemismo ("el gran enemigo de una lengua clara es la falta de sinceridad", dice), el volumen se compone de unas pocas reseñas de libros de otros autores (entre ellos el británico Winston Churchill), los "Diarios de la guerra" escritos entre 1940 y 1942, los "Recuerdos de la Guerra Civil española" y "A mi antojo", una selección de sus columnas para el semanario socialista Tribune. En todos se impone la imagen de un escritor mesurado y de franqueza insobornable y su sola lectura bastaría para poner en duda los motivos por los cuales, meses antes de morir, habría denunciado a 38 intelectuales y artistas pro comunistas. La existencia de la lista con esos nombres se dio a conocer en 2003, en ocasión del centenario del nacimiento de Orwell, y generó una fuerte polémica entre los medios británicos y los españoles que, a modo de homenaje, salieron a defender a quien en su momento arriesgó su vida por la causa republicana.

Leer: La Lista Negra de George Orwell

(nota originalmente publicada en el suplemento Ñ del diario Clarín)
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ETTORE SCOLA, UN ESPÍRITU CRÍTICO

“Ya no amo Italia pero sí el cine que habla del hombre y sus problemas”
Juan Sardá
(elcultural.es)

Ettore Scola no necesita presentación, es un clásico. Autor de películas como Una jornada particular, Feos, sucios y malos, y Nos habíamos amado tanto, el director italiano explica el por qué abandonó el cine y su visceral rechazo de la actual política italiana.

Siempre nos quedarán los grandes del cine. Harto de soportar una realidad que le provoca náuseas, el legendario Ettore Scola (Treviño, 1931) ha decidido pasar de “turista” de la lectura a “profesional”, lo cual significa “subrayar, releer una y otra vez y pensar en voz alta” además de realizar ilustraciones para los autores que ama: Tácito, Plutarco y todos los poetas grecolatinos, con especial atención a la picaresca española citando a Quevedo o el Lazarillo de Tormes.

Esa realidad que le repugna tiene como santo y seña a Berlusconi. Tal es el sentimiento de tristeza y amargura que invade al mítico cineasta, autor de títulos fundamentales del cine del último siglo como Una jornada particular (1977) o La familia (1987) que después de dirigir Gente di Roma (2003), su postrer homenaje a la Ciudad Eterna, decidió colgar los objetivos. El motivo es muy sencillo: “Italia ha sido protagonista de mis películas. Y para hacerlas hay que amar el contenido de lo que cuentas, y yo ya no amo a Italia”. O sea, que a la lista de agravios atribuibles al simpar Cavaliere hay que añadir uno: quitarle las ganas de trabajar. Ettore Scola recibe a El Cultural en el recién concluido Festival de Valladolid, donde actúa como presidente del Jurado, haciendo una excepción: ha dejado el cine y no tiene muchas ganas de hablar con periodistas.

Destino: el presente

Es un hombre serio, de gesto adusto y economía de palabras que desmonta todos los tópicos sobre los italianos. No es fácil hacerle hablar y quizá todo se deba a su poca afición a la nostalgia, una tentación que define como “peligrosa y reaccionaria”. “Siempre hay que mirar el presente”, añade, aunque ese presente le espante y lo haya apartado de las cámaras. Además, dice, “yo creo que con 35 películas dirigidas y 62 más como guionista he cumplido”. De sobra.

-Pero uno puede seguir amando algo aunque le espante. Usted ha realizado películas sobre la Italia del fascismo, como la célebre Una jornada particular o Competencia desleal (2001).
-Detesto a los nazis y el fascismo pero existía su reverso, la libertad. Ahora tenemos libertad y no veo reverso. Es un problema generalizado de valores, por llamarlo de alguna manera. Berlusconi ha sido la culminación de una situación cada vez más degradada en la que lo único que importa es el dinero, las mujeres y el éxito. Existe un sentimiento de egoísmo, de pensar sólo en el propio beneficio que lo ha invadido todo. Eso sí, aún no he perdido la esperanza de que eso disminuya.

Ideología e igualdad

Palabra de comunista convencido. Interrogado sobre una ideología que hoy casi suena a prehistoria, define su posición de manera sucinta: “Para mí el comunismo significa luchar por la igualdad, ni más ni menos”. Y vuelve a aparecer el nombre de Berlusconi, al que cita una y otra vez sin que nadie se lo pida.
-Usted ya no ama Italia, ¿pero sigue amando el cine?
-Por supuesto. Amo el cine que habla del hombre y sus problemas. Las buenas películas no escriben la biografía del director sino la del público. Por ejemplo, el cine de Buñuel no habla de él sino de mí. Por eso lo amo.

-¿Existe una manera de hacer películas “a la italiana”?
-Existe y nace con el neorrealismo. Ahí está el inicio de todo después del cine fascista. Fue un movimiento que conmovió al mundo, de Inglaterra a Francia pasando por España. A partir de ese amor por la realidad surgen todos los géneros, del melodrama a la comedia, Zavattini es el primer maestro en esta última ramificación. La comedia sigue siendo uno de mis géneros preferidos, me gusta esa forma de abordar desde la diversión los asuntos serios de la vida.

-¿Detecta la influencia del neorrealismo hoy en día?
-La detecto en el cine independiente de Estados Unidos, que es el mejor del mundo. Si uno ve ciertas películas americanas, podrá saber mucho de ese país.

-Se habla de un renacimiento del cine italiano, ¿suscribe esa idea?
-Hay dos directores muy interesantes: Matteo Garrone (Gomorra) y Paolo Sorrentino (Il Divo). Ellos demuestran que aún es posible hacer películas en mi país que disgusten al poder. También me gusta Marco Risi, pero ahí acaba todo.

-Al pensar en el cine italiano, es casi increíble que en un mismo momento coincidieran talentos tan asombrosos como el de Fellini, Rossellini, De Sica y el de usted mismo.
-Siempre ha sucedido así en todas las épocas históricas. De repente uno encuentra en el mismo lugar a grandes músicos, cineastas o pintores o no encuentra nada. La historia es como un paisaje en el que hay montañas y planicies.

Espíritu crítico

La pasión. Ese es el motivo por el que Ettore Scola asegura que ha trabajado incansablemente en el cine durante cincuenta años. Debutó como guionista en un ya lejano 1953 escribiendo Canzoni di mezzo secolo, donde comenzó a trabajar con el director Domenico Paolella con el que realizaría una decena de películas. Y en 1962, año en el que escribió para Dino Rissi el éxito internacional Il Sorpaso, fue el protagonista de esta película, Vittorio Gasman quien le convenció de que debía comenzar a dirigir. Aunque Scola deteste la nostalgia, no es difícil adivinar en el rostro del cineasta un halo de melancolía al recordar el episodio. Dos años después se ponía tras la cámara para dirigir su primer filme, la comedia Se permette parliamo di donne. A partir de aquí, ha tocado todos los palos: más comedia a la italiana en la famosa Feos, sucios y brutos (1976), los aires viscontianos de Una jornada particular, el drama en La terraza (1980), el género histórico en La noche de Varennes (1982) o la belleza crepuscular de ¿Qué hora es? (1989), donde dirigiría a Marcello Mastroiani por última vez.

-¿Está orgulloso de sus películas?
-Nunca las vuelvo a ver pero sí, me siento satisfecho. Para mí el cine siempre ha sido una vocación que surgía de la pasión y creo que todas, aunque las haya mejores y peores, han sido fieles a esa pasión. Se corresponden con lo que vivía y sentía en ese momento.

-¿Cree que el cine sirve para hacer un mundo mejor?
-No creo que las películas sirvan para construir un mundo mejor ni que lo transforme, pero sí deben servir para que los espectadores puedan comprenderlo. Un buen filme debe cultivar el espíritu crítico.

* * *

BREVE BIOFILMOGRAFÍA

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EL HIPERREALISMO DE LOS MASS MEDIA

Andrew Hobbs - Peter Phillips (*)
Traducción: Ernesto Carmona (Argenpresss)

El hiper realismo es la incapacidad de distinguir entre lo real y lo que no lo es. Los medios corporativos –particularmente la cadena de Noticias Fox-- ofrecen noticias que crean una hiper realidad frente a problemas y cuestiones del mundo real. Inducen a un estado de delirio, conmoción e ignorancia en los consumidores de noticias de televisión, en particular sobre quienes poseen un entendimiento primario enmarcado por la frecuente influencia de un solo medio.

Foto: Museo Magritte, Bruselas

Durante varias décadas, el sistema de medios corporativos actuó como un “cuarto poder” cohesionado y protector, entregando versiones amañadas sobre la guerra de Iraq, la tortura y el verdadero grado de devastación del huracán Katrina. Las noticias corporativas contemporáneas se analizan mejor en el contexto postmoderno del hiperrealismo. Las noticias de las redes de EEUU se basan en la presentación de historias efectivas parcializadas, enmarcadas en argumentos socio-emocionales que yuxtaponen “mal” con patriotismo y fervor cristiano. Hay ejemplos múltiples de esto, pero examinaremos sólo dos casos.

El prejuicio conduce a un hiperrealismo inherente que resulta desenfrenado en los medios modernos, donde los consumidores sólo necesitan girar la TV para tenerlo de vuelta. Aquí serán examinadas dos notorias y controversiales figuras modernas para explicar qué significamos por hiperrealismo ignorante. El seguimiento informativo al presidente venezolano Hugo Chávez y el personaje radial de derecha Rush Limbaugh son ejemplos únicos, sobre todo debido a la percepción de sus opiniones opuestas y sus semejanzas no aparentes. Pero que ambos sean similares en ese aspecto debería tener poca importancia práctica para la política estadounidense, por lo menos nacionalmente, pues Limbaugh es actor y Chávez es el líder de otro país.

Ambas personalidades también son mediáticas: Limbaugh proclama una audiencia de 20 millones a la semana (1), mientras Chávez recibe cada domingo la atención de millones de venezolanos a quienes les habla. Además, ambos están fuertemente ideologizados en el fortalecimiento de sus creencias, que para cada uno lucen diametralmente opuestas. Desafortunadamente, ambas personas tienen una importancia, irónicamente, prefabricada y parcializada, por lo menos recogida de la cantidad masiva de atención que les prestan sus adversarios de la gran prensa. Esto permite una oportunidad para el análisis: ¿cuál es la consecuencia pública de que tal atención sea positiva o negativa?

La maldad de Hugo Chávez

Sería absurdo ignorar el gran peso de la amenaza que plantea el paradigma ofrecido en Venezuela, puesto que un alcance más largos de la influencia de Chávez bien podría extenderse a países de economías mucho más ricas. Si la revolución popular en Venezuela incrementa sus adherentes en otras partes, será más difícil argumentar contra ese mismo modelo económico dentro de EEUU. Si un país con los recursos de Venezuela puede ofrecer al pueblo programas y servicios de cierta calidad, ¿por qué no puede hacerlo EEUU, dada su mayor capacidad de recursos, y repetir el éxito aquí? Puesto que el desarrollo de los avances sociales de Chávez en favor del pueblo de Venezuela son tan drásticamente contrarios a lo que confiesan los capitanes del capitalismo estadounidense, cualquier acción que adopte el líder venezolano será sistemáticamente vilipendiada por los medios corporativos de EEUU.

Noticias Fox es el epicentro de la demonización de Chávez. Fox News es uno de los conglomerados de medios más grandes de EEUU. La estación ofrece luminarias como Glenn Beck, que una vez llamó a Cindy Sheehan [activista pacifista] “mujerzuela de la tragedia” y en su programa propuso asesinar a Michael Moore [documentalista] (2). Los diferentes ataques de Fox a Chávez están uniformados sistemáticamente, al extremo de la redundancia. En un examen de las transcripciones de noticias de Fox respecto a Chávez, encontramos el uso continuo de expresiones descriptivas que son emocionalmente negativas, como que gusta del autoritarismo, y adjetivos como hombre fuerte, socialista, cruel, siniestro, radical, militante y dictador. Durante la última década, una gran mayoría del pueblo de Venezuela lo ha elegido democráticamente en varias ocasiones, sin embargo, la predisposición corporativo-mediática de EEUU en su contra es siempre la misma predecible oposición negativa plagada de difamaciones emocionales.

Después que Chávez utilizara la legislación radio eléctrica para negar la renovación de la licencia de RCTV, posiblemente porque sus directivos estuvieron pesadamente implicados en la conspiración para derrocarlo durante el golpe de 2002, Fox cubrió el incidente como si la motivación hubiera sido la censura, por ejemplo utilizando títulos como “Protestas en Venezuela se ponen feas” (3). Las primeras secciones de la cobertura del Fox estuvieron llenas de balas de goma y gas lacrimógeno. Cuando disminuyó el peso de la noticia, Fox continuó divulgando estimaciones insustanciales de manifestaciones de masas e incremento del autoritarismo. Ésta es la estructura esencial de la mayoría de cualquier noticia sobre Chávez encontrada en los medios corporativos de EEUU.

Por desgracia, la cobertura de Fox realmente nunca examina los orígenes de las protestas, menos ¿qué gente participa? ¿Son los mismos individuos que se opusieron tan violentamente a Chávez en algunos años anteriores? Una encuesta realizada en Venezuela después del cierre de RCTV indicaba realmente una amplia ambivalencia hacia la decisión gubernamental, con cerca del 70% de los encuestados contrarios al cierre de la estación. Sin embargo, la mayoría de la gente indicó que era porque transmitía sus telenovelas preferidas y otros programas cancelados (4).

Fox News y Glenn Beck se muestran firmes en relacionar la administración Obama con el socialismo. Chávez proporciona una suerte de espantapájaros muy conveniente para golpear con dureza al progresismo, socialismo y también al presidente Obama. En febrero de 2009, en un espacio de TV titulado “¿Ustedes votarían por Hugo Chávez?” (5), Beck afirmó que EEUU rodaba por “una autopista al socialismo” como resultado de las medidas de “nacionalización de nuestros bancos”. Entonces propuso que, con un mayor apoyo urgente a los bancos, EEUU de América podría estar listo para una presidencia de Chávez.

Noticias Fox ha hecho de Chávez un símbolo del mal. La ignorancia emocional resultante se utiliza para minar la presidencia de Obama. Fox ignora totalmente los hechos del enorme paquete de ayuda aprobado por la anterior administración Bush, como los financiamientos para Bear Stearns y AIG. Utiliza la difamación hiperreal para describir a Chávez, ligando estas sensaciones con Obama de una manera puramente emocional, sin usar la lógica ni los hechos.

Conducido por el presidente Hugo Chávez, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) obtuvo una mayoría de más de un millón y medio de votantes en las recientes elecciones del 23 de noviembre de 2008. Antes de la elección de Hugo Chávez como presidente en 1998, la educación universitaria estuvo dirigida sobre todo a los ricos de Venezuela. Hoy asisten a la universidad más de 1.800.000 estudiantes, tres veces más que hace diez años.

Para los dos tercios de más bajo ingreso del pueblo de Venezuela, Hugo Chávez significa atención de salud, trabajo, alimentación y seguridad en muchas vecindades donde hace diez años sólo existía pobreza absoluta. Con el desempleo por debajo del nivel de EEUU, la distribución de la riqueza en Venezuela ha tomado un significado real. A pesar de un aumento del 50% en los precios de la alimentación el año pasado, las tiendas Mercal del gobierno ofrecen precios subsidiados para el aceite de cocina, harina de maíz, carne y leche, con descuentos del 30 al 50%. Además, ahora hay 3.500 bancos comunales locales con 1.600 millones de dólares de presupuesto para financiar micro préstamos destinados a mejoras del hogar en los barrios, pequeñas empresas y emergencias personales.

En Venezuela, los grandes medios corporativos todavía pertenecen a las elites. Las mayores 5 redes de televisión y 9 de los 10 grandes diarios del país mantienen su esfuerzo por minar a Chávez y a la revolución socialista. A pesar de la tendencia sesgada de los medios corporativos y la continua ayuda financiera en apoyo a las organizaciones de oposición anti Chávez proporcionada por la USAID y el Fondo Nacional para la Democracia -NED, por su sigla en inglés- (que asciende a 20 millones de dólares anuales, pagados por los contribuyentes de EEUU), dos tercios de la población de Venezuela continúa apoyando al presidente Hugo Chávez y al Partido Socialista Unido de Venezuela.

Fox no tiene ningún límites en su obsesión con Chávez. Ha echado a correr historias álgidas sobre su divorcio y la lucha por la custodia de los hijos, así como su contribución vocal a un álbum de artistas “enganchados con la revolución bolivariana”. El saludo de Chávez a Barack Obama en la cumbre de la Organización de Estados Americanos y sus potenciales consecuencias diplomáticas, garantizaron en Fox comentarios de Karl Rove, John Bolton, ex embajadores de EEUU en la ONU y Beck (6).

También existe una fuente abundante de noticias negativas sobre Chávez revisando los cables de Associated Press (AP), cuyas historias repiten a menudo la aserción de Fox que Venezuela es un petro-feudo socialista. Chávez conserva su apoyo político, mientras cualquier líder democráticamente elegido múltiples veces tendría cierto grado de severo deterioro. Desafortunadamente, en EEUU sólo se cuenta la mitad de la historia. Una vez más el mejor ejemplo de información parcial es cómo se informa que Chávez no renovó la licencia de radio difusión de RCTV en 2006, ejerciendo la Ley sobre Responsabilidad Social de la Radio y la Televisión. La información sobre este asunto en EEUU es de naturaleza completamente miope (7). Si productores y ejecutivos de un medio de comunicación norteamericano conspiraran contra el gobierno de EEUU lo más probable es que hubieran recibido un trato mucho más estricto que el aplicado a RCTV, que [no fue clausurada, sino] se le permitió continuar operando durante el resto del lapso de su concesión.

Después de las reformas constitucionales de 2007, los medios de comunicación corporativos de EEUU comenzaron a alegar que Chávez había insertado un lenguaje en la Constitución que podría convertirlo en “presidente de por vida”. Una vez más, éste fue un caso en que la verdad fue distorsionada. Los cambios solamente incluían una reforma que habría permitido la posibilidad de un tercer período para Chávez. Otras naciones no tienen absolutamente ninguna restricción para los mandatos, como Alemania, Reino Unido y Australia, pero los medios de EEUU a ninguno de esos gobiernos le han puesto la etiqueta de “dictaduras”. Irónicamente, la reforma de 2007 fue derrotada, pero en febrero de 2009 se aprobó una nueva propuesta que sólo tuvo cambios semánticos.

Los medios corporativos de EEUU probablemente no plantean mucha dificultad a Chávez, cuya agenda ha estado ganando democráticamente las elecciones desde 1998. Por otra parte, lo que haga Chávez en Venezuela tiene muy poco impacto en las políticas y circunstancias de EEUU. Pero la demonización en desarrollo contra Chávez permite perpetuar un hiperrealismo emocional profundamente entronizado en el interior de la conciencia pública estadounidense. Un Chávez hiperreal está continuamente disponible para su comparación con otros problemas contemporáneos.

Los medios corporativos de EEUU ignoran a muchos dictadores del mundo de hoy. El rey Abdullah de Arabia Saudita, que ocupa el trono de una dictadura autocrática donde las mujeres no tienen esencialmente ningún derecho, posee un lugar perenne en la lista del desfile de los peores dictadores del mundo (8), al igual que Hu Jintao, el presidente de China. Las búsquedas de estos dos líderes en la base de datos del sitio web de Fox devuelven un total de 806 y 888 resultados, respectivamente. La misma búsqueda con Chávez -elegido democráticamente como líder de un país con apenas tres millones más de personas que Arabia Saudita, pero con una fracción mínima de la población de China- arroja 2.743 páginas. Arabia Saudita es presentada como aliada de EEUU, siendo el hogar de Osama Bin Laden y de 15 de los 19 sindicados como secuestradores del 11/9.

La gloria de Rush Limbaugh

Rush Limbaugh se encuentra en una posición de tanta influencia que nunca nadie podría creer, excepto él mismo. Como “amo” allegado a la prensa y a los legisladores de derecha que lo apologizan después de contradecir su ideología, Limbaugh ha cultivado un permanente renombre, cuya fuerza continua empuja las asignaciones de su agenda. Desde la elección de 2008 afiló sus ataques, según se vio en una entrevista con Sean Hannity [locutor de radio y TV conservador] el 4 de junio de 2009 (9).

Hannity trató a Limbaugh como una suerte de autoridad moral y constitucional, permitiéndole que se condujera de manera casi pastoral, predicando sermones dogmáticos sobre norteamericanismo. Limbaugh siguió sosteniendo que los esfuerzos de Barack Obama para restaurar la contusa economía equivalen al socialismo y al fascismo y bromeó: “Fidel Castro y él (Hugo Chávez), si no tenemos cuidado, capaz que terminen a la derecha de Obama”, refiriéndose (fuera de contexto) a la supuesta conversión de General Motors en “Government Motors” [“Motores del Gobierno”]. Un Limbaugh encendido dijo: “Ustedes pueden tomar nota de quién nacionalizará más, si Obama o Chávez… y probablemente estén cabeza a cabeza”.

Rush Limbaugh estuvo en medio de una tormenta de intercambios entre los liderazgos demócrata y republicano a comienzos de la primavera [boreal] de 2009. El jefe de personal de la Casa Blanca Rahm Emmanuel (10) proclamó que el anfitrión de radio es “la voz, la fuerza y la energía intelectual detrás del Partido Republicano”. El Presidente del Comité Nacional Republicano

Michael Steele dijo que no tuvo la intención de ofender a Rush Limbaugh cuando describió al popular anfitrión de radio conservador como “actor” cuya demostración podría ser “incendiaria”. “Mi intención no fue enojar a Rush, por quien tengo enorme respecto”, dijo Steele. “Quizás fui un poco inarticulado. …. No hubo en mí ninguna tentativa de disminuir su voz o su liderazgo”.

El cantante melódico Pat Boone (11) le tributó una encendida pieza poética: “Rush Limbaugh es un patriota. Puro y simple, patriota. Lo veo en la compañía selecta de otros patriotas como Paul Revere, Thomas Paine y Ben Franklin. Agradecido, proclamó como Nathan Hale: “Lamento que solamente tenga una vida para dársela al país”.

El activista conservador Phyllis Schlafly (12) describe como Rush llegó a ser un ciudadano modelo: “Un secreto del éxito de Limbaugh es su tranquilidad, pues no se deja intimidar por los grupos de presión organizados que asustan tanto a muchos otros con el ruido de fondo de sus lugares comunes. Él toma en cuenta a todos: a las radicales feministas, los ecologistas raros, la muchedumbre de fronteras abiertas e incluso la desviación del conservadurismo del presidente George W. Bush”. Rush Limbaugh es un hombre de valores cristianos -aunque sigue vigente la pregunta ¿a qué congregación pertenece?- y cree que EEUU es una nación fundada sobre principios cristianos.

Nacido en 1951, en una familia prominente de Missouri, el joven Rush Limbaugh fue boy scout [muchacho explorador] pero nunca ganó una sola insignia de mérito. Quizás para aplacar a sus padres, pasó apenas dos semestres y un verano en la Universidad Southern Missouri State. Su madre le dijo a su biógrafo Paul Colford que “aprobó todo” (13), menos las clases de bailes modernos. Su carrera en los años 70 comenzó primitivamente en una radioemisora de música DJ, moviéndose de estación a estación antes de tomar el puesto de director de promoción de Kansas City Royals en 1979. Regresó a las ondas en 1984 y subió al estrellato cuando la administración Reagan abrogó la doctrina de la imparcialidad.

¿Cómo y cuándo se ganó su pretendida facilidad de despliegue y exhibición? En un comentario del 14 de mayo de 2008, en un programa de radio sobre la Gran Depresión, eligió la opción de difamar adversarios (14) como “espantapájaros”, su táctica favorita. Buscó en el Google algunos temas para descubrir como explicar a nivel popular la Gran Depresión y en su búsqueda encontró un papel académico titulado “Causas principales de la Gran Depresión”, publicado en 1996.

Rush desmontó sistemáticamente el documento como un profesor enojado, no tanto refutándolo como poniéndolo en ridículo y finalmente concluyó que debía comprobarse si hubo plagio de los trabajos de Karl Marx. Encendido, atacó al autor, un supuesto Paul Gusmorino, y afirmó que no pudo terminar su universidad porque [éste académico] hizo que “mi mente fuera contaminada y me lavó el cerebro un atado de profesores marxistas”. Desafortunadamente para Rush, ninguna pieza tenía como autor a Gusmorino, quien hoy se desempeña como gerente de programas de Microsoft y estaba apenas en décimo grado cuando el supuesto profesor marxista de economía política escribió tal pieza en 1996. Dentro de los medios corporativos, Rush Limbaugh es una caricatura de patriotismo y valores cristianos. Para el hiperreal sistema corporativo de medios no importa carecer de entendimiento efectivo de las circunstancias sociopolíticas. Y el hecho es ¿quién gana? cuando los dos partidos políticos principales discuten abiertamente en una parodia emocional basada en problemas específicos, pero creando un delirio emocional de profunda ignorancia.

Michael Savage se encontró prohibido en el Reino Unido (15) por alegatos de “fomento del extremismo u odio” tras su afirmación de que El Corán es “un libro del odio”. Pero en el sistema de medios corporativos de EEUU no existen tales desafíos para los locutores del odio como Limbaugh. Como sociedad, EEUU ha visto un incremento innegable del extremismo nacional desde el cambio de administración. Individuos asociados a grupos de derecha o que siguen causas tradicionalmente inclinadas a la derecha, tales como el uso de armas o contra el aborto, emergen en los modelos de delirios emocionales basados en el odio.

En la noche de la inauguración de Obama, el “autoproclamado supremacista blanco” Keith Lucas fue arrestado después de probarse un asesinato múltiple con violación, donde todas las víctimas eran negras, que dejó dos muertos y un tercera persona seriamente herida y violada. Lucas estuvo planeando terminar la diversión con una masacre durante la “noche de bingo” de una sinagoga local. Tres oficiales de policía de Pittsburgh pagaron con sus vidas por el miedo paranoico de Richard Poplawski, quien temía que la administración de Obama le quitaría sus armas.

Apenas diez días más tarde, el viejo partidario de la supremacía blanca de 88 años James von Brunn segó la vida de un guardia de seguridad e hirió a otros después de abrir fuego en el Museo del Holocausto de Washington. Estos afloramientos reflejan una tendencia que perturba y ya algunos cuestionan el papel que pueden jugar los medios (16). Quizás no sea justo culpar a los medios corporativos por el extremismo de derecha, pero indudablemente la expansión de la ignorancia absoluta es un factor que contribuye.

Sin un contexto de hechos comprensibles, Glenn Beck llegó a afirmar en las noticias nacionales de Fox Televisión que el tiroteo en el Museo del Holocausto fue apoyado de verdad por gente del 11 de septiembre. Beck proclamó (17) que los autores del 11/9 verdaderamente ven a James von Brunn como “héroe”. La afirmación de Beck carece totalmente de fundamento efectivo y representa un golpe emocional hiperreal a un grupo difamado preclasificado por los medios corporativos como teorizadores de la conspiración. Beck llevó su diatriba más lejos, equiparando a quienes reclaman la verdad del 11/9 con la supremacía blanca y Al-Qaeda, alegando que todos quieren “destruir al país” (para actualizar estos temas del 11/9 véase el capítulo 10).

Nuestra declinación cultural continuará largamente por efecto de la incitación existente. Los consumidores de noticias eventualmente decidirán por sí mismos cuáles de esos mensajes carecen de sentido. La continua disminución de la confianza en los medios corporativos de EEUU evidencia la revocación de su credibilidad. Esto resulta evidente cuando las noticias de los medios de entretenimiento siguen el mismo paradigma que cualquier medio, que por su naturaleza es altamente cíclico y repetitivo: pierde atractivo y el portador eventualmente falla.

Mientras tanto, muchos estadounidenses están profundamente embebidos en un estado de delirio emocional de suprema ignorancia. La reversión de esta tendencia forma parte vital de la arquitectura de la democratización de los medios. Nuestra crisis de hiperrealismo solamente puede ser aliviada por noticias vibrantes, independientes de los medios, basadas en hechos efectivos e investigación racional.

*) Título original de la publicación en www.argenpress.info: “Proyecto censurado: el hiperrealismo de un fracasado sistema de medios corporativos”
-Andrew Hobbs es académico de filosofía en la Universidad Sonoma State (USS). En la investigación para este capítulo participaron los estudiantes de la USS Ian Marlowe y Kevin González.
-Peter Phillips es profesor de sociología de la USS y director de la Fundación Libertad Mediática y del Proyecto Censurado.
-Texto correspondiente al capítulo 9 del libro “Censored 2010”.

Notas:
1. “Limbaugh’s Audience Size? It’s Largely Up in the Air,” Washington Post, March 7,
2009.
2. The Glenn Beck Program, August 15, 2005 and May 17, 2005, respectively.
3. See http://www.foxnews.com/story/0,2933,275912,00.html.
4. “Venezuela replaces opposition TV with state network,” Reuters, May 28, 2007.
5. See http://www.foxnews.com/story/0,2933,494065,00.html
6. Fox News Contributors, “By Greeting Hugo Chavez, Is President Obama slighting US
allies?” April 21, 2009.
7. “Coup Co-Conspirators as Free-Speech Martyrs,” FAIR, May 25, 2007.
8. See http://www.parade.com/dictators/2009/
9. Fox News, “Rush Limbaugh on Hannity,” June 4, 2009.
10. “Steele to Rush: I’m Sorry,” Politico, March 2, 2009.
11. See http://www.worldnetdaily.com/index.php?fa=PAGE.view&pageId=70559.
12. See http://www.wnd.com/index.php?fa=PAGE.view&pageId=71100.
13. Paul D. Colford, The Rush Limbaugh Story: Talent On Loan From God: An Unauthorized
Biography (New York: St. Martin’s Press, 1993).
14. See www.rushlimbaugh.com/home/daily/site_051408/content/01125111.guest.html
15. See http://www.cbc.ca/world/story/2009/05/05/britain-banned-list050.html
16. Errol Louis, “Connect the dots of hatred . . .” New York Daily News, June 14, 2009.
17. See http://www.youtube.com/watch?v=lUTATYaIZYI&feature=related
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A LOS 100 AÑOS, MURIÓ CLAUDE LEVI STRAUSS


Imposible sintetizar su legado en algunas líneas. Capaz de estudiar a Marx y Freud y luego internarse en la selva amazónica, el filósofo francés llevó a las alturas su gusto por las ideas, que lo condujo a explorar el conocimiento con auténtica pasión.

“La humanidad se dispone a producir civilización en masa”
Por Silvina Friera
(Página/12)

El maestro de cara angulosa y ojos pequeños, que odiaba los viajes y a los exploradores, hizo escuela. Enseñó nada más ni nada menos que a mirar contemplando lo remoto como ordinario y sorprendiéndose ante lo cotidiano. El valor de la pluralidad humana y la necesidad de defenderla, el estudio de los fenómenos sociales y culturales, enfocados en los mitos, fueron la espina dorsal de sus reflexiones, de su escritura traviesamente literaria, que incita a preguntarse si no será uno de los grandes autores de la literatura francesa. Las hipótesis y conjeturas, se sabe, las responde, cuando puede, el tiempo. Anticiparse y definirlo como escritor también, ahora que se multiplicarán las alabanzas al “sabio del siglo XX”, sería una empresa probablemente destinada al fracaso.

El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX y padre del enfoque estructuralista de las ciencias sociales, que influyó de manera decisiva en la filosofía, la sociología, la historia y la teoría literaria –y hasta bien podría ser tenido como uno de los precursores de la ecología, en el más amplio de los sentidos–, murió el viernes pasado a los 100 años, según informó ayer la editorial Plon. En uno de sus libros más celebrados, Tristes trópicos, de 1955, escribió una de esas frases que suelen dar mucha tela para cortar, más allá de la coyuntura en la que fue pensada: “La humanidad se instala en la monocultura; se dispone a producir civilización en masa, como cultiva la remolacha”.

Este sabio longevo, que nació en Bruselas en 1908, estudió filosofía en la Sorbona, porque su gusto por las ideas era “lo que menos dificultades me planteaba”, como dijo. Leyó a Marx durante sus años de estudiante y militó en la SFIO (Sección Francesa de la Internacional Obrera) a fines de la década del 20. Otra de las grandes revelaciones intelectuales de su vida fue Sigmund Freud, quien le enseñó que “incluso lo que se presentaba bajo los aspectos más irracionales, los más absurdos, los más chocantes, podían ocultar una racionalidad secreta”. Las influencias no se detienen en estos dos titanes. Lévi-Strauss fue hijo intelectual de Emile Durkheim y de Marcel Mauss; se interesó en la lingüística de Ferdinand de Saussure y Roman Jakobson y el formalismo de Vladimir Propp. Y más allá de los nombres que conforman esta suerte de breve retrato de sus lecturas capitales, además era un apasionado de la música, la geología, la botánica y la astronomía.
El telefonazo

Su vocación nació, como le gustaba contar, de un telefonazo. Marcel Mauss y su equipo estaban buscando, entre los licenciados en Filosofía, gente que quisiera trabajar en el recién creado Departamento de Etnografía, una ciencia que acababa de adquirir rango universitario y que hasta entonces había dependido de misioneros y administradores coloniales. “Yo hacía sólo dos años que ejercía como profesor de Filosofía, en Mont-de-Marsan y en Laon, en 1932 y 1933. El primer año es apasionante, tienes que construirte todo un programa, pero los cursos siguientes te limitas a retocarlo. Estaba claro que no era eso lo que iba a dar sentido a mi vida. Tenía ganas de descubrir el mundo. Y de ahí que aceptase un puesto en la universidad de San Pablo y comenzase mis viajes de etnólogo.”

Lévi-Strauss tenía 27 años cuando abandonó la confortable vida académica francesa para meter las patas en el barro del Mato Grosso y la selva amazónica brasileña. Esa prolongada estancia con los indios del Amazonas marcaría a fuego la identidad de este hombre que vivió en Brasil entre 1935 y 1939. ¿Qué encuentra el antropólogo en esa sociedad humana “reducida a su expresión básica”? Lo que el zoom de su mirada acerca, lo que enfoca con una precisión hasta entonces desconocida, son las fauces del colonialismo y cómo el viejo “buen salvaje” de Rousseau deviene en desechos del progreso industrial europeo.

“El viaje del etnógrafo tiene muy poco que ver con la aventura romántica que pude imaginarme antes de marchar hacia Brasil”, confesó el antropólogo muchos años después de aquella emblemática experiencia. En esa región selvática se encontró al “Otro”, a los indios, a hombres “sin Historia”, que lo iniciaron en otra manera de pensar, donde el mito juega un papel más importante que la razón. Partiendo de los indígenas Bororo, Nambikwara y Tupi Kawahib de Brasil, Lévi-Strauss comenzó su gigantesca investigación sobre la mitología de los indígenas del continente. “He sido siempre un americanista a causa de la impresión imborrable provocada en mí por el Nuevo Mundo, a lo que se agrega el trastorno, que dura aún, causado por mi contacto con una naturaleza virgen y grandiosa”, escribió. “Creo que ningún otro continente necesita tanta imaginación para estudiarlo”, aseguró el pensador e investigador, que plasmó posteriormente esta visión en ese curioso y paradigmático artefacto narrativo que es Tristes trópicos, modelado con la arcilla de la escritura literaria.

Cerca de la frontera con Bolivia, precisaba en el libro, se cruzó con los Tupi Kawahib. El intento de comunicación fue frustrado por la imposibilidad de entablar un diálogo. Imposible sortear la muralla que levantaba la lengua. “Estaban realmente dispuestos a enseñarme sus costumbres y creencias, pero yo nada sabía de su lengua. Estaban tan cerca de mí como una imagen vista en un espejo. Los podía tocar pero no podía entenderlos. Allí tuve mi recompensa y al mismo tiempo mi castigo, pues, ¿no consistía mi error, y el de mi profesión, en creer que los hombres no son siempre hombres? ¿En pensar que algunos merecen más nuestro interés y atención porque en sus maneras hay algo que nos asombra?”

La transformación radical que él iniciaría en la etnología contemporánea consistió en elaborar un método original que mezclaba las aguas del estructuralismo y el psicoanálisis a la hora de interpretar los mitos; método que el antropólogo francés utilizó para estudiar la organización social de las tribus de Brasil y la de los indios del norte y sur de América. Tres bloques de hormigón constituyen las aportaciones que puso sobre el tapete de las ciencias sociales: la teoría de la alianza, los procesos mentales del conocimiento humano y la estructura de los mitos.

La teoría de la alianza plantea que el parentesco está más vinculado con la alianza entre dos familias por matrimonio respectivo entre sus miembros que con la ascendencia de un antepasado común. El autor de Las estructuras elementales de parentesco astilló la distinción entre pensamiento “primitivo” y “civilizado”; la mente humana organiza el conocimiento en parejas binarias y opuestas que se “modulan” de acuerdo con la lógica. El mito y la ciencia, entonces, están estructurados por pares de opuestos relacionados lógicamente.
El mito de la nostalgia

Una de las críticas que tuvo en su momento cierto predicamento acusaba a Lévi-Strauss de mirar con nostalgia las sociedades que producen mitos, que tienen estructuras de parentesco sofisticadas, pero totalmente ajenas al cambio, conservadoras y cerradas en sí mismas. Esta lectura, para muchos errática y reduccionista del más complejo pensamiento del antropólogo francés, ocasionó que en su momento se interpretara que la antropología debía dedicarse al estudio de las sociedades arcaicas, “sin historia”, cuando, en rigor, el autor de libros fundamentales como El pensamiento salvaje (1962) y su monumental Mitológicas (cuatro tomos publicados entre 1964-1971) siempre se interesó por la estructura en el porvenir. La concepción del tiempo en las sociedades modernas se ubica en el horizonte del progreso, mientras que las sociedades que él estudiaba conservaron una sabiduría particular que las impulsaba a resistir cualquier modificación de su estructura resistiendo la idea de progreso. En este nudo se afincaba el reproche hacia la nostalgia que cultivaba el pensador francés.

Luego de su inmersión por la selva amazónica y su trabajo como profesor en la universidad de San Pablo, volvió a Francia en vísperas de la Segunda Guerra Mundial y estuvo movilizado como oficial entre 1939 y 1940, pero fue dado de baja por su origen judío. Escapó de la ocupación nazi y se instaló en Estados Unidos, donde impartió clases en la New School for Social Research de Nueva York, ciudad en la que conoció y trató al lingüista Roman Jakobson, cuya obra fue fundamental para la evolución de sus ideas. A su regreso a Francia, fue sudirector del Museo del Hombre de París, enseñó en el Collège de France, desde 1959 hasta su jubilación en 1982; y en 1973 se convirtió en el primer antropólogo en ingresar a la Academia Francesa. A Lévi-Strauss le gustaba bromear y afirmar que había descubierto el estructuralismo antes de leer.

“El secreto del estructuralismo creo haberlo intuido mientras estaba en el frente, en la Línea Maginot, como oficial de enlace que esperaba servir de intérprete a las tropas británicas. Allí, mientras esperábamos una batalla que no comenzaba, pude observar con detalle cómo, detrás del aparente azar de la belleza ondeante de un campo lleno de flores, estaba una organización estricta de cada una de ellas”, explicaba. “Luego, en Nueva York, el encuentro con Roman Jakobson fue definitivo. Me reveló que era estructuralista sin saberlo.” Catherine Clément, filósofa y especialista en la obra del antropólogo francés, recuerda la irritación del etnólogo al descubrir, en casa de ella, sus libros puestos en el mismo estante que los de Michel Foucault, Roland Barthes, Louis Althusser o Jacques Lacan. “Los únicos estructuralistas al lado de los cuales acepto figurar son Emile Benveniste y Georges Dumezil”, aclaró Lévi-Strauss.
La frontera de la humanidad

“Demasiado cientificista”, sentenciaron al estructuralismo muchos filósofos. “Demasiado filosófico”, protestaron muchos científicos. Algunos con mayor o menor ironía vieron en Lévi-Strauss a una suerte de mago que no dejaba de sacar de su galera estructuras por todos lados. A otros les resultó imperdonable que el antropólogo planteara preguntas que supuestamente no respondía al pie de la letra de lo que otros esperaban. “Al estructuralismo se le reprochó ser antihumanista y eso es parcialmente cierto”, admitía. “Es imposible para un etnólogo no tomar en consideración la destrucción sistemática y monstruosa que los occidentales hemos hecho de las culturas distintas de la nuestra desde, como mínimo, 1492. No es posible separar o aislar esa condena de la destrucción de la que hoy son víctimas especies animales y vegetales, y todo eso en nombre de un humanismo que situó al hombre como rey y señor del mundo. La definición que el humanismo clásico hace del hombre es muy estrecha, lo presenta como un ser pensante en vez de tratarlo como un ser viviente y el resultado es que la frontera donde se acaba la humanidad está demasiado cerca del propio hombre.”

Lévi-Strauss reconocía que el escepticismo llega con la edad. “El espectáculo que ofrece la ciencia contemporánea invita a ello. Durante el siglo XX esa ciencia ha progresado mucho más que en todos los siglos anteriores, una aceleración enorme en la producción de conocimientos y, al mismo tiempo, ese progreso vertiginoso nos abre abismos insondables, cada descubrimiento nos plantea diez enigmas, de manera que el esfuerzo humano está abocado al fracaso. Pero está bien que sea así.” Ese escepticismo se profundizó en una de las últimas entrevistas que concedió, en 2005, en la que pronosticaba que “vamos hacia una civilización de escala mundial en la que probablemente aparecerán diferencias”. “Estamos en un mundo al que yo ya no pertenezco. El que yo he conocido, el que he amado, tenía 1500 millones de habitantes. El mundo actual tiene 6000 millones de humanos. Ya no es el mío.”

El mundo cultural francés cayó rendido a sus pies el año pasado cuando celebró los 100 años de su “hijo más ilustre”. Suplementos especiales, documentales, exposiciones y reediciones de sus libros proliferaron en lo que bien podría haber sido declarado el año Lévi-Strauss. La crítica literaria, el psicoanálisis, la lingüística, la historia, la filosofía llevan medio siglo dialogando con él. Incluso contra él, sin que ninguna haya podido esquivar el influjo de este “pensador salvaje”. “¿Para qué sirve actuar, si el pensamiento que guía la acción conduce al descubrimiento de la ausencia de sentido?”, se preguntó en Tristes trópicos. “Simplemente he aspirado a dar cuenta de fenómenos múltiples y complicadísimos de una manera más económica, y más satisfactoria para el intelecto que todo lo hecho anteriormente. Pero con la certeza de que este estadio es provisorio y que otros, mejores, lo sucederán”, reflexionaba el antropólogo. El legado de Lévi-Strauss se podría sintetizar, si esto fuera posible en apretadas líneas, en su ponderación de que el saber científico avanza, a paso inseguro, bajo el látigo de la contención y la duda.
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EL ROBO DE NIÑOS DURANTE EL FRANQUISMO

Informe del Periódico Diagonal

El robo de niños para darlos en adopción no terminó con el que sufrieron las prisioneras políticas tras la guerra civil española, sino que continuó hasta los años ’80. Algo que comenzó con una motivación política se convirtió en un negocio movido por curas, monjas y médicos, algunos de ellos aún vivos, y todos impunes.

I - LA IGLESIA CATÓLICA Y LOS “NIÑOS PERDIDOS” DEL FRANQUISMO
Miguel Ángel Rodríguez Arias

La anómala presencia de personal eclesiástico en cárceles de mujeres y niños obliga a esclarecer su implicación en lo sucedido en esos centros. El Vaticano debería iniciar una “investigación oficial”

La Iglesia católica de España, estrechamente unida al régimen (…), jugó un papel muy importante al proveer el personal de numerosos establecimientos penitenciarios, siendo los más tristemente célebres las prisiones de mujeres y los reformatorios para jóvenes, cuyos antiguos detenidos han denunciado públicamente los malos tratos físicos y psicológicos que sufrieron por parte del personal religioso”. Así se expresaba, junto a todos los demás puntos denunciados, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en su Balance de Crímenes de la Dictadura Franquista en marzo de 2006. Nada se ha hecho por esclarecer dichas anómalas funciones penitenciarias por parte de agentes de la Iglesia Católica. Anómalas pues la única participación de una confesión religiosa, en este caso la Iglesia Católica, lejos de la situación denunciada por el Consejo –con expresa mención de las prisiones de mujeres– debería haber sido la de dar libre asistencia espiritual a las prisioneras –de querer ser ejercido este derecho por ellas– tal y como se reconoce en las convenciones internacionales.

Pero nunca se debe ampliar a la colaboración en funciones de detención o custodia alguna por parte de las denominadas monjas-guardianas, ni nada que se le parezca. Sabemos también por los testimonios recogidos por Tomasa Cuevas, y otras investigaciones periodísticas más recientes, como Los niños perdidos del franquismo, de la utilización de edificios e instalaciones de la Iglesia, como algún convento, para funciones carcelarias. Incluso de condiciones materiales de hacinamiento, muchas veces durmiendo en el propio suelo, y de ausencia de higiene. También denuncian estas investigaciones periodísticas las condiciones de insuficiencia alimenticia y de asistencia médica, y la elevada mortandad infantil que ha llevado a hablar a algunos autores de “infanticidio”.

Esto último motivado por la falta de alimentos y de los cuidados médicos exigidos, condiciones amparadas en las leyes de humanidad consagradas en el derecho internacional. El horror vivido por esas madres y sus pequeños, recogido en inhumanas escenas por tales testimonios, no debe ser nunca olvidado. Sin embargo, la Ley de la Memoria no tiene memoria de género, no menciona siquiera el caso de los niños perdidos, olvidándose de los deberes de “verdad, justicia y reparación” hacia nuestros desaparecidos en vida y sus familias.

Todo ello sitúa a la Iglesia Católica en un terreno escabroso, por incumplir los especiales deberes de diligencia –y esferas de responsabilidad– de las llamadas “relaciones de sujeción especial” en el ámbito penitenciario, como se llama en Derecho a la situación de dependencia y vulnerabilidad de cualquier detenido respecto a guardianes y autoridades del centro, que deben velar por sus condiciones de vida. Un ámbito jurídico debe estar fuertemente reglado y protegido por la jurisprudencia e instrumentos internacionales, especialmente por la importante jurisprudencia evolutiva del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Todo ello iría desde la responsabilidad por las condiciones de detención, alimentación y cuidados médicos, a llevar un obligado registro, detallado y actualizado, de las madres y niños detenidos en cada centro, con participación de personal religioso-penitenciario; así como registro detallado de su posterior traslado, fallecimiento o puesta en libertad.

Unos libros de registro cuya existencia es obligatoria, so pena de incurrir en adicionales esferas de responsabilidad de no existir, como varios historiadores denuncian que también fue el caso en varios de esos centros de detención, respecto a los menores encarcelados, sin quedar constancia, por tanto, de qué niños entraban en tales cárceles, qué niños fallecían o eran trasladados y, en su caso, a dónde.

LA IGLESIA EN LAS CÁRCELES

Más aún en un terreno colindante –éste de la participación de agentes de la Iglesia Católica de España en la detención carcelaria de madres y menores– con el de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Franquismo con los hijos de las defensoras de la II República y otros colectivos de mujeres. Como deja de manifiesto el texto del Consejo de Europa: “Los ‘niños perdidos’ son también parte de las víctimas del Franquismo, se trata de hijos de presas cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias afectas al régimen”.

Lo que sumado a la revelación de otros testimonios personales y documentos escritos que apuntan directamente a alguna forma de participación de curas o monjas en varias desapariciones infantiles –me refiero a las investigaciones antes mencionadas pero también a otras más recientes como las publicadas por DIAGONAL hace tan sólo unos días– tornaría de toda importancia la investigación de tales registros, de los testimonios. Es decir, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos considera deber ipso facto emprender una “investigación oficial efectiva e independiente” por propia iniciativa del Estado, ante la mera noticia de la existencia de desapariciones en circunstancias no esclarecidas.

Todo lo anterior habida cuenta, en especial, de que los miembros de la Iglesia Católica forman parte de una estructura claramente jerarquizada y de conformidad con la fundamental doctrina de la “responsabilidad por el mando”, surgida en los juicios de Nuremberg. El “mando” es el responsable de la actuación de sus subordinados no sólo si éste sabía, también si tenía motivos para saber, en unas circunstancias determinadas, que dicho subordinado estaba cometiendo, o iba a cometer, actuaciones contrarias a la legalidad, en especial si no tomaron todas las medidas necesarias para impedirlo o sancionarlo. En este sentido se articula el punto 27 del Conjunto de principios actualizado para la protección y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Y en este caso el mando último ostenta a su vez la condición de alta autoridad de un Estado, el Vaticano, sujeto igualmente a dichos deberes internacionales y a responsabilidad internacional, como nuestro propio Estado español, en caso de incumplirlos.

Por ello mismo cabría esperar una “investigación oficial efectiva e independiente” por parte del Estado español, pero también por parte del Estado vaticano, en tanto que fueron agentes jerárquicamente subordinados a una y otra autoridad, los que aparecen implicados en las cárceles. Una investigación que sería congruente además con la aplaudible preocupación humanitaria mostrada por ambos Estados en la promoción y protección de los derechos humanos ante otras situaciones de desaparición en América Latina. Y sin olvidar en este caso, la especial urgencia para la protección debida de todas estas familias, que todavía padecen los efectos de una separación forzada de sus miembros –a pesar de sus lazos biológicos– gravemente afectadas por tanto en su derecho humano a la vida familiar y víctimas durante largos años de un sufrimiento inhumano.
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II - EL ROBO DE NIÑOS DURANTE EL FRANQUISMO
María José Esteso / Poves

"LA MADRE BIOLÓGICA ENTRABA POR UN LADO Y LA ADOPTIVA SALÍA CON UN BEBÉ POR OTRO"

"Las monjas de la inclusa de Burgos se subían al tren cargadas de capazos con recién nacidos que llevaban hasta la inclusa de Valencia". Como una película en blanco y negro lo relata Cruz Martínez, quien fue presidenta de Derecho a Saber (ANDAS), una asociación que destapó el robo de niños durante el Franquismo.

El robo de niños no terminó con el que sufrieron las prisioneras políticas tras la guerra, sino que continuó hasta bien entrados los años ’80, en esta ocasión, a madres sin filiación política. Un médico que trabajaba en la Fundación Jiménez Díaz y que no quiere revelar su identidad señala a DIAGONAL: "Era sabido que existían ’chanchullos’ en los hospitales en esos años [los ’60 y ’70]. En la Fundación se sabía que entraba por una puerta una parturienta y que a la vez era registrada una mujer no embarazada en la zona de partos, incluso eran ingresadas en la zona privada y la familia adoptante pagaba todos los gastos. Una salía sin su bebé y la otra que no estaba embarazada quedaba registrada como la madre. En ese hospital apareció una vez una pareja de chilenos que querían un niño, a los tres días salieron con dos bebés. Y se marcharon a Francia. Los niños eran para enchufados, y había cierto secreto en las maniobras. Hubo gente que quiso denunciar y fue apartada".

Estos hechos y situaciones muy similares son investigados en juzgados de Madrid, Zaragoza y Andalucía. El 9 de octubre fue convocado en Madrid por segunda vez el abogado Fernando Magán, que representa a varias organizaciones de memoria histórica que buscan a estos niños robados. A la causa de las madres republicanas se une ahora la de mujeres sin filiación que también sufrieron esos crímenes que el auto del juez Garzón (paginas 50-74) señala como "víctimas del Franquismo". El auto, entre otros documentos, reproduce la carta de un capellán que participó en un secuestro de un bebé en 1952.

Hace años, en el programa de TVE de Paco Lobatón ¿Quién sabe dónde? se empezaron a colar estas historias. Fue el periodista el que impulsó en 1996 la creación de la asociación ANDAS, hoy inactiva, que tuvo más de 5.000 socios, todos afectados. Después, internet ha hecho el resto. Hoy existen varios foros donde los afectados cuentan la misma historia. Tras la muerte de Franco no han conseguido toda la documentación, pero los pocos legajos a los que han tenido acceso han permitido completar el puzzle: "El cura le dice a la monja de la inclusa, y luego de los hospitales, que tiene una pareja que quiere un niño y así se pone en marcha la cadena", dice Cruz Martínez, que descubrió su identidad con más de 40 años.

CURAS, MONJAS, MÉDICOS...

Todos los testimonios arrojan a la luz nombres y documentos sobre unas tramas que se enriquecieron y funcionaron de forma organizada en todo el Estado. Tramas integradas por curas, monjas, ginecólogos, notarios, enfermeras, matronas, abogados, encargados, secretarias y hasta conserjes. Se hacían listas de espera con bebés robados. No era gratis, los adoptantes pagaron hasta 200.000 pesetas de la época, un negocio boyante.

Ya se puede dibujar el mapa de las adopciones ilegales: de Bilbao a Cádiz, pasando por Madrid, Barcelona, Murcia, Zaragoza, Burgos, Tenerife, Melilla... Las pioneras en la búsqueda se dieron de bruces con una realidad dura: nadie se creía estas situaciones. Y ni hablar de reclamaciones.

A la que fue tesorera de ANDAS en Cataluña, Baleares y Valencia, Virtudes Hernández Martínez, sus amigos del colegio le dijeron que era adoptada. Con 15 años solicitó una partida de nacimiento, y tuvo la suerte de que una nota marginal indicaba su nombre real, tachado, y decía: “Entrego a mi hija porque no puedo mantenerla y me comprometo a no reclamarla”. Llegó a Alicante desde la inclusa de Murcia. Fue allí y no le dieron nada; en el registro le indicaron que tenía que esperar 50 años. En 1999 volvió y el juez del registro le volvió a negar los datos, insistió y le mostró un libro que cerró de golpe al ver que sus apellidos eran distintos. Se marchó entonces a la parroquia más cercana y consiguió que el cura accediera a buscar su partida de bautismo. Los apellidos que fotografió en su mente coincidían. Ahora tiene dos partidas de bautismo.

"Se trataba de desarraigarnos. Tuvimos bebés que viajaron de Canarias a Granada y de allí a Valencia para ser adoptados. Otros fueron a parar al extranjero. Se sigue diciendo en los registros de la Iglesia y en las diputaciones que no hay documentos una riada o un incendio sirven para no entregarlos, pero hay leyes que obligan a hacerlo", reconoce Hernández Martínez. Por un lado, la Ley de Patrimonio Histórico 16/85, sobre la consulta de archivos dice que, en virtud de la protección de la madre tendrán que pasar entre 25 y 50 años. Sin embargo, la Orden del Ministerio de Justicia de 10 de noviembre de 1999 señala que, en función de la Convención de Naciones Unidas, la Declaración de DD HH, esa espera de 50 años vulnera el derecho fundamental de la persona.

Para la asociación Derecho a Saber, esta contradicción no es para proteger a las madres, "porque el 90% de los casos no dieron su consentimiento. Se quiere tapar a la Iglesia, curas y monjas que tuvieron hijos y fueron después el eslabón de un mercado de bebés”, declara su presidenta a DIAGONAL.

“CORTA Y PEGA”

Los documentos parecen un colage, se trataría de una forma de proteger la identidad del resto de neonatos nacidos ese mismo día. De esta forma se ha superpuesto un recorte fotocopiado sobre otro. Tras el nombre de Beatriz Soriano Ruiz, en el apartado de diagnóstico facultativo, aparecen registrados otros seis niños también dados por muertos el mismo día por otitis. Sólo una orden judicial podría dejar ver la página completa.

Los testimonios hablan de doctores que firmaron casos de fallecimiento de neonatos por otitis en O’Donnell y Santa Cristina (maternidades situadas en la misma calle). Ése es el caso de Beatriz Soriano Ruiz, nacida el 3 de enero de 1964, que fue dada por muerta sin que sus padres pudieran ver su cuerpo. Su hermana, Mar, ha comprobado recientemente por el parte de incubadoras que el diagnóstico facultativo firmado por el doctor Villa era de otitis. En el registro de la Comunidad le dijeron: "Es llamativo que en ese mismo día murieron seis niños más también por otitis", posiblemente firmados por el mismo médico. Mar cuenta con datos que están en el juzgado e incluso cree que su hermana fue a parar a Austria.

Al hilo de esta noticia, una familia ha acudido a una asociación madrileña para denunciar otro supuesto robo de gemelos sucedido en la antigua Maternidad de O’Donnell en 1968. Tampoco les dejaron ver los cuerpos y la defunción fue por otitis. Pilar Helguera Rodríguez nació el 12 de diciembre de 1957 en O’Donnell. A los tres días de nacer sana y ser llevada a una incubadora, a su padre le dijeron que había muerto y ya estaba enterrada. El ginecólogo que habría atendido a la madre, según su testimonio, fue José Botella Llusía, fundador y también director de la antigua maternidad.

El abogado José María Stampa Braun emprendió un juicio en 1974 que acusaba a Amalia Franco Granado, abogada de la Asociación Española para la Protección de la Adopción (AEPA) y al médico Enrique Marín Bonachera por un supuesto delito de sustracción de menores. La AEPA fue un organismo presidido y creado en 1969 por el fiscal general del Tribunal Supremo Gregorio Guijarro Contreras. Para esa tarea se rodearía de cargos afines al Opus, como Ignacio Villa Elízaga, quien habría trabajado tanto en O’Donnell como en Santa Cristina, según fuentes médicas. Actualmente es catedrático en la Universidad de Navarra.

Otro lugar marcado en Madrid sería la clínica San Ramón (paseo de la Habana, 143). Allí fueron cientos los niños dados en adopción ilegal. Los afectados crearon una asociación con casos de los años ’60, ’70 y ’80 que acusan como presunto cabecilla al tocólogo Eduardo Vela Vela, aún vivo, y sor María Balbuena. Además, O’Donnell, Santa Cristina y San Ramón, habrían actuado de forma coordinada en el tráfico de bebés.

LA TRAMA DE MERCEDES DE GRASS

En Bilbao, la trama sería manejada por Mercedes Herrán de Grass, gracias a una red de pisos asistidos por monjas, curas, ginecólogos... En es- que después se les retiraban los bebés, la mayoría sin su consentimiento. En el papeleo también participó, presuntamente, una secretaria, una abogada de Logroño y un notario de Bilbao. Isabel, nombre ficticio de una joven, fue obligada entonces a entregar su bebé. Otra chica fue engañada y amenazada por el cura de San Nicolás de Bari que, presuntamente, se encargaba de las adopciones, según explica Isabel. Varios testimonios aportados al juzgado por el abogado Magán amplían esta información. En las clínicas Indautxu y San Javier de Bilbao, según varios testimonios fue igual.

"ESTABA TODO ATADO"

En Andalucía también hay casos documentados, como el de Amelia M. Pedido Sequitín, adoptada como Amelia M.J.F. Nació en la clínica Santa Cristina de Madrid, el 9 de agosto de 1972. Su padre era obrero en Cádiz, pero la tía de éste en Madrid tenía relación directa con la Asociación para la Adopción y con las Hermanas de la Caridad. Le pidió una niña para su sobrino y éste le dio un poder notarial para hacer toda la gestión firmado por el notario Alfonso del Moral y de Luna. Según Amelia, la niña de entonces cuenta con cartas en las que su tía-abuela rechazó varias ofertas hasta encontrarla a ella. El padre antes de morir le dio los documentos diciendo que "estaba todo atado". Los papeles están avalados por Gregorio Guijarro y Ignacio Villa Elízaga. "Mi padre me dio las escrituras porque había dejado dicho que ni siquiera con esos papeles iba a conocer la verdad", señala.

María de los Ángeles Herrera González, de San Fernando (Cádiz), nació a los nueve meses el 10 de enero de 1975, en la clínica privada Fernando Zamacola de Cádiz. Pasadas 20 horas, un ginecólogo le dijo al padre que había muerto. "A fuerza de insistir le enseñaron algo envuelto en trapos", explica su hermana, que ahora ha conseguido documentos y todos están firmados por el mismo ginecólogo, también político de Cádiz. El certificado de defunción del hospital dice que la niña nació con siete meses, pero en el registro no consta como muerta. En esta comunidad existe también una denuncia en los juzgados contra un médico de la clínica O’Donnell, en los años ’70, por falsedad documental. La madre adoptiva fue inscrita como parturienta.

EN VALENCIA, SANTA ISABEL

Valencia no se quedaba atrás, según Virtudes Hernández. La mayoría de los adoptados eran de Santa Isabel, gobernada durante años por sor Aurora Gallego, que quería instalar de nuevo el torno. Enrique Vila, abogado de Valencia se ha querellado contra la clínica. En Valencia estuvieron Cruz Martínez y Virtudes Hernández: "Fuimos a averiguar varios casos que llegaron a la asociación, una de las matronas de esa clínica nos llevó a su casa, donde tenía encima de un armario torres de cuadernos con cientos de datos en páginas ya amarillas".

DOCUMENTOS, JEROGLÍFICOS

No había que dejar rastro. Se asignaron números en lugar de nombres, se omitió a los padres biológicos: eran "desconocidos". Se suplantó a la madre biológica por la adoptiva, y quedaba registrada como parturienta. Los documentos aparecen en los hospitales, casas cuna, registros civiles y en los archivos de la Iglesia, y aquí es donde surge el problema. Actas de entrada y salida, partes de incubadoras, bautismos, cualquier documento arroja algo de luz, su ausencia también. Muchas veces ni siquiera coinciden las fechas. Pero como en una investigación cualquiera, todo tiene un sentido. Muchos afectados ya saben descifrar el jeroglífico. Virtudes Hernández, gracias a que tacharon mal su verdadero nombre en uno de los legajos, ha podido tirar del hilo 50 años después.
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III - “SE LLEVABAN A LOS RECIÉN NACIDOS DE LAS INCUBADORAS”

Madres de recién nacidos dados por muertos en centros públicos y privados durante el Franquismo revelan nuevos datos al conocer las denuncias existentes.

“El niño era muy guapo, le pusieron la ropita y me lo iban a dar, pero dijo la monja que se lo llevaban a la incubadora porque le faltaban 50 gramos. Nunca más lo vi. Nació el 9 de diciembre de 1977 en la clínica Monsalud de Barcelona y lo llevaron a la infantil Stauros. Pasaron nueve días y cuando fui a por él había muerto. No vimos el cadáver.

Cuando me volví a quedar embarazada, mi médico pidió el informe de mi hijo. Pero la clínica dijo que no constaba ese niño allí. Mi suegro me confesó entonces que cuando visitó la sala de incubadoras, estaba vacía. Siempre he creído que me lo robaron, no supe a dónde acudir. Éramos muy jóvenes”, cuenta Gemma M.V., madre de Roger, el bebé dado por muerto.

Después de leer la información publicada en el último número de DIAGONAL sus sospechas cobraron fuerza. Gemma se ha dirigido al abogado Fernando Magán que está al frente de la denuncia de otros casos similares. Un proceso judicial abierto en Madrid que continúa. El juez que lo instruye ha pedido a la Fiscalía que se pronuncie sobre las competencias para juzgar, por primera vez, estos crímenes.

Cruz Martínez, presidenta de la extinta Derecho a Saber, cifra en miles los bebés robados durante el Franquismo. Estos casos no se limitaron a Madrid o Barcelona, existen más en todo el Estado español. En Bilbao se articuló una trama organizada por Mercedes de Grass con curas y médicos. [ver DIAGONAL nº110]. “Estos hechos son delictivos y perseguibles porque se insertarían en el marco de los delitos del Franquismo, se cometieron por motivos políticos, y son imprescriptibles como crímenes contra la humanidad.

Aunque estos delitos no hubieran estado tipificados en España en el momento de su comisión, ya eran perseguibles según el Derecho Penal Internacional, y esta tipificación es válida según el artículo 15 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, que sigue al Convenio Europeo de Derechos Humanos de 1950, que España ratificó en 1979. También es necesario atenerse al Auto de Garzón. Esto ya se ha aplicado en el Caso Scilingo”, reconoce la magistrada Garbiñe Biurrum, presidenta de la Sala de lo Social del TSJ del País Vasco.

Pero el Estado español [ver página siguiente] no ha iniciado todavía ninguna investigación. “En 1999 presentamos una proposición no de ley para que los adoptados en la Dictadura pudieran acceder a sus datos biológicos. No se aprobó. Los hechos salpican a la Iglesia y a familias con mucho poder”, dice Virtudes Hernández, quien fue sacada de la inclusa de Murcia (1957) y dada en adopción a una familia de Alicante. La gestión la hizo un cargo de la Iglesia. A su madre le dijeron que había muerto.

LA EXCUSA DE LAS INCUBADORAS

En los años 60, las madres ya iban a los hospitales a dar a luz. A la maternidad de O’Donnell (Madrid) fue de parto la madre de Mar Soriano en 1964. Se llevaron a su hermana a la incubadora y no la vieron más. No les enseñaron el cuerpo y el doctor Villa certificó una muerte por otitis. Años después, cuando Mar tuvo a su primer hijo y lo llevaron a la incubadora, su madre le dijo: “No lo pierdas de vista”.

“Se sabía que se conseguían bebés a gentes con dinero. En O’Donnell en los 60 había un grupo de médicos ultraconservadores, como José Botella Llusía o Ignacio Villa Elízaga, entre otros. Sería necesario ver los niños registrados como feto o mortinato. La legislación permitía registrar como feto muerto al que fallece con menos de 24 horas. Era muy fácil engañar a la familia: ‘Su hijo nace mal, está en una incubadora’. A la vez, se ingresaba a la madre adoptiva por parto, un ginecólogo firmaba, y ésa era ya la madre legal y aparentemente biológica”, señala un médico de un centro madrileño que no quiere revelar su nombre. Ser madre soltera era un estigma.

Muchas mujeres sin recursos, incluso criadas violadas por el ‘señorito’, se veían obligadas a dejar temporalmente a sus hijos en las casas cunas con la promesa de las monjas de cuidarlos. Cuando volvían, los bebés habían muerto. Belén Estevan nació en 1952. Su madre se quedó embarazada de soltera y dejó a la recién nacida dos semanas en la inclusa de Astorga (León). Cuando volvió, había muerto. La niña vivía ya en Alicante con otro nombre. El nuevo padre era un dirigente de Izquierda Republicana, represaliado, pero con prestigio. “Mi padre hizo un favor a un franquista de León y éste le dijo: ‘Pídeme lo que quieras’.

Mis padres no tenían hijos y de la noche a la mañana llegué yo. Una matrona firmó el parto de mi madre adoptiva”, señala Belén. A los 16 años su novio le dijo que era adoptada, entonces fue a Astorga pero la monja nunca le dio los papeles. Años después un detective encontró a su familia en Asturias. “Llamé y pregunté a mi madre cuántos hijos tenía: ‘Tres y una niña que murió’. ‘Yo soy esa hija’, le dije, casi se muere”, relata Belén Estevan.

Las chicas con ‘posibles’ viajaban lejos. Carmen, que prefiere no revelar su nombre real, se quedó embarazada en los 70, era menor y su padre, militar en Canarias, le buscó un ‘arreglo’. Un cura diseñó el recorrido. De Canarias a Madrid, de ahí a Granada. Allí ingresó en la residencia de monjas Villa Teresita. La mayoría de las embarazadas que había dejaban a sus hijos, sin firmar consentimiento alguno. Carmen dice que el médico que las atendía le propuso quedarse con el bebé. Se negó. Entonces, fue trasladada a Valencia, a punto de parir, e ingresó en una clínica del centro. La durmieron y cuando despertó el bebé no estaba.

PADRES AFECTOS AL RÉGIMEN

Todos los datos apuntan a que los padres adoptivos de bebés robados tanto a presas republicanas, como a mujeres sin filiación política, eran afectos al régimen. Los que manejaban las tramas también estaban en la órbita franquista. Muchos padres cómplices falsificaron documentos y pagaron importantes cantidades de dinero. Además, solían tener una buena posición económica y un único descendiente, el adoptado. Los recién nacidos iban a parar a militares, médicos, familiares de las monjas, recomendados de los curas, políticos e incluso jueces. El tiempo en las incubadoras servía para perpetrar el delito. Los hijos han descubierto esta maraña después, a los 40, 50 y 60 años en el mejor de los casos. Las madres biológicas se han llevado la duda a la tumba.
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IV - “ESTAMOS HABLANDO DE CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD”


Fernando Magán representa a varias asociaciones de memoria histórica y a familiares que piden que se investiguen los crímenes del Franquismo, entre ellos los casos de niños robados. “Como persona, como abogado y actuando a favor de estas víctimas, creo que la Justicia tiene la obligación de investigar. Si se demuestra –continúa Magán– que estos hechos han sido masivos, que han tenido lugar en toda nuestra geografía, y que se han producido al amparo de la impunidad política de la dictadura, sólo podríamos estar hablando de crímenes de lesa humanidad.

Hay nuevos casos abiertos en Bilbao y Madrid, pendientes de mayor investigación. También en Barcelona. Otra localización importante en Cádiz y su entorno, donde se podría iniciar ya actuaciones judiciales”. A la pregunta de si el Estado debe exigir que se abran los archivos de la Iglesia donde se guarda la identidad de miles de adoptados, Magán responde afirmativamente. “Los archivos eclesiásticos son privados, y por encima de cualquier consideración, la Iglesia estaría obligada a abrirlos para esclarecer hechos que afectarían a los derechos elementales de las personas. Salvo peculiaridades, que se amparan en el culto, la Iglesia legalmente no tiene ningún privilegio especial”.
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V - "ENTRE TODOS ACTUABAN IGUAL QUE UNA MAFIA"
MARÍA CRUZ MARTÍNEZ GARCÍA, EX PRESIDENTA DE DERECHO A SABER
Tras saber que era adoptada empezó a investigar su historia. Hoy es una de las personas que mejor conoce cómo se traficó con neonatos durante el Franquismo.

María Cruz Martínez García tiene 51 años y se ha enfrentado a su pasado como hija adoptada. Tuvo que enterarse cuando por enfermedad decidió hacer un testamento para dejar a sus hijos. En su partida de nacimiento literal decía que era adoptada. Después de la sorpresa trató de recomponer su identidad. Empezó la búsqueda. Pasados unos años averiguó que su madre dio a luz en Bilbao, aunque ella vivía en Albacete. Su madre al parecer estaba relacionada con la Iglesia. Viajó a la inclusa de Bilbao, actual clínica Indautxu, donde había sido abandonada. Allí comenzó a conocer su historia, como en una película: "Las madres daban el pecho a sus hijos durante los tres primeros días y a los bebés les ponían un pañuelo para taparles la cara, para que no les cogieran cariño. Era un edificio con varias zonas. Mi madre ingresó embarazada, le dieron un número, luego ingresó en la zona de partos con otro número y luego a mí me asignaron otra cifra. Sin nombres. Al cuarto día me depositaron en un canasto".

Miles y miles de niños robados Fundó la primera organización de afectados Derecho a Saber (ANDAS), junto a otros afectados. Tuvieron miles de casos, y se atreve a cuantificar los robos de niños en "miles y miles y miles". Incluso muchos fueron enviados al extranjero: "Existen casos en México, Argentina, Chile, Francia, Inglaterra, Alemania... Primero con las madres republicanas, Franco les arrancaba los hijos, pero después los que estaban alrededor de él montaron el negocio. Nosotros no cobrábamos. Nos movimos para conocer los archivos que tiene la Iglesia, hasta fuimos al Congreso de los Diputados... Pero llegó un punto que nos desbordaba. Seguimos siendo ANDAS pero no estamos en activo, nuestra tarea le corresponde al Estado. Ahora hay gente que saca partido económico, utiliza nuestro nombre y además monta el show en televisión", denuncia Cruz Martínez.

Señala que en todos los lugares era igual, "cuando una familia quería un niño se lo decía al cura, éste les contestaba: ’No se preocupen, que yo se lo digo a las monjitas’, y ellas se lo decían a los ginecólogos, actuaban igual que una mafia". Dice que recuerda el caso de una pareja de milicianos que fueron detenidos mientras huían por Extremadura a Portugal. "Al marido le dispararon. Ella tuvo que abandonar a su hijo en un portal y seguir corriendo hasta la frontera. Esa mujer cuando me lo contó lloró más que habló". Otro caso que recuerda es el de una señora que había tenido gemelos, la du